1962
«Nos metimos en unos seminarios sobre el carácter en el Centro Universitario de Teatro. Siguiendo la literatura. [Salió] Un librito de los Cuadernos Universitarios de teatro, que es el resultado de un seminario que dictamos el doctro Aiza y yo. Revisamos los casos que Freud señala como los excepcionales».
Seminario sobre «El Carácter», liga entre arte dramático y psicoanálisis; con Héctor Azar, de Teatro Universitario y Instituto de Psicoanálisis de la APM, a cargo de Víctor Manuel Aiza y SRR.
En El carácter en el teatro, En Obras escogidas
Índice
El Psicoanálisis y el Teatro, Víctor Manuel Aíza
Análisis del Carácter. Santiago Ramírez.
Ricardo III. Eugenia Hoffs
Macbeth. Isabel Díaz Portillo
Otelo. Florencia Wudka
Rosmershol de Ibsen. Armando Barriguete
Salomé de Wilde. Amapola G. de Gaitán
Las Moscas de Sartre. Armando Barriguete
EL Rinoceronte de Ionesco. Fernando Césarman
El Gesticulador de Usigli. M A Dupont.
ANÁLISIS DEL CARÁCTER
En el año de 1915, Freud publica su artículo intitulado: Varios tipos de carácter descubiertos en la labor analítica.[1] En la introducción de este ensayo nos hace ver que en el curso del trabajo terapéutico, y a poco que nos lo propongamos, surge ante nuestros ojos el carácter que se interpone entre los síntomas y nuestro deseo de curar. El carácter es visualizado en este contexto, por Freud, como una resistencia. En el referido artículo, basándose en personajes de la literatura, nos describe tres tipos de carácter: los excepcionales, los que fracasan al triunfar y los delincuentes por sentimiento de culpabilidad.
Considera como caracteres excepcionales aquellos incapaces de aceptar la norma de gramática parda de lo «que es parejo no es desigual». Considera que la génesis de tal carácter tiene su raíz en el sentimiento de haber sido dañado, en forma injusta; en tales circunstancias la vida y el destino se encuentra en deuda permanente con el sujeto, sintiéndose éste en el justo derecho de cobrar todo aquello que se le debe. Ejemplifica dicho carácter con el de Ricardo III de la obra Vida y muerte del rey Ricardo III de Shakespeare.[2] Mucho habría que decir acerca de la dinámica de este personaje, pero considero que su esclarecimiento desborda los límites de lo que ahora nos hemos propuesto. También es de señalar que los excepcionales se encuentran emparentados cercanamente con los invulnerables; psicopatología ya abordada en la comunicación de J. L. González,[3] y uno de cuyos ejemplos en nuestro universo náhuatl, según nos ha mostrado Díaz Infante,[4] sería el señor del Tepozteco.
Con la tragedia de Macbeth, con Rosmersholm de Ibsen,[5] ejemplifica Freud a los que fracasan ante el triunfo. Consecuente con la totalidad de su edificio metodológico previo, los que fracasan ante el triunfo lo hacen por sentimientos de culpa, lo que supone la existencia de un superyo y por ende la presencia de un complejo edípico subyacente, que le presta catexis y energía.
Por último nos hace notar que algunos sujetos delinquen para recibir un castigo, ya que éste objetiviza a un superyo menos amenazante y más benigno que la culpa interna susceptible de poblar el mundo externo de voraces y terribles acusadores, implacables y satánicos.
Desde el punto de vista que nos ocupa, la historia del psicoanálisis es bien peculiar; su cuerpo de doctrina comprendió y enfocó el inconsciente antes de encuadrar adecuadamente los procesos conscientes. Más tarde aprendió que no sólo los estados mentales desusados y de brusca aparición pueden ser comprendidos genéticamente; también lo pueden ser las formas ordinarias de conducta —el modo habitual de amar, de odiar y de comportarse ante diversas situaciones—, descubriendo en ellas su dependencia con circunstancias de naturaleza total y cabalmente inconscientes,
W. Reich abrió el campo y le dio ciudadanía al tema que nos ocupa en el año de 1927 con dos artículos: «Zür Techink der Deutung und der Widerstandsanalyse»[6] y «Die Funktion des Orgasmus».[7] Vale decir que el primer psicoanálisis del carácter fue el análisis objetivo y la génesis histórica de ciertas actitudes como y con fines defensivos.
Fenichel[8] piensa que otro factor susceptible de condicionar la aparición del análisis caracterológico, es «el cambio fundamental operado en el cuadro clínico de las neurosis». En las neurosis modernas la personalidad está comprometida de tal modo, según el punto de vista del autor citado, por la enfermedad, que desaparece toda línea de demarcación entre, síntoma y personalidad. La fórmula según la cual en las neurosis lo que ha sido rechazado irrumpe bajo una forma ajena al yo, ha dejado de ser válida. Y ello por cuanto que la forma, a menudo, no es ajena al yo y frecuentemente la elaboración de la defensa es más manifiesta que el fracaso de la misma.
Fenichel señala que el carácter del hombre es determinado por 1a sociedad. No podemos sino estar de acuerdo con dicha aseveración, no en cambio cuando supone que la sociedad Medieval, Renacentista o Victoriana, no tuvieron suficientes elementos para condicionar un carácter. Afirmar lo anterior sería tanto como negarle a cada una de esas épocas importancia y especificidad histórica susceptibles de modelar el carácter de sus hombres.
Podemos afirmar enfáticamente en contra de lo señalado por Fenichel, que no existen prohibiciones lisas y llanas con respecto a pulsiones censurables. Probablemente lo que nos hace visualizar, hoy día con más intensidad, el problema del carácter, más que un cambio intrínseco en la relación operacional hombre-cultura es un cambio en el foco de observación. La Microbiología como ciencia no surgió debido a un cambio ecológico que hizo posible la aparición del microbio; su nacimiento es el resultado del descubrimiento de instrumentos que la dotan de una jerarquía de la que antes careció.
La sociedad actual tiene múltiples demandas para con el hombre moderno; sin embargo, no creo que éstas puedan generalizarse y definirse, quizá tan sólo apuntarse a fin de intentar dibujar el carácter del hombre de nuestros días. ¿Será la lucha entre anhelos internos de dependencia y exigencias externas y formales de independencia? ¿La pugna entre actitudes pasivas y demandas activas? ¿La batalla irreconciliable entre lo genital y lo regresivo oral y anal? Seguramente cada uno y muchos más de los dilemas planteados tienen cabal y sólido derecho de ciudadanía en el determinismo del carácter del hombre actual. Y no sólo eso, sino que también el monto cuantitativo de las fuerzas en la lucha deben hacer más definido un rasgo de carácter en una época determinada.
Lo que es evidente es que el carácter y sus rasgos son elaboraciones secundarias de síntomas neuróticos infantiles. En lugar de un impulso viviente entre impulso y defensa, lo que hallamos son residuos congelados de conflictos remotos.
La tónica peculiar del carácter de cada sujeto puede ser comprendida si balanceamos adecuadamente los siguientes conceptos:
1) Existen modalidades defensivas que se han anclado en el carácter.
2) Existen formas particulares y peculiares de protección, las que el ambiente al tolerar hace sintónicas al yo, y adecuadas al embate de estímulos externos e internos.
3) Existen sistemas de organización, modificación y tamización de los impulsos. La ecuación resultante de la interacción de estos ingredientes nos va a hacer comprensible el carácter de un sujeto determinado.
Waelder hablaba del principio de multiplicidad funcional;[9] usando su punto de vista, el carácter sería la resultante de las formas de adaptación del yo al mundo externo, al ello y al superyo, así como los tipos característicos de combinación de estas formas.
Fenichel[10] en un intento por clasificar topográficamente el carácter intenta, hasta donde ello es posible, concentrar su atención en la dirección hacia la cual se han orientado las defensas, así, nos habla:
1) Defensas del carácter contra la angustia
Es obvio que muchas situaciones defensivas no se encuentran orientadas contra la causa productora de angustia sino contra la ansiedad misma. En ocasiones la forma de protegerse contra una situación externa o internamente angustiosa, consiste en movilizar introyectos buenos susceptibles de proteger de la amenaza. Cuando los introyectos a disposición son fundamentalmente malos y se pone en juego su calidad amenazante, la manera de protección contra la angustia emergente puede ser colocar la calidad peligrosa en el exterior. Algunos sujetos pueden lidiar mejor con la amenaza de afuera que con la amenaza interna.
El mundo externo puede ser usado sistemática, reiterada y caracterológicamente como una fuente de resguardo ante la angustia que produce el daño narcisista interno o la demanda superyoica pertinaz. Los sujetos dañados sistemáticamente durante su infancia en su narcisismo primario pueden usar al mundo como fuente de seguridad. Buscarán la vida en el exterior para compensar la muerte que llevan dentro. Y esto en todos los niveles de integración. Aparte de los síntomas que pueda expresar un sujeto infantilmente depredado, su demanda externa repetida y hostigante obedece a la necesidad de recibir de afuera y ahora lo que no recibió ni incorporó entonces, en su pasado infantil. En el fondo, tanto Narciso como la madrastra de Blanca Nieves están pidiéndole al agua y al espejo, recíprocamente, la belleza de la cual se sienten carentes. En otros niveles de integración solicitan del espejo o del mundo una imagen que rectifique la interna que es de maldad, destrucción y veneno. Por eso la madrastra se desintegra en bruja cuando el espejo no le es funcional. En este tipo de carácter, la aceptación tan intensamente buscada, no obedece a una necesidad de lograr una relación de objeto cabal, sino tan sólo a una necesidad de satisfacción de narcisismo primario.
Sistematizando, enfrente de la angustia, se pueden poner en movimiento defensas caracterológicas en las que prevalezcan:
a) La introyección de objetos protectores.
b) La proyección de objetos amenazantes.
c) La negación: se puede negar la angustia o se puede negar la peligrosidad de la situación.
d) Formaciones reactivas o bien búsqueda de situaciones con modalidad de tipo contrafóbico.
Para Roheim[11] «el placer funcional derivado de superar los objetos y obstáculos cargados de catexis temidas, constituyen la fuente de toda sublimación».
Existen los tipos caracterológicos cuya fundamental defensa es la repetición activa de lo que sufrieron pasivamente o bien la anticipación activa ante algo que temerosamente se podría recibir en forma pasiva. En nuestra gramática parda este carácter usará las «técnicas del descontón o las de intimidación del ‘enano del tapanco'».
e) Identificación con el agresor. El sujeto expresaría como en el ejemplo de Ana Freud:[12] «No eres tú el animal a quien yo temo. Yo soy el animal temido». En esta categoría también estarían aquellos sujetos que sistemáticamente se colocan del lado del fuerte, del maestro, del jefe o de la autoridad.
f) Aquellos caracteres que tienen como finalidad simular afectos inexistentes, para evadir la angustia por la verdadera falta de los mismos.
g) Los sujetos que en forma sistemática libidinizan el miedo. Claro está que el requisito previo para lograr caracterológicamente esta modalidad es que el miedo no haya sido demasiado intenso.
h) Hay sujetos romos, que en forma sistemática se fugan a la realidad con su pragmatismo, realismo aparente y falta de introspección. Utilizando esta caracterología evaden el miedo a su interior.
Por variadas que sean las modalidades de carácter, es preciso que sean más exitosas para que se vean libradas de filtraciones. El conflicto inicial se hará patente al través de los sueños, rigidez o emergencia de la ansiedad original.
Fenichel[13] nos dice: «las defensas contra la angustia que echan raíces en el carácter son objeto a menudo de una sistematización secundaria. El primer paso en análisis es poner al descubierto los sistemas de actitudes del carácter encargadas de combatir la angustia. Sin embargo, esto todavía no es el análisis como algunos pretenden creer.[14] Cuando esta labor se hace correctamente es que el paciente sufre ansiedad o presenta los diferentes equivalentes físicos de la ansiedad. El paso a seguir es el análisis de la naturaleza e historia de la ansiedad y la anulación de la constelación dinámica que condujo y aún conduce a rechazar la angustia.
2) Defensas de carácter resultantes de la racionalización e idealización de los impulsos instintivos
Comprenderemos adecuadamente esta variedad caracterológica si pensamos en la actitud del sujeto que para racionalizar su hostilidad expresa: «Te pego por tu bien». La idealización del acto frecuentemente connota para su realización un soborno simultáneo al superyo, lo que trae aparejado un estado parecido a la elación.
3) Defensas de carácter diverso para la aceptación de impulsos instintivos
El aislamiento de lo bueno y de lo malo en grupos antitéticos o de ternura y sensualidad, matiza la caracterología de ciertos sujetos.
También otros tipos caracterológicos se definen por la necesidad estar haciendo siempre cosas, para no entrar en contacto con ellas, adolescentes tenedores de todo y poseedores de nada; o bien aquellos que siempre tienen prisa para evadir el encuentro, etc.
Desde otra dimensión y desde tiempo inmemorial se ha tratado de estructurar el carácter y clasificarlo de acuerdo a la prevalencia de rasgos correspondientes a determinada etapa del desarrollo genético, con sus defensas concomitantes. Según este enfoque se habla de carácter anal, de rasgo orales del carácter, de rasgos uretrales y fálicos o finalmente de carácter genital.
Fenichel[15] aclara, con buen sentido común, la confusión entre el impulso y el objeto al que se adhiere. El impulso anal puede usar analmente el dinero, pero de aquí a decir que el origen de la moneda es el proporcionar un sistema de sublimación para jugar con excrementos hay mucha distancia. En el histérico, el acto de caminar puede haber sido cargado con catexis sexuales, pero de allí a decir que caminar es la sublimación del coito, como principio general es difícil de aceptar. Fenichel también hace notar «que las instituciones sociales influyen sobre la estructura instintiva de la gente que vive bajo las mismas; a través de tentaciones y frustraciones modela los deseos y antipatías de las mismas».
No se trata de afirmar que mientras los instintos obedecen a un determinismo biológico, los objetos de los instintos se hallan socialmente condicionados. Más bien se trata de expresar que la estructura instintiva misma, especialmente la distribución relativa de la libido genital y pregenital depende de factores sociales. Fuera de toda duda, las estructuras individuales creadas por las instituciones ayudan a conservar estas mismas instituciones. Todo fenómeno mental es factible de explicarse como resultado de la interacción de la estructura biológica y la influencia ambiental. Las instituciones sociales actúan determinando las influencias ambientales a que estará sometida una generación dada. La estructura biológica misma ha surgido de la interacción de estructuras y experiencias anteriores. Pero ¿de dónde provienen estas instituciones sociales?, ¿no será en última instancia de los esfuerzos realizados por el género humano para satisfacer sus necesidades? Esto es innegable. Pero las relaciones entre los individuos se convierten en realidades externas relativamente independientes de los individuos. Estas realidades externas modelan las estructuras individuales y los individuos a su vez mediante su conducta, modifican las instituciones. Y éste es un proceso histórico ininterrumpido.
1) Rasgos orales de carácter
Definámoslos en unas cuantas frases y características:
a) Me deben lo que me quitaron, por lo tanto exijo con avidez.
b) El vampirismo. Estos sujetos tienen tendencias sádico-orales; ruegan, exigen, y se adhieren al objeto succionándolo. El temor a perder el objeto es lo que conduce a succionarlo. Esta característica se encuentra emparentada en forma particular con la relación simbiótica entre la madre y el hijo.
c) Los que siempre dan. La frase latente con la cual estructurarían su relación y modelo sería: «Así como te estoy colmando de amor quiero que lo hagas conmigo». El sujeto que iteradamente obsequia. Claro está que lo reprimido que es, el «dame, dame», se transforma en torturante para el que siempre está recibiendo. En cierto sentido es la actitud que el indígena zapoteca tiene en su guelaguetza: le da a la Virgen, para hipotecarla y comprometerla.
d) El sujeto que en su conducta manifiesta nunca da. Su mensaje latente sería: «porque no me dieron lo que quise, no daré a otros lo que quieren». De allí que en la impotencia y eyaculación retardada, podemos encontrar su génesis oral o anal, al definir el carácter del sujeto que la padece.
El carácter oral necesita y depende de sus objetos para la conservación de su autoestima; a veces sus necesidades las manifiesta exigiendo, otras implorando. La primera es una actitud paranoide, la segunda depresiva.
La alternancia de sublimación de un rasgo caracterológico y su expresión verdadera hacen que nos encontremos con personas generosas que de pronto se muestran mezquinas, y viceversa, que siendo mezquinas de pronto se muestren generosas.
e) Existen rasgos de carácter que son el resultado de un desplazamiento de la necesidad alimenticia al intelecto o a los ojos.
2) El carácter anal
Son tan conocidas sus características que en servicio de la brevedad las omitimos.
3) Rasgos uretrales y fálicos en el carácter
Por obvios no los describiremos, simplemente recordemos su gran uso como elementos de caricaturización en el chiste y en las manifestaciones verbales de la vida cotidiana. En estos tipos el pene se encuentra al servicio de la venganza en contra del sexo femenino. De ninguna manera es un instrumento al servicio del amor.
Las necesidades de venganza frecuentemente son el resultado de un miedo profundo. tanto a la mujer como al amor genital.
Las fórmulas anteriores pueden tener múltiples variantes, resultado de su reactivación, anulación, transformación en lo contrario, desplazamiento, proyección, etc.
Una dimensión hasta ahora no incluida en estas líneas, es el grupo de los trastornos de carácter resultantes de una respuesta patológica frente al superyó. Sin embargo, no olvidemos que el dominio de los sentimientos de culpa es capaz de absorber la totalidad de la vida de un sujeto y de los objetos que le rodean.
Esquemáticamente podríamos señalar los pasos sucesivos que hacen posible la estructuración de sujetos con dicha caracterología. A saber:
-Conflicto entre el niño y los padres.
-Introyección de los padres, cuya equivalencia topográfica sería: conflicto entre el yo y el superyo.
-Uso de los objetos externos como testigos de la lucha dramática.
También podríamos esquematizar las vicisitudes del sentimiento de culpa entre el superyo acusador y el yo acusado, en la siguiente forma:
-Presencia de la culpa.
-La culpa exige expiación, castigo o promueve remordimientos.
-La culpa y sus acompañantes, la acusación y el castigo se proyectan en los otros.
La culpa cobra particular importancia como elemento dinámico en la génesis del chivo expiatorio, el héroe o el artista. Por razones obvias no entraremos en el análisis específico de cada uno de los destinos, transformaciones y mutaciones del sentimiento de culpa.
Señalemos que con el sentimiento de culpa se pueden elaborar diferentes modos caracterológicos en los que prevalezca la negación, el descaro, la propiciación del castigo, uno de cuyos ejemplos sería el criminal por sentimientos de culpabilidad, ya descrito en otro contexto. El crimen real puede llevarse a cabo para aliviar la tensión provocada por el crimen fantaseado, el cual es más siniestro y terrorífico. En otras ocasiones la confrontación de haberse podido librar del castigo ante el delito real, hace pensar al sujeto que también podrá evadir el castigo por su delito interno.
Otras personas lidian con su superyo devaluándose y adelantándose a las críticas de los objetos temidos (representantes del superyo). A veces se hacen acompañar de un objeto bueno para preservarse del temido. En otras ocasiones la conducta reparativa puede estar dirigida más que a restituir un objeto, a acallar los sentimientos de culpa. En la misma línea de pensamiento encontraríamos: los que fracasan ante el triunfo, la reacción terapéutica negativa, así como el Don Juan del éxito, en el que el logro, anula la culpa y sus consecuencias amenazantes.
Por definición, carácter quiere decir predominio de cierta constancia de las formas que asume el yo para solucionar sus tareas. La fijación al uso de ciertos mecanismos de defensa depende:
-De la naturaleza de los impulsos que deben ser rechazados.
-De la época en que se plantearon los conflictos decisivos.
-Del contenido y la intensidad de las frustraciones y del carácter de los factores que las producen.
-De si en el momento de la frustración había otras gratificaciones sustitutivas posibles.
-Es importante saber si una actitud defensiva especial es impuesta al sujeto por una situación histórica particular.
Por último señalemos que de la misma manera que el impulso tiene una tendencia a la repetición, también la tiene la defensa que originalmente se usó contra dicho impulso.
Técnica y terapia de los trastornos del carácter
Antes de abordar con cierto detalle el problema me gustaría sintetizar algunos pasos que a mi manera de ver han de seguirse en la técnica de los trastornos del carácter:
1. El paciente debe darse cuenta de su manera de ser.
2. Debe tener conciencia de su incapacidad para ser de otro modo.
3. No puede funcionar de modo distinto, porque su peculiar estilo se encuentra al servicio de propósitos defensivos.
4. Históricamente el sujeto estructuró la defensa que pudo, dados su nivel de integración, la tolerancia del ambiente y las múltiples interacciones históricas. Es obvio que un sujeto nunca tiene la defensa que quiere sino únicamente aquella que el ambiente le permitió erigir.
5. Si se logra vencer la defensa caracterología surgirá el conflicto y se movilizará la neurosis que primitivamente la hizo surgir.
Si llevamos a cabo una revisión más minuciosa siguiendo a Reich[16] nos encontramos que la técnica analítica ha tenido diferentes momentos, pese a que sus detractores la consideran como algo estático y congelado en el transcurso de su más de medio siglo de existencia. El punto de vista tópico, estableció inicialmente el principio técnico según el cual lo inconsciente debe hacerse consciente. El punto de vista dinámico estableció que la regla o principio técnico previamente señalado no debería llevarse a cabo en forma directa sino por la vía del análisis de las resistencias. Por último, el punto de vista económico y la estructura psicológica del sujeto son las que determinan la regla de que el análisis de las resistencias se debe llevar a cabo en cierto orden, conforme a cada paciente en particular.
El análisis del carácter surgió de hechos clínicos bien definidos:
a) La incapacidad de la mayor parte de los pacientes a seguir la regla fundamental. Ante esta incapacidad, es obvio que la recomendación sugerida por Nunberg,[17] según la cual había que substituir las interpretaciones analíticas por medidas pedagógicas, es inoperante.
b) ¿De donde surgen las resistencias caracterológicas?
Lo importante no es si los síntomas hicieron su aparición temprana o tardíamente, lo fundamental es el carácter neurótico, la base de reacción para la neurosis sintomatológica estaba ya formada en la época correspondiente a la fase edípica. A pesar de ello es importante señalar algunas diferencias sustantivas entre los síntomas neuróticos y los rasgos caracterológicos. Dos hechos clínicos son definitivos en, la diferenciación de unos y otros:
1. El conocimiento intuitivo de la enfermedad.
2. La racionalización.
La comprensión caracteriza al síntoma neurótico; y su ausencia, al rasgo de carácter. Comprensión no de su significado, contenido o valor dinámico y económico, sino comprensión de su existencia.
El síntoma por otra parte nunca está tan racionalizado y justificado como el carácter. Difícilmente se racionaliza la presencia de una parálisis histérica y sí en cambio la de un carácter compulsivo.
Sin embargo, es preciso señalar que el concepto de enfermedad es totalmente fluido, hay toda suerte de transiciones desde el síntoma como cuerpo extraño aislado, pasando por el carácter neurótico y las «malas costumbres», hasta la acción racional y la ideología.
Mientras el síntoma corresponde esencialmente a una sobreexperiencia o esfuerzo, el carácter representa el modo de ser del individuo; una expresión de la totalidad de su pasado. Ningún tipo de carácter es el resultado de experiencias aisladas, sino de una suma estructural y formal de las mismas, susceptibles, por su repetición, de condicionar la personalidad total. En este sentido podríamos señalar que una golondrina no hace verano y una experiencia traumática aislada no hace carácter.
Un síntoma puede desarrollarse en forma repentina, mientras que cada rasgo de carácter requiere años para su formación. Por ello curar, en el sentido que venimos planteando, requiere tantos años como enfermar. Por otra parte el síntoma no podría haberse desarrollado repentinamente a menos de contar con una base caracterológica de reacción neurótica. Los rasgos neuróticos del carácter se hacen sentir como «mecanismos de defensa compactos y solidificados».
La exploración analítica del desarrollo de esta coraza, muestra que también sirve a propósitos económicos bien definidos. El modo de conducta es el resultado del desarrollo total y como tal puede ser punto de partida para la evolución de la técnica del carácter.
Técnica del análisis de la resistencia caracterológica
El cómo se dicen las cosas, es un material tan importante para la interpretación, como lo que se dice. A menudo oímos que los terapeutas expresan que el análisis no marcha bien, que el paciente no aporta material alguno. Con ello, por lo general, se hace referencia al contenido de las asociaciones y de la comunicación. Pero como el paciente, pongamos por caso, se mantiene callado o sus repeticiones estériles, también constituyen «material» que puede y debe ser usado.
Los aspectos más importantes de las resistencias caracterológicas son:
l) No se expresan en el contenido del material sino en los aspectos formales del comportamiento general.
2) Lo específico de la resistencia caracterológica no es lo que el paciente, dice o hace, sino cómo habla y obra; no lo que dice en un sueño, sino cómo censura, distorsiona, etcétera.
3) La resistencia caracterológica es siempre la misma en el mismo paciente, sin importar el material contra el cual va dirigida. Caracteres diferentes actúan enfrente del mismo material en forma diversa. Se puede expresar que la resistencia caracterológica es el común denominador a la problemática del paciente. De aquí la monotonía del proceso analítico en una misma persona.
4) Mediante la comprensión de los hechos anteriores, el elemento formal queda incluido en la esfera del psicoanálisis. Hasta el advenimiento de esta técnica, el acento era primordialmente en el contenido de la comunicación.
5) El individuo está acorazado caracterológicamente contra el mundo exterior y contra sus impulsos inconscientes.
Hallamos en la resistencia caracterológica tanto una función defensiva cuanto una transferencia de las relaciones infantiles con el mundo exterior.
6) En términos económicos, el carácter en la vida corriente y la resistencia caracterológica en la transferencia sirven ambos a la misma función: la de evitar displacer, y mantener equilibrio psíquico —por neurótico que sea—, así como por último absorber energías reprimidas. Una de las funciones fundamentales del carácter es la de ligar la angustia flotante o, en otras palabras, absorber catexis y liberar de ansiedad. Así como el elemento histórico infantil se encuentra presente en los síntomas neuróticos, también lo está en los rasgos de carácter.
7) Dondequiera que topemos con una resistencia caracterológica estamos obligados constantemente a extraerla de la totalidad del material y a disolverla mediante la interpretación de su significado.
Debemos señalar un malentendido; el análisis del carácter comienza con el hincapié en la resistencia caracterológica y su consecuente análisis. Esto no significa para el paciente no ser agresivo, no engañar, no hablar de manera confusa, etc. El procedimiento no difiere del análisis de un síntoma. Aislamos el rasgo y ponemos al paciente enfrente de él repetidamente, hasta que el sujeto comienza a verlo objetivamente y a experimentarlo como un síntoma doloroso. Por sorprendente que parezca este proceso, produce un cambio, si bien es cierto sólo temporal, en la personalidad. Con el progreso del análisis del carácter surge a un primer plano el impulso que dio origen al mismo.
Por ejemplo, el señalamiento de características pasivo-femeninas a un paciente, en forma reiterada y consistente, lleva al sujeto a apercibir su agresión infantil, su primitiva angustia de castración y consecuentemente su forma específica de manejar la situación edípica.
Si en un comienzo nos limitamos a mostrar al paciente la resistencia y a interpretar su significado actual, pronto hace su aparición el material infantil correspondiente, con ayuda del cual podemos afrontar la defensa. Hablar de preponderancia de análisis del carácter es para Reich[18] «educación para el análisis por el análisis». Es regla básica, no importa cuan claro y definido sea el material, no plantear interpretaciones de profundidad mientras el paciente no esté listo para recibirlas.
8) Un análisis de carácter consecuente es una minuciosa elaboración de los conflictos asimilados por el yo.
El criterio más importante para un análisis ordenado, es plantear pocas interpretaciones, consecuentes y que hagan al caso, en lugar de numerosas interpretaciones poco sistemáticas y que no tomen en consideración el elemento económico y dinámico. Un segundo criterio es el establecer siempre la conexión entre la situación actual y la situación infantil. El tercer criterio es no atacar el caso en este o aquel punto por casualidad tangible, sino en el sitio en el que se oculta la defensa yoica más sensible y esencial.
El error cometido por lo común es el de atacar el punto patogénico central de la neurosis, que por lo general se manifiesta de alguna manera en el comienzo mismo del tratamiento. Es importante por lo tanto, y en muchos casos decisivo, cómo, cuándo y de qué lado nos acercamos al punto central de la neurosis. El mejor camino es encarar la defensa del yo más relacionada de cerca con el yo consciente. La defensa yoica tiene siempre la misma forma, correspondiente al carácter del sujeto, cualquiera que sea el impulso instintivo reprimido. A la inversa, el mismo impulso es esquivado en forma diversa por diferentes individuos. Primero se le aclara al paciente que esquiva algo, después se le hace ver cómo lo hace y cuáles son los medios de defensa por él utilizados (análisis del carácter), al final y sólo al final, cuando el análisis de la resistencia ha progresado suficientemente, se le dice —o el paciente llega a expresarlo por sí mismo —qué es lo que elude.
Este largo desvío a la interpretación de los impulsos instintivos se han analizado todas las actitudes yoicas correspondientes.
No debemos dejar de mencionar ciertos aspectos poco placenteros de un análisis de carácter. El paciente sufre más que en un análisis clásico. Sin embargo, debemos pensar que la mayor parte de las neurosis no se pueden vencer con tibieza.
9) ¿Existen criterios para indicar cuándo debe tener lugar la reducción de los modos actuales de conducta a sus prototipos infantiles correspondientes? Los efectos en general han sido separados de las ideas reprimidas y ligados a las resistencias y conflictos transferenciales agudos. Si la resistencia se reduce a la situación infantil existente antes de haberse desarrollado plenamente y lo hacemos tan pronto como aparecen rastros de origen infantil, nos habremos privado de utilizar a fondo las energías afectivas. En esta forma, tan sólo hemos interpretado el contenido de las resistencias sin haber movilizado el correspondiente afecto.
Es necesario no atacar la resistencia en capullo sino, por el contrario, fomentar su pleno desarrollo en la situación transferencial.
La técnica del manejo de la defensa caracterológica tiene dos tiempos: primero captarla a base de la situación actual, al través de su significado presente; segundo, disolverla mediante la vinculación del material actual al infantil.
La coraza puede estar presente y hacerse obvia desde un principio o puede encontrarse encubierta por acopio abundante de material. Si nos dejamos engañar por el sugerente exceso y claridad del material entraremos en el caos de las interpretaciones de contenido.
Para terminar señalemos: el análisis del carácter es un paso hacia adelante en nuestro intento de afrontar la enfermedad por un camino diverso, es un jalón más en el incesante esfuerzo por exorcizar el demonio de la perturbación emocional.
[1] Sigmund Freud. Obras completas. Tomo II. Biblioteca Nueva, Madrid, p. 990.
[2] Shakespeare, William. Obras completas. Aguilar. Madrid.
[3] José Luis González. «Los invulnerables». Trabajo leído en la Asociación Psicoanalítica Mexicana, el 26 de julio de 1962.
[4] Fernando Díaz Infante. Comentario al trabajo anterior.
[5] Henrik Ibsen. Teatro completo. Editorial Aguilar. Madrid.
[6] Wilhem Reich. «Zür Techink der Deutung und der Widerstandsanalyse». International Zeits fur Psychoanalysis, Vol. XIII, 1927.
[7] Wilhem Reich. «Die Funktion des Orgasmus». Int. Psychoan. Verlag. Wien 1927.
[8] Otto Fenichel. Teoría psicoanalítica de las neurosis. Editorial Nova.
[9] Robert Waelder. «The Principle of Multiple Function». Psychoanalatic Quarter, Vol. V, 1936.
[10] Op. cit.
[11] Geza Roheim. «Sublimation». Psychoanalitic Quarter. Vol. XII, 1943
[12] Anna Freud. El yo y los mecanismos de defensa. Editorial Paidos. Bue nos Aires. 1961.
[13] Op. cit.
[14] Fromm, Horney , por ejemplo.
[15] Op. cit.
[16] Wilhem Reich. Análisis del carácter. Editorial Paidos, Buenos Aires. 1957.
[17] Herman Nunberg. Teoría de las neurosis basada en el psicoanálisis. Editorial Pubul. Barcelona, 1950.
[18] Wilhem Reich, Análisis…
