1970
En 1970, con la asistencia del secretario de educación, Agustín Yáñez, se llevó a cabo la I Reunión Nacional de Orientación Vocacional organizada por la SEP en Mérida, Yucatán, el 20 y 21 de abril de 1970. El primer día presentaron su ponencia varios conferencistas, José Cueli entre ellos. En la tercera mesa el único ponente fue Santiago Ramírez. Ésta es la conferencia, los comentarios que se hicieron y las respuestas de SR.
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Secretaría de Educación Pública
Secretaría de Asuntos Culturales México, 1970
MESA REDONDA REALIDADES POSITIVAS Y NEGATIVAS DE LA ORIENTACIÓN EN MÉXICO. BASES HISTÓRICAS
Dr. SANTIAGO RAMÍREZ
Abordar el tema de la ponencia que tengo el privilegio de presentar a ustedes en una forma concreta y sin hacer referencias a nuestra historia sería particularmente estéril e infructuosamente pragmático.
Por ende me referiré al pasado y a la proyección que el mismo tiene sobre el presente y sobre cualquier política vocacional u orientativa en nuestro país.
La morada del hombre en México tal como lo señala Silva Herzog, ha sido inhóspita. La geografía nacional, desarticulada por la montaña, es intrincada y difícil. La montaña ha sido el personaje más importante de la historia de México.
Entre el mar y el hombre del altiplano, cadenas interminables de montañas, naranjas, rosas, violetas; agudas, ásperas, sedosas, pero siempre la montaña, la interminable montaña. El intrincado complejo cultural náhuatl se estructura, define y aisla en valles y cuencas rodeados por montañas.
En el pasado más remoto, complejas migraciones y horizontes culturales convergieron al altiplano. En él se hizo poesía el barro, al plasmarse en la estética de figuras femeninas de cerámica que nos brindó el llamado período preclásico. De cerca del mar, del Golfo, los olmecas, hombres del país del hule, aportan la sonrisa del jaguar a la cerámica del valle. Después de amalgamarse fuertes corrientes civilizadoras, la cultura cristaliza en una cosmovisión que abarca las artes, las ciencias, la religión, el culto y la política. Esta fuerza cristalizadora mantiene una unidad y una cohesión extraordinaria. La estructura del mundo náhuatl, mágico-religiosa en sus raíces, es profundamente centralista. Alfonso Caso nos señala que una de las ideas fundamentales de la religión azteca, consiste en agrupar a todos los seres según los puntos cardinales y la dirección central de abajo a arriba. Los cuatro hijos de la pareja divina que representa la dirección central arriba y abajo, es decir, el cielo y la tierra, son los regentes de los cuatro puntos cardinales.
Este eje divino que agrupa lo disperso y unifica el caos, ha sido colocado por el hombre en el centro mismo de su existencia: Tlohque Nahuaque expresa el náhuatl, con lo cual quiere decir el señor del cerca y del junto. Ya expresaba Westhein que en el arte monumental prehispánico la medida de todas las cosas es el mito, de la misma manera que en el arte griego, la medida de todas las cosas es el hombre.
Este centralismo mágico-religioso va a invadir todos los instrumentos de cultura en el mundo náhuatl. En política habrá una pareja gobernante: Tecatecuhtli y Cihuacóatl, que comparten el poder. La seguridad, se encuentra en el centro, donde habita la pareja primordial.
El oriente representa la zozobra, la espera inquietante de un sol que puede no aparecer. El poniente, la depresión y la pérdida. El sol ya blanco, agotada su energía vivificante, entra a la región de los muertos. El centro es hierático y adusto. Su sentimiento, pensamiento y acción están polarizados a la divinidad. La amenaza se encuentra fuera del centro: “Al mar se fue Quetzalcóatl y así llegando a la rivera del mar mandó hacer una balsa hecha de culebras, en ella entró y asentóse como en una canoa y así se fue por la mar navegando”. Una profecía célebre hizo Quetzalcóatl cuando predicó en Chollolan: “Y que en un año señalado con el jeroglífico uno-caña, vendrían de la parte oriente, por sobre las aguas del mar, unos hombres blancos y barbados que les despojarían del dominio de la tierra. Señoreándola toda, les harían abrazar la ley del evangelio”. Si a esto agregamos los límites impuestos por la geografía, entenderemos, al menos en parte, la limitación poco expansiva de la cultura prehispánica. Uno o dos siglos antes de la llegada de los españoles, la teocracia militar sustancialmente azteca, empieza a hacerse expansiva, militarista y comercial. Comerciantes y guerreros forman la punta de flecha de una expansión que bien pronto va a ser decapitada por la Conquista.
México no es un país, sino varios
Es por ello que México no es un país, sino varios países, como lo señala González Pineda, con identidades múltiples poco reconciliables. Lo mexicano y el mexicano entran a la historia con signos peculiares. Uno de nuestros mejores historiadores, Silvio Zavala, ha expresado: “México es un país de contactos difíciles, ha mantenido relaciones pero no vive en relación, ninguna de sus salidas representa el ejercicio de una actividad normal. Media algún desajuste que no impide finalmente el contacto, pero que sí lo enrarece”.
A principios del siglo XVI, la población indígena de Mesoamérica, entendiendo por tal el México actual y Centroamérica era, según cifras conservadoras, de tres millones trescientos mil habitantes. Lo que actualmente se conoce como México contaba con una población mínima de dos millones cuatrocientos mil habitantes. Cabe suponer que en el seno de esta gran comunidad existían conflictos, ansiedades y tensiones. Efectivamente, este grupo de habitantes no formaba ni con mucho un todo homogéneo. Diferencias idiomáticas, políticas y militares hicieron que ciertos grupos prevalecieran sobre otros, trayendo consigo problemas que a grandes rasgos describiremos.
La preponderancia de un grupo sobre otro, era habitualmente el resultado de conquistas de tipo militar cuya consecuencia final era el producto de un doble juego de fuerzas. Por una parte, la declinación del grupo social dominante hasta ese momento, y por la otra, fuerzas agresivas y acometivas del grupo recientemente incorporado al panorama. En estas circunstancias, desde el punto de vista de la preponderancia política y militar, la historia de Mesoamérica es la sucesión de superposiciones culturales de acuerdo a las cuales la cultura de nueva incorporación somete y sojuzga a la precedente. Las características de este sometimiento cultural tiene una serie de peculiaridades que lo harán único desde el punto de vista histórico.
El sometimiento crea un fuerte sentimiento de ambivalencia. Simultáneamente se admira y se odia al conquistador. Los sentimientos de respeto y de adulación están prontos a ser sustituidos por los opuestos: hostilidad, rencor y venganza en el momento en que las circunstancias lo permitan.
Las diferencias sociales jerárquicas que median entre una y otra clase, en particular entre el pueblo y la aristocracia militar y religiosa, son de tal magnitud que constituyen terreno fértil para la expresión de situaciones de conflicto y de drama.
Es necesario señalar que las metas de las culturas prehispánicas eran sustantivamente espirituales y que sus fines políticos y militares se encontraban subordinados a intereses de naturaleza religiosa. La guerra entre ellos era propiciatoria a metas espirituales y muy secundariamente al logro de propósitos de naturaleza material. A la llegada de los españoles eran bien claras las tensiones sociales en el mundo indígena.
A su llegada a América, la imagen del español se visualizó de dos diferentes modos: el grupo dominante vio en ellas una amenaza no de carácter objetivo, sino subjetivo. Los sentimientos de culpa se hicieron cuerpo en el caballo y en el fuego de los conquistadores. La clase socialmente sometida vio en la imagen de los españoles la esperanza que había de liberarles de una dependencia demasiado pesada y fatigosa a sus espaldas.
Ambos factores fueron utilizados intuitivamente por los conquistadores. Además, las pautas culturales del español habían adquirido en esos momentos un sentido de autoafirmación y suficiencia histórica. La religión era para el español emblema justificante y pretexto de su grandeza. Las guerras de reconquista y la expulsión de los judíos de la península ibérica lograron que el español tuviera un sentido mesiánico de su destino, en base al cual justificaba sus actos cualesquiera que fuese la naturaleza de ellos. Sánchez Albornoz sintetiza la actitud hispánica en forma bien concreta con esta frase: “España vino a las Indias con espíritu de cruzada y rapiña, con la cruz en lo alto y la bolsa vacía. Con codicia de riquezas y de almas y con la civilización y libertad occidental que habrían de crear el mundo de hoy en la punta de las espadas y las lanzas”. Podemos decir que lo que conquistó al mundo indígena fue la imagen idealizada en fuerza e inmortalidad (los teúles) que el propio indígena llevaba en sus entrañas y que circunstancialmente colocó en el español. Alfonso Reyes señalaba que, en rigor, la conquista había sido un encuentro entre el caldero de fierro y la vasija de barro y que, inevitablemente, en este encuentro sería el caldero de fierro el que habría determinado la ruptura del encuentro.
Se encontraban frente a frente dos mundos diferentes: el aventurero pragmático y realista del español del XVI y el mítico y mágico del aborigen.
“Los españoles, émulos casi un siglo anticipados a don Quijote, en general procedentes de la meseta castellana, prisioneros de una tierra seca, sometidos recién libertos; buscaban ubicación en el mundo fantástico de los molinos de viento y las Dulcineas de pechos generosos”.
En verdad, el conquistador español fue producto de su tiempo.
Habitualmente era segundón, y encontraba en la conquista el camino del triunfo y la adquisición de un mayorazgo que el destino le había negado. El mismo Palacios, en el trabajo antes mencionado, trata de plasmar el drama de la conquista en el análisis de las dos figuras sobresalientes del encuentro: Hernán Cortés y la Malinche. En un comentario a dicho trabajo expresé: “Dos seres profundamente desgarrados que van a jugar y a representar en la pantalla de su tiempo su drama interno, disociado y aterrador. El uno, Hernán Cortés, quiere demostrar que sí puede y la otra que sí existe. El destino les va a demostrar al uno y a la otra que en realidad nunca pudieron ser y siempre estuvieron muertos.
El conquistador no era hermano del nativo
La conquista de Mesoamérica fue posible en función de los hechos antes señalados.
Sicológicamente, podríamos expresar que el nativo bien pronto se dio cuenta de que el conquistador no era el hermano que había de libertarle del padre cruel y agresivo que le sometía y tiranizaba, sino que simplemente había sustituido un padre por otro. Este nuevo padre utilizaba formas de tiranía novedosa, era codicioso y pragmático, renacentista; tenía atributos de religión, lenguaje y modos incomprensibles y dramáticos.
Dos culturas, una que mira hacia dentro, que ha encontrado, como expresa León Portilla: “La razón filosófica de la existencia en la flor y el canto”, y otra que mira hacia afuera.
León Portilla nos tradujo del Libro de los Coloquios el siguiente párrafo, argumentación indígena al impacto del encuentro conquistador: “Puesto que ya nuestros dioses han muerto, déjennos pues ya morir, déjennos ya perecer”.
Para el pensamiento religioso español, en ningún momento cupo la posibilidad de una conciliación, por eso su llegada barrió con todas las manifestaciones externas del anhelo y el espíritu religioso indígena. Claro está que la supervivencia de la religión indígena en forma de culto cristiano sigue siendo un fenómeno presente hasta nuestros días. Cardoza y Aragón al respecto expresaba: “El corte de la tizona española no nos ha separado del mundo antiguo de la poesía primigenia y original de nuestra carga explosiva y mágica.
El panorama histórico del mundo que se inicia lleva el signo del conflicto y de la tensión social: Un grupo pequeño y homogéneo en intereses e ideología, domina a varios sectores sociales a los que no comprende, y no toma en cuenta. Es claro que la fuerza política de la Colonia descansó básica y sustancialmente en la población blanca y europea. No sólo, sino como señala Aguirre Beltrán, en el curso total de la Colonia la metrópoli, España, refuerza con españoles europeos sus cuadros dirigentes en el gobierno, en la economía, en la religión, en la medicina y así consigue mantener una casta social y culturalmente diferente, colocada en posición de dominación sobre el resto de la población.
El mexicano de la Nueva España, salvo contadas excepciones, fue el resultado de la conjugación de varones españoles con mujeres indígenas. La valorización que el español hizo de la mujer indígena fue negativa. El español apreciaba sus protoimágenes en todos los órdenes, todo lo que había dejado al otro lado del Atlántico y no encontraba en la tierra de conquista. La mujer es devaluada en la medida en que paulatinamente se la identifica con lo indígena, el hombre es sobrevalorado en la medida en que se le identifica con el conquistador, lo dominante y lo prevalente. En esta paridad masculino-femenino, activo-pasivo, conocida en otras culturas, la mujer es objeto de conquista y posesión violenta y sádica, su intimidad es profundamente violada y hendida.
Equiparar una serie de categorías
El mestizo va a equiparar paulatinamente una serie de categorías: fuerza, masculinidad, capacidad de conquista, predominio social y filiación ajena al suelo con un fuerte signo masculino. Debilidad, femineidad, sometimiento, evaluación social y fuerte raíz telúrica serán rasgos femeninos e indígenas.
Todo lo indígena, lo devaluado a los ojos del español, trató de ser borrado. En este marco —como es de esperarse— no cabe ninguno de los valores previos, no hay sitio ni para la arquitectura prehispánica, ni para las ideas cosmológicas y cosmográficas, ni para los estilos de vida previos. Si querían sobrevivir deberían esconderse, disfrazarse y adoptar nuevas formas.
Conforme los años de la colonia pasan, la presión que el mestizo ejerce en la fisonomía de la época, es cada vez más intensa. Además, como señala Zavala, el odio entre los criollos y los peninsulares llegó a exacerbarse. Se dividió también el clero alto, partidario del gobierno español, del bajo, que dio sus mejores jefes a la insurgencia. La lucha de la Independencia tomó caracteres sociales y atrajo a las clases mestizas e indígenas, más interesadas al parecer en las ofertas de índole agraria y en la liberación de los tributos que en los aspectos políticos del movimiento. La lucha de Indepedencia excluyendo las circunstancias históricas que en un momento determinado la hicieron posible, es la necesidad de afirmación enfrente del padre. Justamente en ella se erige como estandarte simbólico a una virgen india, la Virgen de Guadalupe. Al grito de ¡Viva México! el mestizo y el criollo tratan de apoderarse en forma desesperada de la paternidad, del poder y la masculinidad. Sin embargo, en la consumación de la Independencia, una vez más el triunfo se le escamotea al hijo desvalido.
Son los criollos conservadores e hispanistas los que consuman el proceso histórico, desvirtuando el sentido profundo que en él se encontraba implicado. Los conservadores de México no deseaban ser gobernados por los liberales de la metrópoli; de ahí que la Independencia se consumara con el apoyo de quienes, como Iturbide, habían combatido a los antiguos insurgentes. Por eso los primeros momentos de la Independencia fueron confusos y se pagó con un conato de imperio.
En aquel entonces, la imagen del hombre de los Estados Unidos de Norteamérica empezaba a cobrar significación; se trataba del hermano mayor que en condiciones de igualdad se había rebelado contra la autoridad paterna representada por Europa. Las ideas de libertad francesas y estadunidenses fueron el ideario con el cual se explicaba, justificaba y ejemplificaba la lucha contra el padre. Después de la independencia, la figura de los Estados Unidos paulatinamente va montando en la conciencia nacional. De hermano mayor, predecesor en la gesta de Independencia, empieza a adquirir las características del padre posesivo. La mutilación geográfica del territorio nacional se vive real y simbólicamente como una castración. La necesidad de valorar lo ajeno, fue lo que hizo que se fomentara la inmigración sin ninguna restricción ni garantía para el propio México. Se pensaba que era menester atraer inmigrantes para mejorar las condiciones negativas de lo nativo. La consumación de la Independencia de ninguna manera creó la unidad apetecida. El problema de la tenencia de la tierra fue cada vez un foco de mayores tensiones. Reformistas teóricos, los de 1833, perseguían tres fines: destruir los fueros eclesiásticos, hacer entrar en la circulación general la riqueza de bienes de manos muertas —los que no podían enajenarse— y por último, transformar mediante la educación el espíritu de las nuevas generaciones.
La guerra de secesión de los Estados Unidos 1861-1865 hizo posible la intervención europea en México. La pugna entre los nacientes imperios anglosajón y francés, así como la guerra de secesión antes señalada, hicieron que durante algún tiempo el lugar predominante, sustituto de la vieja España, fuera ocupado por Francia. La guerra de intervención y el fracasado intento de Francia al pretender formar un imperio en México, hicieron nuevamente que los sentimientos ambivalentes se canalizaran hacia este punto. La sociedad mexicana se afrancesó, se admiraron la literatura, el gusto y las formas y estilos de vida franceses. Todos los valores telúricos una vez más se desprecian, se admira lo ajeno y devalúa lo propio.
Identificación del conquistador con las ideas conservadoras
Los partidos conservadores y las instituciones religiosas, siempre aliadas al punto de vista del conquistador y a la prevalencia de lo importado, son por ello identificados en la mentalidad del mexicano. El estado general de cosas sobre el que toda esta serie de acontecimientos se desarrolla está agudamente descrito por Lorenzo de Zavala. Así nos pinta la primera mitad del siglo XIX: “De siete millones que ahora ocupan el inmenso territorio, cuatro al menos son de indios o gentes de color, entre los cuales el 90 por ciento están reducidos al estado que he dicho anteriormente. Sin propiedad territorial, sin ningún género de industria, ni siquiera la esperanza de tenerla algún día. De consiguiente no existe en el país aquella gradación de fortunas que forman una escala regular de comodidades en la vida social, principio y fundamento de la existencia de las naciones civilizadas”.
Es una imagen de la Europa feudal sin el espíritu de independencia y el enérgico valor de aquellos tiempos. Debido al eterno patrón a que nos hemos referido, la restauración de la república no cumplió los fines esperados. Sin una maduración sicológica adecuada y sin planeación inteligente, indefectiblemente la república restaurada desembocó en la dictadura y en la prevalencia de regímenes cuyas características son reflexión de los precedentes y anteriormente atacados.
La clase social que adquiere la hegemonía política y económica es admiradora de lo ajeno y depredadora de lo propio. Valoriza todo aquello que significa estilo foráneo y rechaza aún sin estudiarlo todo lo propio: artesanía, industria, valores arqueológicos, etcétera. La gran hecatombe revolucionaria es el resultado de la lucha contra la dictadura, contra el padre ajeno y afrancesado, poderoso y arbitrario, distanciado del hijo débil e indígena. A la vez, la Revolución Mexicana es un intento desesperado de encontrar la propia identidad perdida.
En la Revolución también la figura de la soldadera se inmortaliza en canciones épicas y es el baluarte y apoyo del hijo contra el padre. La Revolución también fue la única forma en que la mujer pudo hacer expresiva una sexualidad reprimida y soterrada, la única vía mediante la cual patentizó la fuerza de un instinto tan larga y violentamente reprimido. Todo lo masculino que en ella había, le llevó a impulsar al guerrillero el cual era su masculino proyectado, contra todo lo que la sojuzgaba y ataba. Además, su femineidad en la relación con su hombre, más que en el vínculo con su hijo, se hizo patente y manifiesta. Fue un momento de la historia de México en que la mujer, tal vez como nunca hasta entonces ni después, pudo expresar su femineidad más como mujer que como madre.
La Revolución: un movimiento sustancialmente instintivo
La revolución fue un movimiento sustancialmente instintivo y sin racionalismos. Necesidad básica que hacía eclosión después de tantos años de estar constreñida al silencio y a la represión. Es interesante señalar que nace despojada de justificaciones teóricas e ideológicas.
Liquidada la Revolución, México entra en paz y tiene tiempo de recapacitar acerca de sus propios valores. Por primera vez dirige sus ojos a lo propio, las expresiones plásticas de todos conocidas son el resultado de la necesidad de expresar, en forma sublimada, los contenidos básicos del alma mexicana. En la novela, en la música y en las restantes manifestaciones estéticas se bucea en busca de la propia identidad. En forma tenaz se busca una explicación y una justificación, tanto a nuestra historia, como a los valores telúricos que nos definen y explican.
Nuestra relación con los vecinos ha sido difícil. Zavala expresa: “entre los Estados Unidos y México media un recuerdo histórico de conflicto territorial que ha pasado a los manuales escolares y que afecta el corazón de la nacionalidad”. La desigualdad en la riqueza y en el desenvolvimiento técnico produce reacciones de molestia ante el vecino omnipotente, con capacidad para la civilización progresista moderna, que unas veces ha admirado y otras visto como un peligro creciente. La imagen que pueda acercarse más a esta situación, la relación entre Estados Unidos y México, es la de un rascacielos que se yergue junto a la casa menor vecina a la que resquebraja y amenaza; convierte la vecindad en una constante tarea histórica, en un apuntalamiento penoso del propietario pequeño que no quiere renunciar a su predio y que aparece siempre en el momento de las reclamaciones como deudor y no como acreedor del vecino poderoso.
Haciendo nuestras las conclusiones de Zavala expresaremos: “nuestra historia no ha sido la de una nación llamada fácilmente al gozo general de la riqueza y el poderío. Han surgido a menudo contiendas trágicas y desigualdades profundas para cuya superación gradual se ha necesitado tanto del idealismo, como del esfuerzo generoso de nuestros mejores hombres”.
Creemos que tales complicaciones conceden a esta historia un vivo interés humano. Ella ha preparado al espíritu mexicano para enfrentarse a la vida con valor y resistencia, a veces, con dotes creadoras, que otorgan a este pueblo algún derecho a ser estimado como miembro apto de la gran familia universal. Terminaremos estas breves reflexiones haciendo notar que México, como ningún otro país, intenta adquirir conciencia de su personalidad y manera de ser a través de sus diferentes manifestaciones: arte, pensamiento, ciencia, auto-observación ante el inminente temor de perder su identidad. En todo este escarceo, encontramos sustancialmente a un mexicano en busca de filiación, de identidad, lleno de contradicciones y afirmaciones, motivo de orgullo y desprecio, de ternura y de hostilidad. La contradicción es nuestro signo.
Los troqueles de conducta, en el sentido Carusiano, van a determinar una praxis dinámica que habrá de reflejarse en los modos de comportamiento. El troquel se genera en la infancia y en las instituciones primarias, cuidados familiares, tratamiento de la cría, confianza básica, independencia, etc., y se van a proyectar como modelos de comportamiento en las instituciones secundarias, escuela y vida social, ideológica, funcionamiento político, etc. Mientras no se busque una correlación óptima, dialécticamente contradictoria, pero no excesiva o escasa, el conflicto estará pronto a estallar.
Debemos definir con precisión el mundo probable en el que habrán de vivir nuestros hijos con el objeto de evitar disonancias catastróficas. El mundo en que actualmente vivimos ha mostrado una contradicción dialéctica con el troquel en que fuimos formados que sin género de dudas nos lleva a calificar de obsoleta e inerte nuestra praxis temprana.
Es nuestro deber agilizar, cambiar y modificar las formas tradicionales de educación temprana para preparar al joven a un mundo diversificado y en permanente cambio.
Agradezco a ustedes la oportunidad para haberles expuesto temas y reflexiones que desde hace años son objeto de mi interés. Muchas gracias.
Comentarios
Dr. SantiagoRramírez:
En el curso de las charlas que hemos venido teniendo, se han planteado algunos problemas que me parece de particular importancia enfatizar, desglosar y definir en términos precisos y significativos. Por ejemplo, se ha hablado en forma permanente y ha sido motivo de discusión y de ponencia, un dualismo entre el individuo y la sociedad; se ha planteado también un dualismo al parecer bastante significativo, que haría irreconciliables los problemas del hombre, entre el hombre interior y el hombre exterior; yendo más allá y extrapolando algunos de los conceptos vertidos en el curso de estas charlas, se ha enfatizado también mucho la diferencia entre instituciones primarias e instituciones secundarias. Creo que tales diferencias, que tales dualismos aparte de ser anticientíficos son inoperantes. Son anticientíficos porque el monismo en ciencia no solamente en las ciencias físico-matemáticas, sino también en las ciencias sociales, es realmente el único principio operativo de las mismas; se ha hablado de muchas situaciones dicotómicas, tal parece que una situación fuese contraria de la otra, el individuo sería una cosa y la sociedad la otra, el hombre interior sería una cosa, y el hombre exterior sería otra.
Tales situaciones no son sino hechos totalmente falaces, yo creo en un monismo dialéctico donde en todo individuo se encuentra representada la sociedad a que pertenece y en toda sociedad se expresan los individuos que la constituyen; creo que en todo hombre interior se encuentra un hombre exterior, que le da substancia y lo connota y en todo hombre exterior se encuentra la interioridad misma del hombre, por otra parte también lo sabemos, en toda institución primaria, entendiendo por tal aquellas instituciones encargadas del manejo de la crianza, de los cuidados tempranos, de la lactancia, de la ayuda, de la ternura, del contacto, en estos aspectos primarios, se encuentran presentes los ideales de la institución secundaria.
Por otra parte, todas las instituciones secundarias se encuentran diseñadas con el propósito de que aquello que en alguna ocasión fue primario como el tratamiento de la crianza, tenga la posibilidad de expanderse, de realizarse en el ámbito social en el cual el sujeto va a tener su desarrollo.
Es importante que conozcamos esto, porque con mucha frecuencia se establecen situaciones de contraste y antagonismo que no hacen sino complicar sustantivamente el problema. Podríamos decir que en términos generales en una cultura dada, y esto como ley general tanto para la ciudad como para el campo de nuestro país, el niño va a entrar en contacto con su ambiente, el niño sujeto va a entrar en contacto con los objetos que le rodean; así se va a lograr que las necesidades de este niño que se asoma a un mundo vayan a quedar impresas, marcadas, definidas, orientadas y dirigidas. Es a esto a lo que denominamos en psicología contemporánea la praxis de un individuo. No es banal y circunstancial la forma en que la madre le brinda la lactancia y más antes no es banal la forma en que la madre concibe al hijo, con goce, sin goce, con orgasmo, sin orgasmo, con placer, sin placer, etcétera. El niño va a traer impresa desde antes de su concepción una serie de ideales externos provenientes de la comunidad donde nace, en la cual se le da a manera de troquelado, una determinada praxis.
Esta praxis va a entrar paulatinamente en mundos cada vez más amplificados y de la relación simple, temprana, simple, aparentemente simple en relación a la complejidad ulteriormente adquirida a los contactos del niño, esta relación simple, repito, con la evolución se va a ir troquelando, se va a ir grabando, se va a ir modelando, va a dejar una impronta en el niño, impronta que ulteriormente va a matizar los problemas, que posteriormente tendrá que afrontar en los momentos sucesivos de su desarrollo; por eso el maestro, por eso el educador, va a encontrarse con un niño que tiene hecha una praxis, un niño que tiene hecho un troquel. Es absurdo, banal y pueril el que ustedes piensen que las gentes son porque sí, yo soy terco porque así nací, soy obstinado porque así nací, soy rebelde porque así nací. Realmente son muy pocas las cosas que somos porque así somos; la mayor parte de las cosas son porque así las aprendimos, es que el aprendizaje del mundo externo, recordando alguno de los comentarios que hizo el licenciado Trillo, es el que le va a imprimir una dirección a nuestras necesidades, a nuestra manera de ser; le va a imprimir un troquel que va a constituir nuestra praxis. Muy frecuentemente en estas edades tempranas, se nos va a hacer que seamos, no lo que espontánea y naturalmente desde el punto de vista de un desarrollo “normal” podríamos ser, sino que se nos va a imprimir una praxis en la cual están determinadas muchas de las características que ulteriormente ha de tomar nuestro destino. Las pautas de conducta inicialmente troqueladas en la infancia habitualmente no son conscientes; todos ustedes tienen una conducta verbal lingüística, todos ustedes hablan español, muchos de ustedes con un acento particular, este acento que los particulariza no viene en sus genes, no lo heredaron de sus padres, sino lo aprendieron tempranamente, pero lo aprendieron con tal reiteración, con tal repetición significativa, que va a transformarse en un modelo de comportamiento en la edad adulta. La forma de comportarse en la edad adulta va a estar connotando cómo fue la infancia en todas las áreas: la mujer que es frígida, estará connotando una historia de represión sexual temprana, la mujer que hable español estará connotando un aprendizaje lingüístico en un país hispanoamericano de lengua española, la mujer o el hombre que hablan inglés estarán connotando por su conducta lingüística una determinada historia. No es una vocación surgida de un modo súbito, sino es algo aprendido; no tuvieron ustedes vocación para hablar español, no necesitaron de alguien que les orientase para hablarlo, fue el aprendizaje, la reiterada, repetida y constante interacción entre sus procesos de desarrollo lingüístico y del ambiente en el cual se encuentran, lo que va a condicionar y a matizar el lenguaje que ustedes hablan.
Esto que estoy refiriendo con respecto al lenguaje lo podemos decir con respecto a prácticamente todas las instituciones y todas las realizaciones del ser humano en diferentes áreas; ahora bien, es muy importante señalar como se ha venido señalando y esta ponencia está dirigida en este sentido, que el mexicano, en virtud de su historia —pues debo agregar que además de la ya propuesta unidad del ser, de no existir la dualidad de individuo y sociedad, mundo externo, mundo interno, aparte de eso, planteo que tampoco es tan aguda la diferencia entre el pasado y el presente: somos lo que nuestro pasado nos ha hecho, no podemos desligarnos del pasado que nos estructuró y nos formó, somos historia y podríamos decir en una frase un tanto lapidaria que toda conducta, inevitablemente es un trozo de historia, un trozo de historia que se está expresando en el hacer y el suceder cotidiano.
Me parece que es muy importante también por otro lado señalar que siempre tiene cierto tono la historia, y en esa medida no debemos olvidar que esa historia al hacerse presente y al transformarse en conducta y en causa de comportamiento, transmite también sus características negativas; en consecuencia, todo proceso educativo debe tener en cuenta esas características negativas de nuestra historia que nos han estigmatizado, marcado y troquelado para orientar los propósitos de cambio. Muy frecuentemente planeamos el cambio de nuestra historia, buscando mejorías y acercamientos a una sintaxis anglosajona, a una lengua que nunca hemos hablado, ni nunca, eso ya sería un poco más aventurado decirlo tendremos que hablar. Es importante lo que les estoy señalando porque si ignoramos que nuestra historia se expresa en nuestro presente, y que nuestro presente es un trozo de historia y que la historia se expresa a través de nuestra conducta, y que si tratamos de buscar cualquier nuevo aprendizaje rectificador de nuestra conducta tendremos que recurrir a las condiciones históricas, tanto sociales como individuales que formaron el mundo externo de nuestra historia, el mundo externo de nuestra infancia, que luego se interiorizó y ahora llevamos en nuestro interior. Hablamos el español porque estamos repitiendo una historia de aprendizaje que nació en el siglo XVI y se ha continuado con ciertas modificaciones y ciertos cambios hasta nuestros días; nuestro lenguaje está expresando que somos historia individual e historia social; e historia de una serie de sucederes y de aconteceres que tuvieron lugar en el curso de cuatro siglos. Todas estas características son importantes, pero quiero señalarles algunas otras porque podría ser de utilidad para que pensásemos en la situación de cambio.
Cuando tratemos de educar, si realmente queremos que el sujeto escuche un llamado social para ser consecuentes con el propósito progresista de la educación, será necesario tener presente algo que es de particular significación: el cambio en la praxis aprendida en la infancia al expresarse en conducta, el devenir de nuestra pauta infantil con respecto a nuestro comportamiento adulto, deben tener una cierta relación dialéctica que no sea demasiado aguda, porque si la diferencia de lo que aprendimos y la forma en que tenemos que comportarnos es particularmente aguda, se va a suscitar el conflicto.
La educación, la política, las relaciones económicas, las relaciones de producción, la participación en los medios modernos de producción y los medios de comunicación, han cambiado muchas pautas tradicionales, a pesar de nuestra propia participación en el cambio. Ello obedece a que la mayoría de las aportaciones tecnológicas, no proceden de nuestra propia cultura sino de culturas ajenas, de las cuales las importamos como instrumentos de uso, de producción o de comunicación. Su diferente origen explica los cambios que están ocurriendo en las instituciones secundarias, educativas, publicitarias, económicas, de relaciones sociales, de juego erótico, de matrimonio, etc. Las culturas de donde proceden esas tecnologías se encuentran tan ajenas a nuestra praxis, se encuentran tan ajenas al modelo que aprendimos de nuestra situación familiar, que existe un conflicto brutalmente agudo y brutalmente traumático, en lo que se nos enseño que deberíamos de ser y lo que el mundo demanda que seamos; o sea, si a mí se me ha preparado en forma sistemática para el manejo de un cierto lenguaje, y un cierto tipo de conducta para un mundo en el cual la familia suponía que íbamos a vivir y ahora me encuentro con que ese mundo no necesita aquéllo, ni es suficiente el tipo de conducta aprendida por mí en la infancia, me voy a encontrar profundamente frustrado ante la incapacidad de participar en el mundo social, económico, religioso, cultural o de diversiones al cual me veo enfrentado.
Voy a ver si con un pequeño ejemplo puedo darles idea respecto a lo que me estoy refiriendo: el niño esquimal es educado en las instituciones primarias en las que vive, dadas las condiciones climáticas, ecológicas, de escasez de alimentos, etc.; es educado con ciertas medidas de protección, de calor, de ropaje, de ternura particulares. Por otra parte, los juegos que la institución primaria familia les hace jugar, son los juegos más adecuados para el mundo en que le tocará vivir; el niño esquimal jugará con un arpón a cazar un animal acuático en aguas frías. Este juego del niño va a ser el juego más adecuado para el mundo en que probablemente va a vivir, o sea un mundo en el cual tendrá que construir iglús y cazar animales marinos y utilizar su grasa y su carne para su subsistencia. Este niño se ha criado en una determinada praxis infantil, está criado para el medio en el que más probablemente le tocará vivir. El hombre de nuestra sociedad de consumo, es un hombre de tales características que ya no juega al esquimal, ni a las canicas; prácticamente desde al nacer, está sometido a un impacto continuo en el cual se le está diciendo: compre un refrigerador, cambie un coche, compre un juguete; es decir, los mensajes masivos que recibe el niño prácticamente desde el nacimiento no solamente en tanto al contenido de la comunicación, sino en cuanto a las características del medio, limitado, fragmentado, frío, masivo-expresivo, lo están preparando para ser el ciudadano más adecuado de la sociedad de consumo en la que probablemente va a vivir. Pareciera como que estamos preparando a nuestros hijos educándolos y enseñándolos para que sean aquello que tienen y no aquello que son, parecería que toda la comunicación masiva, que todo el impacto de la publicidad está diseñado para que el sujeto no sea lo que es, no sea lo que el crecimiento de sus necesidades implica, sino para que sea aquello que las sociedades de consumo esperan que sea. No somos lo que somos sino somos lo que de nosotros se espera que seamos; no somos lo que somos, sino somos aquello que la agencia de publicidad de la sociedad de consumo espera que seamos. En cierto orden de ideas, estamos enajenados en tanto que no respondemos a la necesidad interior, estamos preparados para ser lo que el exterior espera que seamos, no oímos la voz interior. Se puede decir que existe una dicotomía del hombre interior y el hombre exterior y, en cierto sentido desde el punto de vista pedagógico y el punto de vista social, estos criterios pueden ser operativos, pero realmente el hombre interior que llevan nuestros hijos —me estoy refiriendo en forma concreta a los hijos que son mis hijos— o sea al hiato de 25 años que nos separa de los hijos nacidos de la electrónica, hijos nacidos con un cambio en los sistemas de crianza categórico, que además no procedió de nuestra historia, pues nunca en nuestra historia tuvimos que hacer alimentos Gerber. Eso no es historia mexicana; esta historicidad que implica que el manejo de nuestras necesidades de crianza de nuestros hijos tuviera la penetración de la electrónica, la penetración de la manufactura de alimentos en forma masiva, con invasiones de mercado; la necesidad de estos productos de crear una sociedad de consumo que consumiera estos alimentos, trajo como consecuencia el que, en los sistemas de crianza de nuestros hijos aparezca una praxis que se está expresando en un devenir no planeado ni programado. Esto lo habían intuido los poetas y desde luego los filósofos, pero la intuición era la siguiente: en el libro 1984, un tiempo en el cual las excedencias de producción son de tal magnitud que es preciso echarlas al mar con objeto de evitar guerras, porque ya la guerra había resultado ser una manera de eliminar excedencias demasiado riesgosa, echaban las excedencias al mar y se criaba un individuo para la sociedad de consumo que iba a vivir en casas análogas, todas grises, sin individuación, tal y como está apareciendo ahora en la televisión; usaría los mismos trajes, los mismos pantalones, la misma tela, el mismo vestido que se anuncia además por todos los programas de televisión, que están en todas partes del mundo a la misma hora, con igual ritmo; con igual intensidad se usa el mismo producto de belleza. Esto significa que la intimidad, la individuación se ha perdido. Por otra parte, en 1984, con objeto de que la historia no tuviera cualidades discriminativas, se han uniformado los textos de historia, se ha dado a todos un texto único, había un ministerio de información que mediante computadores rectificaba la historia de acuerdo con los dictámenes del partido político en el poder; esto era muy conveniente, porque no había contradicciones históricas que pudieran llevar a los sujetos a pensar y a meditar acerca de las resquebrajaduras internas del régimen. Por otra parte, la intimidad está abolida. En todas partes había telepantallas que revisaban la intimidad de las gentes; esta intimidad se detectaba electrónicamente, se computaba y en un momento determinado existía una ficha en la cual se podía saber lo que se estaba haciendo; un sujeto en todo momento se vería privado de la posibilidad de hacer algo en la intimidad, cosas tales como la masturbación, como el amor, como el reposo. El ministerio de alimentos también había homogeneizado la alimentación, se les daba una especie de pastillas muy bien balanceadas a base de sorgo y algunos otros elementos de proteínas, procedentes del mar, etc., que hacía que el proceso digestivo fuera indiscriminado. Por otra parte también el proceso de producción y distribución del alcohol se había homogeneizado; se daba una ginebra de una calidad mediocre, que embotaba rápidamente, inclusive el complejo de Edipo. Se había excluido la maternidad, era maldita; en estas circunstancias lo único que existía era un gran hermano mayor que dirigía el poder, este hombre robotizado, gris, chato. Pareciera que la exterioridad de este hombre, se hubiese diseñado para que no tuviera interioridad; da la impresión de que nuestra cultura y nuestra educación se encuentran diseñadas para que la exterioridad del proceso educativo, desde la lactancia hasta la senectud se encuentran diseñados para que no haya interioridad, se encuentran diseñadas para que no haya percepción —percepción externa que después se transforme en la fuente interna de la emocionalidad— en la fuente primigenia de la poesía que parece que cada vez nos está abandonando. Tengo la impresión de que con procesos primarios que no han pertenecido a instituciones primarias, que no han pertenecido honda y profundamente al sistema en el cual nos vemos inmersos de pronto, nos encontramos que una institución familiar que estuvo diseñada a la manera del siglo XVI, del XVII y del XVIII nos da muy pocos elementos para que nos incorporemos a esta sociedad robotizada; la renegamos, somos un poco monos o como primates —esto desde el punto de vista general y haciendo hincapié en lo que decía el doctor Cueli— yo creo que en un momento determinado la ausencia de este hombre interior, con todas las aclaraciones que he hecho acerca de que este hombre interior, no es sino la interiorización del exterior del hombre en su edad temprana, esta falta de interioridad por falta de una exterioridad, trae como consecuencia que el ser humano use la protesta como mecanismo adaptativo, y gran parte de la protesta procede de esta unilateralidad que se le ha dado al hombre exterior sobre el hombre interno. Esta dualidad no la estoy utilizando en un sentido filosófico, sino en un sentido simplemente de balanceo externo, en un juego dialéctico, es el predominio de la exterioridad sobre la interioridad del hombre, ese predominio de lo que se tiene sobre lo que se es, ese predominio de la imagen que se espera de nosotros con respecto a la imagen que deberíamos mostrar, ha hecho que todo lo anterior se desencadene en protesta. Protesta que tiene muchas formas de expresión: la droga, la violencia, el erotismo indiscriminado, el hippismo, las situaciones de protesta con las características que todos ustedes ya conocen, que trae como consecuencia las situaciones que hemos visto en todo momento. Por otra parte, y es preciso no olvidarlo, ha variado la pirámide demográfica en México: probablemente en la década de los 70 tengamos un 65% de población menor de 18 años, esto traerá como consecuencia que estemos viviendo en un mundo de jóvenes. Este incremento de población también se debe a causas que nos han sido ajenas, en tanto han sido el resultado de una tecnología avanzada, que ha disminuido notoriamente la mortalidad infantil, una disminución tan notoria que ha traído como consecuencia la explosión demográfica que pronto va a producir en el proceso educativo la afluencia masiva de jóvenes, de demandas educativas, tanto en niveles medios como en niveles superiores; ausencia de posibilidad de responder estas demandas en una sociedad que no ha cambiado a la velocidad que ha cambiado el incremento de la población, lo cual produce inevitablemente frustración, falta de ocupación, falta de posibilidades de utilización de estos recursos y aumento de la agresión. Todos sabemos perfectamente que la agresión es la consecuencia de la frustración y en tanto incrementemos la frustración —porque las instituciones educativas no marchan al ritmo del crecimiento demográfico— nos vamos a encontrar con jóvenes particularmente frustrados.
Estamos creando un núcleo de personas frustradas, que por definición van a ser agresivas, esta agresión se va a expresar, como les decía a ustedes, en la protesta que tiene abundantes expresiones en el atuendo, en la droga, etcétera.
También los miembros en la sociedad de consumo, los productores, los publicistas, son los que utilizan en beneficio de la generación adulta todas aquellas formas de protesta que pueden comercializarse y mercantilizarse; los grandes productores de los atuendos hippies, los reyes de la sociedad de consumo cuentan ahora casi con el 70% de los jóvenes que han utilizado el atuendo de protesta, rápidamente comercializado por los cortos de televisión. Ulteriormente se va a hacer una campaña de publicidad: «Padre, ¿dónde está tu hijo?» «Padre, ¿dónde está tu hijo?» Es un mensaje que debe de llevar aproximadamente cuatro minutos sobre las 24 horas que tiene el día en el cual se está aludiendo masivamente al joven con respecto a lo que debe hacer. El joven protesta y dice: ¡quiero tener mi pelo largo! Han perdido los peluqueros, como parte de la sociedad de consumo ese 70% de jóvenes, pero rápidamente se las ingenia la sociedad para que el tipo de pantalón tenga tales características, se fabrique con tales otras y cuya producción sea lo suficientemente importante como para que la distribución en la sociedad de consumo no sufra mayor trastorno. Por otra parte no hemos de olvidar esto, y me parece muy significativo recordarlo a los maestros: desde el siglo IV antes de Cristo, desde la época de Pericles, se ha hecho énfasis en que el proceso educativo debe lograr que el joven acepte a sus padres; la preocupación básica del proceso educativo se ha fijado en la tendencia parricida del joven; incluso en el Edipo Rey se maneja como objeto central de la tragedia el intento parricida e incestuoso de Edipo. Creo que hasta hoy nos damos cuenta de que no son los jóvenes, ni nuestros hijos, los que nos han querido matar, sino somos nosotros los que hemos querido matar a nuestros hijos; me refiero a hijos en un sentido genérico, en toda la amplitud de la palabra. Los muchachos no se rebelan contra los adultos, sino contra la injusticia. No son los maestros los que se rebelan contra la injusticia de los alumnos, sino los alumnos los que se rebelan contra la injusticia y la arbitrariedad de los maestros. En cierto orden de ideas si Edipo mata a Layo es porque Layo lo había abandonado en el monte Citerón para que muriera y fueron las previsiones de su oráculo las que le permitieron salvarse. En realidad nuestra cultura tiene una cultura educativa particularmente filicida, mucho más que parricida; un estadista de altos vuelos expresaba: la guerra tiene una característica, en tiempos de guerra los padres entierran a los hijos, en tiempos de paz los hijos entierran a los padres; pero prácticamente desde que empezó la humanidad no ha habido un día sin guerra en nuestra historia, de tal manera, hemos sido los padres quienes hemos enterrado a nuestros hijos. No es banal que se diga infantes de marina y que los himnos digan un soldado en cada hijo… nada más que van los mechudos y no los calvos.
Para terminar quisiera señalar que hemos estado hablando en forma genérica de un México, como si México fuese simplemente un país, y México no es un país, sino son varios países —como lo señala González Pineda— con densidades múltiples, poco reconciliables; lo mexicano y el mexicano entran a la historia con signos peculiares, uno de nuestros mejores historiadores, Silvio Zavala ha expresado: “México es un país de contactos difíciles, ha mantenido relaciones pero no vive en relación, ninguna de sus salidas representa el ejercicio de una actividad normal; por último, en relación al programa de la vocación, y en relación al programa del magisterio, podríamos decir que en términos generales, nuestro mestizaje es un mestizaje hecho de indias devaluadas con varones españoles sobrevalorados, por otra parte, los españoles consideraban una cosa derogatoria todo aquello que se refiriese a la mano de obra; creo que la desvalorización de las profesiones como dijeron, de los elementos técnicos, de los elementos de utilización manual, tienen esa depreciación; incluso desde el punto de vista histórico, un mecánico es un palafrenero del siglo XVI, y un palafrenero del siglo XVI como un arreglador de caballos, era un sujeto despreciado por el español. Habitualmente ese tipo de faenas, limpiar caballos, arreglar casas, construir iglesias, construir casas, edificios, era obra de mano indígena; el mexicano identifica la mano de obra (lo manual), con lo técnico o lo devaluado. Ser bachiller y licenciado, desde la época de Balbuena es un gran prestigio. Construir casas y edificios, iglesias es una devaluación. Por último, pienso que el magisterio ha venido siendo separado sobre todo en sus niveles medios, tanto por el maestro como por el alumno, como cosa de “viejas”; digo como cosa de “viejas” y no lo estoy diciendo despectivamente, sino lo estoy diciendo de acuerdo a la imagen que el mexicano tiene de lo que es ser “vieja”, y de la idea que el mexicano tiene de lo que es ser macho. Ser macho es montar caballo, ser macho es hendir, ser macho es penetrar, ser macho es conquistar, ser macho es otras muchas cosas en tanto que ser hembra es ser “vieja” en el sentido de los juegos infantiles de los niños, en donde es “vieja” el último.
Es característico en México que las sociedades de Padres de Familia de las escuelas primarias nunca son de padres, son sociedades de madres de familia, a diferencia de lo que acontece en las escuelas americanas en que el Parents and Teachers Association habitualmente es una institución en la cual es la pareja la que se preocupa por los hijos; en México, en una estructura familiar en la que el padre está ausente y la madre es abnegada, es virgen, es cabecita blanca, es inmaculada concepción, es una santa, en ese tipo de organización familiar, el proceso educativo y de educación, va a tener que estar a cargo de la madre. A pesar de los errores que tiene la instrucción primaria, creo que el problema de la educación debe empezar muy antes de la educación primaria y de la educación preescolar; debe empezar cambiando patrones culturales muy arraigados, pero piensen que cambiar no es abandonar, piensen que no es lo mismo cambiar con propósito de progreso, que entrar en el mundo del desaforado, en el que todos tienen prisa y en el que se es poseedor de todo sin ser tenedor de nada. Muchas gracias.
Profr. Ramón G. Bonfil:
Comienzo, y esto no es cortesía, por felicitar cálidamente al doctor Santiago Ramírez; anoche tuve la oportunidad de leer con cuidado su excelente trabajo, realmente es fundamental para estas jornadas, porque a mi juicio es el marco de referencia.
Estábamos hablando de técnicas, de pequeños problemas, sin tener una concepción total del problema de la orientación. Estábamos detenidos en ver los árboles, y esto nos impedía ver el bosque; él desde las primeras líneas dice: abordar el tema de la ponencia que tengo el privilegio de presentar a ustedes en una forma concreta, y sin hacer referencia a nuestra historia, sería particularmente estéril e infructuosamente pragmática. Esa afirmación con que abre su trabajo la justifica a lo largo de él; yo les recomiendo, y perdonen esta manía del maestro, que ninguno de ustedes se pierda la oportunidad de leer el trabajo en la calma de su hogar; como ejemplo, citaré tres renglones nada más, en donde transcribe una afirmación de León Portilla sobre las dos culturas, la traída por los hispanos, y la cultura autóctona que mira hacia adentro, que ha encontrado la razón filosófica de la existencia, en la flor y el canto, y la otra que mira hacia afuera; desgraciadamente la que mira hacia afuera nos dominó y nos sigue dominando, pero hay algo muy importante que puede quedar como una meta a seguir para el futuro.
Después de revisar la época prehispánica, la conquista, la independencia, el doctor Ramírez llega a la revolución y hace esta afirmación valiosísima: la gran hecatombe revolucionaria, es el resultado de la lucha contra la dictadura, contra el padre ajeno y altanero, poderoso y arbitrario, distanciado del hijo débil o indígena. A la vez la revolución mexicana es un intento desesperado de encontrar la propia identidad; por último como comentario de su excelente trabajo estas líneas inhábiles, los troqueles de conducta van a determinar una dinámica que habrá de reflejarse en los modos de comportamiento. El troquel que genera la infancia y las instituciones primarias, cuidados familiares, confianza básica, independencia, etc., se proyecta como modelo de comportamiento en las instituciones secundarias, o en la vida social, ideología, funcionamiento, política, etc.; mientras no se busque una coordinación óptima dialécticamente contradictoria, pero no excesiva ni escasa, el conflicto estará a punto de estallar. Debemos de definir con precisión el mundo probable en que habrán de vivir nuestros hijos, con el objeto de evitar disonancias catastróficas; el mundo en que actualmente vivimos ha mostrado una contradicción dialéctica con el troquel en que fuimos formados, que sin duda podemos calificar de obsoleta; es nuestra obligación central, es nuestro deber activar, cambiar y modificar las formas tradicionales de educación temprana, para preparar al joven a un mundo diversificado y en permanente cambio. Estas son las líneas finales que resumen a mi juicio el pensamiento del doctor Santiago Ramírez; el valor de la ponencia, insisto, es el de darnos un marco general para poder hacer referencia a aspectos técnicos y forma de organización, etc. Pero cabe preguntar si la orientación que venimos practicando en forma balbuciente, tomada en cuenta la concepción expresada magistralmente por el doctor Santiago Ramírez, ¿no será que los orientadores profesionales, están más ocupados del oficio que de las concepciones genéricas? Y no es posible que podamos realizar una buena orientación, si sólo sabemos cómo se aplica una prueba, cómo se computa; esto nos llevará siempre a ser jornaleros de la orientación y jamás arquitectos de un mundo nuevo; sin embargo, este marco de conceptos generales, debe tomarse en cuenta para orientar particularmente a los orientadores, necesitamos llegar a que los señores que se ocupan profesionalmente de esto, estén orientados pues he visto casos verdaderamente pavorosos. Alguno de ellos, joven todavía, bien preparado, inteligente, ágil y honesto, me fue a pedir por favor algunas horas de clases en las escuelas normales para abandonar el trabajo de orientación que desempeñaba en secundaria, porque se sentía incapaz de poder orientar a los jóvenes y le causaba un tormento interior, un sufrimiento. ¿Qué hago frente al muchacho que me presenta sus problemas sexuales o la disolución de la familia? Yo no sé nada de esto, no puedo con estas cosas. Esto dijo un orientador en labor, ¿cuántos sentirán esto mismo, y se lo callan porque esto significa poder cobrar quincenalmente un cheque? Este muchacho con toda honradez me dijo, señor no sirvo para esto, deme la oportunidad de enseñar psicología en alguna escuela, o sea alguna cosa que yo sí puedo hacer; y claro que lo tuve que hacer, entonces, una de las cosas de que no hemos hablado es de esta tarea gigantesca de seleccionar y orientar a los orientadores, porque si traemos una brújula descompuesta, vamos a perder el rumbo con toda seguridad. Otras cosas que nos deja muy grabadas el trabajo del doctor Ramírez, es que la orientación, deliberada o intensamente, es ejercida por la madre, por el padre ausente, por los hermanos, por los amigos del niño, por los maestros, por los medios masivos de comunicación y que no podemos enfocarlo desde un punto de vista estrictamente escolar, sino tenemos que concebirla como la vida íntegra en todos sus aspectos, y en todas sus cosas; se lamentaba el doctor en sus explicaciones de que la familia tradicional cada día tiene menos influencia, nos hablaba de esta trágica realidad del hogar mexicano, en que el padre es un ausente ya material, ya espiritualmente; también ayer el doctor Cueli, hizo referencia a lo mismo, y esto es una realidad que: no podemos negar; es verdad que en un tiempo la familia fue hogar, templo, taller y escuela. En sociedades anteriores la familia era el hogar en donde estaban los jóvenes y ahí aprendían el oficio del padre, era taller; se veneraba a los antepasados, era templo y se les enseñaba las normas de la sociedad a la que iban a ingresar y por lo cual se convertía en la escuela.
Desgraciadamente esto es un pasado perfecto, esto ya no puede existir; si analizamos brevemente la constitución de nuestros hogares, particularmente en las grandes ciudades que tienen concentraciones masivas de gente, encontramos que el hogar de la familia es ahora un lugar o una institución en que por la noche se reúnen, y mientras el marido lee el periódico, la señora hace algunos quehaceres domésticos, y los hijos ven la televisión. Temprano se lleva a los niños a la guardería, a los pequeños al jardín de niños o a la escuela, el padre se va al trabajo, la mujer también; cada uno contrae sus compromisos con clubes, sindicatos, asociaciones, donde ocupan sus tiempos libres, y los niños cuando llegan se ponen a patear un balón en la calle. El hogar está deshecho, pero en las reflexiones del doctor Ramírez y las que se hicieran ayer por el doctor Cueli, nos llevan a interrogantes muy serias, ¿cuál es el remedio para esta situación? Es verdad que en nuestra tradición no hay alimentos preparados para nuestros bebés, que no había más alimento que el seno materno, ¿podemos tener esperanzas de volver a esta situación? La mujer que tiene que salir a veces a las seis de la mañana al trabajo, está ocupada todo el día. Las guarderías infantiles reciben no sólo a los niños de la clase pobre, sino particularmente a los niños de la clase media. Duele a los viejos ver a un nieto que a los dos meses o al mes de nacido ya no está en su casa, sino está en la guardería. Yo sentía alguna vez tener que vivirlo en mi familia; es una cosa muy fea, nosotros nos formamos al amparo de las faldas de nuestras madres y hasta los seis años nos fuimos a la escuela primaria, no íbamos a los jardines de niños; ella fue la sombra tutelar, ella nos protegía y nos guiaba. Ya no guía a los niños la madre, se ha devaluado por cosas de dinero, por ejemplo: el jardín de niños. En la sociedad moderna, en esta sociedad industrializada donde padre y madre tienen que trabajar, el jardín de niños tiene tanta o mayor importancia que la escuela primaria; qué hace un niño de cuatro años abandonado ocho horas, a veces la solución es: que el niño de siete años lo cuide, pero si no hay de siete, se queda totalmente abandonado, y vemos en la prensa: que se quemaron, que se ahogaron, el caso es, que se provocaron enormes distorsiones. El sistema educativo debe por lo tanto como sistema escolar, reajustarse para una sociedad nueva y mi pregunta grave: ¿esta sociedad nueva depende de acuerdos que tomemos de análisis tan profundos como los que han hecho los psicólogos, especialmente los sociólogos, y los economistas? ¿No estamos frente a una cosa que crece como un monstruo que nos va a devorar? De no haber alguna solución creada por la gente de aquí, vamos a tener que sumarnos a esta corriente de invasión de nuestros recursos, de nuestras industrias, etc. Poderosos consorcios extranjeros dominan la industria de la alimentación en más de un 75%; ¿cómo las rescatamos?, ¿diciendo al extranjero: ya vete? No se va, no nos hace caso, la verdad es que la organización social no de México, no de América Latina, mundialmente, está en uno de los trances más difíciles. O definitivamente las estructuras cambian y permiten esta vida, este encuentro de la identidad de los hombres, esta vida en plenitud humana, o la hecatombe, el desastre, no serán de México ni de un continente, sino de la humanidad entera, pero volvamos por un minuto si ustedes me permiten todavía a ver las realidades positivas de nuestra orientación educativa y vocacional.
A mi juicio la primera realización positiva es haber pensado ya y creado el Servicio de Orientación; cuando en una pieza de mi casa pongo unos libreros, para crear algo que se parezca una biblioteca ya estoy haciendo algo por mi cultura, ya doy un paso para conseguirla. No estamos haciendo toda la orientación, pero ya tenemos un Servicio Nacional de Orientación Vocacional, ya tenemos una base material para realizarla.
La segunda, la conciencia de la necesidad de orientar, no sólo por los orientadores, sino hacer de esta tarea una tarea de la familia, de los maestros, a cualquier nivel y, de la sociedad toda, de los medios masivos de comunicación. Ya vamos teniendo conciencia de esto, estamos realizando cosas positivas para la orientación; por último, para no alargar esto, el hecho de que estemos aquí reunidos un centenar de personas preocupadas por estas cosas, muchas de las cuales seguro no lo pensaron ayer, sino que lo están pensando hace muchos meses, hace muchos años. El doctor Ramírez, el doctor Cueli, muchas personas especializadas como ellos, han dedicado su vida a problemas de este tipo, y los que somos aficionados, simples aficionados, pues les hemos dedicado más de una vez algunas horas a pensar en esto, y hemos leído más de un libro tratando de encontrar camino; es decir, en México se va difundiendo la idea de la necesidad de orientación, y esto va a ser así una conciencia que nos permita llevar a feliz término una de las tareas más difíciles: darle rumbo a la vida de las generaciones jóvenes, que como el doctor Santiago Ramírez señaló, cada día serán más numerosas. Estamos ante el dilema que dicen por ahí, tienen los indigenistas; alguien con tono chocarrero dice que el indigenista está ante el dilema de que o le quita la pluma al indio o el indio se la pone al indigenista, y aquí o los viejos le quitamos la pluma simbólica a los jóvenes, o los jóvenes nos la ponen a nosotros; es más probable que pase lo segundo, y esto va a estar muy trágico. Muchas gracias. Es todo lo que quería comentar.
Dr. Santiago Ramírez:
En primer lugar, agradezco los conceptos elogiosos del profesor Bonfil a mi ponencia, y en segundo quiero hacer mucho énfasis, lo comentaba con el Dr. Vasconcelos, acerca de la poca importancia que se le ha dado en el proceso de cambio social a las guarderías; piensen ustedes que probablemente las guarderías están representando la posibilidad de una sociedad mucho más comunitaria en la cual los valores individuales van a tener mucho menos importancia que los valores sociales, por una parte; por la otra, creo que jamás podremos volver al seno materno, pero yo creo que al no volver al seno materno, todavía tenemos en México, en este México que son muchos Méxicos, pero uno solo como decía el Lic. Trillo, tenemos una lactancia promedio de 11 meses. Los americanos lo tienen de 32 días; si cambiara así nuestra institución primaria, ello acarrearía un gran cambio en las Instituciones Secundarias. No podemos volver al seno materno, pero yo no desearía que dentro de 30 años, los hijos de mis hijos tuvieran que comprar —aún cuando mandaran a mis nietos a la guardería— no me gustaría que tuvieran que comprar un tratado de algo que siempre se debió haber sabido y nunca olvidado que es cómo darle el pecho al hijo. Hay un bestseller en los Estados Unidos que dedica más de un capítulo a cómo darle el pecho a un niño. Pienso que es muy importante que progresemos, pero que no nos enajenemos a aquella situación, falsamente de progreso que en ocasiones nos deslumhra y que realmente significa la pérdida de los valores primigenios; estoy de acuerdo con el profesor Bonfil, pero creo que los muchachos ni siquiera tendrán necesidad de ponernos la pluma.
Lic. Benjamín Trillo:
La pregunta que hago es con relación al título de la ponencia tan interesante que nos ha hecho el Dr. Ramírez. Es sobre las realidades negativas de la orientación en México; no lo digo tanto por los medios en que se va realizando, sino en el aspecto psicológico del mexicano.
¿Se puede sugerir que el mexicano es reacio a ser conducido por los medios normales, o qué medios sugeriría él para convencerlo, que debe hacer algo en su beneficio?
Creo que no hay dos mexicanos, no existe el mexicano interior, ni el mexicano exterior; es uno solo.
Para mí, el hablar del exterior y del interior del mexicano, o del individuo nos lleva a una confusión de lo que es interior y lo que es exterior; creo que es una unidad.
Lo mismo sucede respecto a México, con lo que acabo de decir, y estoy de acuerdo con el Dr. Ramírez, en que no existen varios Méxicos, es uno solo con muchas facetas, con muchos vértices, con muchos puntos, pero sigue siendo un solo México, como es uno solo el mundo. Eso es cuestión de planteamiento nada más, y de métodos; sintetizando, al mexicano se le puede orientar, y ¿qué aspectos negativos tiene? esta es la pregunta concreta.
Dr. Santiago Ramírez:
Yo creo justamente que no hay hombre interior, ni hombre exterior, y si el mexicano ha sido reacio al cambio, lo ha sido porque se le han dado pocas oportunidades de cambio; no creo que existan intrínsecamente gentes que cambian más y gentes que cambian menos, hay gentes a las cuales se les han dado más posibilidades de cambio, y gentes que han tenido menos posibilidades; creo que desde la Independencia, si no desde la Conquista, desde que fuimos, como diría Octavio Paz, expulsados de nuestra órbita cósmica, como cometas de jade, nos han dado muy pocas oportunidades de cambiar. Más bien pareciera que toda nuestra historia nos ha enseñado a no cambiar; el cambio era sospechoso, tanto para el criollo como para el mestizo y toda esa situación de cambio implicaba la necesidad de mandar de la Península Ibérica, un oidor, un “tapado” filial y vinculado con los intereses de la Península para defender a la Metrópoli y dominar a la colonia.
Ahora quisiera indicar una cosa que es muy importante: se nos pregunta cuáles son los patrones de conducta más prototípicos del mexicano; no quiero hacer referencia a los problemas históricos, simplemente quiero decirles cuáles son las características de la familia mexicana:
1) Mucha madre
2) Muy poco padre.
Hay abundante información, expresada en cifras sobre madres solteras, abandonadas, etc.; la madre es una procreadora, más procreadora que Coatlicue, con ayuda de la penicilina, por una parte; por otra parte poco padre y un número irrestricto de hermanos.
Lo que tenemos que enseñarle a la familia del mexicano es a tener más padre, a que la mujer sea más compañera, y menos madre por un lado, y por otro se planeen las familias en las cuales la interacción del triángulo necesario, padre, madre, e hijo, tengan características afectivas positivas; aún no hemos enseñado eso.
La iglesia católica, el folklore, las instituciones primarias como el pecho, el cuidado, la crianza, y luego el 10 de mayo, las “cabecitas blancas”, han impreso su sello en el hogar mexicano.
En contraste, algunos afirman que existe un 85% de mujeres frígidas entre las madres mexicanas, aunque la mayor parte de ellas no tienen ningún trastorno procreativo; la mujer mexicana no ha aprendido, con todas las consecuencias para el hijo, a tener una vida genital; en cambio lo que sabe muy bien, un idioma que maneja a la perfección, como un inglés a su inglés, y un chino a su chino, es procrear; un biólogo diría: las razas latinas tropicales tienen una gran facilidad para procrear, y tienen poca facilidad para tener una vida sexual.
Algún investigador afirma que el sueco tiene un hijo por cada 1000 contactos sexuales, pues a pesar del estereotipo de que el sueco no es muy sexual, se encontró un promedio de 2 contactos por semana, lo cual significa que transcurren 500 semanas para que éste engendre un hijo.
En México, en cambio, no son raras las parejas que tienen un hijo cada año y medio; tampoco es muy sexual el mexicano, de tal manera que debe tener un hijo cada 150 o 160 contactos sexuales.
Creo que hay que enseñar y educar al hombre mexicano a que goce más, esto es una consecuencia de que la educación sexual se niega en el hogar y en la escuela; ¡niño, no digas tonterías; niño, no digas cosas malas!, Y lo que estoy diciendo de la educación sexual podría aplicarse a otros temas.
Ing. Óscar Méndez Napoles:
La verdad, debo de confesar que me es muy difícil, me cuesta mucho trabajo hacer comentarios en esta ocasión, por varias razones: por la brillantísima exposición hecha con el vigor científico de Santiago Ramírez; en segundo lugar, porque también tuve la oportunidad de haber leído antes su documento escrito, que por otra parte no hacía, en mi caso particular, sino confirmarme en cosas que ya le he oído o que ya he leído de él, respecto a la historicidad del pueblo mexicano y lo que ello significa en su comportamiento; después, porque los comentarios, brillantes también, del Profr. Bonfil nos dejan poco que agregar en este caso.
Estoy completamente de acuerdo con lo que decía el Profr. Bonfil respecto a las últimas líneas de la orientación que debe darse al mexicano y que confirma algo que exponíamos ayer, la necesidad de que la educación sea considerada como el principal proceso orientador, pero no la educación en sus términos restringidos, relativos a la educación escolarizada, a la educación formal, sino una educación en su máxima plenitud, podríamos decir, que abarque desde los primeros días del niño y que continúe ininterrumpidamente por toda la vida.
En síntesis, estas son las reflexiones que me surgen de la ponencia del Dr. Ramírez. Gracias.
Dra. Sara M. Zendejas:
Estoy muy gratamente sorprendida ante el marco extraordinario que se ha presentado aquí, acerca de nuestros antecedentes, nuestras carencias; finalmente, he estado pensando mientras escuchaba muchas cosas, cómo es importante la comunicación. Creo que hemos estado trabajando en la Dirección General de Enseñanzas Tecnológicas, sobre ese marco que ha planteado hoy tan claramente Santiago Ramírez; se dijo hace un momento que los orientadores estamos demasiado ocupados en nuestras técnicas y desatendemos el meollo que es el centro de nuestra responsabilidad. Creo injusto generalizar. Tenemos afortunadamente aquí a los orientadores que son testigos de los esfuerzos que estamos haciendo por cumplir nuestra función en las escuelas de la Dirección General de Enseñanzas Tecnológicas, precisamente en el sentido en que aquí se ha indicado que debe caminarse en esta época. Nada más que creemos que simular una ruta y señalar caminos de libertad no es dar las posibilidades de alcanzarlas, de obtenerlas. Si ustedes me permiten, recuerdo en este momento a Saint Exupery, cuando en una de sus frases más hermosas dice: ¿Qué es la libertad? Dad libertad a una piedra y quedará donde está, porque está incapacitada para moverse. Dar libertad significa mostrar caminos, señalar peligros, indicar todos los cambios que se van a encontrar en cada uno de esos caminos posibles y dar las provisiones necesarias para que el camino que se encuentre más atractivo, o el que uno tenga mayores deseos de seguir, pueda seguirse sin tropiezos.
Esa es nuestra tarea y, para realizarla, atendemos a toda la población de nuestras Secundarias Técnicas desde su ingreso, orientándola en función de sus necesidades de desarrollo personal, hasta que egresa de este ciclo escolar.
Así, el programa de actividades de Orientación Educativa y Profesional que desarrollan los alumnos se ha estructurado y dosificado para complementar el curriculum escolar en su función específicamente formativa.
Este programa de actividades durante los tres grados del ciclo que nos ocupa, atiende tanto a las necesidades de desarrollo de los alumnos, como a la adecuación de su comportamiento a las exigencias de la vida escolar y social.
Para poder realizar este programa, cuidamos que los responsables de su desarrollo fueran maestros con experiencia docente y con la carrera terminada de Orientación o Psicología Educativa, y con los conocimientos y características personales satisfactorias a un enfoque de selección.
Cuidamos también, especialmente, el empleo de técnicas grupales, previamente validadas en forma experimental, tanto para los aspectos de psicología dinámica, como de estudio dirigido y de diagnóstico escolar y vocacional.
Para el desarrollo y adecuación de estas técnicas, se realiza permanentemente el trabajo de investigación psicotécnica que exige un enfoque científico.
Sobre estas bases objetivas se realiza la orientación escolar y familiar con fines predominantemente preventivas que garanticen la salud mental de los educandos y la productividad de la inversión educativa.
Se terminó de impriniir esta edición el día 31 de Agosto de 1970 en nos Talleres Intertipográiicos de Ediciones e Impresiones Rodas, Comonfort 58-5, México 2, D. F por la Editorial del Valle de México, S. A. Sinaloa 19, México 7, D. F, bajo la direción de la Subsecretaría de Asuntos Culturales de la Secretaría de Ediucación Pública. El tiro consta de 4,000 ejemplares, impresos sn papel Tablet y 1,000 en Bond.
