Comentario en un ciclo de divulgación a la película Quien resulte responsable de Gustavo Alatriste.
En Obras Escogidas.
Como: «A manera de Introducción» en la edición de Grijalbo, 1977.
Quien resulte responsable
El mexicano se mueve en un terreno inhóspito, carente de seguridad; piso prestado, abonos que le brindan un anhelo de seguridad mensual ante fraccionadores disolutos. Pero, a pesar de todo, siente que su territorio es de él. Espacio mamado a rajatablas; pero, a pesar de todo, espacio vital. No es sustituible por condominios o por departamentos a la manera sajona. Este territorio, tan debatido, requiere un marco de agresión. El cemento, la religión, los héroes cinematográficos, el programa de radio y la imagen preferida; la caja tonta, la televisión, no son sino profilaxia a su tragedia.
Allí se les da una imagen diferida. «Esperen un poco niños, el drenaje puede esperar, vamos a ver a Pedro Infante o un programa de violencia». La frustración y la carencia, engendran violencia, policía o desesperación.
Frecuentemente coloca en la rama del pirul más próximo la soga del ahorcado que va a enhebrar el policía para matar a su hermano.
Soldado que tienes tú, soldado que no tenga yo.
Todo el tinglado tiene que llenarse, para cubrir su drama, de afeites, cabaret y danza ramplona. Carencias básicas, leche ausente, sustitutos: pulque, cerveza y hermandad. Simulacro de convivencia, hermano querido a la luz del alcohol y la fritanga, a la postre hermanos odiados. Atrás de las fritangas odio, rivalidad, recelo. Fritangas, fritangas, fritangas: alimento sin proteínas; tristeza, dolor y hambre.
Tres días sin verte mujer,
tres días llorando tu amor,
tres días que no sé de ti.
Cuando se logra sustituir la carencia aparece lo cursi; es preciso ponerse un puente de oro, hacer baile de 15 años o adecuarse a la moda: tul, azahares, promesas, mentiras y sillas prestadas. Perros que se ensartan en la calle, enfrente del beso fingido de los novios, dientes de oro con muchas caries. Alguien nos indica cómo ser cursis, muy cursis, de alta escuela: lámpara, lugar y estilo; somos maestros de lo cursi. Tenemos capacidades beethovianas de lo cursi, la Quinta Sinfonía de lo cursi. Viene la lista: el rapto; muy por debajo se quedan Capuletos y Montescos; llega la boda renacentista, en tela bordada, realidad en Oaxaca, en donde no se sabe si es cortina carmesí o sobrecama; después, padrinos de bautizo, confirmación, comunión o excomunión. En el camino muchas cosas. «El Santo», cuya exclusión, sin máscara, nos obliga a pensar que somos incógnitos. Ya no existe pero seguimos dominando en «El Salón México», antro de nuestra disimulada masturbación; peseras y danzón. «Mi hijita, te bendigo, hazlo sin ganas y satisface tus carencias» o —pesos de aquel entonces— «dos pesos por palo, la noche cinco». La Danzona, danzonera, «Bailamos Almendras».
Ocasionalmente vamos a la delegación; la mordida no fue eficaz o el modo de otorgarla no es el adecuado. «Sabadazo». ¿En dónde está Nezahualcóyotl, en la periferia o en el centro? ¿Somos periféricos de nuestro centro o centro de nuestra periferia? ¿De dónde vienen las nanas que cuidan a nuestros hijos? ¿O de dónde procede el dinero que encubre la miseria? Vamos y venimos, venimos y vamos, del sur al norte, del norte al sur; desde Nezahualcóyotl hasta Tecamachalco hay una línea continua de privación, de carencia, de resentimiento y de sur a norte culpa, intelectualización, trabajo perdido. Somos los andrajosos y los injuriosos, «sur y norte». Imbéciles de un mismo destino.
Ausentes los machos, las viejas se pelean privadas de un ser que las proteja o de un pito que las penetre, se dedican al chismorreo, a la carencia y al orgasmo inútil y puñetero; pareciera que enfrente de la ausencia de hombre dijeran: «Nos bastamos solas y sin macho». Lo podemos mostrar en la Delegación, en el Ministerio Público ante el juez y con cualquier prueba psicofisiológica de tipo orgástico. Aquí todo se hace particularmente monótono, el chismorreo sustituye al tema; y así en nuestra vida, anécdota sin contenido, referencia sin formación; así es nuestra vida: monotonía de chisme y monotonía de chisme… ¡qué cansado!, ¡qué cansado! Chisme de vecindad y pleitos de borrachos que no escuchan.
Nos mandan a chingar nuestra Madre pero a la postre, la hemos chingado.
«¡Viva México, hijos de la Chingada!»
