Reflexiones adicionales sobre la relación madre-hijo y su expresión autoplastica

Revista Médica, Secretaría de Marina, pp. 31-35

1964

La relación madre-hijo se expresa en todos los momentos de la vida procreativa de la mujer. En el momento mujer-óvulo, menstruación; en el momento mujer-huevo, fecundación; en el momento mujer-producto, parto, y en el momento mujer-lactante, maternidad. Desde otro punto de vista, la relación madre-hijo puede ser esperanza o anuncio de tragedia en la menarca y alivio o índice de desintegración en la menopausia.

Las quiebras en la menarca, el embarazo y el puerperio son expresión de la destructividad implícita en dichos momentos. Los trastornos inhibitorios o dolorosos o ansiosos en los momentos antes señalados son expresión de la reacción defensiva y alarmante del Yo ante la situación que amenaza.

De igual magnitud, pero expresando lo opuesto, tendríamos las reacciones depresivas del momento involutivo representado por la menopausia.

Existen personalidades femeninas en las cuales el Yo solamente se ve integrado cuando se lleva a cabo la simbiosis simbólico-fisiológica representada por el ovular, fecundarse o lactar. En la transferencia, las personalidades antes dichas tienden a la simbiosis no erótica sino amorosa tierna; reeditan una fantasía aloplástica, en la cual indistintamente el terapeuta o la paciente funcionan como un par: madre-óvulo, madre-huevo, madre-producto o madre-lactante.

Las que evaden los momentos procreativos cruciales transferirán defensivamente en forma pseudogenital o con defensas que imposibilitan la fecundación simbólica en el orden transferencial.

La estéril evitará darle connotaciones fecundantes a la relación terapéutica o a la interpretación. La fecunda o la depresiva involucional connotará la terapia y la interpretación como actos de fecundación y de restitución.

En este orden de ideas, Fairbairn, hace muchos años, en su trabajo «Factores esquizoides en la personalidad» hablaba del parir-empobrecerse y del parir-enriquecerse. Puesto en otros términos, la mujer que al parir pierde un objeto interno que la sustentaba y la mujer que al parir gana una relación realista de objeto.

No se ha valorizado suficientemente a la menstruación, como el medio biológico, más accesible de la mujer para retener o expulsar objetos buenos y malos. Retener la menstruación puede tener muchas connotaciones. Enumeraremos algunas. Ansiedad de exteriorizar un objeto malo (la madre); persistir en la actitud de dependencia infantil, negándose a dar (cosas biológicamente valoradas), ya que solamente sabe recibir; alegría por desprenderse de objetos que de permanecer internalizados generarían angustia. La polaridad bueno, malo; tomar, dar; ser fértil y estéril; dependiente o independiente; masculino o femenino; fuera o dentro —exactamente quiero decir ser fuera o ser dentro— pueden vectorizarse a través del ciclo. Las potencialidades de polaridad, desde el punto de vista psicológico y psicopatológico, son mucho mayores que los recursos de expresión somática, que necesariamente, por corresponder a un plan de integración menos jerárquica, son limitados. Una vez más Fairbairn, en otro contexto de pensamiento, pero aplicable a nuestro caso, expresa:[1]

La angustia que acompaña a la separación se manifiesta como temor al aislamiento; y la que acompaña a la identificción, como temor a ser encerrado y aprisionado… tal como entre separación y reunión, tiende a haber una constante oscilación entre expulsión y retención. Ambas van acompañadas de angustia —o pueden liberar de ella, diríamos nosotros—; la actitud de expulsión por un temor de ser vaciado o desecado y la actitud de retener por un temor de estallar.

Se puede retener la menstruación cuando se viaja, de la misma manera que en otras hay constipación. Se podía pensar en una explicación por similitud, a saber: menstruación y excrementos son equiparados en sus valores depredatorios. Sin embargo, más bien se debe pensar en que las heces, el flujo menstrual, así como el dinero y otros objetos significativos pueden utilizarse retentivamente, cuando se siente que el objeto interno se pierde. La pérdida del objeto interno bueno, o el encuentro con el retorno del objeto malo, situaciones circunstanciadas durante las fases del ciclo, promueven ansiedad y secundariamente reacción ginecoobstétrica somáticamente defensiva. El encuentro con el objeto interno bueno o la pérdida o represión del objeto malo, promueve elación, situaciones también circunstanciadas en las diferentes fases del ciclo y secundariamente reacción ginecoobstétrica somáticamente adaptativa.

Oigamos una preñada para quien la preñez significa la posibilidad de intentar una reparación de la mala relación con la madre (re-represión del objeto malo) y un encuentro con el hijo que hará se plasme la relación madre-hijo idealizada:

Poco después tuve un hijo. ¡Que dicha! ¡Por fin iba a ser yo como quise que ella fuera! Toda la vida de él (mi hijo) va a ser alegría; así compensaré toda la tristeza y el dolor de mi muerte. Mi hijo tendrá siempre mi compañía, con ella le brindaré todo lo que faltó a mis soledades. Para siempre y por fin desterraré el cochino agujero entre las piernas (la madre mala identificada con la madre-puta, cuya cercanía se teme). Desterraré por fin a la puta avara que nunca dio ni amor ni leche. Por primera vez mi estómago se llena con su hartura. También como milagro, mi soledad se desvanece acompañándolo. Su vida resucita mi muerte.

Defensivamente en este caso, ya descrito en otro contexto, en Esterilidad y fruto el caso Renata, se busca compulsivamente la simbiosis para negar la cabal soledad y abandono. Se enfatiza el enlace para negar el aislamiento. El enlace se logra a la manera poética de Octavio Paz: «En donde estás tú somos nosotros, el reino de pronombres enlazados».

La misma paciente:

No me amamantó; dice que le daba asco; se sentía una vaca. Se portó como dicen que actuaron los dinosaurios; dejaron de alimentar a sus crías y la raza desapareció. Se han encontrado por ahí, en las tierras vegetales de ese entonces todos sus fósiles yermos y estériles. Al lado de los monstruos gigantes están los esqueletos famélicos de la cría hambrienta. De pequeña fui tan dos, tan yo y ella, que anhelo que ahora nuestros pronombres se enlacen, total, cabal e integramente. Que pasado el tiempo, el cuerpo de él, al influjo de mi afecto, se fuera haciendo cada vez más yo, y mi cuerpo en él, al influjo de su afecto se irían transformando poco a poco en el hijo amado.

Una paciente cuya caracterología y problemas depredatorios eran similares a los de la anterior me compuso el siguiente poema que expresaba su sensación en la relación transferencial:

Al decir que ya te quiero
empiezo a quererme yo
porque frente a ti descubro
lo que de mí encuentro en ti.
Porque al depender de tí
de quien dependo es de mí,
de lo que hay dentro de mí,
que estás descubriendo tú.

En una paciente cuya quiebra coincidió con el nacimiento de su primer hijo, quiebra de tipo psicótico, cuya personalidad premórbida era la de una neurosis obsesiva, pudimos reconstruir sus fantasías subyacentes a toda la psicopatología enlazada a su ser mujer y disparadas enfrente de la situación edípica.

¡Qué buena estoy papá; qué buena está mi casa; te tengo un hijo para regalarte! Papá, ya crecieron mis senos, mi vagina es algo caliente; es para ti. ¡Todo esto te lo dedico! Pero todo esto significa excluir a mi mamá; tan buena como es; nunca me pegó. ¿Con qué derecho la voy a substituir a ella en la provisión de hijos, en la entrega placentera de mi cuerpo, de mis senos y de mi vagina? Ya te había dicho que te prepararía la comida y arreglaría tu cama y la del hijo; haría un manejo perfecto de la casa; todo para satisfacerte. Criaría con la leche de mis pechos una familia fuerte y florida como a ti te gusta.

Pero qué tristeza, así la destruyo, la substituyo, ocupo su sitio, la relego al olvido. Sería darle la alegría que ella nunca te dio ni podrá darte. ¡Pero la quiero tanto! ¡Mejor no! ¡No me tientes! ¡No te acerques!

En realida nada valgo, mis senos son feos, mi vagina llora el pecado, la suciedad y la tristeza. Además no sé dónde se guardan los cuchillos, ignoro cuántos manteles hay en casa. En mi pieza, el polvo se acumula, las sábanas raspan y están rotas y sucias. Todo se me cae de las manos. Nada sirve y nada valgo. Además ya no te quiero.

Mamá, soy una niña ineficaz; ¡protégeme! El hijo que me dio mi padre y los senos que desarrollé para su amor no sirven. Dame un ceñidor para que oculte mi pecado. Quédate en la casa que siempre debió ser tuya. Nunca debí atreverme a tenerla. Renuncio. Me quedo sin nada. Así es mejor.

Pero me siento vacía, algo está mal en mí interior. No me es fácil renunciar porque me da rabia. Tan lindo que era, no lo hacía tan mal; acuérdate que combinaba tan bien los colores. Amueblé con poco dinero y mucho gusto la sala. ¿Te acuerdas? Mi pelo lucía bien. Además recuerda cuando paseamos por Europa. ¡Qué bonita era mi falda! Era tan linda que aún hoy la guardo. A veces me siento muy contenta y es porque la traigo puesta. Yo colecciono mis recuerdos. Siempre están ligados a ti; tu paisaje, tus ironías, tu sonrisa y tu encanto.

Papá, volvamos a viajar. Pongámonos alegres. Me entrego a ti.

Pero ¿y mamá?

Diálogo interno y diálogo externo, ciclo y transferencia un mismo diálogo. Cuando en el sueño de la paciente simbiótica un niño se cae y el pánico la despierta, simultáneamente hay ovulación y temor de que la relación transferencial se empobrezca y desintegre.

En la vida cíclica de la mujer, afuera siempre es adentro.

Resumen

Señala el autor las características de la expresión autoplástica de la relación madre-hijo, considerando que se manifiesta en todos los momentos de la vida procreativa de la mujer, para la cual en su vida psíquica el afuera siempre es adentro.

Agrega en su relato diferentes aspectos clínicos que ejemplifican el aspecto teórico del escrito.

Summary

The author is pointing out the characteristics of the autoplastic expression in the mother-child relation, considering this manifestation is present in all the moments of the procreative Ufe, which the out is always the inside during her psychical life He also relates the different clinical aspects to illustrate the written teorical aspect.

RESUME

L’auteur signale les caracteristiques de l’éxpression autoplastique de la relation mére-fils, considérant qu’elle se manifesté dans tous les moments de la vie procréative de la femme, pour la quelle dans sa vie psychique le dehors es toujours dedans. Il ajoute dans sa narration les diférents aspects cliniques qui exempliefient l’aspect theorique de l’écrit.

[1] Fairbairn, W. Ronald. «Synopsis of an object-relations theory of the perso-nality». International Jorunal of Psycho-analysis. Vol. 44, 1963.

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