México, D.F., 1964
TERMINACIÓN DE ANÁLISIS[1]
Dr. Santiago Ramírez, Dr. Ramón Parres (relatores) Las ideas que han prevalecido en el curso de los años acerca de diferentes momentos analíticos, han estado inevitablemente ligadas al desarrollo alcanzado hasta ese momento, por el cuerpo de ideas imperantes. Resulta en cierto sentido inevitable que al tratar de la terminación del análisis tengamos que hacer una historia de las ideas psicoanalíticas; por otra parte, muchas de las emociones y determinismos culturales subyacentes no han sido ajenos ni al contenido, ni al afecto y tonos emocionales con los que se ha abordado el problema. Obviamente, el racionalismo imperante a finales del siglo XIX influyó a los primitivos estudios de Breuer y Freud acerca de la histeria.[2] Además ya se anunciaba en estos estudios la importancia que dentro del deterninismo psíquico y cultural iban a tener los factores inconscientes; sin embargo, todavía prevalecía en estas primeras aportaciones, un optimismo no empañado por los grandes cataclismos culturales que años más tarde había de experimentar traumáticamente el mundo occidental. McNeill[3] considera que la difusión del pensamiento freudiano no adquirió carta de ciudadanía sino hasta después de la Primera Guerra Mundial, cuando la crisis occidental vino a poner de manifiesto la limitación del pensamiento filosófico kantiano, que pretendía comprender al hombre desde un punto de vista puramente racional. La hecatombe de la Primera Guerra Mundial puso de manifiesto la existencia de factores inconscientes en la conducta del hombre. No obstante, Freud pensaba haber encontrado una fórmula para resolver los aspectos anormales y destructivos del ser humano; su optimismo se basaba en la postulación de que el conocimiento de las raíces inconscientes de la conducta podría llegar a ser la fórmula para solucionar la conflictiva humana.
Otro gran cambio cultural, los preámbulos de la Segunda Guerra Mundial, afectando a un hombre de 81 años, hacen que la solución preñada de esperanzas se desmorone y se revista de un tinte pesimista, Tartakoff, citada por Pfeffer[4] revisó algunos de los aspectos personales, políticos y científicos anteriores a 1937, fecha de publicación de Análisis Terminable e Interminable y vio que probablemente gran parte de este fondo político cultural imprimió un matiz trascendente al pesimismo que campea en dicho artículo. Freud decía a Jones: «la situación política parece ser aún más sombría; no hay posibilidades de detener la invasión nazi con sus funestas consecuencias para el psicoanálisis… mi única esperanza es que no viviré para verlo». Es indudable que en la contribución de Freud, además de los factores culturales implicados, se encontraba presente en su mente el simposio de Marienbad, realizado en el XIV Congreso Internacional de Psicoanálisis del año de 1936 y cuyo tema fue: «Teoría de los resultados terapéuticos del psicoanálisis». Más adelante, al comentar el pensamiento básico de Freud en esta época, tendremos oportunidad de ampliar nuestros comentarios.
Desde esa fecha a la actualidad se encuentran avances importantes: el simposio de la Sociedad Psicoanalítica Británica en 1950[5] la discusión panel sobre el tema, en su modalidad didáctica, llevado a cabo por la Asociación Psicoanalítica Americana en mayo de 1954[6]; aportaciones parciales en los libros de técnica (Menninger, Glover, Fenichel, etc.) y la revisión de Pfeffer sobre «Análisis terminable e interminable 25 años después», presentada en mayo de 1962, en la APA (Toronto).
Es inevitable que nos preguntemos y abramos el desafío que conduzca a la asamblea a la búsqueda de las razones culturales, personales y emocionales subyacentes que determinaron la elección de este tema.
II. Burchard realizó en 1958 una revisión histórica a los escritos técnicos de Freud:[7] en sus primeros trabajos en colaboración con Breuer, el concepto de la amnesia y su concomitante, la huella mnémica traumática, fueron los vector en el concepto de la cura y terminación de la misma. No fue sino años después, cuando el papel de la situación traumática pasó a un segundo plano, que la fantasía inconsciente adquirió su verdadera dimensión. El crecimiento paulatino y la importancia progresiva del papel del inconsciente , acuñaron una frase que hizo historia en la teoría de la técnica psicoanalítica: «hacer consciente lo inconsciente«. Correlativamente a lo anterior, se desarrollan las descripciones estructurales del aparato psíquico, las cuales al ser adecuadamente codificadas, hacen posible que otra frase cobre hegemonía: «donde había ello habrá yo».
En el trabajo tantas veces citado, Análisis Terminable e Interminable, Freud revisa los intentos realizados para abreviar la duración de la terapia psicoanalítica. El de Rank, quien supuso que la totalidad etiopatogénica de las neurosis se encontraba anclada en el «trauma de nacimiento»; la solución abreviada de este proto-trauma, así como el de la consecuente protorrepresión, darían un fin satisfactorio al problema. Al enjuiciar este punto de vista, Freud hace una comparación ingeniosa y brillante: «resolver un problema de este modo, no sería diferente a resolver un incendio substrayendo la causa del siniestro». En este trabajo, basándose en la experiencia de la «historia de una neurosis infantil», nos habla del genuino intento de señalar plazo fijo a la terminación de una terapia; nos hace ver que cuando en el curso del tratamiento las cosas no evolucionan como es debido los analistas, en tono compasivo o de disculpa, usan frases como: «Su análisis no fue terminado» o bien, «no fue analizado totalmente». Para Freud, en términos concretos, un análisis termina cuando médico y paciente dejan de reunirse para la labor que conjuntamente habían emprendido; idealmente, cuando los síntomas han desaparecido y no se teme una recaída. En una dimensión más profunda, cuando la transformación terapéutica haya sido tan cabal, que la consecución de la misma ya no aporta modificaciones adicionales. Hace ver que sólo se puede hablar de análisis terminados en aquellos casos en que la magnitud del instinto y de la alteración del yo, concomitante o no, no sean demasiado severas; es decir, cuando la etiología sea esencialmente traumática. Señaló: «las esperanzas de los optimistas presuponen ciertos hechos que distan mucho de ser evidentes: 1) que en principio sea posible resolver total y definitivamente un conflicto instintivo, o mejor dicho, un conflicto del yo con un instinto; 2) que se pueda «vacunar en cierta manera a un ser humano contra todas las posibilidades de conflictos similares, mientras se lo trata por determinado conflicto instintivo; 3) que sea factible y conveniente provocar un tal conflicto patógeno, no traducido en el análisis por indicio alguno, a fin de tratarlo preventivamente.
Freud se plantea una pregunta sustantiva, que toma en cuenta y énfatiza en forma aguda la importancia del factor económico en la génesis y curso de la neurosis, a saber: «¿…es posible resolver completa y definitivamente por medio del tratamiento psicoanalítico, un conflicto del instinto con el yo, o una exigencia instintiva patógena planteada al yo?». Nos hace ver que la respuesta a esta pregunta no se puede hacer en forma estática: en el curso de la vida, la fuerza del conflicto puede incrementar —pubertad, menopausia— o el yo debilitarse por pérdidas, traumas, enfermedades. Del balance económico relativo entre uno y otro platillo de la balanza dependerá la solución patógena o integradora. A este respecto Freud apunta —anuncio preclaro y profético—: «…nunca concedimos al punto de vista económico la misma importancia que al dinámico y al topográfico, me excuso pues, señalando tal omision».
El autor, al hablar de cambio, nos hace ver que solo apreciamos resultados finales de naturaleza cualitativa y frecuentemente omitimos todos los procesos intermedios de naturaleza cuantitativa: «…un cambio en general sólo es la mitad de grande de lo que parece al principio…» Al respecto señala: «…persiste tenazmente todo cuanto alguna vez llegó a tener vida y a veces estaríamos tentados a dudar si realmente se han extinguido los dragones de la prehistoria».
Nos hace ver que el análisis siempre tiene razón en teoría, pero no en la práctica, cuando pretende curar las neurosis asegurando la dominación instintiva; para él, el resultado final siempre depende de las fuerzad relativas en pugna. Retoma un antiguo concepto, que «la curación es enemiga del análisis», y nos hace ver que la actúalización aguda de los conflictos no es recomendable, introduciendo así muchos años antes el concepto de la distancia, que ulteriormente elaborarían otros autores: «…la labor analítica progresa mejor cuando las vivencias patógenas pertenecen al pasado, de modo que el yo puede mantenerse a cierta distancia de ellas…»
Volviendo una vez mas a su antiguo concepto de repetición, y mostrándose precursor de los modelos cibernéticos actuales, que toman en consideración el factor de retroautoalimentación, nos dice: «…el yo reforzado del adulto continúa defendiéndose contra peligros que ya no existen en la realidad y hasta se siente compelido a buscar en ésta aquellas situaciones que pueden substituir el peligro original, a fin de justificar así su apego a las formas de reacción establecidas…»
Sintetiza los resultados de la terapia psicoanalítica, dándole particular prevalencia al monto de las modificaciones cuantitativas del yo (nuevamente precursor). Hace ver que sus afirmaciones deben ser aquilatadas en su justa magnitud en el momento de la evaluación diagnóstica y pronóstica, para así saber del destino de la terminación o no terminación de un tratamiento analítico.
Refiriéndose al problema contratransferencial, usa las siguientes frases: «he aquí pues ciertos peligros del análisis, que esta vez no amenazan al personaje pasivo de la situación analítica, sino al activo y que convendrá prevenir. La manera de hacerlo es evidente: todo analista debería someterse periódicamente a un análisis, por ejemplo cada cinco años, sin sentirse avergonzado por ello. Lo anterior le lleva a concluir que a la postre, el análisis tanto didáctico como terapéutico, queda convertido en una empresa interminable y no terminable. Para él, la profesión de psicoanalista es una de esas «imposibles», en las que de antemano puede tenerse la seguridad de fracasar; las otras dos conocidas desde hace mucho tiempo, son las artes de educar y gobernar.
Hace ver que la teoría y la práctica se acercan mucho cuando se trata de análisis del carácter, en donde no será fácil prever una conclusión natural aún cuando se abandonen todas las esperanzas exageradas y no se exijan resultados extremos del psicoanálisis.
Freud termina haciendo suyas las conclusiones de Ferenczi en las que establece que todo análisis eficaz, debe terminar con la envidia fálica de la mujer y la rebelión contra la actitud pasiva en el hombre.
En el simposio organizado por la Asociación Psicoanalítica Británica sobre el tema, varios autores afrotan este complejo problema, que constituye la preocupación de todo psicoanalista. El proceso psicoanalítico es una situación artificial creada entre dos personas; una que busca ayuda y otra que está dispuesta a darla. Debido a la naturaleza misma de la relación, las pautas de interacción son extremadamente variadas y dependen directa y básicamente de la estructura caracterológica de los participantes; es muy difícil, si no imposible, establecer reglas generales para calificar el proceso de terminación.
La mayor parte de los autores del simposio británico brindan una serie de pautas, con base en casos clínicos, con las que tratan de ejemplificar sus postulados e ideas teóricas al respecto. Todos están de acuerdo en la importancia del duelo como factor preponderante ante la pérdida de una relación de objeto. El proceso de la llama da «terminación de la situación analítica» tiene un carácter esencialmente dinámico: no es un momento en la situación terapéutica, sino un puente tendido entre una y otra, la primera artificial y la segunda real. Las contribuciones de la escuela inglesa no aportan ninguna pauta general aplicable a la terminación del análisis. De su lectura se puede concluir que existen tantas modalidades de terminación, como analistas hay.
Balint[8] resume su criterio de terminación en tres puntos: 1) El alcanace de los instintos. Para el es fundamental el establecimiento de una primacía genital; en su concepto, la madurez genital es una función nueva que emerge en la pubertad como resultado de un proceso natural. 2) La flotación instintiva con los objetos. El amor genital, para el autor, no es un proceso natural y espontáneo, sino un artefacto, resultado de la civilización o de la educación; en síntesis, una compleja fusión de la satisfacción genital y la ternura pregenital. 3) Estructura del yo: a) el empleo de los métodos aloplásticos en lugar de los autoplásticos para el manejo de la realidad; b) la aceptación de ideas desagradables c) el aumento repentino de la excitación antes y después del orgasmo; d) la capacidad de mantener una identificación genital con el compañero, aún en momento de insatisfacción, lo que equivale a la capacidad de mantener un contacto ininterrumpido con la realidad, aún en condiciones de tensión.
Para Balint la terminación es una experiencia de gran profundidad emocional, su atmósfera es la de despedirse de alguien muy querido con la correspondiente aprehensión y duelo; estos sentimientos se mitigan ante la seguridad derivada de nuevas posibilidades reales y habitualmente el paciente, en la última sesión, se despide contento y con lágrimas en los ojos, admite que al analista le ocurre algo semejante.
Rickman[9] sintetiza su criterio sobre terminación en los siguientes puntos: a) el paciente ha adquirido capacidad para movilizar recuerdos, se ha recuperado de su amnesia infantil, incluyendo la elaboración del complejo edípico; b) ha adquirido capacidad para la satisfacción genital heterosexual, y c) también para tolerar la frustración libidinosa y la privación sin defensas regresivas y sin ansiedad; d) capacidad para trabajar y soportar el desempleo. Esta observación de Rickman es una extrapolación en niveles sociales de las dos capacidades previas satisfacción genital y tolerancia a la frustración. Por otra parte, se encuentran íntimamente ligadas a los factores dominantes en una sociedad dada, e) capacidad para tolerar en uno y en los demás, los impulsos agresivos, sin por ello perder en su más amplio sentido el amor del objeto, f) capacidad de duelo; también nos hace ver que las dudas en el criterio de terminación se deben a la falta de control sistemático, varios años después, del destino de los pacientes, así como en el cambio operado en el diagnóstico de los enfermos sometidos a tratamiento y la inmensa diferencia entre análisis de histeria y neurosis obsesivas y análisis de trastornos del carácter. En otro orden de ideas expresa: «…la psicopatología dice más acerca de lo que aún está por hacerse, que de lo que se ha hecho, porque lo que se ha hecho es un proceso de integración silencioso».
Klein[10] al pronunciarse por el problema de la terminación, nos dice: «…mi enfoque al problema de la terminación, tanto en análisis de niños como de adultos, puede definirse como sigue: las ansiedades persecutorias y depresivas deben reducirse suficientemente y esto presupone desde mi punto de vista, el análisis de las tempranas experiencias de duelo…» Asumiendo una posición clínica (a la que no nos tiene acostumbrados), añade: «…de paso debo decir que por lejos que vaya el análisis en los estadios tempranos del desarrollo —base para mi nuevo criterio—, los resultados variarán de acuerdo a la seriedad y estructura del caso». Señala cuál debe ser la medida en que su nuevo criterio habrá de ligarse con otros bien conocidos y aceptados: potencia, heterosexualidad, capacidad de amar, de trabajo y de relaciones de objeto y fortaleza del yo asegurada con defensas adecuadas que garanticen la estabilidad mental. Piensa que todos estos requisitos se relacionan con su hipótesis de terminación, en cuanto a la solución de ansiedades paranoicas y depresivas. Dice: «…si durante el análisis hemos tenido éxito en reducir las ansiedades persecutorias y depresivas, y por ende disminuido las defensas maníacas, uno de los resultados será aumentar la fuerza y profundidad del yo.» Siente que independientemente de lo que se haya logrado las situaciones de duelo se reeditan frente a la terminación del análisis y de allí su consejo de anunciar, con meses de anticipación, dicha terminación. Postula un enuncia do técnico interesante: «no se debe permitir que el paciente tenga una imagen idealizada del terapeuta; desde tal técnica se pueden lograr avances pero tan sólo en nivel psicoterapáutico, únicamente cuando se analizan la transferencia positiva y negativa, se pueden reducir las raíces de la ansiedad».
Hoffer:[11] Antes de establecer tres criterios para la terminación del análisis, hace énfasis en que el psicoanálisis no se caracteriza por un número determinado de sesiones a la semana o por la duración de cierto número de años, sino por el hecho de que inicia, favorece y utiliza ciertos procesos mentales primitivamente descritos por Freud, a saber: 1) el grado de conocimiento del proceso mental inconsciente. 2) menos represión y menos resistencia en contra de lo reprimido, producen un aumento de la actividad mental preconsciente y perceptiva. Las contracatexis que protegían las resistencias inconscientes se encuentran ahora invertidas en la situación transferencial. La contratransferencia juega un papel muy importante en la forma en que estas energías tienen que canalizarse dentro del proceso analítico. 3) además de hacer conscientes los procesos inconscientes y de quitar las resistencias, la transformación del acting out en recuerdos durante la transferencia, es el tercer aspecto del proceso analítico donde paciente y terapeuta se encuentran comprometidos. Para el autor, la meta es limitar el alcance de la neurosis de transferencia, aumentando el conocimiento de la historia del paciente y reduciendo la necesidad de repetición en el presente. Desde el punto de vista de la neurosis de transferencia, tanto el tiempo de tratamiento como el de su terminación, tienen que verse desde dos puntos de vista: el alcance y amplitud de la neurosis transferencial y la habilidad del analista en su manejo. Para el autor, el proceso analítico se termina cuando se puede dejar en manos de1 aprendiz.
Ya Freud había señalado las ventajas de indicar una fecha fija para movilizar afectos hasta entonces estancados, Milner nos relata un caso en el que el solo anuncio de la terminación del análisis pudo movilizar afectos hasta entonces congelados.
Buxbaum[12] hace ver que toda técnica, en todos los momentos de la situación terapéutica, debe surgir de la neurosis del paciente y de la comprensión de su estructura caracterológica peculiar. Esta autora muestra que en el caso de los análisis didácticos, la situación de terminación puede facilitarse por el proceso de identificación profesional; señala que la terminación del análisis es como el final de una sinfonía, donde los motivos principales de la obra se repiten una vez más.
Para Payne[13] que coincide en mencionar los puntos de vista de otros autores, es de particular importancia llevar a cabo desde el principio una buena evaluación del diagnóstico inicial, de la edad en que apareciere los síntomas iniciales y en los casos de carácter, de la presencia o ausencia repetitiva de fracasos y éxitos del mismo tipo y por último, de la capacidad que el sujeto ha tenido de poder ser influenciado positivamente en las ocasiones en que el ambiente ha cambiado.
Bridger[14] anota que la pauta de respuesta, o llamémosla de reacción a la terminación del análisis, es previsible si evaluamos la actitud a las separaciones a largo y corto plazo pero transitorias, referidas a la interrupción entre una y otra sesión, una y otra semana y el período de vacaciones del terapeuta; equipara el proceso terapéutico en su terminación al ensayo sociológico de readaptación y rehabilitación realizado por Curie y Trist en comunidades transitorias de expatriados en tiempo de guerra.
Reich[15] compara el punto de vista pesimista de Freud en 1937, con el optimista de Ferenczi de 1927. Un exceso de optimismo satisface fantasías narcisistas y de omnipotencia en el analista. La autora anota la importancia que ha adquirido el análisis del yo, que permite observar con mayor agudeza y comprensión ciertas peculiaridades de la conducta, los rasgos de carácter, así como el análisis detallado de los mecanismos de defensa y los signos de conflicto latente. Para ella, en los casos ideales de análisis completos, el paciente se separa lenta y decididamente, pues ha adquirido la convicción de que en el análisis solamente mantiene formas ilusorias de satisfacción y cuando ya resuelve su duelo de separación, busca formas realistas de gratificación; la situación analítica, es una relación anormal donde necesariamente uno de los participantes mostrará reacciones infantiles: en términos realistas, el analista le ha proporcionado al paciente algo tangible, su atención desinteresada y la demostración de que su vida interna es valiosa; así, es inevitable que la terminación del análisis se sienta como pérdida, sobre todo para aquellas personas cuya vida externa carece de felicidad real y a las que el cambio externo de objetos les es difícil.
Díaz Conti[16] comentaba, a propósito de la lectura de los trabajos anteriores: «la tónica fundamental de las publicaciones es la diversidad de opiniones sobre el tema; cada quien tiene un concepto personal formado por una serie de variantes, todo esto nos confronta con un hecho cardinal: el psicoanálisis es una maravillosa aventura del pensamiento científico; también es, esencialmente, una relación humana, de allí que lo racional se mezcle con lo intuitivo y a lo lógico se agregue lo emocional».
En la discusión panel de la Reunión Anual de la Asociación Psicoanalítica Americana en 1954, Ekstein, Benedeck, Weigert, Windholz y Orens[17] se abocaron al problema de la terminación del análisis en situación didáctica. Sus contribuciones relativas a un caso particular de la terminación del análisis, el didáctico, abundan en los argumentos ya citados.
Glover, Fenichel y Menninger[18] recapitulan puntos ya estudiados.
Pfeffer,[19] hace una revisión en 1962 después de 25 años de la publicación del artículo de Freud, y muestra que las precauciones contra un optimismo exagerado aún siguen siendo aplicables. Cita a Arlow, quien intenta aclarar el concepto de transferencia positiva y negativa, preguntándose si son equiparables a la polaridad «amor y odio». Para él, esta polaridad refleja una fusión de agresión y libido en la que predominan en forma manifiesta o latente los elementos sádicos y hostiles. Incorpora en este reporte, ideas de Lowenstein y de Windholz.
A nuestra manera de ver, en las últimas dos décadas han aparecido importantes conceptos en la teoría analítica, que nos brindan una nueva dimensión en el problema de la terminación.
Hartmann y Rado;[20] desde ángulos diversos, enfatizan el punto de vista adaptativo, lo que brinda, repetimos, un nuevo horizonte.
Rappaport[21] al hablar de autonomía e independencia relativas al yo, tanto con respecto al mundo externo como al mundo interno, ncs esclarece ideas hasta ahora borrosas; es más, al hablarnos de los aparatos del yo que en forma dialéctica son nutridos por el mundo externo o interno, nos da una teoría adecuada del balance autonómico relativo, imprescindible para un equilibrio adecuado del yo.
Kriss,[22] al señalarnos la existencia de regre iones al servicio del yo, nos habla de la necesidad de contemplar a la regresión, en ciertas condiciones, como un índice de terminación y de salud.
Fairbairn,[23] haciendo hincapié en las relaciones de objeto, nos hace ver la necesidad imprescindible de movilizar los objetos malos reprimidos, para así exorcizarlos.
Erickson[24] al hacer un análisis exhaustivo de la identidad y sus crisis, nos está orientando hacia la necesidad de adquirir identidad, la verdadera, antes de toda terminación. Ya en el mundo náhuatl se expresaba que adquirir sabiduría, en el sentido profundo, era «adquirir-rostro», la verdadera y genuina faz.
Wheellis,[25] hace ver que el destino pesimista u optimista de la posición del analista, muy a menudo depende de las mismas circunstancias que determinaron su elección profesional y la respuesta ante la frustración de sus fantasías narcisistas de omnipotencia.
En la parte final de esta comunicación queremos señalar el significado de los sueños de terminación, cómo algunas de las ideas que imperan en el pensamiento psicoanalítico de la Asociación Mexicana.
He aquí el inventario muy esquemático de algunos sueños de terminación:
1. «Tenía que subir en un carrito a una torre, subía y subía, pensaba que había ascendido tanto, que me quedaría solo; cuando perdí el punto de referencia, el punto de partida, ya no era una ascensión vertical, sino una progresión horizontal». Si pensamos como Fairbairn, que el sueño no es sólo una realización de deseos, sino tambien la expresión de un estado de cosas, tendremos que creer en las asociaciones del paciente cuando expresa: «mi ascención puede conducir al progreso o a la soledad, tengo mucho miedo del camino a tomar, si uno crece, siendo el niño la situación es de amenaza y soledad, pero cuando uno crece y ya no se es más el niño, se puede progresar.» El paciente muestra sus temores entre quedarse solo (depresión) y encontrar relaciones de objeto realistas.
2. «…Iba sobre un caballo blanco, muy pequeño, me sentía muy pesado para él, era de una dimensión humana…» Una vez más en este otro paciente, surgen las angustias de inseguridad, temor y soledad. La paciente definía simultáneamente la terminación en los siguientes términos: …terminar es sentirse caracol sin concha», pero también «terminar es sentirse incluido, pertenecer a, y contar con el propio caballo».
3. «…Mis hijas habían muerto asfixiadas, mi esposo no las había cuidado a pesar de ser su tarea, se había quedado leyendo el periódico y el gas de la cocina las había puesto cianóticas, era terrible….» Este sueño coincide con el ciclo ovular y sucede en el proceso de elaboración de la terminación del análisis: la amenaza de fin de mundo ante la pérdida del analista que no la cuida a ella en la identificación con sus hijas, es obvia.
4. «…Estoy en un jardín hermoso, enfrente de mí un estanque con agua cristalina y al fondo el Taj Mahal.» El aspecto de la terminación como puente, la esperanza y el templo del amor al fondo, son bien claras; por otra parte, la paciente siempre soñó con aguas turbias en el curso del tratamiento.
5. Estamos en una pieza usted, yo y mi esposo. Se trata de una paciente casada que siempre se sintió muy amenazada por la inclusión de un tercero en el círculo de sus afectos. Nos hace ver que pueden convivir en un mismo marco los afectos de los tres sin que necesariamente alguno de ellos sea destruido.
Uno de nosotros[26] hace resaltar como medida de terminación, el concepto de distancia óptima, afectiva y emocional, tanto de los objetos externos, como de los objetos internos.
Los autores del presente trabajo, coincidentemente con otros autores, consideran de particular importancia en el problema de la terminación, el diagnóstico y evalúación dinámica iniciales; pensamos que lo que empieza bien, termina inteligentemente, y lo que se inicia mal, está abocado a un final caótico. También pensamos que la adquisición de identidad en todos sus niveles —sexual, religioso, ético, etcétera— es una meta substantiva. Una vez más expresamos: es necesario «adquirir rostro» y con Lamp de Grotte[27] pensamos que el conflicto es inherente a la compleja y elevada estructura jerárquica del ser humano; todo sujeto, sano o enfermo, elidirá el habitat que le brinde la solución o perpetuación del conflicto. Es de particular importancia que antes de terminar el análisis se logre una evaluación adecuada de los elementos propiciadores de la salud o de la enfermedad; si el paciente no ha propiciado elementos que autorretroalimenten experiencias de salud, la recaída será inevitable. Como señala Ruesch:[28] «…cuando el paciente ha llegado a ser capaz de comunicarse con éxito y la red humana en la que se mueve muestra signos correctivos en su autorretroalimentación, el paciente puede confiar en resolver por sí mismo, sus dificultades.» El suceder onírico en todas sus dimensiones seguirá siendo «la vía real» de información en todos nuestros pasos terapéuticos.
Para terminar, diremos como Sainz de Robles:[29] «…el hombre, desde su primer yo, ya prefirió aquel fabular en el que todo era asequible y con mayor emoción, por añadidura, hablar, es referirnos escuetamente a lo escueto: la verdad que no admite tapujos ni galimatías». La salud, la solución del conflicto, su manejo sano, es un punto intermedio entre hablar y fabular, línea equidistante entre la fantasía y la realidad.
[1] Relato Oficial por México al I Congreso Panamericano de Psicoanálisis. México, D. F., 1964.
[2] Breuer, J. y Freud, S., Studies in Histeria. The Complete Works. 2: pp. 3-305, London. Hogarth, 1955.
[3] McNeill, W. H., The Rise the West. A History of um. 4, 1953, ppgs.,ngs.ress, the Human Community. The University of Chicago Press, 1963, p. 761.
[4] Pfeffer, A. A., «Analysis Terminable and Interminable. Twenty five years Later. Scientific Proceedings.Panel Report». Journal of the American Psychoanalytic Association, vol. II, núm. 1. International Universities Press, January 1963, pp. 131-143.
[5] Four Short Communications on The Criteria for the Termination of an Analysis. April 6, 1949, International Journal of Psycho-Analysis, vol. XXXI, part III, 1950.
[6] «Termination of Training Analysis. Panel Discussion held at the Anual Meeting of the American Psychoanalytic Association». Journal of the American Psychoanalytic Association, vol. III, num. 4, 1955, pp. 600-665.
[7] Buchard, E. M., «The Evolution of Psychoanalitic Tasks and Goals. A Historical Study of Freud’s Writings on Techique». Psychiatry, vol. XXI, num. 4, 1958, pp.341-357.
[8] Balint, M., «Changing Therapeutical Aims and Techniques in Pychoanalysis». International Journal of Psycho-Analysis, vol. XXXI, part III, 1950, pp. 117-124
[9] Rickman, J., «On The Criteria for the Termination of Pshychoanalysis», International Journal of Psycho-Analysis, vol. XXXI, part III, 1950, pp. 200-201.
[10] Klein, M., «On The Criteria for the Termination of Pshychoanalysis«, International Journal of Psycho-Analysis, vol. XXXI, part III, 1950, pp. 78-80 y p. 204.
[11] Hoffer, W., «Three Psychological Criteria for the Termination of Treatment», International Journal of Psycho-Analysis, vol. XXXI, part III, 1950, pp. 194-195.
[12] Bauxbaum, E., «Technique of Termination Analysis», International Journal of Psycho-Analysis, vol. XXXI, part III, 1950, pp. 1814-190.
[13] Payne, S., «Short Communication…», International Journal of Psycho-Analysis., vol. XXXI, part III, 1950, pp. 205.
[14] Bridger, H., «Criteria for the Termination of an Analysis». International Journal of Psycho-Analysis, vol. XXXI, part III, 1950, pp. 202-203.
[15] Reich, A., «On the Termination of Analysis», International Journal of Psycho-Analysis, vol. XXXI, part III, 1950, pp. 179-183.
[16] Díaz Conti, R, «Comentario oficial al trabajo «Notas de terminación de análisis», leído en la Asociación Psicoanalítica Mexicana, octubre de 1963.
[17] Ekstein, R., «Termination of the Training Analysis within the Framework of Present Day Institutions», Journal of American Analysis Association, vol. III, num. 4, 1955, pp. 600-613. Benedek, Th., «A Contribution to the Problem of Termination of the Training Analysis «, ibid, pp. 615-619; «A Contribution to the Problem of Termination of the Training Analysis «, ibid, pp. 615-619; Weigert, E., «Special Problems in Connection with Termination of the Training Analysis», ibid, pp. 630-640; Orens, M. K., «Setting a Termination Date and Impetus to Analysis», ibid, pp. Cuentos Viejos de la VIejaDrives ipetus to Analysis», ibid, pp- . 4, 1955, pp. 600-613 Techique» Cuentos Viejos de la VIejaDrives ipetus to Analysis», ibid, pp- . 4, 1955, pp. 600-613 Techique» 651-665.
[18] Glover, E., The Technique of Psycho-Analysis, New York, International Universities Press, 1958; Fenichel 0., Problemas de la Técnica Psicoanalítica, Editorial Pax, México; Menninger, K., Theory of Psychoanalytic Technique, Basic Books, New York, 1953.
[19] Op. cit.
[20] Hartmann, H. El Yo y el problema de la Adaptación, Editorial Pax, México, 1961; Rado, S., «Recent Advances in Psychoanatytic Therapy»en Psychoanalysis of Behaviour, Grune and Sttraton, 1959.
[21] Rappaport, D., Teoría y Técnica del Psicoanálisis. Editorial Pax, México, 1962.
[22] Kriss, E., Psicoanálisis y Arte, Buenos Aires, Paidós, 1955. Fairbairn, W., «Las estructuras endopsíquicas consideradas en términos de relaciones de objeto», Revista de Psicoanálisis, vol. V, núm. 2, Octubre-diciembre, 1957, pp. 346-395.
[23] Erickson, H. , «The Problem of Ego identity», Journal of the American Psychoanalytic Association, vol. IV, January 1956, num. 1, pp. 56-121.
[25] Wheellis, A., «The Vocational Hazards of Psychoanalysis», International Journal of Psycho-Analysis, vol. XXXVII, parts II and III, 1956, pp. 171-184.
[26] Ramírez, S., «El Problema de la Distancia en Psicoterapia»,Revista de la Facultad de Medicina, 1960.
[27] Lamp de Grotte: «The Theory of Instinctual Drives». International Journal of Psycho-Analysis, vol. XXXVII, parts IV and V, 1956, pp. 354-359.
[28] Ruesch, J.: Therapeutic Communication. Norton Co., New York, 1961, p. 467.
[29] Sainz de Robles: Cuentos Viejos de la VIeja España, Prólogo. Editorial Espasa Calpe, México.
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