Trabajo científico con Alfredo Namnum, en Infancia es destino, en Obras Completas. 1964
Es inevitable recurrir a los clásicos. Freud señalaba:[1]
…damos el nombre de regresión al proceso en el que se lleva a cabo una marcha retrógada a fases anteriores… existen dos clases de regresión: retorno a los primeros objetos que la libido hubo de revestir; objetos que como ya sabemos, son de naturaleza incestuosa, y retroceso de toda la organización sexual a fases anteriores.
Numberg,[2] el magnífico sintetizador de la teoría general de las neurosis, señalaba:
El concepto topodinámico de la vida espiritual nos permite comprender otro fenómeno, conocido con el nombre de regresión. Se designa así un proceso que conduce de nuevo la actividad psíquica a una forma de actuación ya superada, inferior, anterior y más sencilla que la actual… regresiones tópicas, cronológicas y formales… la primera significa que un proceso que se realiza en un sistema elevado lo hace en otro sistema inferior como ocurre en el sueño y en las neurosis, entonces una excitación o un deseo no son expresados con palabras ni desarrollados en forma de ideación lógica consciente y traducidos a una conducta adecuada a la realidad. No están sometidos al proceso secundario, sino al primario (condensación y transferencia) y, obedeciendo al principio del placer se manifiestan en forma de sensaciones corporales e inervaciones motrices, o se transforman en símbolos y en representaciones verbales, incomprensibles para la mentalidad consciente del adulto. Esta regresión de la actividad anímica hasta una fase más primitiva del desarrollo evolutivo no sólo es tópica, sino también formal. Normalmente, además, un acto psíquico originado en el inconsciente debe recorrer todos los peldaños del sistema psíquico para llegar a ser percibido como consciente.
…existen enfermedades en las que puede llegar a la “conciencia”, sin haber atravesado el sistema preconsciente. En tales casos la percepción tiene lugar en forma de cualidad sensorial (alucinaciones)…
…mediante la regresión tópica y formal revive una actitud más precoz del aparato psíquico, tal vez asimilable a la de los niños o quizá también a la de los tiempos prehistóricos, la indicada regresión ofrece, asimismo, un carácter cronológico… puede adoptar patológicamente una forma infantil.
…si la libido tropieza con dificultades que se oponen a su satisfacción y no puede ser desviada hacia el camino de la sublimación, retrocederá hacia aquel punto débil que vendrá a constituir un punto de fijación. Este retroceso de la libido (impulso) ya hemos visto que se llama regresión.
Así, las tendencias parciales se organizan y concentran en los genitales y las de muerte o destrucción se entremezclan con las sexuales, que las amortiguan y atenúan hasta dejarlas casi desconocidas. En el proceso retrógrado de la regresión las tendencias destructivas resultan cada vez más evidentes y en muchas enfermedades se oponen directamente a los impulsos sexuales.
Laforgue[3] señalaba que la realidad era relativa:
En los neuróticos hacen nuevamente su aparición todas las interpretaciones falseadas de la realidad y toda la incapacidad de aprendizaje diferencial (que hacen que todos los acontecimientos externos sean experimentados como repeticiones de unos pocos modelos y que son característicos del yo arcaico).
Freud, necesitando crear un modelo del suceder psíquico, y tratando de diferenciar sus características específicas, escribió en 1911 su ensayo[4] sobre los principios del suceder psíquico. En él nos habla de la aparición, en el proceso de desarrollo, tanto de la memoria como del discernimiento. No sólo eso, sino que expresa:
la descarga motora que durante el régimen del principio del placer había servido para descargar de los incrementos de estímulo el aparato psíquico y había cumplido esta misión por medio de inervaciones transmitidas al interior del cuerpo (mímica, expresión de los afectos), quedó encargada ahora de una nueva función que habría de ser empleada para la modificación adecuada de la realidad, transformándose así en acción.
Al hablarnos de que el suceder psíquico tiene características cambiantes en el curso de la historia de un sujeto, está introduciendo un factor temporal histórico de alto valor genético. La especificidad de respuesta conceptual en un sujeto dado supone un cambio significativo en su habitual manera de ser. El cambio de “suceder psíquico”, en el sueño, en el acto fallido, en el síntoma y en la alucinación, le fuerza irreductiblemente a pensar, que si lo que es, ha sido y seguirá siendo un algo ya existente en el aparato psíquico, en un momento dado —no importando por ahora qué es lo que lo pone en movimiento— de pronto adquiere relevancia y posibilidad de comunicación. Es así como emergen —solamente emergen, no nacen— formas remotas de tipos de relación de objeto y técnicas pretéritas de lidiar con las amenazas que tales relaciones se suponen.
Por otra parte, y a la luz de todo el avance científico actual, es muy importante que evitemos la falacia semántica de confundir los signos con sus significados y retornemos a una forma sincrética de pensar según la cual, sin examen previo, transformamos una metáfora en una idea y sin más trámite confudimos secuencias metafóricas con ideológicas. Con gran frecuencia —en psicoanálisis y otras ciencias, incluso la física— las analogías no pasan de tener un carácter mitológico, en ocasiones poético, pero rara vez científico. No estoy en contra de la analogía, la más alta cúspide de la imaginación creadora, pero a veces puede distorsionar la idea.[5]
Fenichel[6] señala que la promoción a un nivel superior no se produce nunca de una manera completa sino que, junto al nuevo nivel alcanzado, o detrás de él, persisten, en cierto grado, características del nivel preferente.
Freud[7] utilizó el símil de un ejército enemigo que al introducirse a nuevos campos de ocupación, deja tras de sí puestos a los que podrá retornar, tanto para reabastecerse como para replegarse, en caso de que la escalada encuentre dificultades significativas que la obliguen a retroceder por razones económicas.
En años posteriores Freud[8] cita el carácter defensivo y por tanto económico de la regresión; sin embargo, y a pesar de que en este contexto el problema podría dilucidarse, no se simplifica. Esto ya lo percibió Fenichel[9] cuando dijo:
…lo que debe admitirse empero, es que el papel desempeñado por el yo en la regresión es diferente del que desempeña en todos los otros mecanismos de defensa. Los otros mecanismos de defensa son puestos en marcha por una actividad del yo (si bien el yo puede utilizar, en esta actividad, mecanismos más arcaicos y automáticos); en la regresión el yo es mucho más pasivo. La regresión es algo que le ocurre al yo.
También Fenichel expresó que “el prerrequisito necesario para el uso de la regresión como mecanismo de defensa es una peculiar debilidad de la organización del yo”.
Kardiner,[10] en un trabajo clásico, señaló que el bloqueo de algunas funciones, ante la invasión masiva de estímulos susceptibles de desintegrar al yo, llevaba a la pérdida de percepción y apercepción. Se trataría de un recurso primitivo, que incluiría hasta desorganización de la motricidad con objeto de colocar y ubicar todas las catexis “en alerta” enfrente del trauma.
Al promoverse una invasión masiva de estímulos, al cesar las funciones de síntesis del yo o al anularse el aparato protector de estímulos, la respuesta del yo tendería a hacerse primitiva, caótica y total; tal es el caso de la crisis convulsiva o de la respuesta catatónica.
En todos los párrafos anteriores estamos hablando, desde un punto de vista metapsicológico, de retroceso económico y dinámico de fuerzas, sin que por supuesto se excluya la historicidad genética de la respuesta.
En psicoanálisis, y sobre todo en la etapa que precede a la psicología del yo, se enfatiza la regresión a puntos de fijación históricos genéticamente determinados. Por eso hablar de regresiones a puntos de vista zonales, fue la tónica del pensar analítico. Puntos de fijación oral, anal o fálicos y regresión, fue todo uno en gran cantidad de ensayos.
Sin embargo, la regresión, de la misma manera que la progresión, al ser visualizada como proceso más que mecanismo, cambia de dimensión. No se trata sólo de un cambio semántico sino de una distinción conceptual: regresión y progresión, procesos, o si se quiere regresión y sublimación, pero sin excluir en ambas, mecanismos más o menos arcaicos y de diferente filiación. Por otra parte, los mecanismos defensivos que se utilizan en la regresión como proceso, así como en la sublimación, también como proceso, son en una sola y única persona los mismos. Por ejemplo. la modalidad con la cual produce su creación literaria Dostoievski y los elementos temporales de carácter crítico de la misma; los aspectos impulsivos de sus personajes: Raskolnikoff, Smerdiakov y cualesquiera otros, son muy análogos a la forma en la cual el autor “produce” su síntoma. Vale decir que el estilo y los mecanismos de defensa utilizados en la sublimación y en la regresión son los mismos. La psicopatología de Fedor (epilepsia) y la de sus personajes (actividad creadora) son la misma. Quizá lo que cambie sea la dirección de una y otra. La forma en que Raskolnikoff produce su recuerdo pantalla:
…iba al lado de mi padre; un campesino salía con un grupo numeroso de comparsas a quienes quería subir a una carreta de la cual jalaba un jamelgo escuálido y macilento; las fuerzas del animal eran insuficientes para tan pesada carga. Pero empecinado, el borracho azotaba, una y otra vez, al pobre animal que jadeante y fatigado renunciaba a mover las ruedas de la carreta. Enardecido, el campesino, toma una tranca y golpea con fuerza demoniaca al animal, hasta que el mismo cae despatarrado ante los ojos y risas del cortejo.
Este recuerdo pantalla aparentemente tan ajeno a Raskolnikoff se va a poner en movimiento, ya no como recuerdo, sino como repetición cuando con saña golpea con el hacha la cabeza de la usurera y de su hermana Isabel e igualmente se va a repetir estereotipada y condensadamente en un sueño en el que ya no es el cortejo el que ríe sino la propia usurera la que convulsiva y siniestramente ríe y ríe, impune a la fuerza del arma. Raskolnikoff es igualmente usurero y homicida en su conducta con Sonia y con Dunia.
Son cuatro los hermanos hijos de Teodoro Karamazov: Demetrio, Iván, Aliosha y Smerdiakov. Unos le matan directamente: Smerdiakov el epiléptico; los otros disputándole la amante, luchando filosóficamente o sometiéndose a una imagen idealizada. Sin embargo todos son básicamente culpables del delito.
Se podría decir que en cada uno de ellos el proceso regresivo se da en formas diversas. Siguiendo la línea que en una ocasión estuvo en boga, diríamos que desde el punto de vista zonal, en uno la agresión y sus características regresivas se dan en niveles de sadismo oral, en otros la lucha edípica y anal, y en los últimos en niveles sublimados.
Sin embargo, si pensamos que todos y cada uno de estos personajes no son sino uno, como la Trinidad, una única y sola en sí misma, y que a la vez nos abarca en totalidad, tenemos que expresar que el proceso regresivo de igual dirección ha tomado, en virtud de circunstancias concretas, diferente nivel de expresión.
Los ejemplos de tipo literario y artístico podrían hacernos ver el follaje y perder de vista el bosque, o bien introducir palabras o frases descriptivas, pero de ninguna manera explicativas, tales como regresión al servicio del yo, Kris,[11] o regresión al no servicio del yo.
Un ser humano es una totalidad en el más amplio sentido de la palabra. En todos sus momentos, nos encontramos en presencia de la personalidad total; en toda situación se están sucediendo procesos regresivos, adaptativos y sublimatorios con sus concomitantes mecanismos en el área de la comunicación, de la territoriedad, de la afectividad, la agresión y la distancia.
La conducta es unitaria en todos los momentos, sueño y vigilia, integración o desintegración, creatividad o destrucción.
Ya no se puede hablar de dualismo sino como forma didáctica. Hasta la saciedad, Kubie,[12] Montaño[13] y el que suscribe hemos intentado hablar de un monismo psicológico. Resulta falaz el aparente dualismo y el viejo juego dialéctico derivado de pares antitéticos a los que tan habituado está nuestro pensamiento occidental.
Proceso primario y secundario, dualidad del suceder psíquico, maravilloso y siniestro, no serían sino los límites de un espectro en el que se refractasen una misma y única luz con matices que fuesen del infrarrojo al ultravioleta. La teoría neural y neurofisiológica, por su concretismo aparente, pondría en entredicho nuestra afirmación, ya que habla de mecanismos neurofisiológicos de sueños y de vigilia y de centros inductores de los mismos. Sin embargo, son tan burdos sus resultados: ondas cerebrales, R. E. M. y demás que de ninguna manera, ni incluso en la neurofisiología, se podría hablar de ausencia de participación de ciertos mecanismos ante la presencia de otros. Prevalencia no es exclusión. La no verificación de un registro de ondas alfa o beta o movimientos rotatorios de los ojos, no excluye su presencia, sino sólo su expresión.
Por todo esto la regresión, a mi manera de ver, sólo es un concepto didáctico. La afirmación parece herejía, pero la sigo hasta sus últimas consecuencias. Esto no quiere decir que esté en contra de conceptos, que por otra parte no ignoro sino que me son familiares, tales como abstinencia, atención flotante, asociación libre, etc., solamente expreso que tales ideas surgieron de un momento psicoanalítico particularmente absolutista y poco relativista. No sólo en la psicología sino también en la física los conceptos se han hecho relativos. A veces no nos complace, pero el avance de la ciencia no es asunto de complacencia.
De la misma manera que Kubie, Rapaport[14] introdujo el modelo relativista en forma reiterada. Este culminó en su trabajo “Teoría de la autonomía del yo”. Rapaport introduce el concepto según el cual el yo tiene una autonomía relativa con respecto al mundo externo y con respecto al mundo interno; las garantías de esta autonomía son dadas en forma recíproca; señala los experimentos de Hebb,[15] con los cuales se logran producir en forma experimental fantasías autísticas y disminución en la capacidad de seguir secuencias mentales ordenadas, como también la capacidad de recibir y aceptar (indoctrinación) cualquier tipo de información por errónea que sea. Ejemplifica en forma magistral aquellos estados en los cuales se produce una severa interferencia entre la autonomía del yo y el medio ambiente; en el caso de catatonias con ecopraxia, ecolalia y flexibilidad cérea, la obstrucción del yo hacia los impulsos libidinosos y agresivos trae como consecuencia, en ausencia de tal garantía, que el yo quede esclavizado al estímulo procedente del exterior. Una situación similar se da en los estados llamados de “lavado cerebral”. Rapaport nos brinda para conocer dicha condición la muy conocida novela de Orwell, 1984.
En la regresión, la ausencia de estímulos externos, la desconexión del yo, o de los aparatos del yo conectados con la realidad exterior, garantías de la autonomía del yo con respecto al mundo interno, se han abatido. Esto trae aparejada la emergencia de modos de expresión y comunicación peculiares. Efectivamente, la comunicación se desorganiza, o mejor dicho, muestra un tipo de desorganización diferente al vigente en condiciones “normales”. La comunicación aparece casi privada de sintaxis y enlaces lógicos: las formas adverbiales, preposiciones y conjunciones, al desvanecerse, hacen que las imágenes y los conceptos se superpongan, se fusionen y muestren lo que en psicoanálisis, desde Freud, ha sido llamado condensación. La vigencia del principio de contradicción y la oposición de los contrarios requiere, en un suceder psíquico ordenado, de la presencia de conjunciones, ya copulativas, ya disyuntivas, las cuales al perderse, en el suceder psíquico regresivo, lo muestran caótico y desordenado.
No sólo los aspectos formales y estructurales se ven modificados en la regresión; también se alteran profundamente las relaciones de objeto y sus características. De aquí que el criterio de Giovachini sobre la “anatomía de la regresión” sea parcial, ya que incluye sólo los aspectos primeramente enumerados y no así los segundos. De acuerdo con los puntos de vista de Fairbairn,[16] en la regresión y en el proceso terapéutico, al hacer el “exorcismo de los objetos malos”, lucen con toda nitidez las características del viejo y temprano lidiar usado por el yo enfrente del objeto deseado y del objeto odiado. Si como piensa Fairbairn, la represión no sólo es de los objetos sino de las porciones del yo a él enlazadas, cuando la situación regresiva aparece en escena, estamos en presencia tanto del objeto como de la porción del yo a él enlazada.
Cuando Hartmann[17] introduce el concepto de neutralización le da a la regresión una dimensión económica. En igual dirección, aun cuando con diferente énfasis, Kris también da una medida económica a la regresión cuando nos habla de “regresión al servicio del yo”.
Por otra parte, y desde el punto de vista cuantitativo, quiero introducir un concepto, que aunque ya ha sido tocado por Rapaport, no ha merecido la debida atención. Con toda propiedad podemos hablar de regresión óptima refiriéndonos a aquella que nos permite adquisición de insight, visión interior y confrontación de modelos arcaicos y tempranos.
Los modelos, pautas y mecanismos estructurales que aparecen en un sujeto dado no son diferentes en términos cualitativos en su regresión o en su sublimación. Son la nitidez del mecanismo, la dirección del modelo y la brillantez de la pauta los que emergen en uno y otro estado, pero en todo momento podemos trazar las líneas analógicas que llevan desde lo arcaico hasta lo actual (monismo científico de alto rigor).
La regresión, pues, según el viejo consejo metodológico de Freud,[18] debe visualizarse en las dimensiones que proporciona la “bruja metapsicología”. Esto es un encuadre estructural, dinámico, genético, económico y adaptativo. Quiero transcribir unas frases de Rapaport que dan cuenta de la relatividad del suceder psíquico:
…el organismo está dotado con aparatos que lo preparan para el contacto con el medio que lo rodea pero su comportamiento no es esclavo de este medio ambiente, ya que también está dotado con impulsos que nacen de su organización y son las garantías finales contra la esclavización de los estímulos. A su vez, el comportamiento del organismo no es simplemente la expresión de estas fuerzas internas, ya que los mismos aparatos por medio de los cuales está en contacto con el medio ambiente , son las garantías finales contra la esclavización a los impulsos.
Las ideas teóricas previamente expuestas han traído consecuencias técnicas de gran significación. En el Congreso Nacional de la Asociación Psicoanalítica Mexicana del año pasado, Giovachini, al hablar de psicosis y regresión, citó las interpretaciones de eslabón, las cuales implican un énfasis de lo que aún persiste del mundo real en el caos psicótico, de la misma manera como se le podría dar mayor ciudadanía al resto diurno de un sueño que a contenido latente.
Gran parte de las diferencias entre psicoterapia y psicoanálisis hacen recaer la atención sobre la necesidad de promover regresión siempre en el último y sólo ocasionalmente en la primera. El diseño de la situación analítica está configurado de manera tal que promueve regresión.
En el año 1966 las Sociedades Psicoanalíticas de la Costa Oeste llevaron a cabo un simposio sobre regresión.[19] En él se enfatizaron algunos aspectos que quiero comentar. Se anotó que una manera adecuada para medir la intensidad de la regresión podría ser en base a la cuantía de proceso primario o secundario involucrado en la misma y en base también al número de aparatos yoicos absorbidos por el proceso regresivo. Desde este último y peculiar encuadre se puede hablar de regresiones totales o de regresiones selectivas. La regresión puede afectar a sistemas ejecutivos del yo o a sistemas perceptivos. También puede afectar la autoimagen, la autorrepresentación y el autoconcepto de sí mismo, aparejando con ello una perturbación en la propia identidad. En esa reunión surgieron algunas interrogantes, que al hacerlas propias quisiera plantear: ¿Cuáles son los elementos de la regresión que pueden utilizarse con el fin de adquirir visión interna y posterior integración, y por ende fomentarse, y cuáles deben ser eliminadas a la mayor brevedad, porque a la postre se pondrán al servicio de la resistencia y a la desintegración final? ¿En qué medida podemos hablar de analistas que, más allá de la propia situación analítica, estimulan la regresión y tienen gran tolerancia o complacencia por ella? ¿Cuál es el papel que la conducta contratransferencial del terapeuta tiene en la producción de un cierto, peculiar y definido tipo de conducta regresiva?
En la situación analítica existen aparentes paradojas que dejan de serlo si las examinamos con cuidado y rigor. Gran parte del diseño analítico, abstinencia, falta de gratificación, ausencia de información, parámetros temporales no definidos en cuanto a duración de tratamiento se refiere y otras tienden a promover situaciones regresivas. Al mismo tiempo se desea que algunos aspectos del paciente, en alguna forma, conserven altos niveles de integración, tales como el yo observador, con los cuales se alía y refuerza el terapeuta a través de la interpretación y la actitud alerta a la comunicación del paciente, objeto central de la alianza terapéutica. En síntesis, el psicoanalista busca la regresión sin desintegración o, si se quiere, la regresión al servicio del yo.
Lo anterior plantea un dilema técnico permanente: ¿cuál aspecto de la regresión va a desintegrar y cuál es susceptible de ser usado con fines integrativos?
Giovachini indica que “quizá el mejor estado de regresión es aquel en el que fácilmente se acepta el proceso primario y también aquel donde existen suficientes mecanismos adaptativos y de ajuste para convertir el proceso primario en secundario”. Si pensamos gradativamente en cuanto a bondad o maleficio de la regresión tendríamos:
…en el ápice del espectro los sistemas de operación y síntesis actuando con el máximo nivel de eficiencia con comunicaciones al inconsciente y al proceso primario. Conforme se desciende en el espectro se pueden visualizar diferentes grados de inhabilidad para efectuar la síntesis y la comunicación.
Resulta obvio que el grado de regresión deseable siempre ha de evaluarse en términos individuales y de acuerdo a las necesidades particulares de cada paciente. Algunos pueden regresar impunemente en tanto que otros pueden caer en la psicosis al privárseles de información sensorial y mantenerlos en la abstinencia. La regresión, independientemente de que posea cualidades comunes, tiene modalidades estrictamente personales y específicas en un sujeto dado. Al igual que en la creación literaria, hay semejanzas pero también diferencias significativas.
Esto lo intuyó Octavio Paz[20] cuando nos dijo:
…el círculo concéntrico es el modelo del viaje del poeta italiano (Dante); el cabalgar del loco (don Quijote) no obedece a ninguna geometría ni siquiera a la geografía: es un ir y venir sin rumbo y durante el cual las posadas se transforman en castillos y los jardines en corrales. La peregrinación del florentino es un ascenso y un descenso; la del español una sucesión de tropiezos y descalabros. La visión final del Dante es la de la divinidad; la de Don Quijote es un regreso a sí mismo, a la realidad sin grandeza del Hidalgo pobretón. En un caso contemplación de la realidad suprema y conversión del alma; en el otro reconocimiento de nuestra insignificancia y resignación a ser lo que se es. Dante ve la verdad y la vida; don Quijote recobra la cordura y se enfrenta a la muerte.
El descubrimiento de la aparente estructura monolítica en un sujeto dado no es tal si suponemos, con Rapaport, como ya lo hice en un trabajo previo,[21] que:
…las estructuras de cada nivel jerárquico pueden necesitar distinto alimento, desde estímulos sensoriales simples y mínimamente organizados, hasta las experiencias complejas que se encuentran en una sociedad y que mantienen en sus individuos las diferencias ideológicas y las entidades compatibles con esa sociedad.
La regresión, tal y como la concebimos, es una estructura de valor arcaico y la situación analítica brinda el alimento específico para que tal estructura sea posible y consolidable.
En el mismo trabajo, señalaba cuáles eran las características del alimento (situación analítica) que hacían posible que la regresión emergiera y nos brindara una información de tan alto significado: «…desde el punto de vista de la teoría de los juegos, la situación analítica es un juego de dos personas en el que el tema central es uno de los participantes». El diseño del experimento se ha efectuado en forma tal, que de acuerdo a lo señalado por Rapaport, el yo tiende a perder su independencia y su autonomía relativa con respecto al mundo interno. La regularidad, la consistencia, la uniformidad, la abstinencia, con todo lo que a ella le es concominante, inclusive la falta de información derivada de la posición recostada, trae como consecuencia que una de las partes del juego empiece a brindar un peculiar tipo de información. Si se pone atención a la comunicación que brinda el paciente, expresada en forma «libre» (asociación libre en nuestra jerga) bien pronto el observador se percata que más allá de lo aparentemente trivial de la comunicación formal y de su incongruencia existe algo profundamente significativo y articulado. La línea rectora, la temática y la secuencia de lo que comunica un determinado paciente, adquieren características reiteradas y repetidas […] Las características de la repetición señalada incluyen todas las experiencias del sujeto, las actuales y las remotas, las que se dan en el seno mismo de la situación analítica y las que se dan afuera, las que se comunican en la vigilia y las que aparecen en los sueños; es el modo en que se manifiesta el proceso morboso y la forma en que lo hace el resto de la personalidad: afecto, ideación, etc., no contaminados por la enfermedad. El terapeuta, parte observadora del juego, si no incurre en lo trivial o insignificante, es decir, si se mantiene en un estado de atención susceptible de captar lo valedero («atención flotante»), pronto, a la manera de una computadora, registra y agrupa aquello que se repite, que se reitera, que adquiere dimensiones analógicas. Sin importarle el terreno de donde proceda la comunicación, sueño, vigilia, fantasía o pensamiento lógico, va agrupando el material que le es proporcionado y con él edifica una o múltiples hipótesis. El material brindado por el objeto activo del diálogo carece de sintaxis, lo que lo hace aparecer superficialmente confuso o irrelevante. El objeto receptor del diálogo introduce la sintaxis en lo escuchado, agrupa los predicados y se encuentra con que las hipótesis formuladas por él tienen hondo significado científico; efectivamente implican y son implicadas.
La situación analítica es el nutriente específico para promover regresión sin desintegración, regresión al servicio del yo y en beneficio del logro terapéutico. La regresión tiene un lenguaje específico cuyos signos deberán ser comprendidos por el terapeuta y el paciente. No olvidemos que:
…somos un signo que alguien hace a alguien, somos el canal de transmisión: por nosotros fluyen los lenguajes y nuestro cuerpo los traduce a otros lenguajes. Las puertas se abren de par en par: el hombre regresa. El universo de los símbolos también es un universo sensible. El bosque de las significaciones es el lugar de la reconciliación.[22]
[1] Freud, S., Introducción al psicoanálisis, en Obras completas, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 1948.
[2] Numberg, H., Teoría general de las neurosis basada en el psicoanálisis, Editorial Pubul, Barcelona.
[3] Laforgue, R., The ego and the conception of reality, en Int. Journ. of Psych., vol. xx, 1939.
[4] Freud, S., Los dos principios del suceder psíquico, en Obras completas, tomo ii, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 1948.
[5] Kubie, L., El proceso creativo, su distorsión neurótica, Editorial Pax, México, 1966.
[6] Fenichel, O., Teoría psicoanalítica de las neurosis, Editorial Nova, Buenos Aires.
[7] Freud, S., Introducción al psicoanálisis, en Obras completas, tomo ii, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid.
[8] Freud, S., The problem of the anxiety, Norton, New York, 1936.
[9] Fenichel, O., Teoría psicoanalítica de las neurosis, Editorial Nova, Buenos Aires.
[10] Kardiner, A., The bio-analysis of the epileptic reaction, en Psych. Quart., 1933.
[11] Kris, E., Psicoanálisis y arte, Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina.
[12] Kubie, L., El psicoanálisis como ciencia, Hilgard, E. Kubie, L. Pumpian, Universidad Nacional de México, 1960.
[13] Montaño, G., La entropía y la teoría de la libido, en Anuario del Colegio de Psicología, Fac. de Filosofía y Letras.
[14] Rapaport, D., Aportaciones a la teoría y técnica psicoanalítica, Editorial Pax, México, 1962.
[15] Heb b, D., The organization of the behaviour. A neuropsychological theory, Nueva York, Wiley, 1949.
[16] Fairbairn, R., Synopsis of an object-relations theory of the personality, en Int. ]ourn. of Psychoanal, vol. 44, 1963.
[17] Hartmann, H., La psicología del yo y el problema de la adaptación, Editorial Pax, 1961.
[18] Freud, S., Analysis terminable and interminable, 1937, en Collected Papers 5; pp. 316-357, London Hogarth, 1950.
[19] On Regression: A workshop, en The psychoanal. Forum, vol. 2 núm. 4, winter, 1967.
[20] Paz, O., La nueva analogía, en El Día, 2 y 3 de agosto de s1967, México.
[21] Ramírez, S., La ciencia y la situación analítica, no publicado.
[22] Paz, O., La nueva analogía, en El Día, 2 y 3 de agosto de 1967, México.
