AL MAESTRO, CON CARIÑO
Juan Garzón Bates
Existen muchos modos de “sacar petróleo”, es decir, de traer a la superficie lo que de negro y rico hay en los bajos fondos de la realidad. Para extraer de lo profundo el inmenso cúmulo de preciados materiales que permanecen en el subsuelo, se requiere de técnicas especiales, cuidado extremos, tiempo, dinero y esfuerzo.
El domingo se cumplieron los cuarenta años de la muerte de uno de esos descubridores de charcas profundas llenas de riqueza. No sólo descubridor de técnicas extractivas, sino audaz señalador de que ahí hay petróleo y puede traerse a la luz a analizar sus cualidades. Plantear que ése que habla y dice yo todo el tiempo es un juguete de fuerzas inconsciente que desconoce y se niega a conocer, fue la afirmación que lo condujo a penetrar los extensos yacimientos del mundo interior y la vida sexual de los humanos.
Hace cuarenta años, a las veinte horas del día 23 de septiembre de 1939, fenecía Sigmund Freud en Maresfield Gardens, Londres, exiliado de su tierra natal por la persecución nazi. La calle en que él naciera —la Schossergasse— en Freiberg, Moravia, lleva hoy el nombre de Freudova Ulice en su honor. Años después de seguir sus enseñanzas, uno de los discípulos avanzados del maestro —repudiado en su momento—, Wilhelm Reich, aplicaría la técnica extractiva de Freud para analizar la inmunda charca del nazismo.
Cuarenta años después de la muerte de Freud, sus planteamientos teóricos han sido discutidos, rechazados, aplaudidos, aplicados, desarrollados, aplanados, magnificados, distorsionados, etcétera, y su misma persona analizada con su propio método. Miles de hombres siguen sus enseñanzas y han hecho de sus descubrimientos profesión, en tanto que otros son tratados en terapias que derivan de los lineamientos del psicoanálisis, mientras que muchos más se mantienen al margen tanto de la teoría como de la práctica del descubrimiento freudiano.
La teoría de Freud se mueve en esos resbaladizos terrenos que extienden sus linderos entre la medicina, la filosofía, la sociología, la ciencia, la poesía y la vida cotidiana, que generan lo que para muchos es la confusión que permite que los economistas hablen de física y los antropólogos de filosofía. En esta ambigüedad, que muchos califican de falta de rigor científico, reside su mayor riqueza y su posibilidad de trasponer fronteras —sin documentos— para escarbar las intimidades que preferimos ocultar.
Lo peculiar del psicoanálisis es que revela estas intimidades cada vez que hablamos, callamos o actuamos —puesto que el silencio y la acción son modalidades del habla—, y que, para la mirada experta, el significado profundo de las manifestaciones superficiales indica siempre hacia el petróleo que queremos ocultar. Así, lo que sus pacientes decían a Freud los revelaba, pero lo que éste escribía sobre ellos reveló, para nosotros, al maestro, y lo que se ha dicho sobre él habla tanto de Freud como de quien escribe. Es un extenso sistema de sacar petróleo del subsuelo como del ingeniero petrolero.
Cuando contemplaba por la televisión la comparecencia del ingeniero Díaz Serrano, llegó a mis manos el último libro del introductor en México de las técnicas de extracción de Freud. Santiago Ramírez hace su Ajuste de cuentas con el psicoanálisis, mientras los coautores, Roberto Escudero y Santiago Ramírez hijo, llevan agua a su molino —o sacan el petróleo— para decantar conceptos filosóficos, políticos y psicoanalíticos. En este país tan lleno de petróleo, estos ajustes de cuentas suelen tener largas secuelas; la interpretación de la interpretación de la interpretación puede llevar a abstracciones infinitas, pero también a resultados positivos. Ahora que se trata de Freud en su aniversario luctuoso, dediquemos estas notas al maestro, con cariño.
Polémica propósito de la publicación de Ajuste de Cuentas, unomásuno, septiembre- octubre de 1979
Dolores Márquez de Sandoval refuta la tesis de SR sobre la APM, unomásuno, 24 de septiembre 1979
“La Asociación Psicoanalítica Mexicana (apm) fue una asociación anterior a la nuestra. Pero allí los que predominan son los hombres y las mujeres que no respiran. Es una asociación masculina y paternalista, donde las mujeres tienen muy pocas posibilidades.”
Lo anterior fue afirmado por la doctora Dolores Márquez de Sandoval, reconocida terapeuta, miembro de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Psicoanalítica (ampp), al respecto de una afirmación que hace el doctor Santiago Ramírez en Ajuste de cuentas, libro en que Ramírez apunta: “He participado en la organización, la enseñanza y la supervisión de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Psicoanalítica y, aunque parezca irónico, según mi interlocutor, esta asociación nació, con el perdón de las feministas, bajo el signo del caduceo”.
“El doctor Ramírez —continuó la doctora Márquez Sandoval— fue una de las gentes que más apoyó la formación de nuestra asociación.”
—El doctor Ramírez dice en su libro que esta asociación (ampp) nació de la necesidad de apertura a candidatos no médicos.
—Sí, así es, además la formación es la misma que en la apm. Pero lo que no es verdad es aquello donde el doctor Ramírez dice que después de catorce años de fundada nuestra asociación hay un número considerable de miembros de la apm como docentes. No tenemos ni uno. Algunos de nuestros maestros son exmiembros de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. Pero actualmente, los maestros supervisores, analistas, etcétera, son emanados de nuestra propia asociación.
—En su libro el doctor Ramírez afirma que el desarrollo de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Psicoanalítica, por desgracia, apunta en igual dirección que el de la apm.
—Bueno, yo creo que actualmente el doctor Ramírez no está enterado de cuáles son nuestras líneas de desarrollo. Yo sé cuál es la idea de Santiago. Lo que nos ha expresado desde hace mucho es que las asociaciones psicoanalíticas son muy elitistas. Además de que su ámbito es muy corto, es cerrado. Durante toda su vida profesional un psicoanalista puede ver a más o menos cien pacientes. Entonces, la idea de Santiago, según yo he entendido, es que se debía hacer un trabajo profiláctico, que alcanzara a clases que no están en condiciones de cubrir los elevados honorarios que se cobran.
—¿Y eso es posible?
—Yo creo que no solamente es posible: de hecho sucede. Creo que aquí se quedó corto el doctor Ramírez en su apreciación. Le voy a explicar por qué. Lógicamente las personas que pueden pagar los precios que se cobran son gentes de posibilidades económicas muy fuertes, pero de un estatus profesional muy alto, son personas que tienen contacto con muchas gentes. Supongamos que está en tratamiento el director de una gran empresa o un alto funcionario de gobierno. Un trabajo analítico bien hecho sobre este tipo de pacientes tiene repercusiones muy importantes de tipo social. Es como una cadena. Yo creo que sí tiene efectos de tipo social.
—En otra parte, el escritor señala que el nivel teórico de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, en abstracto, es elevado, pero muy burocrático, y subraya que a pesar de su orientación freudiana, muy pocos de sus miembros han leído o saben leer a Freud.
—Bueno, pienso que tiene razón, ya que es muy complicado leer a Freud. Realmente hay que seguir un método para estudiarlo. En cuanto a que no lo han leído, yo no podría afirmarlo. Yo conozco a gentes muy valiosas y muy capaces.
—El autor agrega que sus labores se limitan al trabajo privado, la enseñanza, la divulgación y el incremento del acerbo teórico de sus miembros, al igual que lo hace la apm.
—No solamente es la enseñanza para los miembros.
—¿Qué otras actividades tienen?
—Muchos de los miembros de nuestra asociación (no sé en qué grado los de la Psicoanalítica) son maestros en la Universidad Anáhuac, en la Nacional y en la Iberoamericana. Por ejemplo, los doctores Pedro Luchiana, Enrique Guarner, Frida Rosemberg, Espinoza de los Monteros, José de Jesús González Núñez, Raquel Berman son algunos miembros de nuestra asociación que imparten clases. Ahora bien, en cuanto a que somos muy cerrados, le voy a dar un caso concreto: para diciembre ofreceremos un simposio sobre la doctora Margaret Maller. Es una gente internacionalmente conocida que se ha dedicado al desarrollo de los niños normales en comparación con los que no lo son. Tiene libros estupendos sobre el tema. Este simposio estará abierto a todo el mundo. Por otra parte, hace unos días finalizó otro simposio sobre los hijos de padres divorciados, con la doctora Wallerstein. Ella ha trabajado durante nueve años con ciento cincuenta familias. Es la única investigación en América sobre este tema. Por último quiero aclararle que no sólo trabajamos en privado. Yo personalmente tengo doce años de trabajar en grupos.
—Santiago Ramírez dice que la terapia de grupo es una utopía psicoterapéutica, pese a su buena voluntad. Amén de ser caótica, refiere, crea confusión y genera apéndices de todo y oficiales de nada.
—Bueno —responde la doctora Sandoval repuesta de su asombro—, la intención de esta entrevista no es enjuiciar el libro como tal. Esto no es un pleito. Así que prefiero respetar ese punto, en el que por supuesto no estoy de acuerdo con el doctor Ramírez. Siento que es muy tajante e hiriente, pero Santiago es así. Yo lo respeto y admiro. Sus razones ha de tener para decir esto.
Armando Barriguete dice que SR da el tiro de gracia a las instituciones psicoanalíticas del país, unomásuno, 25 de septiembre 1979
Al terminar de leer el último libro de Santiago Ramírez, Ajuste de cuentas, “uno cae en una cierta tristeza, porque da la impresión de que no deja títere con cabeza”.
Habla el doctor Armando Barriguete, director del Instituto Mexicano de Psicoterapia Psicoanalítica de la Adolescencia (imppa), quien nos da su punto de vista acerca de la impresión que le causó el polémico libro de Santiago Ramírez.
“Quiero y respeto mucho a Ramírez como un viejo maestro y asesor personal —dice Barriguete— pero pienso que este libro es consecuencia de un punto de vista muy particular, que no compartimos muchas de las personas que estamos en las diferentes sociedades psicoanalíticas que él menciona.”
“Me parece —agregó— que es algo definitivo, en donde Ramírez se constituye en juez único y absoluto de todas las instituciones, en forma muy severa; no da oportunidad, ni esperanza. Porque es cierto que todas las instituciones tienen dificultades y defectos, pero éstas se superan con la historia.”
“Si él nos hubiera hecho el favor de darnos su opinión sobre las instituciones, o el método para solucionar sus problemas, estaría bien, pero lo que nos da es el tiro de gracia. Ramírez dice: no sirven, no tienen remedio, ni esperanza. Y ahí sí, yo no estoy de acuerdo, porque sí tenemos esperanza para corregir los defectos poco a poco.”
—¿En qué punto particularmente no está de acuerdo en las tesis de Ramírez?
“No me interesa —dice Barriguete— estar de acuerdo con él cuando habla de que el Instituto Mexicano de Psicoterapia Psicoanalítica de la Adolescencia (imppa) es caótico, ya que éste ha roto con todos los patrones ortodoxos de enseñanza y se dedica con mucho esfuerzo y buena voluntad a preparar jóvenes terapeutas, porque consideramos que actualmente en México la juventud merece toda la atención; en ella se da el cambio y el conflicto. Nosotros rompimos la filosofía tradicional de instituciones analíticas, como la Asociación Psicoanalítica Mexicana (apm), no porque pensemos que es una porquería que no sirve de nada, sino porque creemos que tiene un designio, una indicación particular, que no es la más adecuada para enseñar a muchachos que vayan a manejar jóvenes, porque la madurez del joven se cocina aparte.”
“Ramírez mismo es profesor del imppa y nos ha hecho el favor de enseñar a los muchachos. Ellos lo quieren mucho. Todo lo que él dice al principio del capítulo dedicado al imppa nos honró mucho, porque parece que está de acuerdo en que la forma de terapeutas que requiere la adolescencia tiene que ser interdisciplinaria y también en que se dé economía, sociología, historia.”
“En lo que no estamos de acuerdo con el doctor Ramírez —agrega— es en el final del capítulo, cuando dice que esta institución es caótica. No vemos en dónde pueda ser caótica y ojalá nos lo pudiera explicar él.”
“Nosotros preparamos exclusivamente jóvenes profesionales que vayan a ayudar terapéuticamente a nuestra juventud mexicana. Espero que esto quede muy claro, porque no consideramos justa su aseveración.”
“Otra parte del libro donde yo encuentro injusticia es la de las apreciaciones personales de Ramírez —continúa el doctor Barriguete—, pues para opinar, sobre todo él que es una persona tan respetada en sus apreciaciones, debería fundamentarlas bien. Primero se necesita conocer con profundidad el problema, después esa opinión debe externarse a los directamente aludidos, para ver si hay una posibilidad de debate previo, con objeto de llegar al justo medio, a la apreciación objetiva de las cosas. Porque si yo expreso una idea y no la constato con sus autores, es arriesgado, pues me la pueden rebatir, para empezar, o por falta de conocimientos.”
“Me parece —dice Barriguete— que eso es lo que él hizo. Si antes de decir algo, nos llama y nos dice: Oye, pienso poner en un libro esto, ¿tú crees que estoy en lo justo? O demuéstrame que es injusto lo que voy a decir. Si lo hubiéramos discutido, él nos da sus razones y nosotros las nuestras, se hubiera establecido un criterio objetivo. Aquí sólo hay una posición unilateral y esto no ha de ser, sobre todo porque el libro será leído por mucha gente y de alguna manera nos afectará.”
—¿Doctor Barriguete, cree usted que el libro puede desorientar a la gente?
“Considero que crea un ambiente muy negativo al psicoanálisis, porque otro punto también muy importante es la frecuencia con que el doctor Ramírez enfatiza que la técnica psicoanalítica no ayuda y no cura.”
“Puede restringirse esto a su estadística, particular, como analista, pero no puede meterse, por ejemplo, en mi estadística. Yo trabajo y he ayudado a mucha gente. Respecto a que no hacemos hombres nuevos, no es posible, tratamos de ayudar a la gente a librarse de sus conflictos básicos que le desgracian la vida y que piden ser un poco más felices, más productivos. Esto se hace con algunos defectos, yo lo acepto, pero tenemos méritos y éxitos bastante pronunciados. Y de ninguna manera me puedo sumar a la estadística de Santiago, porque sería yo un antiético al trabajar en algo que sé que no cura. Estaría robando a México, y yo no robo. Cobro caro, sí, pero no robo. Si yo llegara a la conclusión, como Santiago, de que lo que hago ni sirve, ni cura, ni ayuda, me dedicaría a otra cosa.”
—¿Cuál es el sentido del pago de honorarios de un psicoanalista? El doctor Ramírez subraya que, mientras más alto es, más valorado se siente el paciente, ¿cuál es su opinión al respecto?
“Ramírez lo quiere decir así, pero el sentido de la paga es: si a mí me hacen un servicio yo debo de retribuirlo de alguna manera y de acuerdo a mis posibilidades. Por experiencia que tenemos en sociología, que lo que no nos cuesta trabajo o esfuerzo no lo valoramos. Será un defecto del género humano, pero así es. Entonces Santiago lo aplica estrictamente en el sentido económico. No es así. Proporcionalmente, el esfuerzo que se hace para retribuir un servicio es lo que nosotros pedimos siempre en el tratamiento. Y ese esfuerzo es venir a tiempo y hablar libremente de todo lo que aparezca en el aparato mental. Entonces todo eso junto con el pago, es la forma como un psicoanalista solicita la retribución por el servicio que presta.”
“De otra manera, si un paciente no hace esos esfuerzos, estamos en presencia de un fracaso total. Eso no quiere decir que no tengamos pacientes a los que cobramos muy poco. Por ejemplo, en mis grupos hay muchachos que me pagan trescientos pesos al mes, durante todo el tratamiento. También hay jóvenes becados, que no pagan un solo centavo, pero existen otras exigencias. El paciente tiene la obligación a cambio de no pagar, de ser puntual y honesto en sus expresiones para intensificar la dinámica del grupo.”
“Es imposible que al analista se le satanice o se le censure por algo que no ha podido hacer. La mayor parte de nosotros somos elementos activos en diferentes lugares e intentamos llevar a cabo el cambio, de acuerdo a nuestras posibilidades”, finalizó.
Agustín Palacios López dice que el Ajuste de cuentas de sr con las sociedades psicoanalíticas carece de fundamento, unomásuno, 24 de septiembre 1979
“Santiago Ramírez es un hombre muy valioso y brillante, pero me parece que no debía ponerse a criticar cosas que están por encima de él. Su enfoque de las cosas es muy personal. Se parece un poco a los que critican al psicoanálisis diciendo que Freud era pansexualista, porque leyeron los tres primeros capítulos del primero de sus libros y nunca leyeron los veinte siguientes.”
Lo anterior fue declarado por el doctor Agustín Palacios López, presidente de la Asociación Psicoanalítica Mexicana (apm), al externar su opinión sobre el discutido libro del doctor Santiago Ramírez, Ajuste de cuentas.
—No he leído el libro —agregó— ni pienso hacerlo. Tengo cosas mucho más interesantes que hacer. Lo he hojeado y pienso que tiene muy poca importancia, como no sea la que pueda darle él mismo.
Ramírez habla acerca de que en la Asociación Psicoanalítica Mexicana, solamente recibimos médicos. Esto era cuando él estaba en la Asociación. Ahora se ha logrado una gran apertura, se reciben médicos y psicólogo.
—En Ajuste de cuentas, el doctor Ramírez habla de su renuncia a esta Asociación y menciona que básicamente se debió a su desacuerdo con los procedimientos dictatoriales y autoritarios de la misma, ¿qué opina usted de esto?
—Es exactamente el revés —dice Palacios. Si bien es cierto que en un principio había un grupo muy cerrado y autoritario, que cumplió su función. seguramente, correspondía a la necesidad de fundar una institución con una gran solidez científica y académica. Precisamente cuando se empezaba a romper esta estructura autoritaria salió Ramírez, y en la actualidad contamos con un sistema de gobierno dentro del cual los estudiantes participan activamente en las juntas directivas.
Se ha abierto al pueblo —agrega—, se están dando cursos para la gente en distintos sentidos. Porque se ha tomado conciencia de que la Asociación no puede ser una torre de Babel. Es una parte integral del país tiene que estar consciente de sus circunstancias. Por eso le digo que cuando Santiago escribe de la Asociación, lo hace como él la conoció, hace más de siete años, e ignora sus circunstancias actuales.
En lo poco que he leído de su estudio, me llamó la atención una parte donde Santiago dice que la Asociación ha publicado sólo cuatro libros. Esto es un error. Fíjate, solamente el doctor Fernando Césarman ha escrito seis libros, dentro de una línea completamente original que evidentemente desconoce Santiago Ramírez; son el resultado de un trabajo totalmente nuevo reconocido internacionalmente, al que Césarman ha llamado El ecocidio (problemas de la destrucción ecológica, desde el punto de vista psicoanalítico). Esos libros han sido publicados en Argentina, en España y aquí. Que Santiago no los lea, es su problema. El doctor José Cueli, por ejemplo, es también alguien que lleva publicados creo que siete libros sobre la aplicación de la técnica psicoanalítica en el manejo de las comunidades.
Y dentro de unos días —explica Palacios— va a salir un segundo libro mío, y el único que se ha escrito sobre técnicas psicoanalíticas en México lo he hecho yo.
—Entonces, no es cierto lo que dice Ramírez. La asociación ha editado mucho.
—Ramírez habla, por ejemplo, de la Revista Psicoanalítica y dice que tuvo una efímera vida. No sé a qué se refiere. Aquí está el número pasado y está a punto de salir el último.
—Ramírez —le preguntamos a Palacios— dice que el nivel teórico de la apm en abstracto es elevado, pero que en realidad es muy burocrático y que, a pesar de su orientación freudiana, muy pocos de sus miembros han leído o saben leer a Freud. ¿Cuál es su opinión al respecto?
—No sé qué quiere decir con “saben leer”. Los alumnos de la Asociación llevan seminarios particularizados sobre Freud durante tres años. Además del constante estudio que se hace en otras materias. Ahora bien, cuando habla de burocratismo, sigo sin entender. Si él llama burocratismo a una secretaria, un presidente y un tesorero, entonces estoy de acuerdo.
—Más adelante, Ramírez subraya que se ha confundido la esencia con la apariencia y que para la apm el psicoanálisis es igual al diván, ¿es verdad esto?
—El diván tiene indicaciones claras y concretas de cuándo debe o no usarse. Y esto cualquier estudiante de primer año de psicoanálisis lo sabe. Es una aplicación clínica, como cualquier otra, dentro de la terapia. Lo importante es la esencia del manejo técnico. Me parece que Santiago debe fundamentar lo que está diciendo.
Finalmente, Palacios dijo:
—En su libro, Ramírez, después de dedicar toda su vida al psicoanálisis y a fundar asociaciones, llega a la cuenta de que todo esto no sirve de nada.
José Luis González Chagoyán dice que sr es persona de grandes dotes pero mal psicoanalizado, unomásuno, 28 de septiembre 1979
“Santiago Ramírez es una persona con muchas dotes pero tuvo un mal psicoanálisis. En parte por vicisitudes políticas de la Asociación Argentina, y porque desgraciadamente él con su capacidad intelectual creyó suplir lo que no fue completo. Esto es fundamentalmente la causa [de su] desesperanza por el psicoanálisis”, afirmó el doctor José Luis González Chagoyán.
“Santiago Ramírez es una persona muy querida por mí —agregó—, lo conozco desde hace muchísimos años. Le tengo gran admiración porque es un hombre inteligente, con capacidad de líder, siempre lo ha mostrado, pero no hay que olvidar que los líderes llevan a la creación o a la destrucción. Santiago es una persona que arrastra a mucha gente a una o a otra cosa.”
“Pienso que Ramírez llevó un psicoanálisis insuficiente, ésa es una contingencia y una desgracia. Por eso no tiene realmente una profunda identidad con lo que hace. Siempre quedó en una situación un poco ambigua y por ello reniega de aquello que él mismo creó.”
“De muchas maneras ha dicho Ramírez —continúa el doctor González— que él piensa que el psicoanálisis no es más que un paliativo, que no cura. Difiero con él. Creo que el psicoanálisis es la mejor herramienta quetenemos dentro de la psicoterapia para ayudar a las personas que sufren y hacerlas un poquito más dignas de gozar su vida, eventualmente, curarlas.”
“La técnica psicoanalítica, cuando se aplica con profundidad, remueve toda la personalidad de un ser y la modifica. Eso no quiere decir que todo el mundo tenga que ser psicoanalizado. Es igual que la penicilina, cura muchas enfermedades, pero también puede matar. Hay gentes alérgicas a ella.”
“Por ejemplo —dice González Chagoyán—, para ser más claro: un dolor de cabeza puede curarse con una aspirina, pero ese dolor puede deberse a múltiples razones. La aspirina cura momentáneamente y al final la enfermedad gana. Puede ser que se trate de un dolor sintomático, y los medicamentos actuales únicamente alivian momentáneamente, pero cuando el medicamento deja de actuar el paciente retorna a su enfermedad.”
“Para finalizar quiero enfatizar que Ramírez es una persona que produce. Ha escrito varios libros; buenos o malos, lo importante es que lo hace. Tiene el valor de hacerlo y en lugar de criticarlo, que a resumidas cuentas es lo más fácil, yo siempre he envidiado su capacidad creativa, sobre todo para escribir y, además, algo que es muy de él, su íntima personalidad simpática, atractiva, seductora, interesante y, desde luego, culta e inteligente. Aunque vuelvo a insistir, pienso que le faltó ver aspectos de su personalidad. Pienso y me pregunto: No sé si ese Ajuste de cuentas es con su hijo, con él mismo o con él y nosotros.”
Santiago Ramírez hijo dice que con Ajuste de cuentas hemos querido exponer la crisis básica del psicoanálisis, unomásuno, 29 de septiembre 1979
“Lo que nosotros tratamos de expresar en el libro Ajuste de cuentas, y que los doctores entrevistados anteriormente, por unomásuno, lamentablemente no entendieron, es la crisis básica del psicoanálisis. Ellos se dedican a hablar de sus asociaciones, según ellos agredidas. El problema no es si el psicoanálisis cura o no cura. Lo que exponemos es la crisis de los conceptos mismos de curación y de realidad a la manera que lo hace Freud.”
En esta ocasión es Santiago Ramírez, hijo, coautor de este polémico libro, quien habla sobre el verdadero sentido de la obra, acerca de su padre y de las diversas opiniones que se han expuesto sobre esta obra.
“Los entrevistados por unomásuno —dijo— se han dedicado a hablar de lo que han hecho o dejado de hacer, que si mi padre está bien psicoanalizado o no, que si tiene identidad o tampoco. Pero del problema básico del mexicano que es tratado en el libro, no se habla. Del problema básico del psicoanálisis tampoco se dice nada, y del problema de las condiciones políticas y las cuestiones retóricas nadie se ocupa.”
“Todos dicen —continúa Ramírez— que el psicoanálisis efectivamente ayuda, cuando no es una curación, ni una asociación de caridad, ni un problema terapéutico.”
“No se trata, pues, de tomar una realidad y que se incida en ella, reproduciendo los modos de producción y las relaciones sociales, ideológicas y culturales, las representaciones ideativas. No se trata, tampoco de un psicoanálisis a nivel del Yo, o del Super Yo. Es una cosa mucho más compleja que estos doctores no han podido resolver, ni nosotros tampoco. Pero es un problema básico.”
“¿Qué es lo que está en juego en el psicoanálisis? Está en juego el cuerpo, la sexualidad, la constitución del sujeto, la identidad del mexicano, de mi padre y de la asociación psicoanalítica; están en juego muchas cosas. Y sobre todo en esto no han hecho ningún énfasis, excepto Juan Garzón, que dice cosas mucho más interesantes que toda esa serie de anécdotas absolutamente irrelevantes que platican los doctores antes entrevistados.”
“Que el psicoanálisis está en crisis, es obvio, que las asociaciones psicoanalíticas oficiales están en una crisis mucho más profunda que la del propio psicoanálisis es todavía más obvio. Para esto basta ver quiénes están haciendo psicoanálisis hoy en día.”
“Quienes piensan psicoanalíticamente en la actualidad son Lacan, Laing, Cooper, Langer, Szaz y mi padre y todos están fuera de las asociaciones.”
“Efectivamente, Palacios dice que no tiene tiempo para leer a mi padre, es una decisión que yo afortunadamente no tengo que tomar, porque Palacios no ha escrito nada. Tiene, efectivamente, unos trabajitos aquí y allá, pero eso no es escribir.”
“Realmente es muy lamentable —subraya Ramírez— que los psicoanalistas mexicanos no se hayan percatado de lo que quería decir en el libro. No han leído ni la solapa. En la contraportada se dice que ‘es una empresa extraña para explicar el psicoanálisis’, pero por ejemplo, el doctor Palacios dice que la crítica de Santiago Ramírez en Ajuste de cuentas no tiene fundamento y confiesa en la primera línea de la entrevista que no ha leído el libro. Esto no hace más que reiterar la mediocridad lamentable de los miembros de las asociaciones psicoanalíticas oficiales”.
Por otra parte, continúa Ramírez hijo, “en el texto se muestra cómo es que la enfermedad mental no funciona como una anormalidad sino como un rebelión, cómo es que la histeria es una forma de rebelarse contra un statu quo, contra una institucionalidad, cómo es que la sexualidad, por ejemplo, pone en crisis al modo de producción, pero esto no lo tocan los señores.”
“De tal manera, el psicoanálisis resulta ser una cosa totalmente secundaria e irrelevante, como las propias asociaciones, en la medida que lo que se hace es simplemente colocar al psicoanálisis al servicio de la criminología, de las tareas educativas, de las instituciones médicas o de cualquier otra cosa. Entonces, básicamente, lo que se hace es degradar al psicoanálisis que tiene una dimensión autónoma muy importante.”
“Yo llego al osteólogo con un hueso roto y me lo componen. Pero llego con un inconsciente chueco y me lo componen ¿en la medida de qué? ¿Qué quiere decir componer un inconsciente, qué quiere decir un inconsciente descompuesto? ¿Quiere decir que el sujeto no funciona en la sociedad? ¿A quién hay que cambiar? ¿A la sociedad o al sujeto? Es lo que nunca se cuestiona, porque precisamente esto coloca al psicoanalista en una situación de poder, no quiero decir que los coloca en el pri o en una secretaría de Estado. Quiero decir que los coloca en una situación de poder frente al paciente. Heme aquí que yo soy el poseedor de la verdad, yo soy el poseedor de la normalidad, yo soy el poseedor de la sabiduría, yo tengo esto que tú me pides. Y entonces, el psicoanalista lo da, cuando el problema es que habría que ver qué es lo que realmente da y si está en la posibilidad de dar algo. Esto es lo que mi padre pone en crisis cuando dice que sus psicoanálisis no han tenido éxito. Porque, efectivamente, no se puede considerar al psicoanálisis como curación, y esto lo dice Freud.”
Santiago Ramírez hijo dice que las asociaciones psicoanalíticas funcionan casi como los partidos políticos en tiempos de Stalin, unomásuno, 30 de septiembre 1979
En el libro Ajuste de cuentas, dice Santiago Ramírez hijo durante la segunda parte de la entrevista concedida a este diario, “tratamos de enfatizar algo muy importante: ¿por qué la problemática del mexicano?, ¿realmente existe el mexicano? Se habla entonces de muchos antecedentes; sin embargo, la polémica de mi padre es con Octavio Paz, no con Agustín Palacios. Porque Octavio Paz es un artista que sí escribe y que, aunque no es psicoanalista, ha logrado mucho más que algunos especialistas al dilucidar la identidad del mexicano, si es que, en última instancia, es posible hablar de ella. Todo esto no es tomado en cuenta por los detractores del libro Ajuste de cuentas”.
“La conclusión de Roberto Escudero —agrega Ramírez— es realmente para todos aquéllos que dicen que mi padre está desesperanzado. El problema es modificar lo real, el mundo, transformarlo como decía Marx. Se trata de buscar una vía socialista en que verdaderamente pueda tener sentido hablar del mexicano y de una serie de cosas más. Esto sería hacer psicoanálisis popular, no andar haciéndole a la hermana de la caridad por las colonias ‘humildes’.”
“’Y si el psicoanálisis, ahora, adapta obreros para que estén más contentos en las fábricas, lo que se está haciendo es reproducir el sistema fabril de producción y no poniéndolo en crisis.”
“El psicoanálisis es una cosa muy distinta; ni yo lo voy a definir, ni mi padre ni nadie ha definido el psicoanálisis.”
Al referirse a los doctores antes entrevistados, Ramírez dice: “Se meten en los detalles de que si publicaron seis libros u ocho revistas o que si más gordas o que si más flacas. Se ponen a discutir la personalidad de mi padre, que también es irrelevante, que si estuvo en Argentina uno o tres meses y seis días, que si es muy respetable o no, inteligente o no. La cuestión es que la inteligencia de mi padre o la de Palacios o la mía es totalmente trascendida por la historia. Lo que está en juego es algo que rebasa estas nimiedades”.
“Además —agrega—, las críticas son tibias. Por ejemplo, dicen que Santiago Ramírez está mal y que, sin embargo, es muy inteligente. Habría que decir que si todo lo que Ramírez dice está mal, es un idiota. Me vuelve a resultar lamentable esta mediocridad. Creo que es una posición muy cómoda o escapista decir que Santiago está mal, pero que al mismo tiempo es muy inteligente.”
“Ahora, si dijeran que mi padre está bien, esto les frustraría una serie de posibilidades en el mercado de pacientes. No pueden hablar mal de sus asociaciones. La asociación funciona casi como un partido político de los tiempos de Stalin, incluso la organizó Reich, a imagen o semejanza de la Internacional Comunista de Lenin.”
“Cuando en el libro decimos que el nivel teórico de la Asociación Psicoanalítica Mexicana es alto en abstracción, pero burocrático, lo que se está diciendo, es lo que dice Trotsky de la Internacional Comunista, que es una burocracia en el poder, y todos sabemos que la Unión Soviética es una forma burocrática del socialismo. Eso es lo que se dice, no de que si hay muchas secretarias; ésta es una manera muy elemental e inocente de comprender la acusación de burocracia.”
“La discusión —enfatizó Ramírez— con las asociaciones o mejor dicho con los representantes de éstas, por lo que se puede ver a través de las entrevistas que se han hecho con anterioridad, desgraciadamente no puede ser de alto nivel.”
“La biografía de mi padre evidentemente no es el punto fundamental del libro, como lo entienden estos señores. Porque si ésa fuera la discusión, entonces podría usted entrevistar a mi tía, seguramente ella le diría que no fueron tres sirvientes, fueron cuatro. Esto es totalmente irrelevante, como lo son las asociaciones.”
“Lo que es relevante es cómo cuarenta años después de haber introducido el psicoanálisis en México, mi padre se percata de que hay una crisis, muestra que esta crisis existe, no solamente en México, y la trata de sacar a luz.”
“Mi padre no pretende resolverla, ni creo que las personas inteligentes como él crean que están capacitados para resolver una crisis en la que el psicoanálisis está desde antes que muriera Freud.”
“Freud mismo en su última obra hizo un trabajo muy angustiado. En ese mismo sentido no se podría acusar a Freud de crear cosas que luego destruye. Lo que se puede decir es que crean cosas que de alguna manera no corresponden a las necesidades del objeto teórico. Esa es la obra de mi padre y todos se ponen a hablar de sus instituciones.”
“Como si las instituciones fueran lo que importa. En México se hace psicoanálisis fuera de las instituciones. Hay una gran cantidad de charlatanes en este país, sobre los cuales estas asociaciones nunca dicen nada, éstas son la psicosíntesis, la dianética y no sé qué otras técnicas charlatanescas.”
“Si las asociaciones no vigilan esto, y no pueden siquiera garantizar que las personas que están haciendo psicoanálisis sean verdaderamente preparadas, entonces yo no sé para qué sirven. Excepto que es una especie de club rotario en el cuál uno conoce clientes.”
“Teóricamente no se hace nada; efectivamente, Césarman tiene seis libros, pero no tienen que ver con psicoanálisis, no están publicados por la Asociación, entonces no se puede decir que la Facultad de Veterinaria tiene un nivel académico alto, porque hay un señor que publica poemas. Césarman publica al margen de la Asociación. Pero ésas son nimiedades, babosadas que no tienen ninguna importancia.”
“¿Que con quién es el ajuste de cuentas? Una cosa es segura, con las asociaciones no es; entonces hubiéramos escrito un texto que se llamara La sagrada familia. Es un ajuste de cuentas, antes de Santiago Ramírez, con él mismo. ¡Que si es un ajuste de cuentas conmigo!, yo diría más bien que cuando mi padre habla conmigo, él hace un ajuste de cuentas con una generación cuya afición básica ha sido la de impugnar; empezamos en 68 y seguimos. Y así el ajuste de cuentas es con esta generación que puso en crisis el discurso mismo.”
“Mi padre habla a una generación que ha puesto en crisis todo. Una generación que cuando le preguntaron ¿qué propones?, salió a la calle en 68 silenciosamente, sin dar soluciones.”
“Este texto es el resultado del trabajo de diez años, en el que mi padre habla con esta generación de 68. Tampoco se trata de buscar nuestra identidad en este año. Y con estos jóvenes es con quien mi padre ajusta cuentas.”
“Santiago Ramírez está a la altura del tiempo, porque puede dialogar con esta generación que lo cuestiona todo, que lo pone en crisis. Santiago Ramírez entiende en qué consiste poner en crisis.”
Agustín Aparicio dice que Ajuste de cuentas no es un texto autobiográfico sino una crítica al psicoanálisis y al orden médico, unomásuno, unomásuno, 2 de octubre, 1979
“En primer lugar quiero decir lo que no es Ajuste de cuentas. No es un texto autobiográfico en el que pudieran leerse las vicisitudes personales y profesionales de Santiago Ramírez, aunque una lectura superficial pareciera ofrecernos ese significado. Más bien, esa parte del texto se inscribe en la crítica a la institución psicoanalítica y al orden médico.”
Ésta es la opinión del doctor Agustín Aparicio de la Escuela Freudiana de México, quien externa su punto de vista acerca del polémico libro de Santiago Ramírez.
»Ajuste de cuentas —continúa el doctor Aparicio— no es un ajuste de cuentas ni con los psicoanalistas, ni con él mismo, ni con Santiago Ramírez Castañeda, como algunos psicoanalistas han querido, mañosamente, pervertir la lectura del texto para proteger su colita de pisotones imaginarios. Que Ramírez es padre de Ramírez Castañeda es un hecho incierto —como toda paternidad— abierto a todo tipo de deslizamientos metonímicos. Por ejemplo, puede decirse que Santiago Ramírez es el padre de todos los psicoanalistas que han levantado su cola y han enseñado el cobre. Si seguimos este deslizamiento también puede decirse que estos psicoanalistas son más hijos de Santiago Ramírez que el mismo Ramírez Castañeda, ya que, a la palabra del padre, que para ellos tiene un efecto persecutorio, responden detrás de las faldas de la Santa Institución Psicoanalítica Medicalizada, que les presta fórmulas discursivas para asegurarles sus privilegios y su poder.”
“Más allá de la relación imaginaria —continúa el doctor Aparicio— padre-hijo, tan grata y útil, y los psicoanalistas en el poder, lo que se plantea en el texto es el estatuto del sujeto deseante y su correlato: el objeto ausente.”
“De un lado el objeto siempre, desde siempre, ausente. El objeto en su ‘no ha lugar’. El veloz Aquiles, el sujeto incansable, tras la inalcanzable tortuga inmóvil y casi inmóvil. Del otro, el fantasma, migajas del objeto de la necesidad adheridas al objeto del deseo, la promesa del encuentro, el espejismo enajenante, la identidad estabilizadora, el establecimiento del orden y de la institución venerable. Orden y progreso, dime quién soy y te diré quién eres. Si le pregunto al espejo quién soy, el irreflexivo espejo me responde con una imagen pura y simple. Si envalentonado y echando hacia atrás mi sombrero de charro, le pregunto sobre el ser del mexicano, el espejo, irreflexivo como siempre, me responde con una sonora carcajada significante.”
“Más adelante —nos dice el doctor Agustín Aparicio—, del desorden y la subversión a las metáforas gastadas que sólo se sostiene por insertarse en el discurso establecido, en el orden médico, Ajuste de cuentas no es un texto del que pueda hacerse lectura estrábica como la que han hecho Cueli, Palacios, Barriguete y González. Con un ojo en las páginas y con el otro contemplando fascinados sus bellas almas, y con una lágrima en ese mismo ojo riegan sus aportaciones al bienestar social y a la salud pública, en espera de un guiño del ojo del poder, que todo lo sabe porque lo ve todo. Ajuste de cuentas es, si se sabe leer, un texto trenzado por dos series de enunciados. La primera serie denuncia la institución psicoanalítica como estructura de poder, y la segunda se pronuncia por el estatuto del objeto como objeto de deseo, es decir nada, o casi nada: lo imposible del goce.”
El doctor Aparicio afirma que “la institución psicoanalítica, en tanto estructura del poder, se inserta en el orden médico y como tal impone a los psicoanalistas un discurso del que son víctimas mudas o guiñoles vociferantes; un claro ejemplo —nos dice Aparicio— son algunos enunciados de José Luis González [este diario, 28 de septiembre]: ‘Santiago Ramírez tuvo un mal análisis, llevó un análisis insuficiente. Cuando el medicamento deja de actuar, el paciente retorna a su enfermedad’”.
“Tuvo un mal análisis, es decir, un mal tratamiento, es decir sigue enfermo —cuestiona el doctor Aparicio. Un análisis insuficiente; es decir, no se administró la dosis necesaria para erradicar el mal, es decir el mal sigue activo, sigue enfermo. Cuando el medicamento deja de actuar…”
“En esta clase de enunciados medicalizados —agregó— la referencia es un supuesto saber, el saber médico, que a su vez remite al discurso del amo y a la segregación brutal.”
“En otras palabras —nos dice Aparicio—, el psicoanalista medicalizado es un títere por medio del cual se transmite la voz del amo. Un discurso que protege sus privilegios y los salvaguarda de la crítica subversiva del sujeto. Del sujeto que habla fuera del orden, no quieren saber nada. El sujeto que subvierte ese orden, el sujeto desujetado está mal analizado, es un enfermo, no es como nosotros. El renacimiento de la herejía amenaza la ortodoxia burocratizada. Sin psicoanalistas que del sujeto y del deseo —que hablan mal pero hablan— no quieren oir ni media palabra, pues su-misión es enseñar el bien hablar, como ellos, bienhablantes, pues para eso son psicoanalistas, ‘para ayudar a las personas que sufren y hacerlas un poquito más dignas de gozar de su vida’.”
“¡Psicoanalistas poquiteros, ni los misioneros en China feudal eran tan ratas! —exclama Agustín Aparicio. En fin, curar es el término mágico del vocabulario médico que les confiere todo su poder.”
“La segunda serie de enunciados hace resonar la llamada realidad del ‘oscuro objeto del deseo’. La ya amada realidad del objeto, amada desde siempre, desde antes que pudiéramos saber de su ausencia, allá donde Yo no estaba para saberlo, acá donde me llama y me hace arder, llamada ausencia. De eso está hecho el goce, de ese objeto que no pertenece a nadie y que desaparece. Es así como se abre el cuerpo al goce, es así como el cuerpo registra ese no dicho que hace hablar al cuerpo.”
“Ajuste de cuentas es una llamarada que hay que avivar y prender en todas partes” —concluye el doctor Aparicio.
DISCREPA DE LAS CRÍTICAS AL AJUSTE DE CUENTAS DE SANTIAGO RAMÍREZ, unomásuno, 2 de octubre, 1979
Enrique Guarner
Señor director:
Ante las numerosas declaraciones llevadas a cabo por miembros de las diferentes sociedades psicoanalíticas, criticando el libro de Santiago Ramírez intitulado Ajuste de cuentas, me siento obligado a escribir esta nota para hacer constar que no todos los psicoanalistas estamos de acuerdo con los juicios emitidos hasta ahora sobre la obra.
Para opinar sobre una institución, no resulta de ninguna manera necesario demandar permiso a dicho establecimiento y, menos aún, saber si éste se encuentra de acuerdo con el análisis que uno realiza sobre él. De llevarse a cabo lo que el doctor Barriguete llama “criterio objetivo acerca de algo”, llegaríamos a conclusiones tan ridículas y grotescas como tenerle que preguntar a un individuo si es tonto para obtener su acuerdo antes de hacer la afirmación. En el año 1970, hubo una división interna en la apm, de la cual se separaron el cuarenta por ciento de sus miembros y no se les preguntó a estos últimos su opinión sobre los que se quedaban.
Más extraña resulta para mí la idea de usar la estadística individual para juzgar los resultados de la terapia. Según el Instituto Psicoanalítico de Berlín (publicado por Otto Fenichel), se trataron entre 1920-1930 a 484 pacientes, de los cuales 104 resultaron curados, 173 solamente mejorados y abandonaron la terapia 197. Lo cual nos da una resultante de sesenta y cuatro por ciento de enfermos aliviados. Knight (1941) con42 pacientes, obtuvo 35 relativos éxitos y 7 fracasos. La Asociación Psicoanalítica Americana se negó en 1964 a publicar el informe de Weinstock, debido al número de deserciones en terapia que daba unaestadística negativa. A pesar de lo anterior, estoy seguro de los éxito terapéuticos de Barriguete.
Quiero, por otra parte, hacer constar en relación a las declaraciones de la profesora Sandoval que no conozco ningún empresario psicoanalizado que, como resultado del proceso, haya incrementado ganancias de sus empleados. Tampoco he indagado si la terapia ha convertido en menoscorruptos a los políticos. Freud, al que definitivamente no conocemosa fondo, se preguntaba en 1915: “¿Por qué la gente analizada debiera ser mejor que los demás? El psicoanálisis busca la unidad, más nonecesariamente la bondad de los individuos”.
Las ideas del doctor Cueli, a quien estimo por demasiados factores comunes, son las más reflexivas y mejor escritas. Sin embargo, creo que si alguien ha adquirido una identidad definida es Santiago Ramírez, quien tiene el valor de decir lo que piensa.
Por otra parte, el presidente Palacios, que no ha leído el libro debido a que nole interesa, lo critica con una vehemencia que recuerda la cólera. La Revista de Psicoanálisis nunca se ha publicado con regularidad, y si tienela colección a mano, observará que existen espacios hasta de cuatro añosentre un número y el siguiente. Incluso, los dos últimos se editaron con una distancia de un año y medio. Por otra parte, lo felicito dado que durante su gestión la apm se ha convertido en democrática. Siempre he sentido una especial fascinación hacia la institución, semejante a la que pude abrigar hacia la mafia de Chicago.
Todos lo miembros de asociaciones que han criticado el trabajo de Ramírez recuerdan a los líderes sindicales que defienden el statu quo para mantener el gallinero sin alboroto.
Aprovecho la ocasión para saludarlo cordialmente.
AJUSTE DE TUERCAS, Revista Territorios
Armando Gómez Villalpando
A partir de confidencias profesionales, el doctor Santiago Ramírez realiza en Ajuste de cuentas una reflexión retrospectiva al dialogar con su hijo, Santiago Ramírez Castañeda, y con Roberto Escudero, con la intención de dirimir y cuestionar asuntos inherentes a su obra y pensamiento a través de la articulación de digresiones biográficas, apreciaciones profesionales y el interrogatorio a fuego abierto de sus interlocutores.
El libro inaugura el género de la polémica testimonial en el espacio editorial de la psicología mexicana actual y, por ello, es necesario apuntar el valor que como hito y reto representa esta discusión sobre la figura y la obra del personaje más original con que cuenta la historia de la psicología del país, tan llena de personajes espurios y obras —por no decir plagios o ventriloquismos— cuyos contenidos son, la mayoría de las veces, apologías de problemáticas y tradiciones importadas e impuestas en nuestro ámbito, que se distinguen por su carácter de falsa universalidad “científica”, incrustadas como cassettes formativos (en las escuelas de psicología) o discursivos (lugares comunes) que poco han contribuido a generar un cuerpo colectivo de reflexión crítica sobre el quehacer psicológico y su inserción en los proyectos marginales de transformación del país.
Fuera del interés anecdótico de las vicisitudes del autor, apuntaremos algunas cuestiones que el libro plantea y que nos ocuparán:
l. La institución del análisis (formación y práctica).
2. El estudio psicoanalítico del mexicano y la producción de teoría psicológica en México.
3. La cientificidad del psicoanálisis.
Respecto a la primera cuestión, al narrar su formación como psicoanalista reflexionar a distancia sobre su práctica posterior, Santiago Ramírez exhibe el carácter esotérico y elitista de la iniciación, que sólo es asequible si se tiene un financiamiento generoso y una docilidad al acceder al templo de los elegidos, para, una vez que la montaña de pagos y méritos haya sido escalada, poder fundar un decoroso changarro de atención, masaje y lubricación de mentecitas burguesas en desgracia: histerias, obsesiones, psicopatías y fobias de ejecutivos junior, hijo de intelectuales, esposas frígidas, políticos deprimidos, etcétera.
La práctica psicoanalítica en México es, ante todo, una práctica liberal y privada, una psicoterapéutica de lujo guiada por una moral del lucro, una adhesión ideológica y una tutora emocional de cabecera para los cuadros públicos y privados de los grupos pudientes de nuestra formación social, lo que contrasta con la atención psicológica pública deficiente y escasa —cuando no nula— que recibe una pequeña porción (casi totalmente urbana) de las clases populares. Esto explica el por qué la problemática de la salud mental en México, desde el punto de vista psicoanalítico, se plantea en términos de la reflexión clasista que los psicoanalistas efectúan a partir de su práctica privada y lo que pueden “ver” sobre problemas de salud mental de la población global a través de estadísticas leídas confortablemente en sus escritorios ejecutivos.
Poco es lo que han hecho en México los psicoanalistas por los “seres humanos” y “enfermos” que no pertenecen a su clase, para esclarecer la problemática de la salud mental de las grandes clases marginadas y contribuir a la creación de encuadres terapéuticos idóneos para su atención, pues los discursos de sus reflexiones al respeto corren paralelos con la visión demagógica de la ideología oficial sobre la salud mental (y aquí cabe mencionar la luminosa excepción que representan los esfuerzos de un psicoanalista, José Cueli, en Ciudad Nezahualcóyotl).
Respecto a la segunda cuestión, el estudio del mexicano y la producción teórica de la psicología en México, Santiago Ramírez —y a excepción de Aniceto Aramoni (Psicoanálisis de la dinámica de un pueblo, unam, 1959)— es el único psicoanalista en México que ha participado en la empresa de esclarecer, si bien no la entelequia, sí los rasgos y factores psicológicos recurrentes en el pasado y presente de la cosmovisión cultural del mexicano, junto con filósofos, literatos y estudiosos preocupados por la idea de la “esencialidad nacional” y el proyecto de constitución de una “autoconciencia nacional”; estudio que, si bien no se libra de la impostación hecha por sus predecesores, revela al menos la envergadura de su preocupación y el interés por utilizar el psicoanálisis como hermenéutica al servicio de la creación de conocimiento y punto de orientación sobre el estudio de la cultura.
Es indudable que lo fallido de tal tentativa no invalida su esfuerzo, ya que tal acción es una de las escasas producciones elaboradas en México por psicoanalistas para desarrollar una tradición de elucidación teórica de los problemas psicológicos de la génesis, el desarrollo y la estructura de la ideología nacionalista (ya no de la “mentalidad mexicana”). Quedan enunciados, sin embargo, los problemas para la explicación de la psicología social de los diferentes grupos y clases sociales y los contenidos de sus concepciones y prácticas cotidianas, hasta ahora patrimonio de la crítica ensayística de autores como Carlos Monsiváis, Gabriel Careaga y otros que, desde disciplinas ajenas al psicoanálisis, han contribuido a la creciente constitución de objetos epistemológicos aún difusos que permanecen ignorados por las presentes generaciones de psicoanalistas, cuyas producciones —la mayoría de las veces referidas a problemas de formación y técnica— han soslayado la investigación y la polémica sobre problemas actuales que necesitan ser ventilados. Sobre tal laguna habría que plantear qué tan bajo nivel de desarrollo tanto cuantitativo como cualitativo es debido, por lo menos, a las siguientes razones:
A partir de confidencias profesionales, el doctor Santiago Ramírez realiza en Ajuste de cuentas una reflexión retrospectiva al dialogar con su hijo, Santiago Ramírez Castañeda, y con Roberto Escudero, con la intención de dirimir y cuestionar asuntos inherentes a su obra y pensamiento a través de la articulación de digresiones biográficas, apreciaciones profesionales y el interrogatorio a fuego abierto de sus interlocutores.
El libro inaugura el género de la polémica testimonial en el espacio editorial de la psicología mexicana actual y, por ello, es necesario apuntar el valor que como hito y reto representa esta discusión sobre la figura y la obra del personaje más original con que cuenta la historia de la psicología del país, tan llena de personajes espurios y obras —por no decir plagios o ventriloquismos— cuyos contenidos son, la mayoría de las veces, apologías de problemáticas y tradiciones importadas e impuestas en nuestro ámbito, que se distinguen por su carácter de falsa universalidad “científica”, incrustadas como cassettes formativos (en las escuelas de psicología) o discursivos (lugares comunes) que poco han contribuido a generar un cuerpo colectivo de reflexión crítica sobre el quehacer psicológico y su inserción en los proyectos marginales de transformación del país.
Fuera del interés anecdótico de las vicisitudes del autor, apuntaremos algunas cuestiones que el libro plantea y que nos ocuparán:
l. La institución del análisis (formación y práctica).
2. El estudio psicoanalítico del mexicano y la producción de teoría psicológica en México.
3. La cientificidad del psicoanálisis.
Respecto a la primera cuestión, al narrar su formación como psicoanalista reflexionar a distancia sobre su práctica posterior, Santiago Ramírez exhibe el carácter esotérico y elitista de la iniciación, que sólo es asequible si se tiene un financiamiento generoso y una docilidad al acceder al templo de los elegidos, para, una vez que la montaña de pagos y méritos haya sido escalada, poder fundar un decoroso changarro de atención, masaje y lubricación de mentecitas burguesas en desgracia: histerias, obsesiones, psicopatías y fobias de ejecutivos junior, hijo de intelectuales, esposas frígidas, políticos deprimidos, etcétera.
La práctica psicoanalítica en México es, ante todo, una práctica liberal y privada, una psicoterapéutica de lujo guiada por una moral del lucro, una adhesión ideológica y una tutora emocional de cabecera para los cuadros públicos y privados de los grupos pudientes de nuestra formación social, lo que contrasta con la atención psicológica pública deficiente y escasa —cuando no nula— que recibe una pequeña porción (casi totalmente urbana) de las clases populares. Esto explica el por qué la problemática de la salud mental en México, desde el punto de vista psicoanalítico, se plantea en términos de la reflexión clasista que los psicoanalistas efectúan a partir de su práctica privada y lo que pueden “ver” sobre problemas de salud mental de la población global a través de estadísticas leídas confortablemente en sus escritorios ejecutivos.
Poco es lo que han hecho en México los psicoanalistas por los “seres humanos” y “enfermos” que no pertenecen a su clase, para esclarecer la problemática de la salud mental de las grandes clases marginadas y contribuir a la creación de encuadres terapéuticos idóneos para su atención, pues los discursos de sus reflexiones al respeto corren paralelos con la visión demagógica de la ideología oficial sobre la salud mental (y aquí cabe mencionar la luminosa excepción que representan los esfuerzos de un psicoanalista, José Cueli, en Ciudad Nezahualcóyotl).
Respecto a la segunda cuestión, el estudio del mexicano y la producción teórica de la psicología en México, Santiago Ramírez —y a excepción de Aniceto Aramoni (Psicoanálisis de la dinámica de un pueblo, unam, 1959)— es el único psicoanalista en México que ha participado en la empresa de esclarecer, si bien no la entelequia, sí los rasgos y factores psicológicos recurrentes en el pasado y presente de la cosmovisión cultural del mexicano, junto con filósofos, literatos y estudiosos preocupados por la idea de la “esencialidad nacional” y el proyecto de constitución de una “autoconciencia nacional”; estudio que, si bien no se libra de la impostación hecha por sus predecesores, revela al menos la envergadura de su preocupación y el interés por utilizar el psicoanálisis como hermenéutica al servicio de la creación de conocimiento y punto de orientación sobre el estudio de la cultura.
Es indudable que lo fallido de tal tentativa no invalida su esfuerzo, ya que tal acción es una de las escasas producciones elaboradas en México por psicoanalistas para desarrollar una tradición de elucidación teórica de los problemas psicológicos de la génesis, el desarrollo y la estructura de la ideología nacionalista (ya no de la “mentalidad mexicana”). Quedan enunciados, sin embargo, los problemas para la explicación de la psicología social de los diferentes grupos y clases sociales y los contenidos de sus concepciones y prácticas cotidianas, hasta ahora patrimonio de la crítica ensayística de autores como Carlos Monsiváis, Gabriel Careaga y otros que, desde disciplinas ajenas al psicoanálisis, han contribuido a la creciente constitución de objetos epistemológicos aún difusos que permanecen ignorados por las presentes generaciones de psicoanalistas, cuyas producciones —la mayoría de las veces referidas a problemas de formación y técnica— han soslayado la investigación y la polémica sobre problemas actuales que necesitan ser ventilados. Sobre tal laguna habría que plantear qué tan bajo nivel de desarrollo tanto cuantitativo como cualitativo es debido, por lo menos, a las siguientes razones:
- Ausencia de publicaciones de gran tiraje y difusión;
- Canibalismo teórico generalizado entre las múltiples sectas, corrientes y tendencias psicoanalíticas y psicológicas;
- La posición hegemónica que, a nivel oficial, tiene la corriente conductista en la mayoría de las escuelas de psicología del país, que han sido convertidas en reductos oscurantistas y tecnocráticos de la superchería teórica y el pragmatismo técnico de más bajo nivel;
- La ausencia de estudios y debates interdisciplinarios que permitan integrar y procesar problemáticas nacionales correctamente planteadas (señalamiento que aparece indicado en el libro).
La última cuestión es la del carácter científico del psicoanálisis, asunto que en el libro está tratado oblicua y precipitadamente. La cientificidad del psicoanálisis como objeto de discusión es tratada por los dos Santiagos en una polémica que aparece estructurada, por momentos, como una reyerta edípica subyacente y escindida; su propósito original desemboca en una batalla por el falo-verdad y en la negación de la cientificidad del psicoanálisis, que se debe, en el padre, a un nihilismo sustantivo declarado, y en el hijo, a la obsesión rigorista de un escepticismo metodológico.
Al respecto, habría que considerar que, a la luz de un sesudo estudio metacientífico del psicoanálisis, el filósofo Miguel Kolteniuk (El carácter científico del psicoanálisis, fce, 1976) lo considera una ciencia en formación y, por esto, no puede compararse, para disminuirlo o negarlo, con una ciencia “adulta” como la física. Fuera de esta limitación, el valor de actualidad que representa para el psicoanálisis un tipo de discusión como la del libro Ajuste de cuentas merecería tener eco en ulteriores publicaciones.
CRÓNICA DE UN DESNUDO, Revista de la UNAM
Santiago Genovés y Paco Ignacio Taibo
Uno de los autores de este breve ensayo (sg), se hallaba ausente del país al aparecer el libro de Santiago Ramírez, y ha leído de una sentada los numerosos comentarios y polémicas que ha suscitado. El otro (pit) estaba aquí y fue tomando conocimiento de lo que se escribía y comentaba a medida que transcurría el tiempo. Por ello, por creer que así se logra un mayor equilibrio, y por pensar que es uno de los libros más importantes del año —a pesar de sus sólo 131 páginas— nos abocamos a los comentarios que siguen.
¿Por qué uno de los más importantes del año? Porque ocurre pocas veces que un hombre de verdadera estatura, de conocimientos y pensamientos tan amplios como especializados, se desnude en público. Al hacerlo, toma para sí el derecho de decir sus verdades más verdaderas: que el psicoanálisis no es ciencia, no es historia, no es técnica; es, como Medawar —premio Nobel y gran pensador— definió a la antropología, “una forma de ver, de acercarse a las cosas”. La diferencia —menor— estriba en que el antropólogo ve y el psicoanalista oye, sin que ello quiera decir para nada que el psicoanalista no ve o que el antropólogo no oye. Santiago Ramírez no “ha dado el tiro de gracia a las instituciones psicoanalíticas del país”, como reza el titular de un periódico. No ha dado el tiro de gracia a nadie. Ha tenido una conversación lúcida, abierta, clara desde la ambigüedad, único ámbito posible para entender en esta y otras áreas del conocimiento.
Estamos con él —con Freud— cuando expresa que la intuición poética antecede, casi siempre, a la explicación científica: desde san Juan a León Felipe desde Carroll a Saint-Exupéry. Nos saca Santiago Ramírez de las creencias erróneas de que el psicoanálisis cura, como cura la penicilina. Nada más falso. El psicoanálisis —es uno de los, temas central de su conversación— constituye la forma más válida de acercamiento para conocer la personalidad: eso es todo. Eso sí es. Ante una medicina comercializada —de la que se ocupó el padre de Santiago Ramírez de manera menos cabal que, más recientemente, el gran Ignacio Chávez—, Santiago Ramírez ni siquiera protesta, sólo fija el hecho que todos conocemos, de que pagamos por tener un interlocutor —psicoanalista—, sea éste válido y eficaz o no. Y los psicoanalistas han sentido ofendidos: puntualizan, explican, proporcionan datos acerca de sus ganancias. ¡Pero sí Santiago no os ha atacado en la forma que podría fácilmente llevarse a cabo!
Cuando hace ya más de un siglo, Darwin publica El origen de las especies se le ataca de inmediato porque “dice que venimos de los monos”. Darwin, tan cuidadoso como Santiago Ramírez, incluye, sólo años despúes, una frase más o menos críptica en el prólogo a la sexta edición en la que se dice: “Esta obra podrá dar alguna luz sobre el origen y la evolución del hombre”. Pero la sociedad victoriana de entones, como la psicoanalítica de hoy, se siente agredida, insultada, ofendida. Porque en el fondo nos sentimos más o menos changos como los psicoanalistas, en el fondo, se sienten más o menos “gurús”. Esto es: que más o menos funcionan en tanto que poseen un valor, una sensibilidad, una intuición, una paciencia personal, unos conocimientos de vida —vivida o leída— que va más allá de los diplomas de universidades o de instituciones ad hoc que cuelgan de las paredes de sus consultorios. Nos diferenciamos, de los changos —en gran parte— por razones semejantes a las que diferencian a los psicoanalistas de los “gurús”. En concordancia con lo que expresa Santiago Ramírez de Freud, y con lo que estamos totalmente de acuerdo, ya lo decía Machado:
Si lográsemos reconstruir la metafísica de un chimpancé o de algún otro más elevado antropoide, ayudándole cariñosamente a formularla, nos encontraríamos con que era esto lo que le faltaba para igualar al hombre: una esencial disconformidad consigo mismo que lo impulse a desear ser otro del que es, aunque, de acuerdo con el hombre, aspire a mejorar la condición de su propia vida: alimento, habitación más o menos arbórea, etcétera. Reparad en que, como decía mi maestro, sólo el pensamiento del hombre, a juzgar por su misma conducta, ha alcanzado esa categoría supralógica del deber ser (tener que ser lo que no se es), o esa idea del bien que el divino Platón encarama sobre la del ser mismo, y de la cual afirma, con profunda verdad, que no hay copia en este bajo mundo. En todo lo demás, no parece que haya en el hombre nada esencial que lo diferencie de los otros primates (véase Abel Martín: De la esencia, heterogeneidad del ser). Juan de Mairena, Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo, 1936.
Es éste un punto central en el discurso de Santiago Ramírez: la ciencia es la ciencia, con su metodología, su técnica, su replicabilidad, su rigurosidad. Pero el conocimiento será siempre un concepto más amplio que el del conocimiento científico que constituye, hoy, no obstante, la mejor forma que poseemos de adquirir y de transmitir conocimiento. Dado el auge y las ventajas del conocimiento científico —que nos saca de la charlatanería tonta— estamos empecinados, así, empecinados, en que todo conocimiento tiene, a fortiori, que ser científico para ser válido. Pero Freud se dirige, “al viejo”, a Goethe, cuando se halla ante un callejón sin salida. Como Santiago Ramírez se dirige a Carroll, nosotros, con frecuencia a san Juan, los sociólogos y psicoanalistas, psicólogos y antropólogos, deberían dirigirse más a Cervantes, Shakespeare, Dante, Virgilio, Joyce, Proust, etcétera, lo que hacen (hacemos) con absurda poca frecuencia.
Ante tanto libro pomposo en el que se proponen soluciones —de ciencia o fuera de ella—; ante tanto libro lleno de convencionalismos, la duda, la sencillez, lo directo de la conversación de Santiago Ramírez, da un ejemplo, un ejercicio, que nos serviría a nosotros, y a los demás si nos atreviésemos a realizarlo nosotros mismos desde la incomprensión, contradicciones y limitaciones, de las áreas de estudio que cultivamos: nos entenderíamos mejor, entenderíamos más. Pero sucede que no nos atrevemos. A nuestra edad, casi la de Santiago Ramírez, comenzamos a pensar que hay que seguir su camino, y exponer, abiertamente, dónde estamos, y no dejarlo para ociosas e inútiles conversaciones menores. Lo que ha hecho Santiago Ramírez es un análisis tan sencillo como profundo, de toda una gama de pensamientos. Si lo de Santiago Ramírez se realizase —con otros hombres o mujeres— una vez por semana en televisión, lograríamos dos cosas: cambiar la televisión, y, a lo mejor, también cambiar al país, sin duda mejorándolo. Sin aspavientos, con elegancia, sin pesadez, con una cierta alegría, sin pomposidad, con conocimiento, y, sobre todo, sin esa definitividad con que se nos suele tratar de hacer pasar por verdades lo que a todas luces no lo es.
Santiago Ramírez realiza un “ajuste de cuentas” consigo mismo, con su vida, dentro de su actividad profesional. En un ámbito lleno de suspicacias, de no cuestionar seriamente la validez de lo aprendido en el pasado, y menos aún lo que enseñamos en el presente, viviendo de lo uno y de lo otro. En un ambiente científico en el que por seguridad de vida, por comodidad, por edad, se olvida que Unamuno con su “dudo, luego existo” es más válido, más fundamental que el cartesiano “’pienso, luego existo”, y que lo de Unamuno se toma por crítica política, por crítica menor, por crítica a los demás, cuando en realidad no es sino sanísima autocrítica, sincero autoexamen.
Claro que nos hubiese agradado que Santiago Ramírez tocase con alguna amplitud temas como el psicoanálisis y el cine —mudo o hablado. La relación e importancia, si la tiene, de la violencia que se exhibe en televisión o en los cines, y la formación de la personalidad. La violencia desde el punto de vista psicoanalítico. Algo sobre violencia y personalidad, algo sobre comunicación no-verbal, personalidad y psicoanálisis, etcétera. Pero habría que contestar que cuando un profesionista conversa seriamente, y de dichas conversaciones surge un libro, no se puede complacer a todos.
Tanto desde el cine y desde el periodismo (pit), como desde la antropología (sg), nos interesamos, desde hace años, en las relaciones entre nuestro campo de acción y trabajo directos, y psicología, psiquiatría y psicoanálisis.
Una serie de autores comienzan, hace ya tres décadas, desde ángulos tanto fisiológicos como psiquiátricos y psicoanalíticos, y aun filosóficos, a cuestionar, a adentrarse, tanto en adónde nos lleva el racionalismo como en los orígenes y naturaleza del irracionalismo (Lukács, Merleau-Ponty, Bronferbrennes, Frankel, etcétera). Más recientemente, hace poco más o menos una década, surge el movimiento antipsiquiátrico (Laing, Basaglia, Agel), al mismo tiempo que el de contracultura (Roszak), y el de poner en duda buena parte de la investigación sociológica que se venía realizando (Régnier, Genovés, Andreski, etcétera). En 1970, el propio Fromm publica La crisis del psicoanálisis y, un año después, Galdstone La interfase entre psiquiatría y antropología. Anzieu y colaboradores, en el 72, por un lado, Lagache,en 73, por el otro, nos sitúan, hace apenas un lustro, en dóndeestamos hoy en psicoanálisis, coincidiendo en gran parte con el SantiagoRamírez de hoy. Y a partir de la obra de Jones (1971), para muchosel discípulo más imparcial y mejor conocedor de la obra deFreud, surgen críticas tan objetivas como válidas a la enorme obrade éste (Wortis, Steiner, etcétera). Por último, hace sólo un par deaños, Weiss valoriza el resurgimiento de la psiquiatría biológica.
Psicología, psiquiatría y psicoanálisis son áreas de investigación y práctica distintas —lo que con frecuencia se olvida— pero íntimamente interrelacionadas —lo que, igualmente, se olvida con frecuencia. Lo que ha realizado Santiago Ramírez es volvernos a situar, recapacitar hoy, desde dentro, acerca de dónde estamos hoy, sin asumir criterios de autoridad, convencionalismos científicos o seudocientíficos ayer válidos, pero sin vigencia actual. Esto no es cualquier cosa
Freud mantenía que el motor que mueve al mundo es el sexo —elemento muy central del psicoanálisis—, Unamuno pensaba que era la envidia. Seguramente, son muchos los motores que mueven al mundo, y no uno sólo. Pero nuestro sentimiento al leer el librito de Santiago Ramírez es el de la sana envidia, si es que existe. Envidia porque Santiago Ramírez ha realizado lo que en más de una ocasión casi todos hemos elucubrado decir, algo semejante, algo en relación a nosotros mismos en nuestra profesión, pero no nos hemos atrevido.
Envidia por realizarlo con elegancia, con pulcritud, sin herir a nadie, sin entrar en los casi siempre inevitables detalles enojosos que marcan nuestras relaciones profesionales con los demás. Envidia —mayor— porque son contados los que tienen un hijo con el que poder conversar en la forma en la que lo hace Santiago Ramírez. Envidia —menor— por no ser hijos de Santiago Ramírez y poder conversar con un padre así. Ramírez no posee la carencia, el desbalance, que caracteriza a la familia mexicana: “exceso de madre, poco padre y exceso de chaviza”. En grado mucho menor que Santiago Ramírez nos desnudamos aquí. Que los buenos psicoanalistas, si así lo desean, realicen el diagnóstico correspondiente, y nos ajusten las cuentas.
SANTIAGO RAMÍREZ
Henrique González Casanova
Santiago Ramírez, el psicoanalista, ha hecho con la colaboración de Roberto Escudero y Santiago Ramírez Castañeda (el matemático y filósofo) un Ajuste de cuentas de su obra y de su vida (al cumplir los cincuenta y siete años de su edad). Una introducción sumarísima, escrita por Santiago Ramírez, explica: “Este libro nació bajo el incentivo de mi hijo. Originalmente matemático y después filósofo, empezó a interesarse en los sucederes psicológicos y psicoanalíticos. Deseoso de cuestionar la ciencia, el método, el supuesto rigor de una y otra, quiso que ajustáramos cuentas a la manera de la frase de Marx. Revisemos nuestra producción; a la manera de Freud, convirtámonos en ‘magos de la sospecha’, en honestos trabajadores de la duda. Una revisión sistemática y conjunta nos llevó a los caminos de ‘mi creación’. De Corinto a Tebas surgieron las interrogantes de la Esfinge. Un Edipo que encuentra al Layo y cuyo destino final estará en Colona. Todos nos hemos enriquecido en la realización de este trabajo conjunto. Mi deseo es que a los lectores les acontezca lo mismo. En toda la obra se expresan las dos pasiones sustantivas que me han acompañado en mi historia académica: México y Freud”. La conversación de tres hombres inteligentes, rigurosos, mantiene despierto el interés de la lectura, vivaz. Vayan como muestra las últimas palabras del diálogo:
“Roberto Escudero: Este país es aún un proyecto, una necesidad histórica que debe ser colmada. En el mismo sentido echo mano de un verso de Marco Antonio Montes de Oca: ‘en una realidad más estricta todos seríamos fantasmas’. Este proyecto no se colmará insistiendo sólo en las características del mexicano sino sacando todo el provecho de las palabras de Alfonso Reyes: ‘la única manera de ser provechosamente nacional, consiste en ser generosamente universal’, y de las de Borges: ‘felizmente podemos aspirar a todas las tradiciones’.”
“Santiago Ramírez: Así es.”
