A solicitud del editor y poeta Rodolfo Alonso, quien solicita su opinión acerca de la protesta juvenil alrededor del mundo, mi padre contesta para algún periódico Argentino. La carta fue encontrada años después entre varios documentos y se reprodujo en Obras Escogidas.
1969
Sr. Rodolfo Alonso.
Echeverría 2758,
Buenos Aires, Argentina.
Estimado señor Alonso:
Después de leer la carta que Albert Einstein dirigiese a Sigmund Freud el 30 de julio de 1932, después también, de revisar acuciosamente la respuesta de septiembre de 1932 dada por Freud bajo el rubro “El por qué de la guerra” he meditado en forma constante. Los acontecimientos juveniles en todo el mundo, las manifestaciones de protesta, el grito desesperado y colérico de las minorías discriminadas, el clamor enfurecido de los países explotados y en subdesarrollo, los acontecimientos críticos por los que actualmente pasa su país, los que sucedieron en el mío el año pasado y que culminaron con Tlatelolco, nos deben hacer reflexionar.
Psicoanalistas, etólogos, antropólogos y sociólogos se preguntan cuál es la causa del grito y la violencia, la guerrilla, el cambio y el descontento. Uno de los páneles del XXVI Congreso Psicoanalítico Internacional efectuado en Roma estuvo dedicado a evaluar el problema de la protesta y la revolución. Creo que la pregunta de Einstein:
¿Existe un medio de liberar a los hombres de la maldición de la guerra? La convicción, de que, a través de los progresos de la técnica, tal cuestión se ha hecho de una importancial vital para la civilización humana, se ha abierto camino casi en todos, pero a pesar de ello, los esfuerzos ardientes por resolverla siguen siendo fallidos en una proporción alarmante.
Treinta y ocho años después de escritas estas palabras, tenemos conciencia de que no ha sido a pesar de los progresos de la técnica, sino justamente por ellos que el hombre se encuentra al borde de la masacre y la destrucción.
El hombre de nuestro tiempo, nunca estuvo como ahora sometido a una cantidad tan masiva y grande de información. La velocidad del cambio a que ha de incorporarse es de tal magnitud que no le ha sido posible lograrlo sin dejar angustia y mutilaciones. Los medios de comunicación como las extensiones del hombre, en el sentido de Marshall McLuhan, han traído un cambio definitivo en las nuevas pautas de información. Wyndham Lewis, se ocupa del cambio acelerado de los medios como una masacre de los inocentes. Nos convertimos en lo que vemos. A una misma hora y en un mismo instante los objetos de uso y suntuarios son colocados en mercados en diferentes continentes de nuestra sociedad industrial.
Al mismo tiempo, la consigna es tener cada vez más y distinto, sin poseer nada. Paradoja del diagnóstico de nuestro tiempo es que los que tienen no poseen: tenedores de todo y poseedores de nada. Es a lo que Jules Henry denomina la cultura de lo obsoleto. La degradación se inicia haciendo obsoletos a los objetos de uso, pero su marco se extiende una y otra vez en forma reiterada y creciente a lo que deberían ser objetos de amor continuos y persistentes. También McLuhan lo señala, la comunicación que se le da al hombre de nuestros días es de masaje, epidérmica y superficial; condicionada siempre por señales externas liminales y subliminales que hacen del hombre un enajenado. Nos convertimos en lo que vemos. El círculo familiar resquebrajado en el semicírculo del aparato de televisión excluye la reflexión y el diálogo interpersonal. A pesar de ser cada vez mayores los instrumentos de información, la comunicación sufre de un raquitismo depauperante. Las diferentes formas de lenguajes conocidas sufren un proceso regresivo, haciéndose cada vez más arcaicas y primitivas. El lenguaje de lo concreto, icónico, nominado por los semánticos como objeto-lenguaje, sustituye al metalenguaje, adquisición superior del hombre. El concretismo realizado por los medios de información ha tenido como consecuencia una transformación de los conceptos y representaciones perceptivas. Confusión entre signo y significado, entre forma concreta y abstracción. El significado enriquece la percepción, el signo, si bien es cierto que la facilita, no menos es que la simplifica y enrarece.
La mente del hombre medio, al confundir las señales con los contenidos, se ha concretizado, se ha automatizado, ha perdido la fuerza que brinda la intimidad. Enajenado el hombre, no preparado para el cambio que le ha tocado vivir, asume formas romas, de dimensión única e interactúa con comunicaciones planas. Hombre unidimensional de Marcuse.
Pero hagamos un poco de historia:
La conducta del ser humano se encuentra determinada por los troqueles o pautas a las cuales fue sometida la personalidad en su proceso de desarrollo. El niño va a recibir a través del manejo y tratamiento que los padres hacen de sus necesidades una gran cantidad de información que habrá de troquelar su posterior conducta. En el lenguaje de Igor Caruso podríamos señalar que a una determinada praxis va a corresponder un cierto devenir. El devenir del hombre se va a dar en un contexto social, económico y político determinado. Debe haber una relación de correspondencia, si no total sí al menos óptima, entre el troquel, la praxis con la cual se crió al niño, y el mundo probable en donde habrá de realizarse su conducta, su devenir. Cuando el cambio social es abrumador, y particularmente distante de la praxis y del troquel en el cual se forjaron sus miembros constitutivos, la semilla del conflicto está pronta a germinar en múltiples formas. El mundo que se va a vivir será por definición frustrante. Cuando la distancia entre la praxis y el devenir es escasa o nula, tendremos el estatismo por norma. Es necesario que la relación dialéctica sea óptima, ni exigua, ni intensa, para que el cambio social opere en condiciones tranquilas.
Lorenz expresaba que:
…la constante estimulación de la agresión, como por ejemplo la frustración, puede ayudar a mantener al individuo en condiciones de lucha
Y añadía:
…uno de mis discípulos, Walter Heiligenberg, ha mostrado recientemente, de manera cuantitativa, que es necesaria constante activación para mantener el comportamiento agresivo “en forma”. En otras palabras sufre atrofia si se mantiene inactivo demasiado tiempo.
McLuhan en su sugerente y apasionante libro que lleva por título Understanding media señala que más importante que el contenido de la comunicación son los medios a través de los cuales se transmite. Una gran revolución se da en el pensamiento humano, cuando el hombre ya no depende de la tradición oral para expresar sus mensajes sino que puede recurrir al alfabeto. En ese momento la vista suple, parcialmente, al lenguaje oral. Los medios de comunicación del hombre moderno, han acortado las distancias. Simultáneamente contemplamos, en México y en San Patricio, los funerales de un magnicidio revelador de una lucha de generaciones. Los mismos modelos de automóviles, de aficiones, de imágenes y percepciones se producen en forma reiterada y repetida en el mundo. La comunicación entre los hombres ha dejado de ser sustantiva, profunda, íntima y trascendente. El hombre moderno está sometido en forma masiva a una praxis inerte que le da un “espíritu de seriedad”, en el sentido de Sartre, convencional y ridículo.
Cuando se publicó el libro de Orwell, 1984, pensábamos que aludía a una imagen caricaturizada de un mundo probable, en la actualidad es tan sólo una descripción cabal de un universo desprovisto de vitalidad y totalmente robotizado.
En su genial ensayo «Autonomía e independencia relativas del yo» Rapaport hizo uso del ejemplo dado por el libro de Orwell para enfatizar sus puntos de vista. En el modelo de Rapaport el yo es relatívamente autónomo e independiente con respecto tanto al mundo interno como al externo. En ocasiones esta independencia relativa con respecto a uno o a otro mundo se ve resquebrajada y el yo queda esclavizado a uno de ambos. Durante el dormir el yo pierde conexiones sensoriales y perceptuales con el mundo exterior, y al así suceder, se esclaviza al mundo interno; se ve inundado por las imágenes oníricas procedentes de la interioridad. Por el contrario en las situaciones de extrema vigilia y alerta, el yo pierde sus conexiones con el mundo interior y se somete totalmente al mundo externo. En este orden de ideas podríamos decir que las garantías que nos protegen de esclavizarnos al mundo interno son dadas por el mundo externo y a la vez las garantías que evitan la esclavitud al mundo externo son dadas por nuestra interioridad.
En el mundo contemporáneo se han abatido en forma considerable los instrumentos yoicos y las fuentes de alimentación, procedentes del mundo interno. Así pasaba en 1984. Un ministerio de información codificaba la historia a fin de hacer indiscriminativa la memoria. La alimentación se homogeneizaba, con alimentos siempre iguales e igualmente insípidos, haciendo también indiscriminado el proceso gustativo. Las obras de arte fueron proscriptas. La intimidad violada. En las pequeñas casas iguales, carentes de colorido y en serie, habían sido colocadas telepantallas que brindaban información permanente y rápidamente codificada por sistemas de computación electrónica. Incluso las bebidas alcohólicas habían sido homologadas, solamente se ingería ginebra. Ciertas prescripciones y órdenes, así como las directrices del poder, bombardeaban permanentemente a los sujetos durante su el reposo. Con estas técnicas se lograba un hombre carente de dimensiones, chato y robotizado. En alguna otra ocasión se señalaba: “la industria trajo consigo la robotización —la misma información, los mismos vestidos, los mismos artefactos— y la carencia de intimidad y vida interior”. Nunca antes como ahora se ha confundido tanto el signo con su significado. Octavio Paz decía:
…la prisa por desarrollarse, por los demás, me hace pensar en una desenfrenada carrera para llegar más pronto que los otros al infierno… Antes nos regía una providencia o un logos, una materia o una historia en perpetuo movimiento hacia formas más perfectas; ahora un pensamiento inconsciente, un mecanismo mental, nos guía y nos piensa. Una estructura matemática nos determina, nos significa.
En este mismo orden de ideas Paz señalaba que:
Un elemento esencial a todo lenguaje: ser un sistema de signos y símbolos con significaciones comunes para todos aquellos que lo emplean. Si cada uno habla un lenguaje propio, el resultado es la incomunicación, la muerte del lenguaje. Un diálogo entre esquizofrénicos.
Pero yo agregaría que si cada uno de nosotros habla el mismo lenguaje, el resultado es un diálogo entre oligofrénicos.
Y simplemente para establecer una vez más la similitud entre el psicólogo y el poeta citemos de nuevo a Paz:
El lenguaje (puede ser) de una utilidad paradójica, pues ya no está al servicio de la comunicación sino de lo incomunicable…(el poeta y el drogado) vio su espacio interior en el espacio de afuera. Tránsito de lo interior a lo exterior, un exterior que es la interioridad misma.
La técnica de lavado cerebral y la producción experimental de alucinaciones descansa en este equilibrio relativo de la autonomía e independencia del yo.
El ilusorio concepto del progreso se ha resquebrajado. Las contradicciones internas del sistema y el precio tan intenso que se ha pagado por el desarrollo se han puesto en evidencia y el primero en percatarse de ello ha sido el estudiante, generación nueva con capacidad de pensamiento político y social que descubre abruptamente el gran engaño, la gran frustración y por ende dispara desorbitadamente y con celo su gran violencia.
La desproporción demográfica, por otra parte, entre la generación joven y la vieja es alarmante. Se prevé que para el año de 1975 algo más del 59% de la población masculina de mi país tendrá menos de 19 años y casi el 68% menos de 24.58% de las mujeres tendrán menos de 19 años y 66% menos de 24. Un mundo de jóvenes, muy jóvenes, es regido por un mundo de escasos, muy escasos, hombres maduros y viejos. La cantidad de oportunidades que se brindan a esta población juvenil en permanente desarrollo no corresponden a sus necesidades básicas. Siempre que encontremos una frustración excesiva la resultante va a ser una gran violencia. Por eso allí donde la frustración y el conflicto son más agudos: discriminación de blancos contra negros, prevalencia de ricos contra pobres, hegemonía de un sexo contra el otro, la protesta va a surgir en forma más aguda.
Una generación es una estructura y será tanto más conservadora cuanto menores contradicciones existan entre las instituciones primarias y secundarias en las que se sustenta. También tendrá una mayor garantía de estabilidad cuando el equilibrio entre el interior y el exterior sean más balanceados.
La protesta estudiantil en todo el mundo, es positiva y saludable en el mundo mecanizado y carente de oportunidades de nuestros días. En muchas ocasiones los medios por los cuales esta protesta —en sí saludable— se expresa, pueden ser patológicos. La nueva generación, o parte de ella, quiere prescindir del diálogo epidérmico, quiere penetrar en el encuentro con una voz interna de la que fue despojada por la generación precedente. A veces recurre a medios patológicos para el logro de su meta. Usa lsd porque se le privó de medios normales para poner en movimiento puertas de percepción diferentes. Hace uso inmoderado de un “amor promiscuo” porque tan sólo se le mostró uno de tipo convencional y obsoleto. Recurre a la violencia porque no ha sido escuchada por medios pacíficos. Hace algún tiempo escribía:
El American way of life ha resultado inoperante, de allí la canción de protesta, el lsd y el pelo largo. A los jóvenes les importa más vivir que decir que viven. Para el mundo de los viejos donde viven, lo importante es lo estereotipado, lo convencional; no lo íntimo o lo real.
En este contexto el joven es un síntoma positivo que expresa la alta descomposición de la estructura social. Vietnam, por ejemplo, utiliza en forma masiva medios de producción que deberían de usarse con el fin de aumentar la prosperidad y disminuir el subdesarrollo. El joven que protesta está deseando un proyecto de libertad para sus recursos y sus posibilidades. Se alía al amor, al negro, al subdesarrollo y encuentra que las soluciones que la generación precedente le brindó son insatisfactorias.
En el Ateneo Cultural de la Escuela Nacional de Arquitectura señalaba que nuestros logros materiales han sacrificado en forma dramática al hombre interior.
Konrad Lorenz señalaba que el único animal que lleva la agresión intraespecífica, es decir dentro de la misma especie, hasta la muerte, es el hombre. Fundamentalmente porque la ha instrumentalizado y al hacerlo se ha despersonalizado del efecto de la misma. Genocidios de magnitud incalculable han hecho que la generación nueva no crea en la decencia de quien le precede.
Es preciso reanudar el diálogo. Se interrumpió —probablemente hace mucho tiempo— quizás en Hiroshima; estamos tanteando la forma de llevarlo a cabo. Es evidente que los procedimientos con los que hasta ahora hemos intentado hacerlo son ineficaces y anticuados. Toca a la nueva generación reanudar el contacto, la ternura, la fe y la esperanza que el hombre perdió en su pseudoverdad.
En Corriente Alterna[1] este pensamiento preocupaba al poeta:
Después del desengaño de las ciencias y de las técnicas, buscará una poética. No el secreto de la inmortalidad: la fuente de la vivacidad, el chorro que funde vida y muerte en una sola imagen erguida… El hombre de la técnica es una mezcla de Prometeo y Sancho Panza. Es el “americano típico”: un titán que ama el orden y el progreso, un gigantón fanático que venera el hacer y nunca se pregunta qué es lo que hace y por qué lo hace. No conoce el juego sino el deporte. Arroja bombas en Vietnam y envía mensajes a su casa el Día de las Madres, cree en el amor sentimental y su sadismo se llama higiene, arrasa ciudades y visita al psiquiatra. Sigue atado al cordón umbilical y es explorador del espacio exterior. Progreso, solidaridad, buenas intenciones y actos execrables. No es el hombre de la desmesura, es el desaforado.
Hemos perdido la meta, no sabemos en dónde estamos ni a dónde vamos, signos sin significado, lenguaje sin letras y símbolos sin contenido. Técnica, progreso, velocidad y el hombre solo, de toda soledad, ante él y los otros. Frustrado, agresivo. Homosexualidad, adicción, enfermedad mental y guerra. Pobres soluciones a un conflicto. Generación sin nombre, sin tiempo, sin destino. Aislada, inerme y desahuciada.
Lamento, estimado señor Alonso, el tono escéptico de mi pensamiento y agradezco la oportunidad que me ha brindado para este intercambio.
Cordialmente,
Santiago Ramírez
[1] Libro de Octavio Paz (n. del E.)
