Tensiones sociales en las relaciones de mexicanos con americanos del norte

Trabajo con el Dr. Ramón Parres. Relato oficial por México al I Congreso Panamericano de Psicoanálisis. Nueva versión en Infancia es destino.

1960

Uno de nuestros mejores historiadores, Silvio Zavala, ha dicho:[1]

México es un país de contactos difíciles. Mantiene relaciones mas no se relaciona… ninguna De sus salidas representa el ejercicio de una actividad normal. Existe algún desequilibrio que empobrece la relación, aunque no interrumpe completamente el contacto.

La dificultad del mexicano con sus vecinos proviene de viejas pautas de conducta, y en este trabajo trataremos de explorar, algunas de las motivaciones más profundas de las relaciones entre el mexicano y otros hombres.

A principios del siglo XVI, la población indígena de Mesoamérica (México y Centroamérica actuales) era de aproximadamente 3.4 millones de habitantes. México mismo tenía alrededor de dos y medio millones de habitantes.[2] No era éste un grupo homogéneo, puesto que diferencias de idioma, organización política y estructura militar de la sociedad daban a algunos grupos ventaja sobre otros, causando tensiones sociales.

La dominación de un grupo sobre otro generalmene resultaba de una conquista militar. Por un lado estaba la declinación del grupo social que estaba gobernado, por el otro, la fuerza agresiva y afirmativa del grupo recientemente incorporado a la jerarquía militar. Desde el punto de vista del dominio político y militar, la historia de Mesoamérica es el de una sucesión de superimposiciones culturales, en las cuales la cultura recientemente incorporada sometía y controlaba a su predecesora. La dominación cultural acentuaba los controles políticos, militares y económicos más que el religioso.

Puesto que el sometimiento producía sentimientos de ambivalencia intensos (el conquistador era admirado y temido), los sentimientos de respeto y adoración podían, en cualquier momento oportuno, transformarse en sus opuestos (hostilidad y venganza). Por lo tanto el equilibrio social obtenido era más bien inestable. Es más, las muchas diferencias sociales y jerárquicas eran tan grandes que fácilmente podían estallar en conflicto abierto.

La fenomenología y la expresión abierta de las principales culturas del siglo XVI eran esencialmente agresivas. En el mito de Quetzalcóalt se proyectaba una represión grande de cariño y afecto a los padres. Esta deidad cósmica y humana daba al hombre todas las cualidades positivas que tenía. Caso dice: [3]

…Quetzalcóatl es un patrón permanente de humanidad y tras haber creado al hombre de su propia sangre, buscó el modo de alimentarlo y descubre el maíz… le enseña al hombre a pulir el jade y otras piedras preciosas y cómo hacer para encontrarlas… a hacer mosaicos con las plumas del quetzal, del pájaro azul, del colibrí, del papqgayo. Pero sobre todo le enseña al hombre la ciencias, dándole los medios para medir el tiempo y maneras deestudiar las estrellas; le enseña el calendario e inventa las ceremonias y fija los días para oraciones y sacrificios.

O sea, Quetzalcóatl es el prototipo de la cordura con su carácter sacerdotal y su benevolencia hacia sus hijos —los hombres.

Quetzalcóatl, como una representación proyectada de uno de los aspectos del espíritu humano, está en pugna constante con su deidad antagonística, Texcatlipoca, la proyección de las tendencias destructivas y negativas en el indio. La pugna entre estas dos deidades estaba representada en el mundo cósmico por la sucesión del día por la noche, y en el mundo animado la batalla se convertía en conflicto moral. El bien y el mal eran equivalentes al día y la noche, al oriente y al poniente.

Al arribo de los españoles, las tensiones sociales en el mundo indígena estaban en su punto máximo y había sentimientos intensos de hostilidad y resentimiento hacia el grupo dominante; el grupo subyugado encontró en la imagen de los españoles su esperanza de liberación de una dependencia onerosa. Cuando los jefes del mundo indio se percataron de que los conquistadores no constituían ni la amenaza ni la esperanza que habían pensado, era demasiado tarde. Psicológicamente, podríamos decir que el nativo se dio cuenta de que el conquistador no era el hermano bueno que lo liberaría del padre cruel y agresivo que lo tiranizaba, sino que simplemente había cambiado de padre, sustituyendo uno por el otro. Este nuevo padre usó formas noveles de tiranía y era codicioso. Además, su lenguaje, su religión  y demás eran muchas veces incomprensibles al indio conquistado. Es así que el panorama histórico de México se inicia con conflicto y tensión social. Un grupo pequeño con ideales e intereses homogéneos, domina un medio social enorme que no lo comprende.

En la Nueva España, el mestizo resulta de la unión de hombres españoles con mujeres indígenas, aunque en algunos casos era a la inversa.

La apreciación que tenía el español de la mujer indígena era esencialmente negativa; tenía mucho aprecio por lo que había dejado del otro lado del Atlántico y no podía encontrar en la tierra conquistada. Admiraba el olivo, los animales domésticos (como el caballo), las uvas, las españolas y todo cuanto podía representar simbólicamente su pasado. La mujer era un ser degradado y devaluado pues estaba identificada con el indio. Esta polaridad (masculino-femenino, activo-pasivo) asume en nuestra cultura un papel muy significativo y dramático. Octavio Paz, nuestro poeta, dice:[4]

Las mujeres son seres inferiores pues cuando ceden, se abren. Su inferioridad es constitucional y está empotrada en ellas en su herida ‘abierta’ que nunca sana… cualquier apertura en nuestro ser significa una disminución de nuestra masculinidad.

Es así que el mestizo emerge como una figura un tanto trágica. Su padre es fuerte pero ausente. Con frecuencia es un hijo nacido de la satisfacción sexual, sin sentimientos cariñosos. Su madre, con la cual vive es, según la cultura, una persona degradada.

El incremento constante del porcentaje de mestizaje ha dado su color al clima emocional del mundo mexicano. Ahora sentimos que los patrones mencionados forman lo que es mexicano. Kardiner,[5] en su técnica de análisis psicodinámico, estableció la derivación de la estructura básica de personalidad del estudio de las «instituciones» de una cultura dada. En este trabajo nos referimos a ciertos aspectos de la estructura de personalidad del mexicano derivados de manifestaciones culturales y expresiones folclóricas. Uno de nosotros[6] ha presentado este tema en forma más detallada en otro lugar. En un trabajo de investigación sobre la estructura de la familia mexicana presentamos material derivado de un estudio de institución culturales, con datos estadísticos y biográficos obtenidos del análisis de varios pacientes mexicanos. Muchas veces nos advierten las dificultades en que estriba la individualización de un país sin perderse en sus diferencias individuales. Sin embargo creemos que trazos de carácter, expresiones básicas, creaciones culturales y patrones de comportamiento del mexicano pueden individualizarse pues hay una comunidad de expresión y un solo origen.

El mestizo equipara las siguientes características con la masculinidad: fuerza, capacidad de conquista y dominio social. La debilidad, sumisión y degradación social son consideradas características femeninas e indígenas. La figura fuerte —idealizada, inalcanzable y odiada por ello— es la imagen del padre. La búsqueda por esta identidad es constante pero vana, puesto que es un mito. Por el otro lado se desarrolla una liga muy intensa con la madre, que es el único verdadero padre en su vida. Este amor excesivo de madre a hijo es el resultado de la privación del marido, el conquistador. En este medio, el niño desarrolla una actitud ambivalente hacia su padre. Una parte de él pugna constantemente por alcanzar e identificarse con el padre; la otra tiene sentimientos intensos de hostilidad y un resentimiento profundo. El mestizo original adquirió rápidamente, en una forma casi compulsiva, las costumbres que caracterizan la imagen del conquistador; se hizo jinete magnifico y adquirió mucha habilidad en el manejo de armas de fuego.

En diversas ocasiones el mestizo ha realizado esfuerzos desesperados para apropiar para su pueblo el poder y la masculinidad negada de la imagen paterna. Uno de nosotros[7] siguió a un grupo de niños que vivían al borde de la sociedad. En el cuarto miserarable en el que dormían había solamente periódicos para cubrir el suelo. Las paredes estaban decoradas por obscenidades mediante las cuales expresaban, en forma quejosa, cómo los trataba el mundo. Sin embargo, en un rincón de la habitación había una imagen de la Virgen de Guadalupe. Durante las noches estos niños recorrerían las calles, asaltando y robando a los borrachos que pasaran. De manera simbólica estaban quitando a sus padres, que los abandonaban, y por otro lado, mantenían un culto a su imagen materna en la Virgen de Guadalupe.

Durante los años de la lucha por la independencia la imagen del hombre de los Estados Unidos adquirió un significado importante. Era considerado un hermano mayor que, en circunstancias similares, se había rebelado contra la autoridad paterna representada por Europa. El mestizo sentía que las ideas delibertad que obtenía de los Estados Unidos tanto explicaban como justificaban su lucha contra el padre.

En ese mismo período la figura de los Estados Unidos cambió progresivamente del hermano mayor a la de padre posesivo. Los Estados Unidos se transformaron en una gran potencia industrial. Hechos históricos, cual la mutilación de nuestro territorio y la intervención norteamericana, adquirieron carácterísticas simbólicas, tales como sentimientos de castración, que resultaron en un cambio en la imagen de nuestros vecinos; progresivamente se transformaron en padres y dejaron de ser los hermanos de los que recibíamos ayuda.

Encontramos que en las clases sociales elevadas —y por lo tanto las más integradas desde el punto de vista de unidad familiar— la actitud hacia el norteamericano es de admiración. En efecto, esta admiración es aparente en muchas de las necesidades de estas clases sociales altas: que sus hijos aprendan un idioma extranjero (en general el inglés); usar productos norteamericanos, con desprecio por productos mexicanos; aceptación total del cine y teatro norteamerianos, ignorando el cine y teatro mexicanos. Los hoteles brindan información y atención rápida y eficientemente, cuando se habla inglés. En un bar elegante no se permite el acceso al mexicano que nolleva corbata; sin embargo el norteamericano es admitido hasta vistiendo ropa sport. En círculos intelectuales hay una degradación de valores nacionales mientras que al mismo tiempo el patrocinio de los Estados Unidos es bien recibido. Rodolfo Usigli, un escritor mexicano, desarrolló este tema en una monografía sobre los «braceros intelectuales».

Descendiendo la escala social, cuando la identificación con el estilo y modo de vivir del vecino poderoso es más difícil, la actitud tiende a ser hostil. Esto se expresa en distintas formas: agresión abierta o burla basada en la exageración de la característica que la gente atribuye al norteamericano (tales como la ingenuidad). Abundan los chistes en los cuales un norteamericano rico, bien vestido pero ingenuo es ridiculizado por un mexicano malicioso, alerta pero mal vestido.

En la clase media, la actitud está teñida por sentimientos ambivalentes. La compra de ropa norteamericana nos sirve de ejemplo. Esta no es siempre fácil de obtener, pero hay una pugna constante por comprarla de parte de secretarias, por ejemplo, que ambicionan un «vestido americano», o al menos, «el último modelo americano». Para el oficinista, estos son símbolos de status. Aquí la palabra «americano» se usa para designar lo norteamericano, como si mexicanos y chilenos no fueran también «americanos». Esta necesidad compulsiva de status es llevada a extremos ridículos. Frecuentemente el mexicano fuma marcas norteamericanas de cigarros, falsificadas en este país, aunque sabe que son falsos. Flamea el paquete que le dará prestigio a los ojos de sus amigos, en forma muy similar a la que en el siglo dieciséis le hacía sentir que la posesión de un caballo o un arma e fuego indicaba status patriarcal.

Durante el tratamiento analítico, el paciente que fuma cigarros mexicanos duda en ofrecerlos, mas cuando ocasionalmente tiene cigarros importados genuinos (norteamericanos), está orgulloso de ofrecerlos. El significado y contenido simbólicos de las situaciones descritas son muy evidentes. Es como si el mexicano estuviera diciendo, en distintos niveles, que sus objetos de satisfacción instintiva (el pecho y el pene) no fueran satisfactorios para él. Indudablemente esta necesidad de comparar crea sentimientos de culpa y deslealtad en relación a su propia identidad. Cuanto más intensos los sentimientos, tanto más pronunciada es la deslealtad.

En la parte norte del país, donde la proximidad geográfica intensifica la presión del conflicto, el uso de expresiones idiomáticas y detalles de significada en el lenguaje están dominados por el inglés. En las canciones nativas, sin embargo, hay una lealtad nacional de fondo.

Yo soy mexicano de acá de este lado
de acá de este lado puro mexicano
y aunque la gente me diga tejano
yo les aseguro que soy mexicano…

Es evidente que esta necesidad de expresar a otros su pertenencia personal es una manera proyectada de asegurar al mexicano de su propia identidad. Otra forma de expresión la constituye el presente mecanismo de defensa, que usa una formación de reacción, a través del cual se niega por completo toda influencia extranjera.

Sin embargo hay algunas áreas de contacto, que son importantes de señalar. Una involucra al trabajador agrícola migratorio y la otra las ciudades fronterizas mexicanas especialmente dedicadas a divertir a los norteamericanos. El trabajador agrícola migratorio (bracero) que va a los Estados Unidos, tiene conciencia clara de la diferencia entre él y el trabajador norteamericano, diferencia que no trata de resolver. Su motivación consciente es la de adqurir riqueza, poder y dólares como el precio de su labor, aunque en el fondo está buscando las cosas buenas de las cuales se siente privado en su país. Su actitud psicológica está llena de mecanismos de aislamiento que lo protegen de conflictos intrapsíquicos.

En las ciudades fronterizas, en especial en Ciudad Juárez y Tijuana, las relaciones y tensiones sociales son consecuencias de la imagen que el mexicano tiene del norteamericano. El norteamericano proyecta en México lo que reprime en su propia cultura. Hemos visto marineros norteamericanos que se quitan los zapatos, gritan y encienden cohetes en cuanto cruzan la frontera. Simbólicamente, sacarse el calzado, gritar y encender cohetes expresan sus sentimientos de libertad de las restricciones que les impone su propia cultura. En esta situación, el comportamiento del mexicano es explotar sistemáticamente y dar a los visitantes lo que esperan encontrar. Esta es la forma en la que el mexicano, a pesar de su tristeza intrínseca, exporta alegría y felicidad.

El mexicano está constantemente buscando su identidad. Octavio Paz lo ha expresado magistralmente: [8]

…la historia de México es la historia del hombre buscando su identidad. Sucesivamente como francés, español, indio o pocho cruza la historia como un cometa de jade que en ocasiones fulgura y truena. En su correr excéntrico, ¿qué anda buscando? Persigue su propia catástrofe: quiere volver a ser el sol, regresar al centro de la vida que un día —en la conquista o la independencia— le fue arrebatada. Nuestra soledad tiene las mismas raíces que el sentimiento religioso. Es como ser huérfano, con la percepción insegura de haber sido privado de «todo», y una búsqueda constante, una fuga y un regreso, un intento de establecer lazos con la creación.

[1] Silvio Zavala, Aproximaciones a la historia de México, México, Porrúa y Obregón. 1953.

[2] José Iturriaga, La estructura social y cultural de México, México, Fondo de Cultura Económica, 1961.

[3] Alfonso Caso, El pueblo del Sol, México, Fondo de Cultura Económica, 1953.

[4] Octavio Paz, El laberinto de la soledad, México, Ediciones Cuadernos Americanos, 1950.

[5] A. Kardiner, Las fronteras psicológicas de la sociedad, trad.Ram ón Parres México, Fondo de Cultura Económica, 1955.

[6] S. Ramírez, Estructura psicológica del mexicano, en Letras Potosinas, vol. XIII, núm. 115, 1955.

[7] R. Parres. Publicado en S. Ramírez y R .Parres,. «Some dynamic patterns in the structure of the Mexican family», Internatal Journal of Social Psychiatry, vol. 3, núm. 1, 1957.

[8] Usigli, R., comunicación personal.

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