Trabajo presentado en la APM. En Obras escogidas
1963
En un trabajo previo expresábamos:[1]
Toda defensa o conjunto sistematizado de defensas es un procedimiento mediante el cual se establece una distancia que protege al sujeto y al objeto de los peligros implicados en la cercanía erótica o agresiva… No se piense que la distancia opera únicamente en cuanto a peligro de cercanía, también funciona económicamente ante temor de alejamiento.
De entonces a ahora, algunas reflexiones adicionales hacen posible esta comunicación y en cierto sentido la justifican.
Con el fin de estructurar una distancia operativa, las modalidades a emplear pueden ser tan variables como el carácter mismo. Ejemplificando brevemente: el ulceroso fundamentalmente pasivo y con una caracterología cercana a la estructura obsesiva, construye su distancia en una forma particular. Promueve y estimula que los objetos se acerquen a él pero se mantiene pasivo ante ellos para evadir la problemática de su conflicto. Hace que el objeto sexual sea activo en el juego erótico, pero a través de una sutil y complicada manipulación evita apersonarse del acto en su conducta manifiesta; es más, cuando las circunstancias o la terapia lo fuerzan al acercamiento activo, la distancia, a manera de amortiguador, moviliza ya una impotencia, ya una activación del cuadro psicosomático. Lo anterior es válido tanto para el acto sexual como para todo aquello que simbólicamente lo connote o represente. Un recuerdo encubridor, o mejor dicho pantalla, que sintetiza el modelo operante en estos sujetos es el que sigue: Un paciente en su infancia, durante las navidades, festividad muy celebrada en su hogar, era colocado cerca de las brillantes esferas luminosas y polícromas con las que adornaban el árbol ritual. Durante toda la maniobra del arreglo navideño debía mantenerse pasivo sin participación activa de ninguna clase. En una ocasión, enfrente de unos amigos, todos ellos de su misma edad, pretende lucir sus habilidades para manipular las esferas: se acerca a ellas, las rompe y se lastima, hiriéndose una de las manos y sangrando. Este recuerdo se conserva vivo, tenaz e iterado, en función de representar el modelo operativo y simbolizante del resto de su conducta. Los niveles de integración se modifican con el desarrollo, pero el modelo persiste. En su vida adulta ya no las esferas, sino las mujeres a las cuales habrá de contemplar pasivamente o a cuyos juegos se prestará e incluso promoverá, pero sin comprometerse en ellos activamente. Vale decir, compra las esferas, para la fiesta navideña, pero no hace uso de ellas. Cuando su impulso, ya sea por las circunstancias, ya por la terapia, se moviliza y le hacen dirigirse activamente a la mujer apetecida y polícroma, el modelo defensivo emerge y aparece el dolor epigástrico.
En otras ocasiones las identidades múltiples pueden usarse con el propósito de establecer distancia. Distancia protectora ante la ansiedad que produce el objeto y su cercanía. Análogas a las identidades múltiples, susceptibles de usarse según las necesidades de distancia en un momento u otro, también se pueden eregir los desdoblamientos únicos o múltiples de objeto. Tanto en el desdoblamiento como en el uso de la multiplicación objetal, los propósitos son análogos aun cuando en el último caso la construcción es más compleja. Teniendo múltiples objetos, el sujeto tiene la posibilidad de defenderse de uno de ellos, sobre todo de aquel que en un momento se transforma en peligroso. Acortando la distancia hacia los restantes objetos o bien cambiándoles el signo catéctico, con el que previamente se les había revestido, se logra preservar del objeto corrosivamente peligroso. Un colega me decía que este tipo de estructura caracterológica puede compararse al del malabarista, quien al lanzar en distintos momentos sus objetos al aire, no retiene ni conserva ninguno de ellos.
La energía en un circuito cerrado tiende a extinguirse. El neurótico mantiene siempre abiertas sus ventanas de aprovisionamiento. En realidad estimula con su conducta que el exterior produzca el combustible específico y adecuado para sus necesidades y distancia. Si en un momento necesita alejarse del objeto para evitar el peligro, estimula con su conducta solapada y sutil, pero profundamente coherente, un tipo de respuesta específica que le va a permitir atribuirle al objeto lo que él mismo condicionó. A veces se condiciona conducta agresiva para no hacer contacto con el objeto, peligroso; el sujeto expresaría en su contenido latente: golpéame, hiéreme, atácame, pero no me ames, porque ello me resulta mucho más peligroso. Tal es el diálogo latente presente en este tipo de conducta. En otras ocasiones se estimula conducta amorosa y apasionada con un objeto neutro, para en un segundo tiempo esgrimir este comportamiento como confrontación rechazante —ya ves que sí puedo—, hacia el objeto primariamente temido. El paciente expresaría en su modelo total: “Si puedo, no es que te tenga miedo, es que eres malo.” De acuerdo con las necesidades se pueden esgrimir uno, dos o múltiples objetos, todos ellos amortiguadores económicos. Por otra parte el sistema no es siempre el mismo sino múltiple y diverso. Rara condición la del sujeto que sabe acercarse sin restricciones al objeto amoroso o agresivo; metas de su energía. Son indudables los propósitos económicos de este mecanismo regulador de interacción afectiva.
Mundo interno y mundo externo pueden oscilar y manejarse en alteraciones recíprocas. Insight del esquizofrénico e incremento de la percepción sensorial en el paranoico, son usadas con múltiples fines: para rehuir el exterior o para alejarse del interior. Si pensamos que además de exterior e interior existen posibilidades de amor y odio, ya por lo menos tenemos cuatro elementos, cuatro pelotas, en el juego de pelotas del malabarista.
En otras ocasiones la conducta preserva de severos procesos alucinatorios, cuya presencia amenazaría terroríficamente la integración del yo. En cualquier nivel de integración que se le considere: oral, anal o fálico, la homosexualidad es una distancia sustitutiva de un proceso alucinatorio. Dicha sustitución estructura una conducta bizarra, perversa si se quiere, que preserva de una fantasía mágica, terriblemente peligrosa. En niveles orales la fantasía sería: “yo soy tu pecho, tú eres mi boca”; lo cual implica un severo trastorno yoico, de límites en particular. En niveles anales: “yo soy tu ano, tu eres mi excremento”, sigue modelando una particular patología. En niveles genitales: “yo soy hombre (tu padre) y tu mujer (mi madre)” reitera la pauta.
Existen personas que parecen acercarse, hasta establecer contacto: cutáneo, sexual y de otros; sin embargo, lo estructuran con todas sus defensas, bien o mal integradas, pero funcionan con respecto al objeto como lo haría el buzo en relación al mar, protegido con una escafandra.
Dos cuartetas de Sor Juana son visión intuitiva poética y profunda de lo que venimos diciendo:
Yo no puedo tenerte ni dejarte
ni sé por qué al dejarte o al tenerte
se encuentra un no sé qué para quererte
y muchos sí sé qué para olvidarte.
***
Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata,
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.
En ciertos casos se observa intensa compulsión manifiesta a la cercanía (podría llamársele reparación; en este caso la reparación es el proceso y la técnica el acercamiento, cutáneo, amoroso o procreativo) y ello para evadir, la desesperada sensación latente de lejanía (si se quiere de destrucción o pérdida; en este caso la destrucción es el proceso y las técnicas lo son el alejamiento, el enfriamiento, la hostilidad, aislamiento y despersonalización). Este tipo de pacientes tienen una necesidad compulsiva de preservar la cercanía con el objeto transferencial para evadir el sentimiento de lejanía y pérdida. Las técnicas usadas, varían de paciente a paciente según la forma histórica específica con la cual se saben cerca. El paciente extratierno o el que se acerca eróticamente, o el que idealiza en múltiples áreas, son unos cuantos ejemplos de lo que venimos diciendo. Es necesario que pase mucho tiempo para que el paciente logre, si es que lo logra, visualizar al objeto con sus limitaciones, sin que por ello se sienta alejado o destruido.
Distancia es resultado, efecto. La causa puede ser diversa de acuerdo a los niveles de integración en los cuales aconteció la fijación y de acuerdo también con los objetos que en ella intervinieron. Digamos: distancia efecto, situación edípica causa; distancia efecto, sadismo anal origen; por último, distancia efecto, voracidad y hambre orales, móviles.
Ovular, procrear y amamantar pueden significar acercamiento a un objeto temido; la conducta manifiesta es el resultado activo, adaptativo y defensivo a los significados latentes predominantes.
Retomando al ulceroso, para él, triunfo, éxito, realización cabal en múltiples áreas puede revestirse de connotaciones psicopatológicas de matices fuertemente orales. Todo lo anterior es visualizado como cercanía temida, en la cual la destrucción del objeto es inminente. Si al objeto se le da, defensivamente, una connotación agresiva —utilizando la realidad histórica del mismo— en el fondo se le está protegiendo. Es preferible en ocasiones ser mordido a morder; por ello fracaso, derrota y realización frustrada son pantallas del canibalismo intenso y feroz del cual el sujeto tiende a mantenerse a distancia.
Los ciclos alternantes de calma y dolor en el ulceroso, constituyen tiempos de toma y lanzamiento en el malabarista juego de “toma y daca” de los objetos. En nuestra cultura a fuerza de ser tan deseados el éxito y el logro, y en base al sistemático diferir de los mismos, se tiñen de connotaciones pobladas de fantasmas, esfinges, furias y quimeras.
La distancia efecto se visualiza en la transferencia, en el aquí y ahora; no es intelectual, se acompaña de rubor, cavilación, amenaza o pánico. Rubor fóbico, cavilación obsesiva, amenaza paranoide o pánico esquizofrénico.
La causa es remota, se originó en el allá y entonces, en el pasado. Es núcleo de cristalización pero no cristal; explicable en términos de construcción analítica pero difícilmente en niveles afectivos.
Una buena técnica tiende de acuerdo con el paciente a promover afectos dentro de la distancia más operativa y mutativa, evitando dolor innecesario. A la postre toda técnica analítica, queramos o no, es un desafío tendiente a que el paciente esté cerca sin perder identidad, amor y sentimientos o autoestima.
[1] El Problema de la Distancia en Psicoterapia. Revista Facultad de Medicina; 1961.
