EL PSICOANÁLISIS: CIENCIA, IDEOLOGÍA Y SITUACIÓN PSICOANALÍTICA

En Infancia es destino, en Obras Escogidas.

1969

En El capital, Marx señala: «Mi método no parte del hombre, sino del periodo social económicamente dado»; cla frase anterior en lo que respecta al psicoanálisis se podría expresar: «…el método psicoanalítico no parte del hombre (hombre biológico) sino del ambiente emocional dado en su historia personal».
Haciendo nuestras las palabras de Althusser diríamos:
No se trata aquí de dar una definición profunda de la ideología. Basta saber muy esquemáticamente que una ideología es un sistema [que posee su lógica y su rigor propios] de representaciones [imágenes, mitos, ideas o conceptos, según los casos], dotadas de una existencia y un papel históricos en el seno de una sociedad dada.

El psicoanalista maneja con destreza la situación analítica y la problemática ideológica que dentro de ella acontece. Utiliza, con una frecuencia mayor de la que supone, un instrumental de alta cientificidad. No es habitual que el analista piense en el rigor lógico de sus postulados, por ello no le brinda la dimensión altamente rigurosa a su trabajo. Las características más sobresalientes del método científico están presentes e inherentes en la ideología psicoanalítica. En un trabajo anterior señalábamos:
…el desarrollo de las ciencias experimentales es la contribución más significativa de la civilización occidental. El racionalismo, usando el método matemático, pretendió lograr el conocimiento de la naturaleza, en contradicción cabal con el empirismo, el cual hacía uso de la observación experimental como fuente de conocimiento. Racionalismo y empirismo en la actualidad han dejado de ser métodos rivales para conocer la naturaleza; son métodos complementarios.

Se llama empirismo científico al método que abarca y enlaza el empirismo radical, el racionalismo y el pragmatismo crítico; todo método precisa poner en movimiento tres procesos permanentemente repetidos:
a) Que abstraiga del hecho exegéticamente observado su hermenéutica, es decir, que extraiga propiedades y relaciones de un objeto, hecho o fenómeno y no que tan sólo hable de los aspectos concretos del mismo. Las tres grandes corrientes hermenéuticas contemporáneas son el pensamiento de Marx, el de Nietzsche y el de Freud.
b) Que con los abstraídos y otras abstracciones se establezcan hipótesis.
c) Que ellas se pongan en uso para su verificación y comprobación.

Poincaré, al hablar de la naturaleza de lo que observa la ciencia, señalaba:

…no es suficiente observar; es preciso utilizar las observaciones para generalizar. Los errores cometidos han vuelto al hombre de ciencia cada vez más circunspecto; se ha observado cada vez más y se ha generalizado cada vez… por otra parte, es preciso darse cuenta de que la simple acumulación de datos no hace ciencia de la misma manera que la acumulación de piedras no hace una casa.

Sin generalización la previsión es imposible; para prever es preciso, al menos, invocar la analogía. En La filosofía de la ciencia, el mismo Poincaré decía:
…gracias a la generalización, cada hecho observado nos permite prever otros en gran número; únicamente que no debemos olvidar que sólo el primero es cierto y todos los demás son probables. Por sólidamente fundada que nos parezca una previsión, jamás estaremos absolutamente seguros de que la experiencia ulterior no la desmentirá en caso de proponernos verificarla; sin embargo, la probabilidad es a menudo bastante grande para que prácticamente podamos conjuntarnos con ella; vale más prever con una certeza incompleta que no prever… es necesario que cada experiencia nos permita el mayor número posible de previsiones y con el más alto grado de probabilidad que se pueda. Toda generalización supone en cierta medida la creencia en la unidad y la simplicidad de la naturaleza. No tenemos pues que preguntarnos si la naturaleza es una, sino cómo es. Sin duda si nuestros métodos de investigación fuesen cada vez más penetrantes, descubriríamos lo simple por debajo de lo complejo.
En forma cada vez más aguda el científico se interesa por la relación entre los hechos más que en los hechos mismos. Octavio Paz señala en Corriente alterna:
…un cambio semejante se observa en las otras ciencias; la biología, la lingüística, la teoría de la información y la antropología estructural abandonan las explicaciones lineales y coinciden en su visión de la realidad como un sistema de relaciones sincrónicas. Célula, palabra, signo, grupos social: cada unidad es un conjunto de partículas.

En relación con lo anterior Hartman expresa:
…la ciencia es un método y no se refiere al contenido; si hay una pauta sistemática formal, aplicable a un conjunto de objetos, entonces hay una ciencia, sin importar que el objeto sea espacio temporal y ahí, observable y predictible, o que no lo sea. Así la matemática, la música y la axiología son ciencias, lo mismo que la ciencia natural. Realmente incluyen observación y predicción como la última porque estas dos características no son sino el resultado de la aplicación de la pauta y de la conformidad de los objetos a la pauta.

Pensamos con Feigel que para que un método sea operativo debe cumplir ciertos requisitos indispensables:
-Ser constantemente lógico (aunque la materia que explore no sea lógica e incluso mágica o arbitraria), es decir, derivar sus enunciados lógicamente unos de otros y referirlos a otros previos.
-De ser posible, el método debe ser definido en forma preferentemente cuantitativa, aun cuando ello no sea siempre posible.
-El método debe estar basado empíricamente y ligado a lo observable.
-Tiene que ser susceptible de corroboración y por ende de manipulación experimental.
-Tiene que ser demostrable en diferentes casos y capaz de ser repetido por diferentes experimentadores.
-Por último, debe facilitar la creación de leyes, conceptos y teorías generales que amplíen el marco de predicción.

En el mismo orden de ideas y apelando una vez más a Poincaré:
…toda generalización es una hipótesis, la hipótesis tiene por tanto una función necesaria que nadie ha discutido jamás… debe ser sometida siempre a verificación, lo más rápida y frecuentemente que sea posible, …son hipótesis peligrosas todas aquellas que son tácitas e inconscientes

Al preguntarse Poincaré ¿que es la ciencia?, contesta:
…es en primer lugar una clasificación, un modo de relacionar hechos que las apariencias separan, aun cuando estén ligados por un parentesco natural y oculto… en otros términos, la ciencia es un sistema de relaciones… solamente en las relaciones debe ser buscada la objetividad… son las relaciones las únicas que pueden ser consideradas como objetivas… una teoría científica es tanto más verdadera cuanto pone en evidencia mayor número de relaciones verdaderas. La ciencia prevé y porque prevé puede ser útil y servir como norma de acción. A menudo sus previsiones son desmentidas por los hechos, pero, con todo, el científico se equivoca con menos frecuencia que el no científico que predice al azar… no hay modo de eludir este dilema o la ciencia no permite prever y, entonces, no tiene valor como norma de acción, o bien permite prever de una manera más o menos imperfecta y entonces no carece de valor como norma de conocimiento… el científico interviene activamente eligiendo los hechos que merecen ser observados. Un hecho aislado no tiene interés por sí mismo; se lo considera cuando existe motivo para pensar que podrá ayudar a otros, o bien si, habiendo sido predicho, su confirmación es la verificación de una ley.

Hace muchos años, Kubie[1] mencionaba la necesidad de contar en psicoanálisis con marcos de referencia plenos de consistencia, con el objeto de pedir ayuda fructífera a los colegas científicos de otras disciplinas. La disciplina científica y la ciencia analítica en general plantean contradicciones internas severas, choques inesperados y paradojas inusitadas. Sin embargo, como lo dice Whitehead:[2]

…un choque de doctrinas no es un desastre, es una oportunidad… en lógica formal, una contradicción es la señal de una derrota pero en la evolución del conocimiento real, marca el primer paso hacia el progreso y la victoria, ésta debe ser una de las razones para la tolerancia, aparentemente extraña, a la diversidad de opiniones.

Young,[3] definiendo al científico (por otra parte, al igual que el poeta, tal y como lo dijera Octavio Paz)[4] anota:

el investigador busca constantemente nuevas informaciones acerca del ritmo y la regularidad de lo que sucede a nuestro alrededor; este es el proceso al que denominamos duda y que consiste en buscar nuevas semejanzas significativas. Una vez halladas, obtenemos un sistema de leyes, de certeza… lo significativo es cual código de señales que

nos permite transmitir en determinado tiempo la mayor cantidad posible de información.

A este respecto, Montaño[5] nos hacía ver la importancia de la cibernética, la cual establecía un código haciendo abstracción del hecho concreto, y estudiando, en cambio, el sistema y sus características.

El psicoanálisis como sistema de pensamiento utilizó en sus orígenes una gran cantidad de analogías derivadas del pensamiento físico en boga, el newtoniano. Ahora parece ser que, en virtud del desarrollo de la cibernética (estudio de los reguladores o mecanismos de dirección), las analogías se transforman. En el lenguaje de Newton se suponía partir de un sistema de partículas conocidas para después descubrir lo que ocurría cuando actuaban sobre ellas otras fuerzas. En la actual analogía cibernética partimos del conocimiento de que la característica fundamental de los mecanismos de dirección que mantienen a un vehículo en trayectoria fija es conocida, en la jerga de los ingenieros, como retroalimentación. Haciéndonos más explícitos, un aparato receptor de gran sensibilidad registra cualquier desviación en la trayectoria y transmite la información tendiente a corregirla. La información proporcionada por cada receptor tiende a producir una acción del cuerpo que sea apropiada para mantener nuestro sistema de vida estable ante el cambio registrado por el receptor. El hombre utiliza el lenguaje, o debiera utilizarlo, para mejorar la comprensión en los sistemas de retroalimentación; sistemas capaces de dar estabilidad adecuada a nuestras pautas culturales.

El proceso de comunicación consiste en convertir la cantidad de información que un individuo recibe en un resultado que tiene el carácter de información, porque a su vez está dirigido a otra persona.

Para Young, la palabra comunicación significa: “intercambio de información entre dos o más personas o animales”.

Antes de Freud, e incluso en su tiempo, se pretendió comparar al hombre con un reloj (a Barajas[6] no le gusta la analogía); en el siglo xx se le equipara analógicamente a una máquina computadora. La analogía clásica, la newtoniana, la del reloj, postulaba un sistema cuyo comportamiento era completamente conocido y cuyo futuro podía ir determinado. La física ha descubierto recientemente que las complejas relaciones existentes entre nosotros y lo que observamos no pueden ser descritas de esa manera. Debemos partir de una organización inicial que sólo podemos describir de un modo imperfecto y cuyo futuro no podemos reseñar con exactitud. Sin embargo, y esto es de particular importancia, podemos determinar la probabilidad de que se comporte en una forma dada.

En este orden de ideas, ya Young señalaba que:

…nuestra ignorancia respecto a la manera en que se rige el comportamiento es tan grande, que aún no sabemos cuánto es lo que aprendemos de los demás y cuánto es lo que heredamos de nuestros padres… dependemos fundamentalmente del aprendizaje. Únicamente la estructura elemental de la organización cerebral es la que se hereda.

Muy poco de nuestro comportamiento es realmente instintivo, si con ello nos referimos a lo que es determinado por herencia orgánica. De acuerdo con los experimentos de Hebb, incluso aprendemos a tener hambre. También de acuerdo con los trabajos experimentales del autor, se aprenden las reacciones placenteras y dolorosas. El niño sonríe y hasta ríe cuando ha sido alimentado, y estos signos se convierten en símbolos de certeza y particularmente del logro de la comunicación. En esta línea de pensamiento podemos afirmar que la función del lenguaje, al menos la inicial, es la de transmitir información útil para subsistir. Desde esta temprana forma de transmitir información para subsistir, hasta la altamente elaborada del artista, el cual transmite información sobre cosas que antes no eran objeto de comunicación, se encuentran todas las gamas y variables que van desde la simple suma hasta la teoría einsteiniana del campo unificado. Las máquinas nos señalan una y otra vez que su comportamiento está regulado y previamente programado. El programa de la máquina fue elaborado por el programador. En este campo de ideas podemos pensar que lo que llamamos cualidades innatas de las personas, adquiridas antes de nacer, son menos importantes, para la evaluación conductual, que lo que generalmente suponemos. Claro está que la estructura innata necesita alimento; ya lo decían Piaget y Rapaport:[7]

Las estructuras de cada nivel jerárquico pueden necesitar distinto alimento, desde estímulos sensoriales simples y mínimamente organizados, hasta las experiencias complejas que se encuentran en una sociedad y que mantienen en sus individuos las creencias ideológicas y las entidades compatibles con esa sociedad.

También es de Rapaport[8] la siguiente conceptuación:

La conciencia necesita para su mantenimiento el alimento diligente provisto por un medio tradicional y estable en el cual el individuo nace, crece y termina su vida (alto sentido de la identidad); es decir, el estímulo de la presencia de opiniones y recuerdos de los “demás” que lo han conocido o conocerán siempre. Parece ser que escogemos (a manera cibernética) los lazos sociales, de matrimonio y amistad, etcétera, para asegurarnos ese patrón de estímulos familiares paterno y materno que necesitamos como alimento de nuestras varias estructuras.

Las analogías son indudables; en áreas tan aparentemente distintas del hombre, como el trigo y la genética vegetal, nos encontramos con la siguiente frase de Lisenko,[9]

…las condiciones exteriores, una vez asimiladas e integradas por un organismo vivo, dejan de ser condiciones exteriores, es decir, se convierten en parte integrante del organismo vivo que en adelante requiere para su crecimiento y desarrollo la presencia en su alimentación de esas condiciones que antes formaban parte del medio exterior.

La importancia de la experiencia y el aprendizaje ha sido enfatizada incluso por los genetistas. Pierre Boiteau[10] nos dice:

…la unidad del medio imprime su huella, cualquiera que sea la diferencia genética de los embriones.

Para terminar estas reflexiones de un psicoanalista que incursiona en un campo que le es ajeno, señalaré las palabras de Aristóteles expresadas aproximadamente cuatrocientos años antes de Cristo:

Solamente hay ciencia de lo general… los hechos observados son asimilados los unos a los otros y agrupados en conceptos.

Frecuentemente se nos pregunta —después de aproximadamente ochenta años del nacimiento del pensamiento analítico— qué es lo básico y qué es lo accesorio dentro de la ideología psicoanalítica. Podríamos decir que consideramos que las premisas centrales básicas, susceptibles de ser comprobadas y corroboradas en este sistema de pensamiento, son las siguientes:

La conducta está motivada

Creo que la premisa más importante que ha aportado el psicoanálisis al conocimiento del hombre es la enunciada: la conducta está motivada. Haremos una serie de observaciones experimentales para aseverar esta consideración. Iremos del campo experimental al campo antropológico con objeto de que se haga suficientemente clara esta premisa.

Trabajando con ratones, Hunt obtenía una camada igual y la dividía en varios lotes. Un lote de ellas iba a ser sometido a alimentación normal. Otro grupo, alimentado en forma normal desde el punto de vista de la cantidad, pero a través de una mamila en la cual los orificios serían tan grandes y tan amplios que el animal se satisfacería rápidamente. Finalmente al otro grupo se le permitiría satisfacer la necesidad de alimento en cuanto a la cantidad y además la necesidad de chupeteo.

O sea: diferentes grupos de ratones y diferentes tipos de manejo, lo cual va a traer extrapolaciones de tipo antropológico. Se piensa que resultará una conducta ulterior particular y peculiar. Efectivamente, se observa que el grupo de ratones que no chuparon se convierten en ratones que tienen una necesidad vicariante adicional de chupar, aparentemente para sustituir así, en gran medida, la carencia de esa determinada satisfacción. En otro experimento, con otros lotes de animales, un lote recibe alimentación en forma muy inconsistente y poco integradora: en cantidades adecuadas, pero anormalmente en cuanto al ritmo, horario y consistencia. A otro grupo se le da la alimentación en forma normal, regular, consistente, periódica. Meses después se observan los efectos de estas diferentes maneras de alimentación y se encuentran distintos tipos de conducta. Si por ejemplo al primer lote se le somete en la edad adulta a nuevos periodos de escasez, alternados con etapas de alimento en abundancia, a diferencia del otro grupo que no tuvo la experiencia temprana de escasez, va a acumular mucho más alimento del necesario.

Hay otro ejemplo de estos experimentos: las mujeres norteamericanas que cuando niñas vivieron la Primera Guerra, cuando la Segunda Guerra, se transforman en más acumuladoras de latas de alimentos que las que no han tenido experiencias previas de carencia. Este tipo de experimentación nos demuestra que determinado tipo de experiencias se van a revelar en la conducta ulterior. Más aún, podríamos expresar: Todo rasgo de conducta revela un trozo de historia.

Viendo lo que acontece en los animales, la psicología experimental valida una de las premisas centrales y básicas en el pensamiento analítico: La conducta está motivada. El tratamiento analítico partió, al principio del siglo, de la observación del hecho clínico, de la conducta bizarra, de los síntomas aparentemente sin sentido o carentes de razón, y expresó la primera tesis central, o sea que todo ese tipo de conducta está totalmente motivada por la historia del sujeto.

Aparte de la psicología experimental, en la antropología cultural —particularmente Margaret Mead— se hizo esta pregunta: ¿En qué medida lo que llamamos adolescencia es el resultado de un cambio biológico y, en sentido psicológico: soledad, angustia, autismo, es el resultado de una problemática cultural? Con esta premisa se fue a Samoa, en donde las condiciones culturales y socioeconómicas y el tratamiento que esa cultura tiene para con los adolescentes son total y cabalmente distintas a las nuestras. Allí se encontró con que los adolescentes tenían una vida sexual precoz, y que eran rápidamente incorporados al proceso cultural. Afirmando la tesis culturalista que venía defendiendo, encontró que la adolescencia es mucho más un problema cultural que un problema biológico. Es el manejo que la cultura hace de este cambio biológico el que establece un determinado tipo de conducta.

Las investigaciones de Margaret Mead se refirieron a otras muchas áreas. La cultura de las Marquesas, que se caracteriza por una prevalencia numérica del sexo masculino sobre el femenino, tiene como consecuencia una sociedad poliándrica en la cual una mujer participa de varios maridos. Según el grado de status social hay maridos primeros, segundones, terciarios, etcétera. Se comprenderá que si la genitalidad de la mujer se tiene que repartir entre varios sujetos, la demanda es particularmente intensa y se limitará todo lo que se oponga a ello. Por eso la cultura no fomentará la maternidad, ya que un hijo trae aparejada una gran cantidad de privaciones para los hombres. Por eso mismo la lactancia de los chicos es precoz y muy violentamente interrumpida. Es un marido de última categoría quien hace de pilmama y naturalmente el niño no obtiene las satisfacciones que debe obtener de la madre.

Otro ejemplo es la cultura arapesh donde, a diferencia de la cultura de las Marquesas, la maternidad es estimulada ampliamente y el niño cordialmente recibido. Las muchachas se comprometen a temprana edad y pronto son madres. Desde el punto de vista genital-sexual, esta cultura tiene la concepción de que el niño se enriquece intrauterinamente por el semen del padre, de tal manera que es alentada la vida sexual durante el embarazo. Por otra parte, la lactancia es muy prolongada, espontánea y autodeterminada por el niño.

Así pues, una de las culturas tiene como expresión notoria la prohibición de la maternidad, y la otra la aceptación de ella. En la cultura arapesh no existe esterilidad psicogénica, no existe aláctea. En la cultura de las Marquesas, existe la esterilidad, el aborto respectivo y la seudociesis, que es un falso embarazo. Así pues, la conducta procreativa de la mujer en las islas Marquesas y en el archipiélago Arapesh es una conducta motivada; esto es, podemos explicarnos gran parte de la manera de ser en sus áreas procreativas y en sus áreas genitales en base a los “manipuleos” que el ambiente ha tenido para esa conducta.

La cultura latinoamericana, por ejemplo, espera que la mujer se desarrolle en términos procreativos, por lo cual estimula todo aquello que puede ser significativo de la posibilidad de expresarse en estas áreas procreativas.

En otras culturas, como la del negro en Norteamérica, Kardiner ha tratado de estudiar si existen rasgos suficientemente significativos, independientes de clases sociales, que permitan hablar de una personalidad básica. Estudia los rasgos comunes a los negros norteamericanos y encuentra algunos sustantivamente análogos que nos permiten identificarlos: la tendencia a cierto tipo de drogas, chistes, cosméticos, colores, etcétera. Llega a la conclusión de que sí hay una personalidad básica que es el resultado de un hecho que les es común: la opresión, una opresión que ha sido constante, que se ha aceptado durante mucho tiempo y que ha producido lo que llama la marca de la opresión.

En otra línea de pensamiento, nosotros hemos hablado de la personalidad básica del mexicano, estudiándola en una serie de rasgos, circunstancias históricas y demás.

En el mundo de la física se sabe desde hace muchos años que todo está motivado, pero en nuestro afán antropocéntrico creíamos ser rectores, directores y hacedores de nuestra conducta, falacia que cada vez queda más al descubierto. El ser humano —decía Freud— ha tenido tres grandes dolores en el curso de su historia y desarrollo: el primero fue que nos dijeran que la Tierra no era el centro del universo sino un pequeño planeta perdido en el cosmos; el segundo, que no éramos ángeles caídos del cielo sino antropoides erguidos; y el tercero, que no somos rectores de nuestra conducta sino que es ella la que frecuentemente nos rige.

Hay una serie de pruebas fehacientes de que este descubrimiento del psicoanálisis sobre la conducta es muy importante y puede ser corroborado en la psicología experimental y en la antropología cultural.

Gran parte de las motivaciones generadoras de conducta son inconscientes

Gran parte de lo que hace el ser humano está motivado, aunque frecuentemente no sabe por qué. Hay muchas maneras en que la motivación es inconsciente: a veces porque hemos olvidado la raíz, el origen, o ha habido una solución de continuidad, una pérdida de la sintaxis, entre el presente y el pasado. Hubo muchas pruebas experimentales para probar esto. Desde la época de Freud en la que, para tratar de demostrar que la conducta es inconsciente, se hipnotizaba al sujeto y se le daba una orden para cumplirla después. Al cumplirla, el sujeto siempre tratará de dar una explicación a su conducta porque no sabe que el motivo de la misma es una orden hipnótica. Así actuamos también cuando nuestra motivación es inconsciente. La mayor parte de la manera de ser de cada quien forma el juego de la personalidad, un juego complejo que se estructura en base a identificaciones con familia, la lengua nativa, las relaciones, el ambiente. Es un juego de interacciones crónicamente presente durante el proceso de desarrollo y que hacen factible que cada manera de ser sea de un modo y no de otro. Por otra parte, hay que hacer notar que no porque las razones sean inconscientes dejan de ser operantes y dinámicas.

Las pautas de conducta son resultado de la interacción del sujeto con los objetos

Las pautas de conducta, cualesquiera que ellas sean, son el resultado de la interacción del sujeto con los objetos que entraron en contacto con sus necesidades en la infancia: madre, ambiente, padre, hermanos… a veces la pauta de conducta es la repetición fotográfica de las pautas de este suceder histórico. Otras veces es lo opuesto a lo que vivimos en la edad infantil, pero de cualquier modo están sometidas a ese aprendizaje determinado.

¿Y por qué una pauta tiende a seguir manteniéndose rígidamente en el curso del desarrollo? Existe una tesis importante. Consideremos la pauta de conducta: la personalidad no se estructuró en una hora de un día específico. Se estructuró de la interacción constante, consistente, sistemática, a lo largo de años. La personalidad se estructura en función de esta interacción entre el sujeto y los objetos durante periodos muy prolongados.

¿Por qué se estereotipa la conducta? ¿Por qué es incapaz el sujeto de cambiar la conducta una vez que se ha estructurado?

La conducta tiende a automatizarse por una economía de esfuerzo

Esas pautas de conducta que uno cuidadosa, dedicada y lentamente estructura, tienden a automatizarse independientemente de que la pauta sea dolorosa, porque la pauta que se adoptó en el momento necesario fue la más operativa para ese momento. Luego puede ser muy negativa, pero por bizarra que sea en el momento actual, en un momento dado fue la más adaptativa, la más funcional. Existe, además, un número suficiente de experimentos para comprobar, por ejemplo, en qué medida una pauta tiende a automatizarse en forma sistemática.

Cada fragmento de conducta es un trozo de historia

Esto le da una dimensión en el tiempo a la conducta particularmente importante. La conducta no es un trozo o un fragmento de expresión desubicado o desvinculado del tiempo; es un trozo consistente de hechos, anclado a la historia del sujeto.

Las pautas que un sujeto determinado tiene son muy monótonas

Los seres humanos, tomados en conjunto, son muy variados, pero el ser humano funciona de modo repetitivo ante cada circunstancia, sujeto, objeto o situación; una vez que un individuo estructuró su pauta la repite. Lo que ha sido, es y seguirá siendo. Menninger afirma:

La conducta, de la misma manera que la cicatriz en la pata de un oso, que se formó cuando era chico; no importa la naturaleza del terreno que pise, la huella será igual, repetitiva, sistemática, iterada.

Una conducta, como cualquier energía, si no estuviera alimentada por el ambiente tendería a extinguirse

Una conducta neurótica, si no tuviera la alimentación que propició su existencia, se extinguiría. Toda conducta necesita, para su persistencia, fuentes de aprovisionamiento, de retroalimentación. Todo sujeto establece relaciones con su ambiente, de tal naturaleza que propicia que el ambiente le brinde aquello que es susceptible de generar repetición de la pauta. La rata chupadora se colocaría en posición de encontrar chupones en todas partes; y si no los encontrara, los compraría. Dirá que chupa porque hay muchos chupones; pero no, es porque los ha buscado. Por eso el cambio emocional es tan difícil. Por eso el psicoanalista está consciente de que debe evitar transformarse en el último chupón del sujeto. La conducta del paciente tenderá a repetirse con el terapeuta, aunque resulte dolorosa.

Estas son, a mi manera de ver, las premisas más importantes del psicoanálisis. El psicoanálisis tiene actualmente la posibilidad modesta de expresar, un poco con las frases de Claudia Bernard, que definen los momentos del suceder científico. Observa, medita y vuelve a observar. El psicoanalista observa la conducta, medita acerca de ella, trata de encontrar los nexos que existen, que explican, que son análogos; y después de meditar sobre ellos, vuelve a observar y trata de corroborar lo que ha observado.

Desde el punto de vista de la teoría de los juegos,[11] la situación analítica es un juego de dos donde el tema central es uno de los participantes. El diseño del experimento se ha efectuado en forma tal que, de acuerdo con lo señalado por Rapaport,[12] el yo tiende a perder su independencia y autonomía relativas con respecto al mundo interno. La regularidad, la consistencia, la uniformidad, la abstinencia, con todo lo que a ella le es concomitante, incluso la falta de información derivada de la posición recostada, trae como consecuencia que una de las partes del juego empiece a brindar un peculiar tipo de información. Si se pone atención a la comunicación que brinda el paciente, expresada en forma «libre» (asociación libre en nuestra jerga), bien pronto el observador se percata de que más allá de lo aparentemente trivial de la comunicación formal y de su aparente incongruencia, existe algo profundamente significativo y congruente. La línea rectora, la temática y la secuencia de lo que comunica un determinado paciente, adquieren características reiteradas y repetidas. Tan reiteradas como el tema obsesivamente repetido del Bolero de Ravel[13] o de la Sexta Sinfonía de Shostakóvich. Las características de la repetición señalada incluyen todas las experiencias del sujeto; las actuales y las remotas, las que se están dando en el seno mismo de la situación analítica y las que se dan afuera, las que se comunican en la vigilia y las que aparecen en los sueños; el modo en que se comunica el proceso morboso y la forma en que lo hace el resto de la personalidad: afectos, ideación, etcétera, no contaminados por la enfermedad. El terapeuta, parte observadora del juego, si no incurre en lo trivial e insignificante, es decir, si se mantiene en un estado de atención susceptible de captar lo valedero (atención «flotante») pronto, a la manera de una computadora, registra y agrupa aquello que se repite, que se reitera, que cobra dimensiones analógicas. Sin importarle el territorio de donde proceda la comunicación: sueño, vigilia, fantasía o pensamiento lógico, va agrupando el material que le es proporcionado y con él edifica una o múltiples hipótesis. El material brindado por el objeto activo del diálogo carece de sintaxis, lo que le hace aparecer superficialmente confuso e irrelevante. El objeto receptor del diálogo introduce la sintaxis en lo escuchado, agrupa los predicados y se encuentra con que las hipótesis formuladas por él tienen hondo significado científico; efectivamente implican y son implicadas. Aun cuando en ocasiones su objeto de conocimiento es lo contradictorio, internamente, y en el sistema mismo, carecen de contradicción. Quiero enfatizar a mis colegas acerca de la falacia metodológica que consiste en confundir el método con el objeto al que está dirigido. El método siempre es lógico, aun cuando el objeto de observación no lo sea. Las hipótesis formuladas pueden ser verificadas por cualquier observador que recoja el material con las mismas reglas de juego. Por último, y no por ello menos importante, la comunicación recibida y agrupada en la forma descrita sirve para establecer predicciones de un alto índice de validez.

De la situación analítica se estructura la siguiente hipótesis: Todo individuo actúa poniendo en movimiento pautas de comportamiento que frecuentemente ignora (bajo nivel de conciencia). Estas pautas son significativas. El lugar donde se expresan —sueño, síntomas, actividad creadora— es circunstancial, pero la modalidad intrínseca con que lo hacen es definitivamente sustantiva.

A poco de rastrear nos damos cuenta de que las pautas de comportamiento se troquelaron en la interacción del sujeto con su mundo infantil; y no solamente eso. sino que desde su iniciación tuvieron una dirección propositiva, no escapando, como ningún otro proceso morboso, al síndrome general de adaptación.

Las pautas de comportamiento, así como su significado, se van a validar en el seno mismo de la situación analítica. El terapeuta va a ser objeto de aquellos afectos, tendencias, inclinaciones, y demás; o se va a responder a él, incrementadamente en virtud de la abstinencia, con moldes que validarán aquí, ahora y adentro, lo que pasó allá, entonces y afuera.

En este proceso altamente deductivo vemos la sencillez y la congruencia que subyace y palpita en el centro mismo de toda personalidad.

En un trabajo anterior hablamos del ritmo en la comunicación.[14] Ahora aludiremos al alto grado de organización, certidumbre y coherencia presentes tanto en la comunicación, que sucede en la situación analítica, como en el sistema de evaluación lógica del psicoanalista al encarar, agrupar y organizar la información con la cual trabaja y estructura sus hipótesis.

Las líneas anteriores, pergeño de reflexión, intentan hacer sentir al práctico en ejercicio analítico el alto nivel de cientificidad de su labor.

En términos vinculados con las definiciones del empirismo lógico, se dan algunas características del método científico. La ciencia plantea hipótesis que se deben predicar y ser a su vez predicados. A mayor cuantía de predicados en uno y otro sentido, mayor validez de la hipótesis. Hasta donde sea factible, no debe existir contradicción dentro de los predicados de una hipótesis y tanto mayor cientificidad tendrán implícitas cuanto mayor grado de predictibilidad presenten sus enunciados. Después de esta breve definición, se señalan las características de la situación analítica con la permanencia y solidez de los parámetros que en el seno de la misma rigen. Se considera como la situación más acabadamente científica en el campo de la observación psicoanalítica, y se puntualiza cómo lo que en el seno de la misma acontece puede ser objeto de un análisis rigurosamente empírico y lógico.

[1] Kubie, L., El psicoanálisis como ciencia, Colección Problemas Científicos y Filosóficos, unam, México.

[2] Whitehead, A. N., Science and the modern world, Cambridge University Press, London, 1928.

[3] Young, J. Z., Duda y certeza en la ciencia, Colección Problemas Científicos y Filosóficos, unam, México, 1960.

[4] Paz Octavio, La nueva analogía, Trabajo de ingreso al Colegio Nacional el 10 de agosto de 1967 y publicado en El Día, Sección de Textos y Documentos, el 2 y 3 de agosto de 1967.

[5] Montaño, G., Comunicación personal.

[6] Barajas, R., Comunicación personal.

[7] Rapaport, D. Gill. Aportaciones a la teoría           técnica psicoanalítica, Colección Psicoanalítica, Editorial Pax-México.

[8] Ibid.

[9] Lisenko, T. K., citado por Boiteau, Pierre en Evolución de las concepciones biológicas.

[10] Boiteau, Pierre, Evolución de las concepciones biológicas, Colección Problemas Científicos y Filosóficos, unam, México, 1964.

[11] Beme, Eric, Juegos en que participamos, Editorial Diana, México, 1966.

[12] Rapaport, D., Autonomía e independencia relativa del yo. (Aparece en castellano en 13.)

[13] González, J. L., La neurosis y el bolero de Ravel, trabajo leído en la Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría.

[14] Ramírez, S., El ritmo en la comunicación analítica, Cuadernos de Psicoanálisis. México, 1967.

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