EL APARATO PSÍQUICO. SUS ESTRUCTURAS. APROXIMACIÓN METODOLÓGICA

Sobretiro de la Revista Cuadernos de Psicoanálisis,
Vol. III, julio a septiembre de de 1967, núm. 3.

Fernando Arizmendi Ch., Raúl Bellón, José Carrera, José Rubén Hinojosa, Guillermo Montaño, Rodolfo Ortega, Santiago Ramírez (coordinador del grupo), Crisanto Sánchez

El desarrollo del método experimental en la filosofía de las ciencias, es la contribución más significativa a la civilización occidental. El racionalismo, utilizando el método matemático, pretendió lograr el conocimiento de la naturaleza, en contradicción cabal con el empirismo que hacía uso de la observación experimental como fuente de conocimiento.[1] Racionalismo y empirismo, en la actualidad han dejado de ser métodos rivales para conocer la naturaleza, son componentes complementarios. Se llama empirismo científico al método que abarca y enlaza empirismo radical, racionalismo y pragmatismo crítico. En otros términos, en la metodología científica se ponen en movimiento tres procesos permanentemente repetidos: a) abstracción del hecho observado, es decir extraer propiedades y relaciones de un objeto, hecho o fenómeno dado y no tan sólo hablar de los aspectos concretos del mismo; b) con lo abstraído y otras abstracciones se establecen hipótesis y c) ellas se ponen en uso para su verificación y comprobación.

La metodología, en la filosofía de las ciencias, es el conjunto de procesos que se siguen para la postulación y verificación de enunciados científicos; tiene que ver con todo tipo de ciencia y el instrumento que maneja la adecuada expresión de sus enunciados es la semiótica, a la que se define como la parte de la metodología que estudia los signos y por tanto el lenguaje. Parte inicial y básica del método científico es encuadrar los fenómenos en series coherentes y lógicas.

Se considera ciencia a todo conjunto de enunciados que constituyen un sistema, entendiéndose por tal el que un enunciado dado implique a otros y a su vez sea implicado. Cuanto mayor sea el número de enunciados que implica en uno u otro sentido, tanto más general y extenso el sistema y por ende mayor su predicción. Cualesquiera que sean los tópicos de una ciencia siempre se expresan a través de enunciados. Siendo el lenguaje la forma de expresarlos es necesario contar con uno preciso y consensualmente validado. Las partes de la semiótica son: la semántica, que estudia la relación del signo con las cosas que nombra; la sintáctica, que trata de la relación de los signos entre sí y la pragmática, que estudia la relación del signo con la persona que lo usa.[2]

Podemos decir con Feigl[3] que para que un método sea operacional debe cumplir con los siguientes requisitos: 1) ser constantemente lógico, es decir mediante la aplicación de leyes de lógica simbólica, derivar unos de otros sus enunciados y referirlos a otros previos. 2) Ser definido, de ser posible, en forma preferentemente cuantitativa. 3) Estar basado empíricamente y ligado a lo observable. 4) Ser susceptible de corroboración y por ende de manipulación experimental. 5) Ser susceptible de demostración en diferentes casos y capaz de ser repetido por diferentes experimentadores. 6) Facilitar la creación de leyes, conceptos y teorías generales, que amplíen el marco de predicción.

Es muy importante, al describir un fenómeno, hacerlo en términos de observación más que de causalidad; si se introduce a priori la causalidad, se evita la comprensión y se bloquea la investigación. Cuando a las hipótesis se les da carácter axiomático, se dogmatiza, y todo el proceso ulterior con sus enunciados consecuentes, se contamina con la dogmatización inicial.

El lenguaje preciso y consensualmente validado, en la filosofía de las ciencias hace uso de signos codificables. Los signos pueden ser indicativos (como en el caso del humo indicador del fuego); icónicos (como en el caso de la imagen fotográfica) y convencionales (los símbolos propiamente dichos).

El lenguaje nos permite transmitir información o adquirir conocimiento, o ambas cosas. El lenguaje que comunica información hace uso de signos indicativos e icónicos y se llama protolenguaje. El lenguaje que comunica conocimientos, hace uso de signos convencionales (símbolos) codificados, y al emplearlos necesita diferenciar claramente los niveles básicos del lenguaje: objeto lenguaje y metalenguaje. El primero denota objetos directamente, mientras que el segundo hace uso de signos que se refieren a otros signos.[4]

El lenguaje corporal no expresa por lo tanto conocimiento pero sí información. La distinción entre conocimiento e información es igual a la que existe entre símbolo verbal y símbolo icónico. Es imposible hablar sobre algo que no se conoce, empero es posible expresar por medio del protolenguaje lo que no se conoce explícitamente. El sistema de comunicación más simple de que dispone el hombre consiste en el empleo de signos icónicos. El lenguaje corporal icónico, es promovido por aquellas circunstancias que hacen difícil o imposible la comunicación simbólica. Según Reichenbach[5] el lenguaje tiene diferentes funciones, las cuales son independientes del tipo del lenguaje de que se trate (protolenguaje o lenguaje simbólico codificado): a) función informativa, b) función afectiva (despertar afectos) y c) función promotora (promover actos). Lo que no puede ser expresado a través de objetolenguajes o metalenguajes, no puede ser, por definición, conocimiento.

Sintetizando: Existe una metodología científica: el racionalismo empírico, que da leyes para el empleo del lenguaje científico y sostiene que la ciencia es un sistema sin contradicción interna, susceptible de verificación objetiva y utilización (pragmatismo). Este marco de referencia lo usaremos al hacer la revisión metodológica del tema en estudio.

Freud observó una serie de fenómenos de expresión estrictamente funcional. Con un método cabalmente científico abstrajo las características comunes a estas formas de funcionamiento, las agrupó, las relacionó y las equiparó o diferenció con respecto a otras formas de funcionamiento observadas. Por ejemplo: ciertas formas de conducta, presentes en distintos momentos, tienen un carácter perentorio, a diferencia de otras que son susceptibles de espera. A partir de lo observado, construyó hipótesis, algunas de ellas estructurales, creando simultáneamente una terminología específica. Nuevos hechos de observación hicieron que el sistema de hipótesis inicial se ampliara.

La revisión que Strachey[6] hace de estas hipótesis estructurales es suficientemente significativa como para que la sinteticemos:

Según Strachey, los trabajos que precedieron a «El Yo y el Ello» en el tema aludido, fueron: a) «El Proyecto» de 1895; b) «La Interpretación de los Sueños» de 1900 y c) «Los trabajos Metapsicológicos» de 1915.

El hecho histórico de que el psicoanálisis tuviera su origen en los «Estudios sobre la Histeria», condujo desde un principio a la hipótesis de la represión (en ese tiempo equiparada con la defensa) concebida como una función mental. Este hecho por sí mismo, condujo a la vez a una hipótesis topográfica de la mente la cual incluía dos territorios: lo reprimido y lo represor. Íntimamente relacionado a este concepto estuvo el de conciencia y por tanto se hizo fácil la ecuación de lo reprimido con lo inconsciente y lo represor con lo consciente. También desde muy temprano se equiparó en la obra de Freud a la conciencia con el yo.

Desde un principio se le dieron dos sentidos al término inconsciente: el descriptivo y el dinámico. A partir de 1912, Freud le dio un tercer sentido, el sistémico.[7] En él la significación era muy distinta a la que se le daba en las acepciones anteriores, aunque quizá un poco más vaga y obscura, pues implicaba una división topográfica o estructural de la mente, basada en algo más que una función. Se trataba de hacer una división en segmentos a los que era posible atribuirles un número de características y métodos de operación diferentes.

En 1915, Freud omite el uso dinámico del término conservando en este momento únicamente los sentidos descriptivo y sistémico. En «El Yo y el Ello» emplea los tres sentidos, al igual que en «Nuevas Aportaciones al Psicoanálisis» (1933), empero en estas obras se refiere al inconsciente con la abreviación «inc», la cual originalmente se refería al aspecto sistémico del término; ahora parece hacerlo extensivo a los otros dos sentidos, sin dejar aclarado el por qué de dicho cambio. Después de estas dos obras no vuelve a ser usada dicha abreviación sino hasta el «Moisés y la religión monoteísta» (1939).

Por otro lado, el concepto sistémico del inconsciente resultó útil siempre cuando se le contrastó y opuso al concepto del yo (lo consciente) pero desde «Más allá del principio del placer» (1920), en que Freud introduce la noción de partes inconscientes y preconscientes del yo, el concepto estructural y el sistémico se vuelven vagos y obscuros. Para resolver ese estado de cosas, Freud cambió radicalmente el concepto de consciente, dejándolo como una simple cualidad, no necesariamente unida o relacionada a un estado mental. Se restringió el término a un valor puramente descriptivo.

El término ello, intentó aclarar y en parte reemplazar los sentidos que tempranamente se le dieron al inconsciente, el «inc» y el inconsciente sistémico. Frecuentemente Freud empleó los términos inconsciente y ello como sinónimos aun cuando menos frecuentemente en sus últimos trabajos.

En sus primeros trabajos se pueden distinguir en la obra de Freud dos principales sentidos al término yo: a) uno en que se le asemeja al self (incluyéndose el cuerpo) y b) denotando una parte singular de la mente, caracterizada por atributos y funciones especiales, como en el «Proyecto» y en el «Yo y el Ello».

Desde 1895 hasta 1910, el concepto de yo no sufrió ninguna modificación. En 1910 aparece el primer cambio sustancial, agregándose a la función originalmente represora la de autopreservación y englobándolas bajo la denominación de instintos del yo. Un segundo cambio se fue gestando gradualmente a través de diversas obras, «Un Recuerdo Infantil de Leonardo de Vinci» (1910), «El caso Schreber» (1911). «Dos Principios del Suceder Psíquico» (1911), «Sobre Narcisismo» (1914) y el trabajo metapsicológico «El Inconsciente» (1915). Consistió en darle calidad de sistema al término yo, y por ende desaparece la ecuación consciente igual a yo.

Desde muy temprano la facultad de autocrítica y el sentimiento de culpa atrajeron la atención de Freud; inicialmente los conectó con la neurosis obsesiva, dándole al sentimiento de culpa, en forma implícita una condición inconsciente. La aclaración más definida sobre los mecanismos de autorreproche, acaeció al estudiar el concepto de narcisismo en 1914. A partir de entonces Freud sugirió que el narcisismo de la infancia era reemplazado en el adulto por la devoción a un ideal del yo. A raíz de esta hipótesis es cuando comenzó a emplear la noción, de que podría existir una agencia psíquica especial que tuviera como tarea observar al yo y medirlo de acuerdo a un ideal del yo. A esta agencia le atribuyó las funciones de la censura en los sueños. En «Duelo y melancolía» (1915-17) la hizo responsable de los procesos patológicos del duelo e insistió en que era algo diferente del yo. En «Psicología de las Masas» (1921) comenzó a hacer sinónimos ideal del yo y superyó. Después de «El Yo y el Ello» el término ideal del yo, desaparece totalmente como tecnicismo. Vuelve a aparecer en «Nuevas Aportaciones al Psicoanálisis» (1933), en donde de nuevo se le da la misma connotación que en 1914. En el «Yo y el Ello» Freud hace derivar definitivamente al superyó de las relaciones de objeto tempranas y por lo tanto le asigna la calidad de heredero del Complejo de Edipo.

En su ensayo de 1911, «Dos Principios del Suceder Psíquico» a los procesos anímicos inconscientes les atribuye determinadas características las cuales engloba bajo el término de proceso primario. La tendencia de estos procesos las hace regir por el principio del placer. En este trabajo introdujo un principio de actividad psíquica, en donde se representan las circunstancias reales del mundo exterior y se tiende a su modificación. A este principio le dio el nombre de principio de la realidad. En el trabajo señalado, indica que la mayor importancia adquirida por la realidad externa, eleva también la importancia de los órganos sensoriales vueltos hacia el mundo exterior y el de la conciencia, instancia enlazada al ello. Hace nacer la atención, como función especial encargada de tantear periódicamente el mundo exterior. Simultáneamente establece un sistema, encargado de retener los resultados de esta actividad periódica de la conciencia y la denominó memoria. En lugar de la represión surgía el discernimiento y la descarga motora quedó encargada de una nueva función tendiente a la modificación adecuada de la realidad. Insistió en que la instauración del principio de la realidad queda disociado con una determinada porción de la actividad mental. También hizo notar que la sustitución del principio del placer por el de la realidad no significaba la exclusión del primero.

Sintetizando: Como podemos ver los significados y connotaciones de los términos yo, ello y superyó se han modificado en el pensamiento de Freud a lo largo de su obra.

Este cambio de connotaciones y significados ha traído como consecuencia que las escuelas continuadoras del pensamiento analítico, manejando iguales términos con connotaciones distintas y dentro de marcos conceptuales diversos, lleguen en ocasiones a conclusiones antagónicas y a veces excluyentes. Por ejemplo, para Hartmann,[8] el yo y el ello se desarrolla a partir de una matriz común, la más temprana fase indiferenciada del desarrollo postnatal, en tanto que para Melanie Klein,[9] el yo y el ello mantienen relaciones como entidades independientes desde el nacimiento. Para Fairbairn[10]el yo se encuentra presente desde el nacimiento y en su metodología prescinde del ello y del superyó. A los objetos les atribuye un valor primario externo, en tanto que Melanie Klein y Arnaldo Rascovsky[11] un valor primario interno. Para estos últimos la relación con el objeto primario interno, está acompañada de una fantasía, la que secundariamente se coloca en los objetos externos.

Esta protofantasía es heredada y genética. Los puntos de vista anteriores están en contradicción con los modelos conceptuales de Rapaport,[12] los cuales suponen la existencia de demora entre el estímulo y la respuesta, para que en este lapso se pueda integrar cualquier tipo de proceso psíquico. Hartmann. Fairbairn, y Racovsky utilizan el término yo y ello en sentidos distintos y las conclusiones a las que llegan son diversas, pese a su congruencia dentro del sistema particular de cada uno.

La falta de consensualidad acerca de los conceptos estructurales, trae como consecuencia que la comunicación en teoría analítica general, en teoría de la técnica y en la comunicación científica entre los psicoanalistas, usuarios del método, se dificulte. La ausencia de consensualidad, nos lleva a la necesidad de preguntarnos qué entiende un autor dado por un determinado término; cuando alude al uso que Freud le dio al término, preguntarnos la época y el sentido que el propio Freud le dio y el contexto, momento y circunstancia en que fue utilizado.

Se hace preciso, en vista del creciente desarrollo, de una metodología de niveles cada vez más científicos y de un sistema lingüístico cada vez más exacto, revisar la terminología analítica con objeto de darle con sensualidad.

Concluyendo: Pensamos que el término estructura y los conceptos a él enlazados, son procesos continuos del principio al fin de la vida, que van adquiriendo un grado de organización, en forma aditiva, cada vez mayor. En el comienzo prevalece la inaplicabilidad, la falta de temporalidad, la representación icónica y los bajos niveles de conciencia; en el clímax de la organización, la demora, la temporalidad, el uso de objeto lenguaje y metalenguaje y altos niveles de conciencia.

Todo momento psicológico supone la presencia, en modalidades y proporciones relativamente variables, de ambas formas de función. La función según la conceptualizamos nosotros, implica necesaria y obligadamente la relación del sujeto con suobjeto.

[1] Morris, W. Charles. Scientific Empiricism en International Encyclopedia of Unified Science. University of Chicago Press, III, 1955. p. 63.

[2] Reichenbach, H. Elements of Symbolic Logic. Nueva York. MacMillan 1947.

[3] Feigl, Herbert y Brodbock, May. Readings in the philosophy of science. New York. Appleton Century Crofts, 1953.

[4] Szasz, Thomas. The myth of mental Illness: A Theory of Human Behavior. Basic Books. New York. 1962.

[5] Reichenbach, H. Op. cit.

[6] Strachey, James. Editor’s Introduction a «The Ego and the Id». Standard Edition of the Complete Psychological Works of Sigmund Freud. Vol. XIX, pp. 3-11.

[7] Sistémico se utiliza para calificar a lossistemas consciente, inconsciente o los sistemas estructurales, yo, ello y superyó.

[8] Hartmann, Heinz. Ego psychology and the problem of adaptation; trad.

de David Rapaport. New York, International Universities Press, 1958.

[9] Klein, Melanie. New directions in psycho-analysis. The significance of infant conflict in the patterns of adult behavionr. New York, Basic Books, 1955.

[10] Fairbairn, W. Ronald. «Synopsis of an object-relations theory of the perso-nality». International Jorunal of Psycho-analysis. Vol. 44, 1963, pp. 224-225.

[11] Rascovsky, Arnaldo. «Del objeto interno. Externalización e internalización. Dimensiones en la identificación». Revista de Psicoanálisis, Vol. XIII, No. 2. 1956, pp. 104-117.

[12] Rapaport, David. «On the psycho-analytic theory of affects». The International Journal of Psycho-analysis. Vol. XXXIV. 1953, pp. 177-198.

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