OBITUARIO

Este artículo, «Historia del Psicoanálitico en México», de 1970 fue modificado en ocasión de este número extraordinario de Gradiva, en homenaje al Dr. Avelino González.

Avelino González (1920- 1981) en la historia del movimiento psicoanalítico en México y desde México, Gradiva, Sociedad Psicoanalítica Mexicana A.C., 1981.

Obituario

Algo se ha escrito de la historia del movimiento psicoanalítico en México, por lo tanto mucho de lo aquí reproducido ha sido publicado, algo más por primera vez ve la luz y ello con motivo de la conmemoración que ahora hacemos a raíz de la muerte de Avelino González.

En Actualidad Médica, Vol. I, núm. 1 de febrero de 1960, se publicó un artículo intitulado «La educación psicoanalítica en México»; Emmanuel Schwartz: «The development of psychoteraphy in México», publicado en Progress and Psychotherapy, Vol. II, Grune Stratton, New York, 1957; el que suscribe una comunicación en la IV Asamblea Médica de Occidente en Guadalajara, Jalisco, como ponencia de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, intitulada «La formación médico-psicoanalítica»; se publicó en mayo de 1959 en el Psychoanalytic Clinic for Training and Research Department of Psychiatry de la University of Columbia, como una ponencia titulada «The Founding of the Mexican Psychoanalytic Association and Institute».

La idea inicial de hacer una reseña de la historia del movimiento psicoanalítico fue sugerida por la invitación que hicieron los doctores Franz Alexander, Martin Grotjahn y Samuel Eisenstein los cuales estaban elaborando el llamado «Project on Psychoanalytic Pioneers». Ese artículo fue entregado para su publicación en enero de 1962. Debido a la muerte de Franz Alexander en 1964, sólo se publicó la parte biográfica del «Psychoanalytic Pioneers» y en el cual según sus propias palabras intentaba describir en cortos perfiles a las personas, hombres y mujeres, que hubiesen realizado contribuciones permanentes a la teoría y técnica del psicoanálisis y que por lo tanto pudieran considerarse como los pioneros de nuestra ciencia.

En el proyecto inicial, al lado de los perfiles anteriores, se pensaba publicar estudios monográficos acerca del desarrollo del psicoanálisis en los diferentes países en los que hubiese adquirido un desenvolvimiento de importancia. Esta sección se canceló por el deceso de uno de los directivos del proyecto.

La historia del movimiento psicoanalítico en México va a cumplir 38 años, aún así, existen prolegómenos. Conocí a Avelino González en el año de 1939; éramos unos jovenzuelos, él traído a nuestro país con la resaca de la guerra española. Éramos de parecida edad, aproximadamente 18 años, yo fui alumno regular de la generación que ingresó a la Escuela de Medicina (entonces Escuela, no Facultad) en 1939; él, debido a diferentes calendarios escolares ingresó como alumno regular en 1940.

Durante la carrera, sus intereses se perfilaron a las enfermedades de las vías respiratorias. Al recibirse Avelino uno de sus pacientes, a más o mejor dicho a menos, de padecer en ese aparato tenía fuertes trastornos emocionales. Por aquellos entonces un grupo de, repito, jovenzuelos con distintas trayectorias previas (en la neuropsiquiatría) se reunía a estudiar «Neuropsiquiatría» entre comillas, porque aún no se establecían criterios adecuados de diferenciación, por lo menos en nuestro país. En el mismo curso se estudiaba la tabes[1] y la histeria, la esquizofrenia y la esclerosis múltiple. Más aún, el entonces llamado tercer curso de Patología Interna incluía en su programa en un año escolar: Neurología, Psiquiatría y Enfermedades Infecciosas. Esto en una época pre-antibióticos en la que era importante hacer diagnóstico diferencial, digamos, de las enfermedades eruptivas. Que tiempos señor Don Simón.

El grupo de jovenzuelos había presentado tesis profesionales que poco tenían que ver con la psicoterapia: Sífilis nerviosa, Cisticercosis cerebral, Pruebas proyectivas y así por el estilo. Ese grupo se reunía a estudiar en forma ultraconcentrada cotidianamente. En el seno del mismo se traducía, por ejemplo, la Psiquiatría de Brill o los trabajos entonces en boga de Rossen. Las historias clínicas, así como las actas de tales sesiones, si aún existen, están en manos de Jaime Tomás. Recuperarlas sería trascendental para una biografía insustituible.

Nuestra joven generación de estudiosos de la Psiquiatría, tomó conciencia notoria de su atraso en México así como de la falta de requerimientos que regularon su ejercicio. México era incapaz de brindar una preparación adecuada.

Empezó la emigración, parece que el tema de «la separación» tan caro a Avelino se repite en forma significada en su historia personal.

Unos a Argentina, otros a Estados Unidos y alguno a Europa fuimos dejando el país.

Largos años de esfuerzo en el extranjero; a mí me tocó conllevarlos con Avelino, necesidad de ingresos, los menos para la subsistencia, los más para el entrenamiento: cinco horas de análisis personal, tres de supervisión y grupos de estudios y seminarios hacían titánica la vida semana a semana. Agreguemos la no revalidación del título profesional de médico y visualizaremos un pálido panorama.

Pese a todo fuimos saliendo; no se pregunte en qué se trabajó, sino en que no se trabajó. Anecdóticamente Avelino y yo tradujimos, él una vez y yo otra, la Psychotherapy and Medical Practice de Mauricio Levine. Mi traducción se perdió y Avelino tuvo que hacer una nueva, por suerte para nosotros «pobres aprendices de brujo».

Poco a poco fuimos regresando a México, todos o casi todos; algo tiene el país que «nos urgía reunimos».

En el año de 1955 el número de analistas era suficiente y en la sesión administrativa del XIX Congreso Internacional de Psicoanálisis celebrado en Ginebra, el grupo fue aceptado. En 1970, en un artículo al respecto escribía yo: «El grupo fue aceptado en la sesión administrativa de referencia, por las características nominales y por la participación en dicho Congreso del Dr. Avelino González». También en dicho artículo expresaba: «México y Latinoamérica tienen mucho que agradecerles a las gestiones de Avelino González, León Grinberg, Ángel Garma, Alfredo Namnum y Arnaldo Rascovsky. Sería injusto no brindarles un destacado elogio a su labor ejecutiva».

«México estuvo representado en el Ejecutivo Central de la Asociación Psicoanalítica Internacional, primero en la Secretaría por la nominación de Secretario Asociado para Latinoamérica del Dr. Avelino González; segundo en la vicepresidencia para Latinoamérica por el propio Avelino González».

México y muy en particular Avelino González, estableció nexos con Canadá y con las sociedades psicoanalíticas de la costa oeste de Estados Unidos, y en todo momento brindó Avelino estímulo y orientación a la Asociación Psicoanalítica Mexicana de aquel entonces.

Hasta aquí la Historia Blanca, después la nefasta, la innominable.

En el año de, no recuerdo ni quiero recordar, el editor puede de poner al pie de página la fecha… a instancias de algunos miembros se pretende un juicio inquisitorial (el adjetivo es leve y benévolo) contra Avelino González, argumentos del más bajo nivel, actos bochornosos sólo capaces de mentes indignas y escatológicas crean un clima, alrededor de Avelino, inenarrable. No lo quiero ni lo podría escribir. Ante estos sucederes resulta cierta aquella frase de: «los tres sitios en que la ignominia y el chisme son más candentes: los conventos, las casas de putas (que no me cambien la palabra) y las asociaciones psicoanalíticas».

No diré sino que tal situación trajo consigo la renuncia y la separación de un número significativo de miembros, tanto estudiantes como titulares y didácticos.

Ni el caso Dreyfus ni la familia Carvajal fueron tan alevosamente tratados.

Después Avelino forma su nuevo grupo, del cual soy miembro honorario, que trabaja con tesón, continuidad y consistencia. Mi enhorabuena y mis mejores augurios.

Hace pocos días, súbitamente, Avelino muere. De su pérdida, sus familiares, amigos, colegas y alumnos no se han repuesto.

Algo hemos hecho, mucho Avelino, él podría decir como Sigmund Freud en Budapest «…estamos dispuestos a las imperfecciones de nuestros conocimientos… e introducir en nuestros métodos aquellas modificaciones que puedan significar un progreso».

Avelino estamos contigo.


[1] Padeciniento neurológico dorsal consecuencia de la sífilis.

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