Este seminario fue grabado y transcrito por Fuco Jiménez G.; lo reconstruimos en 1995 o 1996, a partir de las fotocopias de estas transcripciones de acuerdo a la idea de Santiago Ramírez Castañeda de resumir el fragmento leído en clase y los comentarios de mi padre. A petición de un presunto editor de las obras completas de mi padre, hicimos un glosario para hacer comprensibles una serie de modismos y dichos mexicanos para uso de lectores de otras variantes del español. He añadido, 3 lustos después, algunas referencias digitales.
Sirva como ejemplo de las clases y notas que utilicé para hacer el libro Santiago Ramírez, Psicoanalista.
Nota de los editores
Este curso se desarrolló en la Facultad de Psicología de la UNAM como parte de un vasto proyecto que consistía en llevar a cabo la lectura de la obra completa de Freud. Este curso, era el tercero de esa serie, que continuaría hasta 1983 y en él se examina el caso del Hombre de los Lobos.
La dinámica del curso era muy simple: se leía un fragmento de la obra y SR hacía comentarios acerca de lo recién leído.
Este trabajo es el resultado de tres procesos diferentes: en primer lugar, hubo una grabación del curso y una primera transcripción. El segundo proceso consistió en corregir esa transcripción cuidando los detalles técnicos, haciendo resúmenes de los fragmentos de Freud leídos e introduciendo las notas explicativas necesarias. El tercer paso fue corregir algunas dificultades estilísticas derivadas de la transcripción literal de las improvisaciones de SR.
Se ha añadido, también, un glosario de expresiones mexicanas o de referencias locales. Las palabras o expresiones que aparecen subrayadas en el texto remiten a dicho glosario.
Se han colocado en recuadros las referencias que motivan las intervenciones de SR. Estas son de dos tipos: lecturas de la obra de Freud (cada una de las cuales da la referencia a pie de página) y preguntas de los alumnos –aunque a veces aparecen incidentes derivados de la dinámica propia del curso. Se han omitido algunos pasajes de lo que dice SR.
En muchos casos se ha modificado la sintáxis o se ha corregido la transcripción (por ejemplo, donde dice “lenguaje musicado” se trata del “lenguaje unificado” de la Escuela de Viena o el “sello” por el “ello”). Otros casos —aquéllos en que fue imposible recuperar el concepto correcto o que, ya en la transcripción resultaban inaudibles— se han señalado por medio de (…).
Este curso está dividido en tres partes: en la primera se examina la introducción de Strachey en la Standard Edition, luego el texto de Freud (en cada sesión se indica el capítulo que se examina) y por último el trabajo de Ruth Mack Brunswick, quien llevó a cabo el segundo psicoanálisis del Hombre de los Lobos.
Elisa y Santiago Ramírez Castañeda
Este curso se desarrolló en la Facultad de Psicología de la UNAM como parte de un vasto proyecto que consistía en llevar a cabo la lectura de la obra completa de Freud. Este curso, era el tercero de esa serie, que continuaría hasta 1983 y en él se examina el caso del Hombre de los Lobos.
La dinámica del curso era muy simple: se leía un fragmento de la obra y SR hacía comentarios acerca de lo recién leído.
Este trabajo es el resultado de tres procesos diferentes: en primer lugar, hubo una grabación del curso y una primera transcripción. El segundo proceso consistió en corregir esa transcripción cuidando los detalles técnicos, haciendo resúmenes de los fragmentos de Freud leídos e introduciendo las notas explicativas necesarias. El tercer paso fue corregir algunas dificultades estilísticas derivadas de la transcripción literal de las improvisaciones de SR.
Se ha añadido, también, un glosario de expresiones mexicanas o de referencias locales. Las palabras o expresiones que aparecen subrayadas en el texto remiten a dicho glosario.
Se han colocado en recuadros las referencias que motivan las intervenciones de SR. Estas son de dos tipos: lecturas de la obra de Freud (cada una de las cuales da la referencia a pie de página) y preguntas de los alumnos –aunque a veces aparecen incidentes derivados de la dinámica propia del curso. Se han omitido algunos pasajes de lo que dice SR.
En muchos casos se ha modificado la sintáxis o se ha corregido la transcripción (por ejemplo, donde dice “lenguaje musicado” se trata del “lenguaje unificado” de la Escuela de Viena o el “sello” por el “ello”). Otros casos —aquéllos en que fue imposible recuperar el concepto correcto o que, ya en la transcripción resultaban inaudibles— se han señalado por medio de (…).
Este curso está dividido en tres partes: en la primera se examina la introducción de Strachey en la Standard Edition, luego el texto de Freud (en cada sesión se indica el capítulo que se examina) y por último el trabajo de Ruth Mack Brunswick, quien llevó a cabo el segundo psicoanálisis del Hombre de los Lobos.
Elisa y Santiago Ramírez Castañeda
Diciembre 13, 1977
El curso se inicia con la lectura de la “nota del editor” publicada en la Standard edition, tomo XVII, pp. 3-6. SR interrumpe constantemente la lectura para añadir comentarios.
El editor hace referencia al párrafo publicado en el Foro Abierto, donde Freud pide que se anoten aquellos sueños relacionados con la visión del acto primario en los años tempranos.[1]
Si quieren ahondar realmente en la obra de Freud, en una forma más o menos exhaustiva, puedo sacar las notas mimeográficas del Foro abierto.[2]
En Foro abierto se da cuenta de lo que acontecía en la época: las obras de teatro, lo que impresionaba a Freud, su habitat, los descubrimientos que se estaban realizando, etc. Por ejemplo, si en un determinado historial aparecía tal parte de una aria de Carmen, veíamos cuál había sido el aria, cuándo había sido puesta en escena en Viena, qué comentarios había. Es, más o menos, una revisión de Freud el jóven que acopla el análisis de la obra con los sucederes acontecidos en el curso de su relación histórica.
Vean, además, dos biografías de Ernest Jones: una, la grande, que debe estar agotada en español, publicada por Santiago Rueda en tres tomos y otra, la edición abreviada, también argentina, en tres tomitos, sintetizada por el propio Jones que se llama Vida y Obra de Sigmund Freud. Ambas nos permiten, al leer la obra de Freud, mantener una relación con el correlato de las cosas que va descubriendo.
El editor, Strachey, menciona la crítica de ciertos aspectos técnicos introducidos por Freud en este caso, hechos por el propio Freud en Análisis Terminable e Interminable.[3]
Fue una desgracia que el análisis haya nacido dentro de la medicina y no dentro de las ciencias de la educación, porque realmente las posibilidades de aprendizaje analítico son interminables.
Cuando me preguntan los pacientes cuánto tiempo tomará el análisis les respondo de la misma manera que si diera clases de guitarra y me preguntaran:
—¿En cuánto tiempo aprendo a tocar la guitarra?
—Pues depende como quién, ¿como Plaza Garibaldi*?, pues en un año; ¿como los Panchos*? quizá en seis; ¿como Segovia?, pues quizá no tenga yo con qué enseñarle, ni usted con qué aprender.
Y como el psicoanálisis nació dentro de la medicina, se piensa que el aprendizaje es algo como curar una pulmonía.
El análisis realmente es interminable. Si leen ustedes Análisis Terminable e Interminable puede que estemos de acuerdo; no porque la “terminabilidad” sea una cosa lograda —nunca logra uno suficiente latín, ni suficiente inglés, ni suficiente psicología— sino porque la situación de terminabilidad práctica depende de los fines que el sujeto se haya propuesto o de que haya alcanzado aquellos programados para obtener una “situación”, entre comillas, funcionalmente terapéutica.
En este trabajo (El Hombre de los Lobos), Freud señala como una manera “posible” de terminar el análisis, dar una fecha. Dar una fecha límite, puede, en la experiencia de cualquier analista, hacer que se revivan todos los síntomas.
Verán ustedes: para los noveles que se inician en la psicoterapia el problema fundamental va a ser “como tener paciencia”; en quienes ya somos viejos, el problema es “cómo no tenerla”. El problema de los jóvenes es cómo retener a los pacientes, el problema de los viejos es cómo lograr que se vayan. En gran parte, esto se deriva de las propias ansiedades del terapeuta, de las cuales se da muy cabal cuenta el paciente, pues sabe cuándo el terapeuta depende emocional, económica, didácticamente, pedagógicamente —¿y cuándo no?—; esto hace que la situación sea chantajeada por el paciente y que el terapeuta, en esta situación, sea victimado.
La experiencia de uno es que cuando se hace esto, síntomas que no han sido superados, situaciones que no hayan sido del todo realizadas, logradas, metas, se pierden; el sujeto recae en sus primeros síntomas. Esto sucede frecuentemente cuando van a terminar la secundaria*: no se quieren ir. Quisieran adherirse a la posición previa, en tanto que la posición previa presenta una situación de seguridad y la nueva presenta una posición de incertidumbre. Las neurosis de examen, las crisis de terminación de cursos, los episodios de ansiedad frente a la situación de la obtención de un título, etcétera, son muy conocidas por todos ustedes como para no necesitar señalar que el progreso, cualquiera que sea, para hacer lo que deseamos, se logra con un gran esfuerzo y muchas veces a nuestro pesar —yo diría que casi siempre.
Strachey menciona la polémica entre Freud y Jung acerca del carácter hereditario del «contenido mental de las fantasías primarias”.[4]
¿Qué opinan ustedes de la teoría de Jung en relación al inconsciente colectivo heredado, de experiencias, de relaciones con objetos que, según Jung, a través de la historia, de los sucederes, de generaciones, se hereden? Jung afirma que en base a cierto tipo de experiencias multiseculares —independientemente de que, inicialmente, fuesen experiencias derivadas de una relación entre el sujeto y su mundo— cuando se repiten durante varias generaciones, se transforman en experiencias que adquirían un carácter de “heredad”. ¿Qué opinan?
Respuesta: Armando Suárez se preguntaba hasta qué punto hay elementos biológicos, al igual que en pájaros que pueden ser criados con otra especie pero, al momento de copular, copulan con su especie, en el nivel de selección de pareja totalmente biológico hereditario; pero todavía no se ha demostrado cuál es el papel instintivo en el ser humano frente al nivel funcional, todavía no lo sabemos.
Estoy de acuerdo con lo mencionado, pero se introduce un concepto que para mí, para mis ideas internas, resuelve algunos de los problemas suscitados. Creo que dentro de una biología que nos condiciona, (por más que exista la capacidad de aprendizaje para volar); con nuestro simple instrumento corporal (no en avión), si nos subimos a la torre de la Rectoría* y tratamos de volar, caemos; es decir, carecemos del equipo para aprender cierto tipo de funciones. No somos aves, sólo mamíferos bipedestados con ciertas características dentro de las limitaciones de nuestra biología. Pero sí hay algo que nos universaliza: el esquema del cuerpo; si pensamos más allá o más acá de lo señalado por el compañero en su respuesta: más allá, porque si me pongo en la línea de que el cuerpo es el primer objeto del Yo y pienso el cuerpo como objeto, debo pensar en la universalidad del cuerpo para el Yo como definitiva, en cualquier población, en cualquier cultura. Y dije más acá, porque dije más allá cuando se refería a relaciones tempranas con la madre. Es decir, creo que antes de la relación con la madre, está la relación con el cuerpo.
Me complace ser amigo, haber tenido relaciones maestro-alumno con Armando Suárez y pienso que la etología tiene algunas cosas que contarnos; pero no, no contesta en esta área ni en esta línea concreta de pensamiento.
Sí pienso que existe alguna universalidad… hay un artículo que se llama “El cuerpo oculto del Yo”, donde más o menos se manejó esta línea teórica pero no profundizó en el programa metapsicológico del problema, sino más bien se dedicó a manejar el problema del cuerpo en términos de psicopragmático. Pero sí creo que existe un esquema del cuerpo que da una cierta universalidad a nuestras fantasías, una cierta universalidad más allá de situaciones circunstanciales correspondientes a la cultura donde vivimos.
Por supuesto que estoy en total desacuerdo en que experiencias tales como la situación edípica, como historia triangular, sean universales.
Lean ustedes historias, como En el País de las Sombras Largas donde existe antropofagia de niñas o donde es necesario compartir a la mujer, dadas las situaciones climáticas. Podemos decir que muchas de las situaciones que nosotros consideramos edípicas, allí están tergiversadas por el clima. Si se ponen a leer cómo eran los esquimales, vemos una cultura condicionada por el frío, mucho más que por una situación edípica o no edípica; quién duerme y cómo duerme, quién come y cómo come, cómo se saturan de grasa para mantener una condición calórica.
Al mismo tiempo ese señor, que también ha escrito el País de las Sombras Cortas[5] sobre la vida en el norte de Africa, donde los marroquíes, los tunecinos, están condicionados fundamentalmente por las sequías y parece ser que las sequías y el frío pueden ser en un momento dado condicionantes de una cultura. En nuestra cultura es mucho más importante el condicionamiento de situaciones que implican triangularidad, niños excluidos del triángulo —con las características que ustedes conocen.
Strachey señala que una de las aportaciones más importantes de este trabajo de Freud es describir la organización de la libido como resultado de una organización oral temprana.[6]
Estaríamos hablando de un proceso de tipo, llamémosle somático—fisiológico, cuyo antecedente biológico sería la incorporación. Es decir, el modelo tiene un antecedente biológico, en la incorporación, en la manera como incorporamos la leche, que después identificaremos con rasgos de carácter o con rasgos culturales. Muy frecuentemente las dificultades que se ponen al niño en el proceso de incorporación van a revelarse tardíamente en dificultades en el proceso de identificación, y vamos a encontrar procesos de identificación facilitada y procesos de identificación dificultada en virtud, fundamentalmente, del modo como fue tratado el proceso inicial de incorporación.
Aquí hay, además, una cosa importante: El Hombre de los Lobos y Juanito. Uno es un caso típico de histeria y el otro un caso típico de neurosis obsesiva. Posteriormente se da mucha importancia a los dos. La escuela inglesa y la escuela de Klein (que es de Abraham, pues no olviden que Melanie Klein fue alumna de Abraham) dan una importancia cada vez más creciente a la fase oral y a los componentes orales que aparecen en los dos casos. Ambos van a ser comidos o mordidos, maltratados o ultrajados en forma oral.
Quiero hacer una aclaración más: en las notas de la edición inglesa dicen que la calidad literaria del caso es magistral. Recordarán que Freud tuvo un premio, no por su aportación científica, sino por sus cualidades literarias, como aquí señala Strachey.
Terminan los comentarios y la lectura de las notas editoriales y se inicia la lectura, propiamente, del texto de Freud[7]
Freud relata “el ambiente en que el sujeto vivió de niño” y menciona los dolores abdominales de la madre del sujeto y las depresiones del padre. Menciona a una hermana “precozmente inteligente y perversa”. También habla de la existencia de una institutriz inglesa “aficionada a la bebida” y de una “amada chacha”, con quien la inglesa tenía serios altercados.[8]
No sé si tuvieron ustedes la impresión de que en esta historia clínica y en este cuadro familiar, el padre es muy importante, la hermana, la “chacha” y la institutriz, son muy importantes y la madre está diluida, con sus transtornos abdominales. Parece que dejó en el más absoluto abandono a estos chicos.
No sé a qué se refieren estos “transtornos abdominales”, pero (se entiende que) esta señora tenía un tipo de enfermedad que le impidio prácticamente tener todo tipo de contacto con los niños (lo cual explicaría la fuerte patología oral de ambos). La hermana, la niñera, posteriormente el padre y temor al padre no serían sino puros “sustitutivos” de una relación donde la situación central sería muy poco visualizada y muy poco definida, pero gira en torno de la ausencia de la madre como figura importante y significada.
Dicen que los padres son malos, pero las madres son peores.
Freud hace una paréntesis técnico donde discute la diferencia entre el análisis de una neurosis infantil, “no durante su curso, sino quince años después”. Cuando se analiza a un niño, “hemos de prestar al niño demasiadas palabras y demasiados pensamientos, a pesar de lo cual no lograremos quizá que la conciencia penetre hasta estratos más profundos.”[9]
Quiero hacer aquí una aclaración que puede ser de utilidad para ustedes. ¿Qué piensan ustedes acerca de cómo se ha utilizado la palabra “profundo” en análisis?
Yo creo que se ha usado peyorativamente; es decir, el análisis superficial es un análisis “malo” y el análisis “profundo” es un análisis “bueno”; pero fíjense ustedes que es un juicio bastante genérico y poco específico.
Yo les diría, por ejemplo, que los análisis más profundos en un psicótico son aquéllos que en un neurótico están vinculados al examen superficial, porque el psicótico reprime la realidad.
Lo que en el psicótico es muy superficial, es muy profundo en un neurótico pero no pasa de ser, en un psicótico, sino una defensa contra la realidad.
Las técnicas que podamos usar con psicóticos, son las técnicas de […] y las de la escuela psiquiátrica de Sullivan y Frida Fromm que proponen interpretaciones llamadas “interpretaciones de anclaje”.
El sujeto reprime la realidad y, realmente son aquellas porciones de la realidad que no ha perdido sobre las cuales debemos trabajar para ir incrementando la realidad paulatinamente, porque el Yo se ha empobrecido a expensas de una esclavización al mundo interno.
Siguiendo las técnicas de Rappoport, el Yo se ha esclavizado y ha perdido autonomía; se ha esclavizado al mundo interno. Pero en un sujeto totalmente rígido, con caracterología totalmente rígida, el Yo estaría esclavizado también, por haberse sometido virtualmente al mundo externo, sería un sujeto robotizado, ¿no?
Entonces, lo que es superficial o profundo debe ser utilizado en términos del contexto donde se da lo superficial y lo profundo. Es decir, en sujetos que utilizan material aparentemente muy profundo.
Recuerdo ahora un caso que tengo en supervisión. El paciente tardó en contarle un sueño a su terapeuta cuarenta y tres minutos. Interpretar cuarenta y tres minutos de un sueño puede llevar unos ochenta años. Lo único obvio es que el sujeto no dijo lo que había hecho ayer y utilizó cuarenta y tres minutos para despojarse de la realidad, de lo que está aconteciendo, del contexto de si tuvo o no tuvo relaciones sexuales. La única interpretación válida es: “a ver si me trae uno más corto, ¿no?”
Pregunta: ¿La interpretación superficial remite a la evolución psicosexual. Sería más profundo lo oral, menos profundo lo anal, más superficial lo genital. ¿Remite a lo que se reprime?
Bueno, depende. Está usted viendo una buena evaluación meta—psicológica. Vamos a hablar de superficial y de profundo en términos genealógicos, en cuyo caso lo oral es lo más profundo; o vamos a hablar en términos topográficos, en cuyo caso lo inconsciente es lo más profundo, independientemente de que sea oral o no sea oral. O vamos a hablar en términos económicos, en cuyo caso, lo más profundo es aquello que el sujeto (vamos a decir el “cómo”) no da en una situación concreta. Pero ya está usted dando un “nivel” a la superficialidad y a la profundidad en términos económicos, en términos metapsicológicos, es decir, en términos genealógicos. Una profundidad o superficialidad puede ser de tipo topográfico; una profundidad o superficialidad puede ser de tipo económico. Utilizar la palabra en términos, digamos, inespecíficos, no conduce a nada.
Obviamente, debe haber en mí una enorme cantidad de contenidos orales que, en términos genealógicos, son más profundos que los contenidos anales; pero en términos de represión, serán más profundos los anales, en tanto que están mucho más defendidos, mucho más bloqueados.
La época de oro de Reich implicó salirse de ese aspecto tan sistemático de lo oral, lo anal, etc. para ver, en vez del “dónde”, en vez del “por qué” el “para qué”, el “cómo”; y ver en un momento dado cómo se sienta la gente, como abre una puerta. Esto puede llevar a una zona más profunda que el análisis de la otra índole.
Decía que lo “superficial y profundo” son algo que debemos aclarar adecuadamente. Por ejemplo, piensen que en los análisis de grupo probablemente lo más profundo es la interacción; en los análisis individuales quizá lo más profundo es lo genealógico, pero puede haber una relación tan profunda en aquélla línea como en ésta.
Otra observación que me parece muy interesante es que… para mí ésta es una línea de lo más rica para el pensamiento post-freudiano: pensar en la estructura en términos de relaciones de objetos. En el sentido de Fairbairn. Lo que ulteriormente se transformó en estructura fue inicialmente una relación de objeto permanente, consistente, contínua.
Me preguntaba alguien: “¿qué importancia tiene la escena primaria en sí?” Ninguna, si no se visualiza en el contexto donde se da: padres buenos, padres malos, padres devoradores, padres agresivos.
Muy frecuentemente, los novatos en estas lides piensan encontrar, como en la técnica de Jung, la asociación condicionada que nos permita encontrar el nódulo de la cuestión, hacerlo un poco a la manera de una novela. Estas asociaciones son muy valiosas para el teatro, que es una forma de presentar en forma de imagen un episodio infantil traumático, pues es mucho más difícil representar toda una vida en su totalidad; como si las cosas fueran el episodio infantil traumático en sí.
Por mi experiencia en psicoterapia les dirá que lo más importante de esa gestalt, de esa situación, es reiterar, repetir rutinaria, sistemáticamente; muy distinta de un paciente al otro, pero tan monótona, tan aburrida en un solo paciente que hace lo mismo en la cama, en la hamaca, comiendo, jugando, masturbándose, dando clases, escribiendo. Somos tan repetidos, tan reiterados, que esto nos llevó a una cosa que ya Freud señaló y nosotros describimos en un texto titulado La neurosis y el Bolero de Ravel.[10] El mismo sistema: es el mismo sistema y eso de que somos tan múltiples, tan floridos, tan diversos; es una mentira que lleva a satisfacer deseos infantiles tempranos: somos bastante aburridos.
“Otro rasgo que recomienda a nuestra atención el análisis se relaciona con la gravedad de la dolencia y la duración de su tratamiento. Los análisis que consiguen en breve plazo un desenlace favorable pueden ser muy halagüeños para el amor propio del terapeuta… pero en cambio …nada nuevo nos enseñan”[11]
Ya en nuestro tiempo le llamamos “huída a la salud”. Siempre están en contra de nosotros: no solamente los pacientes, los muestreros* y los familiares de los pacientes sino nosotros; siempre estamos en contra de nosotros mismos. Probablemente es una herencia de Freud, somos los “amos de la sospecha” y siempre dudamos: ¿el paciente se habrá curado por una situación ajena a nosotros, por una situación fortuita?
¿Se curó?, ¿es una curación o simplemente es una “huída a la salud”? Un supervisor de mi mujer le decía: “hay huídas a la salud muy buenas, duran muchos años”. Pero en cambio, hay análisis largos, según la superficialidad o profundidad. Para cualquier escuela moderna, un análisis de cuatro años es un short análisis, lo introdujo Alexander y lo aplicó en la India; pero en la India, no era porque fuera corto (short), sino porque se aplicaba en shorts*.
Es obvio que se logran resultados terapéuticos breves, no porque de antemano sepamos qué es lo necesario hacer para alcanzarlo, sino porque de antemano introducimos una cantidad de sugestión suficientemente afirmativa, plena de confianza, etc., que hace al sujeto sentir que tenemos las riendas en la mano.
Hay estudios hechos, por ejemplo, respecto al uso de tranquilizantes, por gentes de la Menninger*. El efecto de los tranquilizantes depende de la fe del terapeuta que da el tranquilizante, más que en el tranquilizante: o sea a mayor fe del terapeuta en el tranquilizante, mayor efecto del tranquilizante. Inclusive con placebos, cuando el terapeuta sabe que está usando un placebo y no un tranquilizante. Placebos usados por un terapeuta que no cree en los tranquilizantes y placebos de los que sí creen. El placebo de los que sí creen, va a tener un efecto muy positivo en el paciente, no porque sepamos o no sepamos lo que estamos haciendo, sino por lo que imprimimos e informamos en la interacción con los pacientes.
En el texto de Freud se discuten problemas relativos a la duración del tratamiento y a la necesidad de darles fin de manera expedita.[12]
Fíjense que eso ya no pasa tanto ahora; ya ahora los pacientes (y habrá aquí quien conozca el tipo de urgencias a las que me estoy refiriendo), sobre todo en determinados tipos culturales y sociales snobs, miden la importancia de la persona por los años que tiene de análisis y mientras más tiene, mejor.
—¿Cuántos años tienes de análisis?
—Ocho.
—No, pues yo tengo diez.
—Pues que, ¿dónde tienes tu casa?
—Yo la tengo en Tecamachalco*.
—Pues yo la tengo más cerca a Toluca.
—No, pues la mía, figurate, tiene tres pisos.
Es decir, transforman en un snobismo al psicoanálisis; ya no es el problema inicial de “que tan largo va a ser el tratamiento”, ya no es problema el contrato que nos prometerá salud —problemas que para nosotros, al principio de nuestra carrera eran muy difíciles de plantear: tan definidos en pago y horario y tan indefinidos en cuanto a tiempo y a resultados. Realmente no hay que comprometerse en cuanto a tiempo pero nunca se deben crear tampoco callejones sin salida:
—Si no hablas, te vas o, si no asiste con puntualidad, lo corro.
No hay que crear callejones sin salida ni en la educación, ni en terapia. Porque, le dice uno a los muchachos:
—Si no llegas a las 10, cierro la puerta.
Y si llegan a las 11 tiene uno que abrir, porque si no, siempre queda uno en ridículo.
Sobre el problema de la longitud en la terapia, que incluso nos provocaba un poco de burla sobre las terapias muy breves —nada más como placebos o como mecanismos de sugestión— les podría decir lo siguiente y con esto no me hago muy buena propaganda: el psicoanálisis es un método terapéutico muy malo, muy costoso, muy largo. Es el mejor método para aprender a conocer la personalidad, en ese sentido es extraordinario. Como método terapéutico es muy malo, tan malo como lo fue el permanganato para la gonorrea; en cuanto se descubre una buena cloromicetina se quita en tres patadas*. No se aprende nada acerca de las condiciones de la uretra, pero quita la gonorrea. Así el psicoanálisis, que independientemente de que no descubra las causas de la angustia, de que no trabaje sobre el RNA o sobre el ácido glicérgico o sobre los factores hepáticos, no conoce nada sobre la enfermedad pero la curará más rápido.
Imagínense ustedes:
—¿Cuánto tiempo durará mi análisis?
—Pues 4 o 5 años; 5 o 6 veces por semana y 500 o 600 pesos.
—¿Qué me ofrece usted?
—Pues no le ofrezco nada, pague los cinco primeros días del mes; tiene usted que venir a sus horas, etc.
De tal manera que todo está bien hecho, manifiesto, definido, pero, como que la gente quiere una cosa más expedita. Ha sido un método extraordinario en tanto ha promovido cambios en las teorías pedagógicas, en las teorías del aprendizaje y en una serie de situaciones muy distintas; en tanto que ha vigorizado el área social, el área educativa, el área estética y ha dado conocimientos increíbles acerca de la personalidad. Pero como método terapéutico concreto… Imagínense ustedes: un muchacho de veintidos años se va a casar. Hace su selección, se buscó su “cada cual”. Se buscó una “sujeta” a la que todavía no desfloraban, pues ni ella se deja penetrar ni él tiene nada qué meter y lo intenta cuatro o cinco veces por semana y quizá dentro de cinco años consiga una erección suficiente como para lograr desflorar a esa vagina fóbica que no quiere ser desflorada.
Podríamos decir lo que dice Freud, en otro contexto:
Por más que conozcamos la carta, no comemos; si entramos a un restaurante y leemos la carta, con eso, no se quita el hambre. Tengo que empezar por comer mi sopa de tortilla* o lo que haya elegido, pero tengo que empezar por comer.
Y como en términos generales hay que descubrir esta fobia a la desfloración —que tiene tanto miedo a ser desflorada— en la cama como tiene miedo a ser desflorada en la interpretación, por la interacción con el terapeuta, pues “eso va a llevar unos cuantos años, tiene que perderle el miedo al terapeuta. El terapeuta no es un lobo, nomás cobra”. Y eso va a llevar mucho tiempo. Freud dice: “Generalmente los pacientes se curan por lealtad”.
Creeríamos, además, que la curación es la cesación de síntomas. Hay muchos tratamientos donde los síntomas nunca cesan y uno debe llegar a la conclusión de que, así durará el tratamiento diez años, los síntomas no van a cesar y uno tiene que dar por terminado el análisis porque proseguirlo no va a traer como consecuencia que los síntomas cesen. Hay muchos casos donde los damos por terminados; inclusive, los análisis didácticos*, aunque en ello le va la carrera al paciente que se analiza como parte del entrenamiento. El sujeto adquiere muchas más pacificaciones en su vida, tiene más facilidades de juego, más capacidades creativas, de labor, de trabajo, pero, de repente hay síntomas no reversibles, que no revierten. Hay mujeres con esterilidades psicogénicas que llegan a ser psicoanalistas y la esterilidad nunca se resuelve.
El Hombre de los Lobos pasó toda su vida, hasta los ochenta años, gorreándole* dinero a Freud y no se curó nunca; era un chantajista buscando la forma de simular que recibía donativos y aportaciones, la falta de sinceridad de este individuo hacia Freud, cuando lee uno todo lo subsecuente, hace pensar: “que porquería era este hombre como ser humano, como ser biológico. Estaba mucho más mal después, que cuando el lobo ya se lo había comido”.
Enero 10, 1978
Los comentarios de SR que se ofrecen a continuación están motivados por la lectura de las secciones B y C del trabajo “Historia de una Neurósis infantil”. Este trabajo aparece en el tomo II de las Obras Completas de Freud, ed. Santiago Rueda. Las secciones en cuestión están en las pp. 696—703.
Hay algunos datos que tomé sólo como antecedente: se trata de un jóven cuya enfermedad se inicia a los 18 años a raíz de una infección blenorrágica, el cual se neurotizó en su temprana infancia (como una neurosis infantil a los cuatro años), con una fobia hacia los lobos. Esta fobia a los lobos se fue transformando en virtud de la utilización de una serie de ceremoniales contrafóbicos para preservarse. El cuadro fue asumiendo las características de una neurosis obsesiva con múltiples ramificaciones, que entró en su auge espiritual o místico a los diez años. Remite el cuadro y la enfermedad actual se inicia a los 18 años. De manera que tenemos: fobia a los lobos a los cuatro años; supresión o superación de la situación fobígena mediante la utilización de ceremoniales obsesivos, los cuales constituyen una neurosis infantil temprana que se extiende hasta los diez años; se reinicia el cuadro a los 18 años y se reinstaura la enfermedad.
Los datos que preceden son, más o menos, los sustantivos, más allá de una serie de observaciones hechas en el capítulo A de Historia de una Neurosis Infantil y que discutimos la vez pasada, acerca de ciertos elementos técnicos. Se ha hablado en otras obras sobre este caso. ¿En qué medida, en este caso, se introdujo una aportación técnica que iba a ser objeto de una elaboración posterior, casi treinta años después, en Terminación de análisis, como la técnica del “parámetro de instrucción” relativamente novedoso aquí? Se le puso un límite al análisis para que el sujeto diera más material del que había dado hasta ese momento.
Vamos a seguir con la exposición general y a decir poco a poco lo que nos vaya sugiriendo lo que a continuación leemos.
Freud discute la imposibilidad de presentar el caso en forma exclusivamente histórica o en forma exclusivamente pragmática. Propone una combinación de ambas.
El asunto de la toma de historiales en situaciones terapéuticas trae aparejada una multiplicidad de problemas. En particular uno se ve confrontado a los terapeutas que llevan el material de sus pacientes, y el material de su trabajo terapéutico con sus pacientes, a los casos de supervisión. Existen dos técnicas (muy a grosso modo) y dos grandes corrientes de supervisores: quienes requieren y exigen una descripción muy minuciosa del protocolo y que inclusive, con frecuencia, solicitan la grabación del material que brinda el paciente y otros que prescinden totalmente de la ennumeración sistemática y detallada y son más anuentes a que el futuro terapeuta, el futuro analista, exponga en forma libre lo que sintió pasaba con su paciente en el curso de las dos o tres sesiones de la semana, y que son el objeto de la supervisión.
Los parámetros que condicionan el primer criterio, llevar una exposición muy minuciosa y muy exhaustiva incluyendo grabadora mostrarían una técnica muy obsesiva donde se analizarían con mucho cuidado todos los detalles de la intervención del terapeuta; los momentos (como decimos en nuestra jerga el “timing”) de la interpretación; se podrían evaluar muchas de las cosas que solamente pueden evaluarse oyendo el ritmo de la voz, la cadencia, las interrupciones hechas por el sujeto, etc. En lo particular, yo considero mucho más florida la supervisión que puede resultar de la exposición libre del “sujeto” por el terapeuta y en donde emerge a la postre, por más que trate de ocultarse, (porque creo que todos estos instrumentos sirven más para la ocultación que para la develación)…
La mejor forma de develar a un “sujeto” es llevándolo libremente a que exponga su material, sus puntos de vista, sus observaciones. Nos va a brindar mucho más intimidad sobre su trabajo real de terapeuta que todo lo procedente de los aparatos más elaborados de tipo electrónico: grabadoras, circuitos cerrados y demás. Por otra parte, muy frecuentemente los terapeutas iniciales tienen la necesidad, un poco obsesiva —no vayan a olvidar el material que les dio el paciente— de tomar notas cuyo destino es que nunca se leen, sobre todo si son ejercitantes profesionales activos, porque leer las notas de ocho pacientes durante ocho horas, implicaría otras ocho horas. Habitualmente, por fortuna, nunca se leen. Entonces, prescindiendo de todos estos instrumentos que son una evidencia del obsoletismo de nuestra cultura —porque sería entonces como si ustedes pusieran una grabadora para no olvidar lo que les dijo el novio— o se registraran, en circuito cerrado, las veces, los momentos y las circunstancias en que las tocan, las besan, les hablan, les dicen frases de tal tipo, los silencios, etc.
Creo que a la postre, uno llega con una atención —llamémosla en jerga analítica “flotante”— que retiene sólo aquello que puede ser significativo; y realmente, la capacidad de ser como un “cedazo”, la posibilidad de guardar material, de incorporarlo es muy significativa. Muy frecuentemente los pacientes nos dicen que qué buena memoria tenemos y esto no es cierto, no es que tengamos buena memoria pero, en cierto sentido, hemos llegado a manejar el problema de recolectar los grupos de información donde hay analogías. Entonces nuestra memoria no es una memoria de simple transcripción repetitiva, sino una memoria con la cual retenemos todo aquello que se parece: qué se parece en la infancia, qué se parece en la relación terapéutica, qué se parece en la relación matrimonial, qué se parece en las relaciones de trabajo. Todo aquello va formando analogías, va estructurando grandes grupos de temas dentro de un sujeto determinado. No crean que muchos, la gente es muy aburrida, solamente unos cuantos grupos de temas. Si ustedes los agrupan en una forma sistemática van a ver que lo que varió fueron las circunstancias: hizo calor o hizo frío pero la esencia, más allá del calor o del frío, es muy monótona, muy repetida, muy sistemática. Eso nos llevó a hablar de “las neurosis y el Bolero de Ravel”: se tocan en muchas pautas, en muchos ritmos, en muchos movimientos, muchos andantes y allegros, pero el tema es bastante monótono y reiterado.
Quizás una de las motivaciones que más fácilmente lo llevan a uno a recordar —y estoy hablando de trucos— es más lo que uno ve, que lo que a uno le cuentan. Cuando se pasa a ser un terapeuta muy activo, aunque ve uno doce o catorce pacientes a la semana, no cuesta tanto trabajo retener el material que uno está viendo, en tanto que lo están contando en “vivo”. ¿Cómo retener el material que un terapeuta cuenta le dio el paciente, pero con ciertos trucos? Yo he pasado de ser terapeuta a ser exclusivamente supervisor: se pasa de un supervisado a otro con mucha facilidad. Yo pongo apodos.
Vamos a suponer que el tema sustantivo de un sujeto es “como fue mala mi mamá en esa excursión del Ajusco”, entonces es “el maleado del Ajusco” y ese apodo me lleva a reconstruir toda la constelación que en un momento determinado me hace recordar: “Ah sí, es tal película, ahí viene tal rollo y ahí viene el sujeto con su rollo*”. Ustedes, pensando que la perspectiva de la menta humana es tan amplia y queriendo dar heroicidad a su profesión, creen que la mente humana es tan terriblemente múltiple, tan amplia y tan polifacética… pero un sujeto dado es terriblemente aburrido y no hay que llevar apuntes de ningún novio; al cabo de un rato, lo van a fichar* muy bien y con que les agarre la mano dirán “éste es”. Pueden tener tres novios y no los confunden; puede que tengan confusiones con los nombres, pero también pueden usar ciertos trucos y usan palabras genéricas como “querido”, “cielito” y otras que no comprometen a la identificación del sujeto.
Yo tuve un supervisor muy necio; (una gente muy respetable para mí, pero muy necio) lo hacía a uno llevar hasta los puntos y las comas. Me hacía llenar blocks y blocks de taquigrafía que, a la larga nunca revisé; hasta que me di cuenta de que eran un estorbo y los quemé. Ustedes pueden decir que ese material sirve para hacer en un momento determinado un trabajo científico. Yo creo que el programa señalado por Freud, el programa de redactar una buena historia no deriva de la falta de información. Imagínense la cantidad de idioteces que puede decir un sujeto cinco veces por semana en seis años: pueden sumar toneladas. Si ustedes quieren hacer un buen trabajo, pues agarren la última sesión, o la primera o una de en medio, si en ella va la estructura, y en base de ella todas las ramificaciones y así no es necesario llevar una bitácora de barco, particularmente aburrida y tediosa.
Frecuentemente, claro está, el terapeuta se esconde detrás de sus notas y ante una pregunta de un sujeto que está en terapia: “Oiga doctor, y ¿qué hago, cuando me cure?”, el otro sigue escribiendo; puede estar ocultándose en sus notas para no contestar, pero este es un problema de defensa del terapeuta que no sabe como quedarse con cara de Buster Keaton sin escribir. Cuando uno sabe eso, es lo mismo para el sujeto que esté uno acostado o hincado o parado, él pregunta y uno contesta. Y punto. El mejor instrumento que tiene uno enfrente de cualquier paciente es el silencio. Mientras menos hable uno, es mejor.
Ustedes saben que los enfermos cuando se sienten redactados y tomados en apuntes se creen muy importantes, tampoco tiene la menor importancia que ustedes lo analicen. Aportaría algo un libro nuestro que se llama Un homosexual y sus sueños.[13] El señor era escritor y se echó trescientos y pico de sueños en el curso de un análisis de seis años y había que apuntarlos. Yo no soy capaz de acordarme de trescientos sueños de nadie. Claro, el sujeto se sentía terriblemente importante; se analiza, claro que él va a ser objeto de la toma por escrito de sus sesiones, cuando de chico no le hacían caso cuando se caía y llegaba con los codos raspados. Llega allí y mediante la módica cifra de 300 o 400 pesos uno toma nota de todo lo que le hacen.
También ha sido objeto de discusión si todo lo que se hace tiene que ser discutido: si se fuma o no se fuma, si se toma Coca—Cola o no se toma; nunca hagan algo sino están dispuestos a analizarlo. Si llega el paciente, que cómo te va, que cómo estás y le dan un beso. Si pueden analizar el beso que le dan, háganlo; si no están dispuestos a hacerlo, mejor párenle, se quedan antes del beso. Todo lo que puedan ustedes hacer es objeto de análisis: interrumpir la sesión 15 minutos antes. Si ustedes se sienten capaces para resistir el embate de por qué la interrupción, de bla, bla, bla, suspéndanla, si no se sienten capaces, dénle sus 50 minutos o lo que haya sido contratado. Nunca hagan nada que no estén ustedes dispuestos a poner como objeto de disección: fumar, quitarse el saco, dar un beso, etc. en tanto sea susceptible de ser objeto de discusión y de análisis, hagan lo que quieran, porque hay muchas cosas que van a hacer y no es factible que sean objeto de análisis.
Freud concluye que este material no tiene el propósito de convencer a quienes se oponen al psicoanálisis; se trata, más bien, de “procurar nuevos datos” a quienes ya han alcanzado un cierto grado de convicción.[14]
Desde un punto de vista totalmente abstracto, un paciente va a arreglar una terapia sin saber mucho de usted. Se hace el contrato: tales y tales días…
—Usted paga sus gripas y yo las mías; trataremos de que las vacaciones sean al mismo tiempo para que ni usted pierda dinero ni yo pierda dinero. Todo aquello que usted decida hacer será a sus costillas y todo lo que yo decida hacer será a mis costillas; nos vemos la semana entrante; tanto en dinero, me paga en los primeros cinco días del mes vencido. Punto. Mientras más simple sea, más llano y menos salidas deje, mejor. Estoy hablando de una situación totalmente teórica: el sujeto llega:
—Dígame lo que usted quiera decirme para que yo aprenda de usted, a ver qué puedo entender.
En términos generales uno no va a tener psicóticos, nunca debieron haber entrado a una situación psicoterapéutica de tipo interpretativo o de tipo discursivo; a lo mejor lo que necesitaban era que los internaran, que les dieran electrochoques o los metieran a la cárcel porque mataron ayer a su mujer.
En este órden de ideas, es muy importante hacer una historia clínica, pero teóricamente es muy inadecuado que la haga quien va a ser el terapeuta, porque una historia clínica está violentando el “timing” del sujeto para ofrecer sus comunicaciones y si le vamos a preguntar acerca de quién era su papá y quién era su mamá, en dónde vivió, cómo creció, y qué tipo de juegos tuvo. Le vamos a hacer una serie de preguntas cuya finalidad es obtener una historia, pero nos privamos de toda la espontaneidad con la cual va brindado el material.
En una situación ideal, una persona debería ser quien hace la historia, y otra persona la que hiciera la terapia. Igual les podría decir respecto a las pruebas y a los tests.
Pregunta: Independientemente de cómo se llevara a cabo la historia clínica y tomando en cuenta, como concepto de la teoría clínica un machote*…
No crea usted que estoy tratando una historia clínica en esos términos, ni a lo machote, ni a lo hembrota… llega el sujeto llorando, todo angustiado y todo deprimido a la consulta y se le pregunta:
—¿En dónde nació usted?
¿Qué importancia tiene? Se le pregunta: “¿por qué llora?, ¿qué le pasa?”, ¿no?
Una historia lleva una meta concreta, que es conocer la historicidad de un sujeto con fines diagnósticos, con fines terapéuticos, con fines de indicación; y la situación terapéutica en sí no lleva esa meta. La meta es obtener material de acuerdo a las posibilidades de lo que el sujeto nos lo pueda brindar. A lo mejor un paciente no relata una experiencia homosexual en una terapia entres años y hay que respetarle ese “timing”; a lo mejor en una historia es importante detectar toda una serie de elementos acerca de su vida sexual en la que se está resaltando los “timings” del paciente, con el fin de hacer una indicación, un diagnóstico, una evaluación y una estrategia. Así que muy frecuentemente, usted va a detectar núcleos esquizoides en un paciente a los dos años —si le aplica usted un Rorscharch, los descubre a los tres minutos.
Usted, como terapeuta y el paciente como paciente, más allá del problema diagnóstico —muy respetable— se están saltando toda la espontaneidad que debería dar la comunicación.
Es como cuando les aplican ustedes pruebas psicológicas a sus novios o les aplican pruebas psicológicas a sus hermanos o a sus mamás y descubren que sus mamás los odian. Pobre señora, ¿no?, ni sabe de qué se trata, ni cuál es la situación. Es decir, se están ustedes saltando un parámetro que es elemental: el respeto al problema sustantivo de qué son, cómo se dan, en qué tiempo y con qué modalidad aparecen las defensas.
A mí me parece mucho más importante qué elementos mueven a un sujeto durante X número de meses antes de contar, digamos, un episodio homosexual; me interesan más las defensas puestas en movimiento que el episodio mismo.
En términos muy generales podríamos decir que la historia tiene una meta distinta de la terapia. Debería haber un sistema, un equipo organizado donde una persona sea la que establece la historia, otra quien establece las condiciones de trabajo, de precio, de vías de acceso a la comunidad y otra persona, totalmente distinta, la tratante.
Freud describe el ambiente donde el sujeto vivió de niño: la madre empieza a tener dolores abdominales y el padre, depresiones que lo obligan a ausentarse. Sin embargo, el sujeto no tiene recuerdos tempranos de estas depresiones. La madre se ocupa mal de los niños. El sujeto, a los cuatro años, la oye quejarse y años después utilizará las mismas palabras para describir sus propias dolencias. Además, tiene una hermana y “precozmente inteligente y perversa”, dos años mayor que él.
Omitan que el caso ya sea conocido. Este es el relato de una fobia infantil que aparece a los cuatro años, una fobia a los lobos, un temor a ser devorado. Posteriormente se va a transformar, mediante una serie de ceremoniales, en una neurosis obsesiva, estructurada en la infancia y, si ustedes piensan que todo eso aconteció a los cuatro años y simultáneamente, hay un episodio que el sujeto recuerda vivamente…
Yo nunca he llamado a los recuerdos encubridores “recuerdos encubridores”, siempre los he llamado “recuerdos pantalla”.
Cuando una serie de huellas mnémicas pueden ser susceptibles de servir como “pantalla” simbólica para el significado de una etapa histórica se ponen en movimiento, como un recuerdo que condensa algo más allá de lo explícito: todo aquello que le es análogo o con lo cual puede tener significancia.
He llamado recuerdos pantalla a los recuerdos encubridores. De los múltiples elementos que me acontecieron a los cuatro años, yo puedo tener un equis recuerdo. Ahora, ¿por qué tengo yo ese recuerdo y no otro recuerdo? Porque voy a elegir aquel que condense, configure y conglomere la mayor cantidad de elementos que sirvan como expresión simbólica de un significado de cuanto me acontecía a esa edad, ¿sí?
Es decir, como un objeto determinado yo puedo tener una penca*, un maguey*, un caballo, una rastreadora, etc. —para expresarles en un símbolo a una serie de significados que tienen una analogía entre ellos— sin que, así, sea la cosa misma, sino un representante de las cosas que acontecían, de la cosa elegida.
Debemos pensar por qué un sujeto, de los múltiples recuerdos de una X edad, guarda uno. Es porque ese congregó, conglomeró, cristalizó suficiente cantidad de elementos para persistir como huella mnémica a través del tiempo.
El sujeto, de las múltiples cosas que pudiera recordar de sus cuatro años, recuerda a su mamá quejándose de dolores abdominales.
Si pensamos que se dan, al mismo tiempo: uno, el temor a ser devorado por lo lobos, y, dos, la queja de la madre y que las palabras que él utiliza son copia de las utilizadas por la madre para connotar su enfermedad, que son las mismas que él utilizara para connotar la suya, podemos pensar que existe una correlación entre su síntoma temprano y ese suceder, ese recuerdo temprano, ¿sí?. Alguna relación existe entre ser devorado por los lobos y el temor de que la madre se muera. El programa depende de la imaginación de ustedes.
Es decir, si yo temo que mi mamá se muera, si estoy muy asustado por su posible muerte, si pienso que me voy a morir de lo mismo y a la vez temo que me coman los lobos, pues algo debe estar pasando en la relación con mi madre que trae como consecuencia que me coman los lobos. Sí, a lo mejor, yo me la quiero comer antes, a lo mejor, lo que estoy detectando no es más que lo (…) de lo que yo le quise hacer a ella.
A lo mejor, eso de “por sus enfermedades no me cuidó” era, más bien que, para no cuidarme, estuvo enferma —en cuyo caso tuve muchos motivos para querérmela comer…
Freud es el mago de la sospecha, el mago de la duda. Duden de todo; la duda es sistemática ante cualquier situación.
Antes de seguir con el historial, tenemos una situación muy concreta: el niño tiene fobia a los lobos, tiene una fobia infantil y usa, ulteriormente, para calificar su enfermedad, las mismas palabras de su madre para calificar la suya. De la enfermedad del padre, que era algo maniaco—depresivo, no tiene mayores recuerdos tempranos, pero sí tiene recuerdos tempranos de la enfermedad de la madre y de las quejas de la madre. Aparte, hay una hermana —muy inteligente pero perversa— que desempeñó un importante papel en su vida. En la traducción del francés no dice perversa sino “precozmente maliciosa” y no es lo mismo perversa que maliciosa, especialmente en el lenguaje de Freud.[15]
El relato de Freud continúa describiendo a una niñera dedicada al cuidado del sujeto con “infatigable ternura” y describen la vida en dos fincas —una de invierno y otra de verano— donde vivía la familia. Hay un “recuerdo encubridor” del sujeto que Freud enfatiza: al lado de la niñera, contempla como sus padres y su hermana se alejan en un carruaje mientras él regresa tranquilamente a la casa “cuando el carruaje se hubo perdido de vista”.[16]
Pensando en recuerdos pantalla o encubridores: para este niño debe haber sido muy traumático, muy doloroso que los padres lo abandonaran, que se fueran; lo dejaron varias semanas; la hermana se fue con ellos; tuvo que regresar solo a la casa de la cual habían partido los padres.
Toda esta situación, un estado de tristeza, se puede concentrar en una serie de imágenes visualizables que, en sí, pudieron tener su importancia, pero en tanto lo que connotan, lo más importante es: “mis padres me dejan”.
Freud: Al verano siguiente —los padres dejaban solo al paciente cada verano— los padres dejan también a la hermana y contratan a una institutriz inglesa. Al regresar, los padres encuentran al niño excitable y rabioso. La madre atribuye el cambio a la influencia de la institutriz mientras la abuela opina que el cambio se debe a la discordia entre la inglesa y la “amada chacha”; en las escenas el niño siempre se había puesto del lado de la chacha, contra la institutriz.[17]
En cierto sentido, este muchachito había contra—identificado a la chacha, es lo opuesto a la madre. Es más, en el momento en que sustituyen a la chacha por la institutriz inglesa, este muchacho toma el papel y el rol de la chacha, se identifica con el agresor y trata de agredir a la madre en la institutriz; aquí está el principio de una situación mucho más grave. Este niño se pone así dado el recuerdo anterior precedente, como una reacción al abandono; una consecuencia del abandono es que le dan una institutriz inglesa; que entra en conflicto con la chacha y bla, bla, bla.
Freud: La inglesa es despedida pero la conducta del niño se exacerba: atormenta a la chacha, padece miedos intensos que la hermana aprovecha para atormentarlo a él; sobre todo a la imagen de un lobo, parado en dos pies. El paciente cree que el lobo va a devorarlo. Al mismo tiempo, le dan miedo y asco las mariposas, los escarabajos y las orugas. Sin embargo, goza en atormentarlos y en cortarlos en pedazos.[18]
Aquí aparece —no en el mismo territorio, pero aparece— el elemento agresivo que ulteriormente le atribuye a los lobos y no a sí mismo. Es decir: en rigor, él es el quien destruye lo que connotan los animales: escarabajos, orugas, etc. y a lo que puede representar un animal en su tratamiento de objetos personales en su área familiar.
Aquí vemos cómo el elemento en el neurótico obsesivo, se encuentra reprimido como recuerdo; no es tanto el temor a la agresión de los otros, sino es la represión de la propia agresión.
Freud: El temor se extiende a los caballos y le atemorizaba que los golpearan, aunque a veces imaginaba que él mismo lo hacía. Luego relata un período piadoso, cuando rezaba largo tiempo y besaba las imagenes religiosas que colgaban en las paredes. Este ceremonial, continúa Freud, no armonizaba con el hecho de que cuando pensaba en Dios, automáticamente lo asociaba con “cochino” o “basura”.[19]
El original no dice “basura”, dice “mierda”.
Podríamos decir, en una jerga analítica muy posterior, que toda esta serie de síntomas, de ceremoniales eran o bien “formaciones reactivas” a elementos agresivos o “transformaciones en lo contrario” de impulsos sádicos.
Hablando en términos de “mecanismos de defensa”, en términos de cómo opera el Yo ante determinados impulsos, nos encontramos con que el Yo había estructurado una serie permanente, reiterada de formas sumamente reactivas de “transformaciones en lo contrario”, que le daban a su enfermedad el rubro de “neurosis obsesiva”.
Muy frecuentemente, sobre todo las personas que se inician, se piensa que descubrir un contenido manifiesto va a curar y, si un señor reza muchas veces por sus muertos, en la noche, varias Magníficas y varios rosarios, etc., resulta fácil pensar que al sujeto se le va a quitar de sus rezos, diciéndole: “lo que tú querías era que se murieran”.
Lo que va a lograr es el enojo del interpretado, no se le van a quitar sus rezos y no van a resolver nada, sólo se va a promover una enemistad, obviamente.
Este Hombre de los Lobos era un sujeto que sacaba mucho partido a su enfermedad, pues no va a tener una real solución real a sus problemas hasta que viva…
Realmente, en su relación, con Freud saca mucho provecho de todo lo que le pasa; inclusive, Freud hizo colectas para seguir su tratamiento.
No creo que sea válido técnicamente haberle dicho: “te vas y me tienes que decir ahora, porque nomás tienes un día por límite”. No creo que hubiera funcionado el tiempo límite: se sometió a lo que Freud quería que se sometiera y, como para Freud era un regalo tener todo este material, el sujeto, ni tardo ni perezoso, le dio el regalo. Hay sujetos que piensan que a uno le interesan mucho los sueños y le llevan 18 o 20 sueños o un sueño cuyo relato dura de las 10:00 a las 10:45…
—¿Qué le parece, doctor?
—Pues me parece muy largo
Y cuarenta y cinco minutos de sueño hacen imposible cualquier posibilidad terapéutica, absolutamente. ¿Por qué lo hizo tan largo? No sé lo que hizo ayer y ya lleva cuarenta y cinco minutos de sueño. A lo mejor eso le sirvió para no decirme que no le pudo dar un beso a su novia, o que se masturbó, o que se robó unos centavos…
En este orden de ideas la traducción de un contenido manifiesto en su contenido latente, no alivia en tanto no se haya dado la situación manifiesta en la propia relación terapéutica.
Freud: Otro de los síntomas consiste en que, el sujeto, al ver mendigos, inválidos o ancianos, espira el aire aspirado o retiene el aliento tanto como puede.[20]
Ustedes me podrían decir, ¿por qué no apuntaría el elemento de los mendigos a una anulación? Porque una anulación sería no ver a los mendigos, omitirlos: no hay nada malo en el mundo;, no existen mendigos, no existen borrachos, no existe perversidad. Anulo todo lo que pueda ser negativo porque mi necesidad de anular es muy grande, porque afirmar implica una debacle.
Esa sería la anulación por excelencia; en el caso de una hipomanía o de un maniaco, quienes realmente niegan todas las cosas que puedan tener signo negativo, entonces llegaría a la negación. En las traducciones del inglés o francés, las palabras negation, annulation tienen tantas gamas de colores que es difícil definirlas por el hecho mismo…[21]
Podemos pensar que los síntomas adicionales sí están en la línea de las formaciones reactivas, dados los rezos, dado los actos piadosos, dado que aparece de repente una “mierda” en un contexto religioso. Con estos datos adicionales podemos pensar que sí son formaciones reactivas. Como hecho aislado en sí, no podemos calificar que le den repulsión o le moleste ver a los mendigos.
Pueden ser tres cosas: tenemos que ver elementos laterales adicionales para darles un rubro… Ahora, parece que dado el rubro de este sujeto: rezar, contar, dar la vuelta al cuarto con la silla[22], etcétera. Como todas estas cosas pertenecen al gran sesgo de la neurosis obsesiva, pues sí parecería que esto de los mendigos está en la línea de la “transformación de lo contrario” y de las “formaciones reactivas” más que en la línea de la negación o de la anulación.
El paciente normaliza su conducta pero los intensos lazos afectivos con el padre van desapareciendo cuando éste muestra especial preferencia por la hermana. Sin embargo, se ha presentado a tratamiento por una “enfermedad neurótica reciente”. Freud sospecha de la institutriz. Sobre ella, el sujeto relata dos recuerdos encubridores: uno, cuando la institutriz les había dicho “mirad mi colita” y otro cuando, viajando en un coche descubierto, el viento le arrebató el sombrero con gran regocijo de los niños.
Freud, además, asocia ambos recuerdos al “complejo de la castración” y propone la hipótesis de una amenaza de la institutriz contra el sujeto en esta dirección.[23]
¿Qué piensan ustedes de esto? ¿Cuántos niños han tenido una nana* que les ha enseñado el culo? Y eso no les ha provocado una neurosis obsesiva ante los lobos, ni los caballos, ni los chivos —ni ante nada.
Esto adquiere significación cuando nos está diciendo. “Nuestra institutriz borrachilla”[24]; a nuestra institutriz le importaba más su culo que nosotros; nuestra institutriz no nos dio cariño y nos dio mucho gusto que le pasara algo malo, como cuando se le voló el sombrero.
Lo que nos está diciendo es que a esa edad el sujeto tiene dos recuerdos que connotan: “A nuestra institutriz le importabamos un serenado comino, nos producía rabia y qué bueno que le pasaran cosas malas”.
Más allá…”nuestra madre nos dio una institutriz que no fue capaz de suplirla en la falta de cariño que ella nos quitó; nuestra madre nos privó de cariño; fuimos unos castrados, efectivamente”. ¿Está bien hasta ahí, verdad?
Después esa castración afectiva se pueda generalizar, simbolizarse a través de que uno pierda el sombrero, o pierda el prepucio, eso es otra cosa; porque este chico, realmente, es un abandonado y todos sus problemas surgen a raíz de que el abandono se hace más intenso.
Hay una gran tendencia (en Freud es más entendible, estaba descubriendo el Mediterráneo) a confundir el signo con el significado y darle un valor al signo, omitiendo el significado al cual se remite.
En un momento determinado puedo estar haciendo alusión a “perdí el cariño de mis padres” y debo poder representarlo con una imagen icónica, con una imagen visual y, como están obligados a decir con mímica* “perdí el cariño de mis padres”, tienen que referirse a una relación de objeto y tienen que señalar alguna cosa “perdida”. Y como el “perdí” es una cosa abstracta, así como perder el brazo, puede ser una castración. Pero tan castrante es perder el cariño de los padres como perder un brazo. Aunque a veces tiene uno que recurrir a un lenguaje de signos para expresar el significado y si no fuera así, la comunicación se transformaría en una cosa imposible, sería muy compleja. El signo tiene una virtud muy importante, que es reducir y simplificar la comunicación entre la gente.
Freud declara que “no es peligroso comunicar estas hipótesis a los analizados pues abren la posibilidad de “aproximarnos a la realidad”.[25]
“No es nada peligroso comunicar tales hipótesis a los analizados”, ni esas ni otras más mafufas*. Como los analizados tienen tanta dependencia, son capaces de aceptar la más kleiniana de las interpretaciones.
“Tú tuviste temor de perder cuando se fue el sombrero de tu institutriz… Estabas muy regocijado porque se iba de ti el pecho malo”.
Al día siguiente el sujeto dice:
“Sabe doctor, ayer de nuevo se le cayó a mi institutriz el pecho malo”
Así es, el paciente baila al son que le tocan*. Hay una dependencia y van a aprender cualquier tipo de jerga. Muy frecuentemente en los psicoanálisis de (…) están hablando en un lenguaje esotérico que opera terapéuticamente, incluso, un paciente llegó a preguntar de qué lado está el pecho malo, ¿del derecho o del izquierdo?
Los pacientes aprenden el lenguaje de uno: Freud, relaciones de objetos, Melanie Klein, etc. y lo que está operando es que, con tan diferentes técnicas, con tan diferentes hipótesis teóricas se pueden lograr resultados terapéuticos, a pesar de las diferencias hipotéticas. Lo que prevalece es cómo la relación interpersonal va más allá de cómo me besa al entrar. Lo que prevalece es que ya hay un sujeto interesado en otro, con una jerga o con otra jerga; pero se da, se repite, es sistemático, consistente y se aprende un idioma.
Como dice Freud “no es nada peligroso” . Absolutamente nada peligroso. Lean ustedes un análisis minucioso de Melanie Klein y van a ver que los pacientes de Melanie Klein se saben el psicoanálisis del niño del pe al pa*; y si un niño tiene fobia a los globos a los nueve meses, es porque su mamá está embarazada y piensa que tiene ganas de reventar el globo materno; y como tiene miedo de reventar el globo materno, tiene también miedo y temor a que el globo materno reviente sobre él. Como el niño va tres veces por semana, la terapeuta lo pone a jugar con globos, le da afecto; pero el niño no sabe qué es globos, ni que es viente, ni que es reventar.
Pero en fin, opera.
Comentario. —Esto nos llevaría a una situación de escepticismo brutal.
—Pues fíjense que sí.
Yo ya hice el experimento con los tranquilizantes. A un número determinado de terapeutas les dieron tranquilizante, se encontró que los tranquilizantes tienen tanta más eficacia cuanta más fe tiene el terapeuta en el tranquilizante y colocando placebos, (el terapeuta no sabe que son placebos, cree que es un chocho cualquiera, valium, algo así) se obtuvieron buenos resultados terapéuticos. Yo creo que el resultado terapéutico es uno de los peores caminos para la vanidad, para la certidumbre de una hipótesis científica. Digamos que un sujeto se cura con una interpretación y otro con un calambre cuando se mea.[26]
El paciente comunica, frente a la hipótesis, sueños que Freud agrupa en torno de un mismo contenido. Actos agresivos en contra de la hermana y de la institutriz con los consecuentes regaños y castigos.[27]
Ya no está hablando de castración, están surgiendo recuerdos donde este niño se siente despojado por la hermana. Que haya colocado inicialmente la rabia que le tiene a la hermana en el lobo; y que después el lobo haya retaliado contra él en virtud de que él tuvo rabia hacia el lobo que es un representante de la hermana, pues la hermana lo estuvo fregando* con la estampa del lobo… resulta más válido que pensar en un problema de castración. Es decir, la hermana lo estuvo privando en forma sistemática, igual que la institutriz.
Por otra parte, él le tenía mucho afecto al padre en tanto que el padre era un sujeto que le daba preferencia sobre la hermana. Más tarde el padre prefiere a la hermana y es cuando se le transforma en un asociado del lobo; y cuando, digamos, entra a formar parte del clan de los lobos, entonces ya no recibe su afecto la hermana sino recibe su molestia, su incomodidad, etcétera.
Freud intuye que el material elaborado en esos sueños correspondía a fantasías imaginadas por el sujeto acerca de su infancia. La significación se le revelará a Freud cuando el sujeto recuerda una escena de seducción con su hermana donde inicialmente ella lo invitaba a mostrarse recíprocamente los traseros. Luego la hermana había jugueteado con el miembro del paciente.[28]
Habría una línea de paso, al descubrir que desea destruir a la hermana. Desea lo que la hermana le enseña, desea destruir a los lobos. Posteriormente teme ser destruído por los lobos, teme ser destruído por la hermana. Es obvio que este sujeto se debe haber regocijado ante la posibilidad del descubrimiento de una diferencia sexual, en tanto que la ausencia de genitales en la hermana le hacía suponer la posibilidad de privarla de algo que él sí tenía y la hermana no tenía.
De tal manera, a través de un descubrimiento infantil, se apropia de ese descubrimiento para dar una connotación concreta a su agresión: “la he castrado, la he destruido, ella no tiene lo que yo sí tengo”. En esta connotación, el castrar puede tener mucha significación para él, en tanto despojó a su hermana de algo que él sí tenía en revancha por tantas cosas de las cuales lo había despojado la hermana y de las cuales él carecía. Circunstancialmente esto vino a colocarse en algo que la hermana realmente no tenía, anatómicamente, y él sí tenía: el pene. Pero el pene cobra significación en función de una constelación.
Ya ven ustedes: en eso de que “la institutriz muestra la cola” hay un antecedente y un precedente. Cobró importancia que la institutriz mostrara la cola en tanto había un precedente infantil donde la hermana se la mostraba al hermanito y jugaba con sus genitales. Es decir, no era la primera cola que veía, ni la primera escena, aunque un poco fuera de lugar; pero, en fin, digamos que es una situación desusada.
Esta seducción había tenido importancia en virtud de todos los elementos intrafamiliares e intrapersonales en los cuales se dio la seducción de la hermana, más que por la seducción misma.
Les puedo poner otra constelación donde un hermano varón con una hermana mujer puede encontrar a través del descubrimiento del pene, no el temor de ser castrado sino al contrario, un significado anatómico a través del cual afirmarse. No fue el caso aquí.
Cada quién va a hacer con su pene lo que pueda: uno se lo quita, otro se lo pone y otro puede hacer una asta bandera con él, depende de cada quien; cada quien su pito y cada quien hace con su pito lo que quiera y a veces no lo que quiere, sino lo que puede.[29]
La hostilidad se había desarrollado contra la hermana como consecuencia de la seducción. Yo siempre digo que no tenemos la neurosis que queremos sino la que podemos y la que nos dejaron tener, porque ni siquiera somos dueños de nuestra neurosis: tenemos la que nos permitieron tener. No somos obsesivos porque queremos sino porque nos lo permitieron esos instrumentos concretos: esta seducción y este abandono.
Es factible, entre rusos ricos. Si estos mismos problemas se dan en una vecindad* de Moscú no promueven ninguna de estas cosas obsesivas. Es decir, este muchachito tiene la neurosis correspondiente a la clase social, al estrato, al pene, al no pene, al lobo, a la finca de verano, a la finca de invierno, al tener institutriz y una chacha, una nana. Ustedes comprenderán que esto en nuestras condiciones actuales, institutriz, chacha, veraneos, fincas… pues ya la constelación como que no es muy fácil en el siglo veinte, ya es muy raro tener dos criadas, quizás encuentren una.
El destino de la hermana fue el siguiente: realizó rápidos y brillantes progresos, componía poesías y se burlaba de sus pretendientes, que no tenían su inteligencia superior. A los veinte años empezó a dar signos de depresión y abandonó todo trato social. Al regresar de un primer viaje contó cosas inverosímiles y en el segundo se envenenó y murió. Freud supone que su afección era el inicio de una demencia precoz.[30]
Sería desde el punto de vista del diagnóstico, una “esquizomanía”, porque parecería que todos los elementos anteriores a la situación de aislamiento eran de hipomaniaco: seducción, brillo, actitudes exaltadas. Pareciese que el diagnóstico, con los pocos elementos que hay, sería el de una esquizomanía que deja rápidamente los elementos hipomaniacos para entrar en una esquizofrenia procesal con suicidio.
“Vemos en ella, (escribe Freud), un testimonio de la evidente herencia neuropática de la familia y no ciertamente, el único”.[31]
Si en una familia hay varios locos, no quiere decir que la locura se herede. En mi familia todo el mundo habla español y no quiere decir que hayamos heredado el español, lo aprendimos unos de los otros. No es una herencia linguopática sino que fuimos a una escuela donde se hablaba español, lo mismo hubiera sido en griego o chino. Muy frecuentemente se habla de herencias en términos que dan muy poca importancia al papel de todos los procesos tempranos de aprendizaje. Podríamos poner en duda si hay una cosa genética que predispone a ser músico. Hay muchos músicos en la familia Bach, es obvio, pero también es obvio que si me levanto y oigo que mi papá está tocando el piano y si la forma de comunicarse conmigo es que me toca una balada o una sonata, obviamente va a haber más facilidad para que yo aprenda el piano, que si un señor se levanta tocando tambores, es hijo de un militar; se va a aprender la “diana”*. El tambor representa un objeto y no vamos a pensar que porque es hijo de militar y se crió en un cuartel, hay una herencia tamboril.
Imagínense, para este sujeto agobiado por la preferencia que tuvo el padre con la hermana, la significación que tuvo que Sigmund Freud lo trajera a Viena, lo recibiera en su consultorio todos los días, solicitara que enviaran aportaciones para seguir su tratamiento, lo tratara durante tres años en una época en que los tratamientos era de tres meses, “le dediqué una atención increible”. Imaginénse que curativo era para este sujeto tener un padre, para su destino, para él; era un lobo señorial con Freud, sin hermana y, como con Freud, un paciente entraba por una puerta y salía por otra, nunca se encontró con la posible hermana que pudiera haber tenido en la hora precedente.
Probablemente, aparte de la blenorragia a los 18 años, deben estar muy cercanos la iniciación de la enfermedad y el suicidio de la hermana. ¿Por qué dice: “recién cumplidos los 20 años, comenzó a dar signos de depresión”? Le llevaba dos años, es decir, parece que a los 18 años dio principio también su enfermedad; entonces se le juntan las dos cosas, la gonorrea y la depresión de la hermana. Aquí pensamos que el suicidio de la hermana tiene una realización en la cual (y volvemos a lo mismo) no era una agresiva fantasiosa sino una agresiva real que llega inclusive al suicidio.
También está señalado:
Se “le hacen todas”*, porque desea matar a la hermana y la hermana se mata; tiene una agresión brutal hacia la madre y la madre se muere; después tiene una voracidad y una agresión oral y a Freud le da un carcinoma en el paladar. Y este hombre muere después de Freud.
A partir de los catorce años, la relación con la hermana se vuelve muy intensa e incluso, intenta “aproximarse físicamente”. La hermana lo rechaza y él se vuelve hacia una muchacha campesina llamada como su hermana. Luego se enamoró de mujeres de condición social inferior a la suya.[32]
Aquí habríamos de agregar sobre la elección de muchachas, de criadas —más allá de una connotación peyorativa en la edad adulta en la que tenemos connotaciones de nivel social—, es obvio que quien le dio afecto de chico fue la chacha, y la chacha era una criada. No le dio afecto quien socialmente tenía más importancia: la institutriz o la hermana. Obviamente, ante el rechazo de la hermana busca objetos devaluados socialmente, desde el punto de vista de la adolescencia y la pubertad pero que, desde el punto de vista de la infancia, eran los objetos con los cuales realmente encontraba compañía: era la chacha, una mujer de poca instrucción, pero que le daba afecto y que, realmente, fue a raíz de que la institutriz la llamara bruja cuando se iniciaron, o por lo menos coincidieron, emergencias de determinados tipos de síntomas.
Freud polemiza con Adler y retoma el relato. El sujeto cuenta la muerte de la hermana, incluso, pudo haberle causado un placer. Sin embargo, pocos meses después, viaja al sitio donde ella había muerto y visita un cementerio y busca la tumba de un gran poeta sobre la que “vertió amargas lágrimas”. Sorprendido, el paciente recuerda que su padre solía comparar la poesía de aquel poeta con la de su hermana muerta. El paciente había manifestado a Freud que su hermana había muerto de un tiro y luego rectificó diciendo que se había envenenado. El poeta llorado había muerto en un duelo a pistola.
Aquí, al contrario de lo que dijimos anteriormente sobre mecanismos de anulación, de formación reactiva o de transformación en lo contrario, se trata de un mecanismo de desplazamiento, desplazamiento en base a cierto tipo de analogías: analogías de ciudades, analogías de cementerio.
Freud fija los momentos en que los eventos relatados han acontecido. La seducción de la hermana tuvo lugar cuando el paciente tenía tres años y tres meses, durante el verano tras el cual, al regresar los padres, encuentran al niño totalmente transformado. Luego, el niño intenta seducir a la chacha jugeteando con su miembro frente a ella. La chacha lo rechaza y le dice que a los niños que “lo hacían se les quedaba en aquel sitio una herida“.[33]
En esta connotación de la repulsa de la chacha, de la amenaza de la “heridita”… imagínense, dentro de toda esta constelación histórica, la importancia y significación que cobra tener una gonorrea. También, cada quién tiene sus gonorreas de acuerdo a su historia. Hay gonorreas muy castrantes y gonorreas muy estimulantes, no se crean.
Enero 17, 1978
El sueño del Hombre de los Lobos.
“Soñé que era de noche y estaba acostado en mi cama (mi cama tenía los pies hacia la ventana a través de la cual se veía una hilera de viejos nogales. Sé que cuando tuve este sueño era una noche de invierno). De pronto se abre sola la ventana y veo, con gran sobresaldo, que en las ramas del grueso nogal que se alza ante la ventana hay encaramados unos cuantos lobos blancos. Eran seis o siete totalmente blancos, y parecían más bien zorros o perros pastores, pues tenían grandes colas como los zorros y enderezaban las orejas como los perros cuando ventean algo. Presa de horrible miedo, sin duda, de ser comido por los lobos empecé a gritar… y desperté.”[34]
Un elemento no señalado por Freud es el siguiente: pensando un poco en la dinámica de este caso, imagínense ustedes a este niño asustado por su hermana con los lobos; en forma perversa o maliciosa le muestra la estampa del lobo para asustarlo. Obviamente la reacción de este niño hacía la hermana debe haber sido de mucha rabia, y debe haber querido hacer activamente lo que sentía haber sufrido pasivamente; o sea, habría deseado que los lobos se comieran a la hermana.
Este sentimiento pudo haber traído como “consecuencia” (en virtud de entradas y despedidas de niñeras, amenazas, deseo de matar a la hermana; de que los lobos se comieran a la hermana) que la agresión se retrajera y esta agresión dirigida contra la hermana se volviera contra él mismo por culpa, por no destruir el objeto. En estas circunstancias, el cuadro neurótico en la edad adulta se desata a raíz de la enfermedad cada vez más severa de la hermana, que culmina con su suicidio. Este muchacho debe haber visto realizados sus deseos de destruir a la hermana por el equivalente del lobo, en la edad adulta, por medio de su suicidio. Entonces, el sentimiento de culpa que tuvo la realización de este deseo infantil, se retrae, retorna y aparece en toda su floración: la neurosis.
Evocándolo desde este tipo de construcción, enfocaría sustantivamente mis baterías desde el punto de vista terapéutico al deseo subyacente y a la culpa que tiene por el suicidio de la hermana. Es decir:
—Tú te sientes culpable por lo que le pasó a tu hermana porque eso deseaste que le pasase cuando eras pequeño.
Eso, en la situación histórica y genealógica. En la situación económica, obviamente iba a dirigir mis baterias hacia este muchacho a los 20 años, que metería deseos agresivos identificándome con la hermana. El hubiera querido, deseado y pensado que me comieran a mí los lobos, como se comieron los lobos a la hermana porque va a colocar en esa situación terapéutica la situación más consistente y más reiterada de su infancia, que es ser perseguido por una hermana. Si es una agresión infantil muy importante, va a transferirla en la situación terapéutica en el silencio, en la suspensión del terapeuta, a un sujeto que le está enseñando —no su pasado ni su situación emocional—, sino que le está enseñando, en la situación terapéutica, a los lobos.
En este orden de ideas, la evolución terapéutica favorable de este sujeto en el primer análisis sería, mucho más, debida a que encontró en la actitud contratransferencial de Freud, la posibilidad de una imagen rectificadora de la hermana, en función del interés que Freud mostró por él.
Todas las atenciones e interés de Freud implicaban para él, y en una gran medida, una rectificación, si no explícita sí tácita, de la figura fraternal, rectificándola, mutándola, cosa que se vuelve a reiterar en su reanálisis con Brunswick — ya una figura femenina.
Muy frecuentemente son los episodios no expresados, no explicitados, pero que no obstante se dan en la situación terapéutica, los “culpables” de la curación; y no son los “culpables” de la curación porque la imagen sea mutada, sino como decía Freud en Terminación de Análisis, “muy frecuentemente los enfermos se curan por lealtad”. Y este Hombre de los Lobos por lealtad al interés de Freud por él —ya que supone, no explícita, pero sí tácitamente, que Freud quiere curarlo—, le brinda a Freud, más allá de las interpretaciones, la curación como un signo de lealtad.
El sujeto dibujó la imagen de su sueño, misma que asocia con la imagen infantil que cree recordar provenía de la Caperucita Roja.[35]
Recién recibido*, trabajé con niños y tenía un test donde pedía a los niños que dibujaran a su papá, su mamá, la familia y su casa, pensando que eran situaciones muy proyectadas (eran niños de los cuatro o cinco años hasta los diez) y más o menos trataba de inferir, de los dibujos, los elementos que el sujeto proyectaba en el dibujo. En supervisión tengo a una terapeuta que está analizando a una adolescente que dibuja muy bien, pero su creación pictórica fundamental son ramas secas, puros árboles con ramas secas, deshojadas, en tintes sepias y negros. Obviamente el contexto de este dibujo se da dentro de una persona fundamentalmente depresiva, a diferencia de lo que se podría ver en un sujeto agresivo o impulsivo, con fuerte control de determinado tipo de afectos, máxime que la constelación general del caso va acorde con el dibujo.

fig. 1 p. 30 Standard t. XVII
¿Conocen todos el dibujo? Viene en la portada del libro —y, más allá del número de lobos, cinco en el dibujo, cuando el sujeto dice en su sueño que eran seis o siete— ¿qué cuadro clínico les sugiere este dibujo?, ¿paranoia? Obviamente, ya que el dibujo no es de una minuciosidad obsesiva y fíjense en la connotación del sueño donde dice: “lo observan fijamente”. Piensen ustedes en un sujeto que en la vida diurna, no en un sueño, se siente fijamente observado ya sea por el lobo, o por los alumnos, o por el maestro, o por los criados, o por quien sea. Claro, ya que la mayor parte de los contenidos de los delirios paranoides son visuales. Hay delirios paranoides auditivos donde se siente uno insultado, regañado, lleno de admoniciones de tipo oral, pero es más frecuente que el instrumento fundamental de la situación proyectiva sean los ojos.
Pregunta: ¿El árbol y sus ramas también parecen secas, hay ausencia de follaje?
Ándele. Ahora, si le digo que la paranoia es una forma de esquizofrenia o sea, que es un cuadro “esquizo” porque encuentran ustedes aquí elementos de muy poca vitalidad, de gran tristeza, de gran melancolía.
Si bien es cierto que el elemento sustantivo de los lobos es el ser observado por ellos, el elemento sustantivo del árbol es su sequedad; así pues, vendría a ser un cuadro “esquizo—depresivo”. Decía Pichón Riviére: “Los síntomas accesorios dan el pronóstico”. No es lo mismo tener un cuadro esquizofrénico, con síntomas accesorios obsesivos, que tener un cuadro esquizoide, con elementos adicionales depresivos. El segundo caso es más grave que el primero.
Por otra parte, no es banal que el sujeto use la frase: “cuando tuve este sueño era una noche de invierno”.
Obviamente preferimos tener el Sueño de una Noche de Verano que de una noche de invierno, en tanto que el frío, la desnudez del árbol, están hablando de una situación depresiva.
Los elementos paranoides fundamentales aquí, hablando de diagnóstico de este dibujo, el síntoma principal sería el lobo y el síntoma accesorio sería el árbol; es decir, el síntoma principal aquí estaría dado por la situación paranoide de ser observado y el síntoma secundario estaría dado por la sequedad y el invierno, que sería la depresión. Entonces tenemos con un caso “esquizo—depresivo” con un pronóstico muy severo, que es de “neurosis obsesiva”. Desde otro punto de vista es muy importante la inmovilidad de todo el sueño. Nada se mueve. El sujeto está inmóvil.
Es decir, frente a una situación esquizo—depresiva, de tipo persecutorio, no asume una actitud ni reinvindicativa, ni persecutoria, ni agresiva:asume una actitud pasiva. También dentro de la situación paranoide tiene distinto pronóstico una situación en la cual podrían advertirse actitudes de lucha contra el perseguidor, que una situación donde uno se ha rendido al perseguidor. Una paranoia de tipo pasivo tiene mucho más mal pronóstico que una paranoia de tipo activo donde los síntomas pueden ser más bizarros, más gritones, más exaltados.
Ahora, piensen ustedes que la situación analítica se presta: él está acostado, está siendo observado desde la ventana.
Tenemos aquí una interpretación de tipo transferencial; ustedes se sienten observados por mí desde mi sillón y ustedes están en el diván, de la misma manera que él se sintió observado por los lobos en su cama. También ustedes me están indicando que yo nada más los observo, no hago nada, soy pasivo como los lobos pero soy tan observador como ellos y ustedes se sienten muy agredidos por mí. Claro que nada de esto se manejó, lo que se manejó fueron todas las actitudes manipuladas para transformarse uno en el “buenito” y más que exorcizar a los objetos malos y sacarlos de la cripta a través del terapeuta, lo que se hizo fue trasladar la misa negra, que se daba en la cripta, al atrio de la iglesia para transformarla en una misa blanca.
Ahora, uno tiene siempre la tendencia a transformarse en el “buenito”, es mucho mejor ser el “buenito” que el “malote” y es mucho más satisfactorio que lo consideren a uno como el objeto bueno, a que el sujeto viva la maldad del objeto en la situación terapéutica.
En aquella época, Freud interpretaba los sueños en una forma que ya es totalmente anacrónica; inclusive destrozaba los elementos del sueño. Hay un elemento aquí que es interesante: fíjense que no nomás es un elemento alucinatorio de tipo visual, porque los lobos también pueden ser perros en un momento determinado y los perros más que estar viendo están parando las orejas para ventear, para oír. También hay elementos de tipo auditivo en el contenido mismo del sueño.
Freud en esa época desmenuzaba el sueño en partes. En la actualidad nunca interpretamos un sueño en esa forma, y lo que determina un sueño como factor condicionante es lo mismo que va a determinar el resto de la sesión, y es lo mismo que está determinando lo que ha acontecido el día anterior y el día subsecuente y la totalidad de la estructura del sujeto: de tal manera, la interpretación de los sueños en la actualidad se hace más dentro de una gestalt que dentro de un análisis detallado de los elementos del sueño. Es obvio ¿por qué aquí el sujeto sueña con lobos y zorros? Si fuera un rico mexicano estaría soñando tunas y no nogales. Aquí un Hombre de los Lobos no se podría dar, se daría un Hombre de las Tunas* y en vez de un árbol vería un nopal* y en vez de lobos vería coyotes o nahuales*.
En cuanto a la estampa que le enseñaba la hermana mayor y ante la cual empezaba a llorar y gritar presa de intenso miedo y de intensa rabia… les decía yo a ustedes que esa rabia formó en él un intenso deseo de destruir a la hermana, y este deseo se materializa en el suicidio de la hermana.
El sujeto cree recordar que el lobo correspondía al cuento de Caperucita Roja.
Recuerdan el contenido latente del cuento: es una niña que comenzaba a menstruar, por eso se vestía de rojo y, al atravesar el bosque se encontró con el lobo y hay el temor de que se la comiera y no era precisamente temor a que se la comiera, era otra cosa, aquí hay un desplazamiento de letras no era una “m” sino una “g”.[36]
Al hacerle notar que los lobos son blancos, el sujeto recuerda que su padre lo llevaba a visitar rebaños de ovejas entre las cuales luego estalló una epidemia mortal de epizootia y ni siquiera “un discípulo de Pasteur” pudo hacer nada.[37]
Aquí hay un hecho real infantil que hace la posibilidad de ser comido o comerse, o matar o ser muerto por animales cuadrúpedos, algo con sustentación en un episodio infantil, donde realmente sucedieron las cosas. Ahora imagínense ustedes esta asociación: ustedes tienen temor de que no sólo no los cure, sino que con esta vacuna que les estoy poniendo desde mi sillón se pongan ustedes más malos.
El paciente recuerda otro cuento, donde un sastre es atacado por un lobo. El sastre lo golpea con una vara de medir. El paciente rectifica inmediatamente para recordar que, más bien, el sastre arranca la cola al lobo.
“…Un sastre estaba trabajando en su cuarto cuando se abrió de pronto la ventana y entró por ella un lobo. El sastre le golpeó con la vara de medir… O mejor dicho —rectifica en el acto el paciente— le cogió por la cola y se la arrancó de un tirón, logrando así que el lobo huyese asustado. Días después, cuando el sastre paseaba por el bosque vió venir hacia él una manada de lobos y tuvo que subirse a un árbol para librarse de ellos. Los lobos se quedaron al principio sin saber qué hacer, pero aquel a quien el sastre había arrancado la cola, deseoso de vengarse de él, propuso a los demás que se subieran unos encima de otros hasta que el último alcanzase al sitiado, ofreciéndose él mismo a servir de base y de sostén a los demás. Los lobos siguieron su consejo, pero el sastre, que había reconocido a su mutilado visitante, gritó de pronto: “¡Cogedle de la cola!” y el lobo rabón se asustó tanto al recuerdo de su desgraciada aventura, que echó a correr e hizo caer a los demás.”[38]
También aquí, el contenido de este cuento, como en el de la Caperucita Roja, tiene que ver con procesos de mutilación, de pérdida de la totalidad, de pérdida de una situación parcial, de pérdida en el animal de una parte muy significativa. Aquí es obvio que el “débil” fue el sastre y no se puede ocultar el contenido fálico reinvidicativo del sastre frente a un lobo terrible que se lo puede tragar pero ante el cual el hombre “débil”, a pesar de su debilidad, recurre a su vara y en un momento determinado será él quien se coma al lobo, y no él, el comido por el lobo. Cambien la “m” por la “g”.
En la frase “el sastre le golpeó con la vara de medir… o mejor dicho —rectifica en el acto el paciente— le cogió por la cola y se la arrancó.” El error implica que frente al ataque por parte del padre, ante la posibilidad de ser castrado por el padre, de ser mutilado por el padre, hay dos alternativas: una es estructurar una fantasía donde uno adquiere características sobresalientes. Así se fantasea y alucina, una vara de enorme importancia que puede competir con la vara del padre y entonces se va uno a espadear. Pero hay otra posibilidad: quitarle al padre la vara, la cola. Entonces hay la posibilidad de ser el lobo, de transformarse uno en lobo —que sería la identificación con el agresor—. La otra posibilidad sería quitarle las condiciones agresivas al agresor transformándolo en un sujeto inofensivo.
Van a poder interpretar aquí una transferencia: está usted aquí conmigo en ese diván ¿qué hacer? O le crece a usted su pito o crece el mío, y va usted a utilizar las dos posibilidades.
Se trata de un psicótico. Un sujeto más o menos normal no va a pensar que le va uno a quitar su pito en términos concretos, va a pensar que lo que uno hace no sirve, son tonterías, son idioteces y va a estar constantemente castrándolo a uno.
¿Qué es castración? No es más que la extrapolación de una situación primaria a una situación concreta, dada. En una situación maestro-alumno no voy a pensar que ustedes me van a quitar el pito. Me van a hacer otras cosas: no me van a hacer caso, me van a tirar de a loco*. La manera de castrar va a depender de las circunstancias. No es sino una metáfora que está explicando qué partes de nosotros, enseñanza, terapia, etc. están siendo devaluadas o están siendo ninguneadas.
Freud relaciona la historia del sastre con el complejo de castración.[39]
Aquí está hablando de la “transformación de lo contrario”, de la identificación con el agresor. Hubo una época en que se utilizaban mucho las colas de zorro[40] en las antenas de los coches. Imagínenses ustedes que un adolescente pone en su VW radiador de Cadillac, tapones de Lincoln… en fin una cantidad de aditamentos que tratan de sustituir la pequeñez de un mugroso VW por la alucinada grandeza de un Cadillac. Esto es muy común como mecanismo de compensación en la psicología infantil y la psicología del adolescente.
¿Qué dice un adolescente cuando va por primera vez a un prostíbulo?
—¿Cuántos?
—Pues catorce…
No pudieron, pero dicen catorce, porque le temen al lobo al cual se van a acercar.
Cuando Freud quiere saber por qué hay seis o siete lobos descubre otro cuento oculto tras la historia de la Caperucita Roja. Se trata del cuento del lobo y las siete cabritas donde aparece el número seis pues ese es el número de cabritas devoradas —la séptima se oculta en el reloj—. En esta segunda historia también aparece el color blanco, pues el lobo se pone harina en la pata y, en fin, en ambos cuentos, el lobo es desventrado y los “devorados” brotan del vientre del lobo donde se ponen piedras.[41]
Es decir, cualquier acto que implique una afirmación frente a la vida, es castigado con la muerte.
Hay una revista, Imago, dedicada exclusivamente al psicoanálisis de aplicaciones culturales y también hay una tesis sobre cuentos infantiles, donde se examina el cuento de La Cigarra y la Hormiga. ¡Qué pinche* vida lleva la hormiga!, más vale que no tengamos que comer en el invierno pero poder cantar en el verano porque, además, muy frecuentemente, estamos guardando la comida y luego se la lleva otro.
En el cuento de las siete cabritas hay, además un árbol bajo en el cual duerme el lobo.
Independientemente de las posibilidades de interpretación de los cuentos infantiles, que Freud promete para otro trabajo, en este caso específico encuentra que es el miedo al padre lo que está en juego. Sin embargo, en ambos cuentos se “integra, como contenido secreto, algo distinto del miedo infantil al padre”.
El texto incluye una nota que hace referencia al mito de Cronos.[42]
Recordaran ustedes cuál es el mito de Cronos. Cronos se come a sus hijos para que no lo maten, excepto a Urano; Urano mata a su vez a Cronos.
Interesante, porque Urano después (…) es de los primeros homosexuales, entre los personajes mitológicos, de ahí que se le llame también al homosexualismo uranismo.
Si bien es cierto que mata a Cronos, también es cierto que, con su conducta sexual, se somete a él. Cronos tiene muchos hijos y su vida de ninguna manera es una vida homosexual, sino más bien heterosexual.
Hay una antología que se llama El Psicoanálisis de la Literatura donde viene un trabajo espléndido sobre todos los elementos no descritos por Freud en el complejo de Edipo: los antecedentes de Edipo tienen que ver mucho más con una situación homosexual previa que con la situación heterosexual incestuosa.
En una Sala de Arte pasaron una película que se llama Edipo, hijo de la fortuna, de Passolini. Es extraordinaria y curiosamente, el día que la comenté fue el día que murió Passolini. También su muerte es un episodio muy complejo, muy raro.
Freud relata que el padre del paciente, como casi todos los padres, en medio del juego decía, a veces “te voy a comer”.[43]
Hay un personaje mítico en la vida de los niños que surge en “te va a comer el coco”. En Sudamérica se dice “el cuco”, es una especie de monstruo que se come a los niños malcriados. También existe el “hombre de la bolsa”, que tiene su orígen en los chinos que se dedicaban a dos cosas: o tenían un café o una lavandería, y recogían la ropa sucia en una bolsa. También hubo un cuento, el del “niño asado” que mientras los padres se van a pasear, la criada mata al niño o lo asa. Fíjense que, además, hay un elemento común que no percibe Freud. Y es porque Freud todo lo desplaza hacia abajo y todo puede ser castrado, cogido[44] y no pone atención en el elemento que da importancia a todos estos cuentos, el elemento del “sadismo oral”, de la agresión oral —que es bastante anterior a la etapa edípica cuando el niño tiene cuatro o cinco años. Son etapas tempranas de un sadismo muy profundo donde la agresión se presenta en términos orales: el niño envenenado, el niño comido, el niño asado, el cabrito comido, la retaliación[45] es comerse.
Al parecer, muy frecuentemente quien sustituye la “m” por la “g” es Freud, sin darse cuenta de que muy frecuentemente la “g” está sustituyendo profundamente a una “m” mucho más amenazante, terrorífica.
Freud trae a colación el relato de otro de sus pacientes acerca de un abuelo que iba a abrirles la tripa y luego, retomando el hilo del caso, establece, conjuntamente con el paciente, que detrás de este sueño se oculta la clave causal de la neurosis infantil del paciente.[46]
¡Qué abuelo tan simpático!
Mi nieto me escribe desde Nueva York: “Abuelo, estamos bien, aquí ya no molestas”. Se refiere a que les pico la panza a mis nietos —pero no les digo que se las voy a abrir.
Aquí Freud da fuerza causal a un episodio. En vez de darse cuenta de que ese episodio es representante de una totalidad, signo de una totalidad. Este niño, el Hombre de los Lobos, vivía en el temor y se aprovechó ese sueño infantil porque revelaba todo el clima de temor en el cual vivía: es decir, el sueño es signo, no significado.
Freud frecuentemente dio a los sueños y al signo carácter etiopatogénico.
Muy frecuentemente en las interpretaciones de café, se da connotación a los signos, a las conductas determinadas, a fumar mucho y además sin ver qué significados pueden tener, en qué constelación se dio el síntoma o el vicio.
Para seguir en este contexto: en Sudamérica se usa la palabra cajeta* como nombre vulgar del genital femenino.
Estando yo en análisis con un argentino le digo:
—A mí, de niño, me gustaba mucho la cajeta.
Y el tipo pensó: “qué precoces son en México”. También en Sudamérica los jueguetes son chichis* y figúrense si van al Nuevo Japón* y le dicen a la empleada: “Enséñeme sus chichis”, pues se desata el enojo bestial del japonés.
De tal manera que hay que ver en qué contexto se dan los signos para ver que evaluación tienen. En Argentina la palabra “coger” sólo tiene el significado del acto sexual. Ahora imagínense ir en el subterráneo de Buenos Aires y que mi mujer le dijera a mi hijo: “niño, coge a tu hermana”. Era, además de grosero, incestuoso.
Freud no queda satisfecho con el nivel de interpretación alcanzado e interroga al paciente acerca de la inmovilidad de los lobos. Su conclusión es que se trata de una innmovilidad resultante de una transformación antitética, “inmovilidad en lugar de movimiento”.[47]
Aquí también Freud fue muy concreto. La escena primaria tiene importancia en virtud del concepto de la organización familiar donde se da. Puede tener una gran significación de símbolo, que simbolice una situación. Pero no es, en sí, traumática sino en tanto de lo que es traumático, de la organización triangular de la familia: padre, madre e hijo. De tal manera, una escena primaria vista en una organización familiar no cargada de elementos traumatizantes amplios, no tiene más valor que cualquier otro descubrimiento. Cualquier cosa que ven los chicos, como ver dos perros cohabitando en la calle, no tiene mayor significación sino de acuerdo con las vivencias que el sujeto tenga con respecto a la gestalt de todo su mundo infantil.
Consejos como aquél de: “es terrible ver la escena primaria”… pues depende, depende de las circunstancias en que se ve, en qué constelación se ve. Darle un valor absoluto sin ver el contexto en el cual se da… porque es obvio que éste es un niño muy abandonado, en manos de la niñera, con una madre que tenía padecimientos, muy enfermiza; el padre con una psicosis maníaco—depresiva; en manos de la nana, que esta nana fue sustituida por la institutriz… todo esto constituye una constelación importante de niño delegado en manos ajenas, de madre enferma, de abandono, de preferencia del padre hacia la hermana, la hermana teniendo una actitud bastante agresiva respecto a él y que en la edad adulta se transformó en una severa psicosis y la llevó al suicidio. En esta constelación puede tener importancia la escena primaria y cómo es visualizad, como una cosa terriblemente dramática en tanto que ésta era una constelación dramática.
Freud trae a colación otro sueño del paciente quien sueña un árbol de Navidad y donde los regalos, más los del cumpleaños —las fechas coincidían— son sustituídos por lobos que lo atemorizan hasta que se refugia en los brazos de la niñera.[48]
Recibía más regalos que la hermana, porque era su cumpleaños y no el de la hermana. Probablemente (y estamos fantaseando) la contradicción entre lo que cuenta y lo que pinta, está en función de esto.
Es decir, se ponen menos regalos en el árbol pintado, que en el árbol descrito, dice que eran seis o siete lobos y pinta cinco. Pero no tenemos ningún elemento para saberlo, estamos fantaseando pero estamos pensando que si está colgando lobos, y son regalos, es “la transformación de lo contrario”. Los regalos muy deseados, pero a la vez muy vívidos, por ser más que los de la hermana tienen la tendencia a disminuir y a transformarse en cosas malignas, ¿no?
Freud aclara el mecanismo de transformación en angustia. Parece que el niño, en alguna ocasión, deseando recibir satisfacción sexual de su padre, observa a éste dando dicha satisfacción a otra persona. Ante ello, emerge el miedo, el terror ante la posibilidad de ver su deseo cumplido, represión del deseo, huida del padre y refugio en la niñera.[49]
Ustedes seguramente vieron Cría cuervos*, donde la contemplación de la escena primaria del padre se da en una constelación muy particular. Un padre cuzco que lo mismo tiene a una piruja* en la cama que le agarra los senos a la niñera gorda y obesa. Un militar, con antecedentes particularmente casquivanos. Una madre enferma que muere con unos dolores cancerosos, —de retorcerse en la cama—. En esas condiciones, obvio, que la escena primaria que la niña contempla va a tener una connotación muy particular: militar, casinos, fascista, coscolino*, indiscriminado sexualmente, mira cuando la amante se va recogiendo su ropa, en fin, toda una serie de episodios que hacen pensar que en este caso concreto, pues, ¡pobre niña!, lo menos que puede ser de grande es frígida o, por un mecanismo de negación, pues será erotomana.
Enero 24, 1978
He estado pensando acerca del sueño. Uno se preguntaría ¿qué es lo que hace una huella mnémica, como puede un sueño infantil aparecer en una escena actual?, ¿Qué es lo que hace, en esta situación, que el sujeto traiga precisamente, de entre las múltiples huellas y restos mnémicos, justamente ésta?
Si se ponen a pensar en la constelación infantil de este muchacho, en la relación que tuvo con diferentes episodios; primero la relación, como gestalt, con su padre; después, sus juegos sexuales con la niñera; después la escena del pánico a los lobos condicionada en gran medida por su hermana. Si se ponen a pensar en toda esto, tendrían que pensar que, dentro de la transferencia, lo menos que puede ocurrir es que él, acostado en una cama, o en un diván, —y no se puede mover, la situación terapéutica le impide moverse —y está siendo acechado por un terapeuta el cual asume la figura del lobo. En tanto exista un rastro mnémico que pueda darle esa figura zoomórfica al terapeuta, sus temores y pánicos son qué pueda hacer con él el terapeuta; entre otras cosas, despedirlo del tratamiento.
Entonces verán que en este sueño y en esta situación se constituye una gestalt donde intervienen situaciones infantiles, huellas mnémicas, relación con los padres, relación con la situación terapéutica, o sea todo: ayer, hoy, entonces, ahora, allá, acá. Todo forma una constelación en la cual todos los elementos del rompecabezas se unen para formar una totalidad. Mientras más elementos de los diferentes aspectos de allá, de acá, de entonces, de ahora, de la infancia, de la vida actual, de resto diurno, de situaciones tempranas, de situaciones actuales, de situaciones transferenciales… mientras más situaciones enlaza el sueño tiene más totalidad, más globalidad.
En base a lo que el sujeto asoció y a la situación transferencial dada, el contenido manifiesto cobra una terrible importancia, tan importante como el contenido latente de la técnica clásica, en la cual se le interrogaría ¿qué se le ocurre a usted con el sueño?, ¿qué se le ocurre a usted con inmovilidad?, ¿qué se le ocurre a usted con vivencias?
Pareciera que en un cierto sentido Freud, al anunciarle la terminación del análisis lo está asustando, como la hermana con los lobos y está funcionando como un objeto amenzante; lo amenaza con una situación llena de pánico y llena de temor. Entonces el sueño persecutorio con elementos depresivos, simplemente por la gestalt que se da en la imagen del sueño desde el punto de vista de los contenidos formales, el sueño implica una situación de pánico. Un lobo que lo espía, la imagen del padre amenazante, la hermana amenazante, los juegos sexuales se dan al terapeuta como una ofrenda para tranquilizarlo.
Eso es lo que estuve pensando respecto al sueño.
No sabemos, por qué no lo relata Freud, si el tiempo era verano o invierno en Viena, o si hacía frío o calor. ¿Qué podría haber significado la situación en la que hace tanto énfasis el Hombre de los Lobos, de que era una noche de invierno?
No sabemos la hora a la que se analizaba, no sabemos nada acerca de una serie de elementos; pero si los conocieramos, podrían ser enlazados dentro de esta situación parcial a la cual hemos aludido, porque los elementos que nos han dado son elementos parciales.
Aquí venía todo el asunto de la escena primordial, digamos lo que connotaba el movimiento de los lobos; la “transformación en todo el asunto lo contrario” que implicaba colocar a los lobos en una situación de inmovilidad, cuando realmente lo que estaba viendo era el movimiento derivado de la escena primordial. Es obvio que dentro de la aparente inmovilidad del terapéuta hay una gran movilidad cuando dice: “dentro de tres meses, o cinco meses, o seis meses, te vas a ir”.
A través de esta aparente inmovilidad hay una profunda movilidad, tan violenta o más que la de la escena primaria en tanto lo que significa para un sujeto vinculado durante cuatro años con el terapeuta, el problema de una angustia de separación tan brutal; o de pérdida, tan dejado de lado como fue dejado de lado en la infancia, durante la escena primaria.
El así excluído en ese triángulo es el niño y en la misma forma, en la amenaza de Freud: “te voy a dejar una temporada”. Se está implicando una gran movilidad, Freud seguirá haciendo lo suyo y el paciente será excluido de la situación terapéutica, ¿es claro?
Freud era el mago de la sospecha y también tenía mucho miedo a ser fantasioso. Es decir, a hacer fantasías con el material que produce el paciente.
Este material es verificable, en tanto puede ser hecha una hipótesis. Esta hipótesis puede ser creadora de nuevas constelaciones que impliquen, creen nuevas hipótesis y a su vez sean objeto de predictibilidad. En esta medida la interpretación se transforma en una interpretación de carácter científico.
Piensen ustedes, por otra parte, que lo de las siete cabritas y esas cosas, también son cuentos donde se está amenazando con la expulsión de un niño o con la exclusión de los infantes (de las cabritas); de la imposibilidad de protección hogareña, paternal. También en estos cuentos se está revelando muy claramente uno de los elementos esenciales de los cuentos infantiles: el temor al abandono y la angustia de separación. Todo esto forma una totalidad que no se contradice sino implica y es implicada y va a tener una gran verosimilitud, en virtud de la posibilidad de que se confronten múltiples elementos para dar una “verificabilidad” suficientemente significativa. No vamos a tener que recurrir, como ustedes comprenderán, a 150 rusos cuya media aritmética sea suficientemente significativa para que estadísticamente nos dijeran lo que es cierto para darle significado al sueño del Hombre de los Lobos.
El sueño referido a la Nochebuena, según Freud, está relacionado con “la imagen del coito entre los padres del sujeto”. El sujeto tenía un año y medio cuando fue testigo del acto. En esa época sufría de malaria. Este elemento (la malaria) fue sustituido, ulteriormente, por un fuerte viento (aria=viento).[50]
Es muy significativo que en 1910 Freud esté hablando de huellas mnémicas casi tan tempranas como las que, 40 o 50 años después, Melanie Klein va a invocar como “huellas tempranas pre—edípicas”. Ahora bien, como ya hemos venido señalando, Freud le daba una gran importancia, con una gran validez a los signos. Ustedes comprenderán que ver, al año y medio, con una fiebre palúdica[51], una escena primaria de los padres, no funciona nunca como parte de una neurosis obsesiva del tipo de la del Hombre de los Lobos. Obviamente esto tendrá que ser el signo de algo muy grande, del abandono por parte de la madre, de la situación de la soledad del muchacho, del que lo ningunean y lo hacen a un lado, de ser excluído como situación total. En un momento determinado, recurre al símbolo, a un sueño o a la escena primaria, que no tendría en otro contexto.
Y también es el lenguaje con el cual se le dan los sueños, como el lenguaje que se da en el cinematógrafo, como el lenguaje que se da en el teatro. Son lenguajes visuales. En el lenguaje de la plástica se carece de los elementos verbales del lenguaje de la vida despierta, en el lenguaje adulto donde se incluyen adverbios, conjunciones, preposiciones, adjetivos, etc. que no pueden incluirse en un momento determinado en una representación concreta, en una situación de abandono. ¿Cómo representarían ustedes, “mis padres, por estarse haciendo caso entre sí, me dejaron a un lado”, “mis padres, por estarse haciendo arrumacos en forma sistemática, me dejaron a un lado y no les importé”? Represéntenlo con plástica y resulta una escena pornográfica.
A partir de los diez años, el paciente empieza a sufrir depresiones que se inician en la mañana y alcanzan su punto máximo a las cinco de la tarde. El hecho esta relacionado, por una parte, con la sustitución de los ataques de malaria (que culminaban a las cinco de la tarde) y con el número de lobos (que siendo cinco fueron descritos como seis o siete). Además, el sujeto había sorprendido a sus padres a las cinco de la tarde.
Los padres, a causa de la enfermedad lo habían acogido en su cuarto. La hipótesis de Freud es que se trataba de una “calurosa tarde de verano”.[52]
Tenemos explicaciones para todo. Realmente los padres estaban muy calientes y entonces el paciente, con su necesidad de “trasformar en lo contrario” coloca al árbol seco cuando el palo del árbol no está nada seco, estaba muy rígido y muy vital. Por otra parte, lo coloca frío, cuando lo que estaba aconteciendo era realmente paludismo, fiebre y calentura.
Tenemos explicación para todo. Lo cual no invalida que nuestras explicaciones puedan ser exactas cuando en una serie de contextos se consolidan, se codifican y más o menos van formando una totalidad, una gestalt interpretativa. Nuestra hipótesis de que se trataba de un caluroso día de verano, armoniza el hecho de que los padres se hubiesen retirado a dormir la siesta, se hallasen medio desnudos encima de la cama y la situación pudiera ser promovida a situación erótica.
“En ropas interiores blancas; el color blanco de los lobos”.[53]
¡Precioso! Ahora que si hubieran sido los lobos negros entonces diríamos que está “transformando en lo contrario” y si pensamos que eran las colas de zorro y estaban venteando, estaban olisqueando a ver que hacían. Eran sus propias orejas y que las colas de los lobos que eran como de zorro, colas blancas, los genitales del padre.
“Cuando el niño despertó fue testigo de un coitus a tergo repetido por tres veces”.[54]
Es interesante, un niño de año y medio… Entiendo que la sexualidad sea temprana, ¿pero tanto como para saber que fueron tres coitos? Independientemente de que a estos viejos veraniegos no los considero capaces de “echarse tres polvos” en un rato palúdico; es más bien esa megalomanía que tiene uno respecto a la potencialidad de los padres: en vez de sentirlos como elefantes, los siente uno como mamuts.
“Coito a tergo” es el coito que no es ventro—ventral, sino dorso—ventral, no anal, vaginal pero con contacto de las superficies corporales dorsales de la mujer y ventrales del hombre, a la manera de las fieras o de los perros, que no se ponen vientre contra vientre.
No es un coito “normal”, entre comillas; pero, ¿qué es normal? Es el “coito operarum” y, ¿qué es?
Entre otras muchas cosas, si han estudiado, se han interesado o fisgoneado en la cosa etológica, la bipedestación, cuando los antropoides descendieron al suelo y se transformaron paulatinamente en hombres, las nalgas dejaron de ser el signo de atracción sexual; en los monos parecen importantes el color de la nalga, la nalga enrojecida y demás, pero paulatinamente, fueron los pechos los que se transformaron en signo de atracción sexual. Así, adquirió ciertas características en el proceso evolutivo, al incrementar la función del pecho como signo de atracción sexual más que como signo de lactancia. Inclusive las características del pecho en la especie humana con respecto al antropoide, —tienen características muy peculiares: el pezón del antropoide está mucho más condicionado para ser un pezón tipo “Envenflo”, que amamante, mucho más que un pezón sexy como el de Marilyn Monroe— que es un pecho que excita. La forma del pecho, la forma del pezón adquiere características en la mujer que ha perdido en el mono: adquiere características como objeto de atracción sexual.
Si quieren meterse en estos chismes de cómo lo hacen los animales y que se les mueve y que no se les mueve, lean El Mono Desnudo y la continuación El Zoo Humano.[55] La Asociación Psicoanalítica Mexicana y la Canadiense son filiales de la Internacional, con la misma antigüedad y celebran sus aniversarios con coloquios mexicano-canadiense. Uno de los temas que estaban muy de moda hace 10 años era la Etología. Incluso hubo un coloquio mexicano-candiense que tuvo por tema Etología y Psicoanálisis. Después vino el auge de todos los libros de Konrad Lorenz —el territorio, características de conducta animal, etc.— luego la influencia del grupo de Viena —Carusso—. En fin interactuaron todos los procesos que han dado origen al Círculo de Viena y todo el grupo del Lenguaje Unificado; en sociología, en economía, en etología, en psicología, dando como resultado un psicoanálisis a la manera de Carusso, donde las direcciones de la interpretación tomaban de muchas corrientes, de muchas tendencias.
En el texto de Freud, se calcula la edad del paciente: nacido en Nochebuena, en el verano debe tener “una edad de n+1½ años”.[56]
Ese ‘n’ no implica años, sino unos cuantos meses. Es ‘n’ meses más uno y medio años.
“Tal comprensión no tuvo efecto en el momento mismo de la percepción sino ulteriormente en la época del sueño, cuando el sujeto tenía ya cuatro años, a posteriori cuando la comprensión le fue facilitada por su desarrollo, su excitación sexual y su investigación sexual”.[57]
Es decir, según esto habría huellas mnémicas (no lo estoy suscribiendo) cuando aún no se da una conceptualización, pero que pueden ser utilizadas, en tanto huellas, para ser conceptuadas en períodos ulteriores.
¿Ustedes creen que Freud lo hacía? Parece que tuvo el mismo número de coitos como hijos tuvo, por eso produjo tanto. Después de diez horas de pacientes diarios, escribir sus historiales, y levantarse al día siguiente para los nuevos historiales, más el cáncer y todas las cosas habidas y por haber. No creo que haya sido un hombre con una vida sexual particularmente veraniega, ni de fiesta.
Por otra parte —no lo suscribo pero…—, ya que se trata de fantasías y que las mías pueden ser fantasías, elaboración de huellas mnémicas tempranas antes de posibilidad de abstracción, a los 56 años, les diré que también puede haber representado este sueño el deseo de ser penetrado homosexualmente por Freud.
Ni se alteren, ni se violenten, que no tendría más significación que la de un signo. Si en un momento determinado el paciente —medio idilicón— “quisiera ser tuyo”, una manera es representarlo con un signo. El concepto tan abstracto: “quisiera ser de tu posesión”. Una manera de concretarlo, una forma muy común y corriente sería: “penétrame”, “estáte cerca de mi”. Lo que dice Paz:
“A donde yo soy tú, somos nosotros/ al reino de pronombres enlazados”.
O esta otra cosa, de Novo refiriéndose al amor:
“Sentirte cerca de mí, cuando te alejas”.[58]
Es decir: el amado siente cerca de sí a la amada y cuando se aleja, la sigue sintiendo en él. Pongan eso plásticamente.
Pues en este sentido lo estoy diciendo: “Yo quisiera que nunca te apartaras de mí, que siguieras dentro de mí como durante estos cuatro años”. Díganlo con la mímica del Hombre de los Lobos: pone ahí cinco lobos que lo están viendo y él está estático en su cama y ojalá y lo penetrara Freud en una penetración en la cual se está representando en forma “concreta” y vulgar.
Tengo 25 años de psicoanalista, y de ejercer el oficio de brujo, tres años más; 28 años trabajando muy intensamente. Nunca he encontrado en ninguno de mis casos que alguien descubra algo que no supiera. Sí. Nunca he descubierto en el curso de 28 años de labor analítica, en ningún paciente, nunca he descubierto algo que el sujeto ignorara…
En todo caso, el sujeto lo enlaza mal, el sujeto construye mal y lo que parece, aparentemente, amnesia total, no es sino una tergiversación de circunstancias que hacen aparecer una amnesia en donde no existe tal.
En cierto sentido, la definición de la escuela francesa (ya tendrán oportunidad de entrar en contacto con lacanianos), la definición lacaniana del psicoanálisis sería: “el encuentro de una sintaxis”. Encuentro de una sintaxis que el sujeto ha perdido, con todo el valor que tiene una sintaxis: dar la conexión. Los elementos están ahí pero revueltos, están desplegados en una forma no comprensible y realmente lo que el analista o terapeuta hace, es darle sintaxis.
Pregunta: Freud ha propuesto la existencia de un procedimiento “susceptible de hacer conscientes de un modo coherente y convincente…” etc, pero ¿cual es el método? No lo dice.
El método es el siguiente: usted deja a un sujeto hablar “libremente”, si usted no tiene una proposición (me estoy refiriendo al método analítico, no todas las terapias funcionan así) acerca de lo que va a escuchar, si tiene una atención flotante, paulatinamente se va a encontrar usted, con que las cosas “buscan” en su “asociar libremente” y van a encontrar agrupamientos muy definidos, muy determinados, muy reiterados y muy repetidos. O sea, que lo más carente de libertad es la “asociación libre” y lo más carente de flotación es la “atención flotante”.
Usted está funcionando como una computadora donde está almacenando todo lo analógico, excluyendo todo lo que no tiene analogías; va usted haciendo una composición del cuadro; el sujeto le está brindando, en ese su libre asociar, todas las posibilidades para que usted haga analogías y va a obtener usted una cantidad de repeticiones, reiteraciones, significaciones allá y acá, dentro de la sesión terapéutica y fuera de la sesión terapéutica, de los síntomas: cómo come, cómo excreta y cómo se relaciona sexualmente, etc.; allí usted va a encontrar una cantidad tal de analogías que el sujeto llegará a ser un todo comprensible, tanto más cuanto menos intervenga usted. Lo cual no quiere decir que a un sujeto que se quiera echar por la ventana de un octavo piso, le diga “¿qué se le ocurre a usted con ventana?”. La mejor técnica terapéutica será taclearlo* y evitar que se eche por la ventana, es obvio.
Creo que ha curado mucho más la Virgen de Guadalupe que Freud en toda su historia, y que han curado más Lourdes y el Papa y el agua bendita que todos los terapeutas del mundo. No me estoy refiriendo a la eficacia de la terapia como definición de cientificidad de un método, no. Inclusive en la terapia no directiva, en la de Roger, el sujeto va enlazando por sí mismo las cosas en tal forma, que llegan a adquirir congruencia y coherencia en tanto propiciamos la situación. Nada más propiciamos para que el sujeto en sí, al expresarlas a como de lugar, vaya adquiriendo, con el curso del tiempo, congruencia. Hay un grupo de terapeutas en Los Ángeles que se llaman “oidores”, cobran cinco dólares la hora, por oír. Ahora, en una cultura donde nadie oye a nadie, realmente tener a un señor que lo esté escuchando allí atrás por una hora por cinco dólares… tienen mucho éxito.
Freud describe la imagen que debió haber tenido el paciente del coitus a tergo: “erguido el padre, agachada la madre”. La imagen del padre es asociada con la imagen del lobo, en dos pies, que tanto miedo causara al paciente.[59]
Una percepción tenida tempranamente con una experiencia tenida tardíamente… Si usted compara la experiencia de ver al padre montado en la madre y la experiencia, ya más tardía de la madre, de la hermana que lo asusta con el lobo, puede ser que establezca una analogía dada la posición en que ve al lobo. Dada la posición en que sintió amenazada a su madre, puede establecer una analogía entre el lobo, la imagen de la figura del lobo y el padre, que entonces pasa a adquirir la representación de un lobo.
Freud relata un incidente en sesión referido a las miradas que el paciente arroja sobre un reloj de caja que se halla frente a él. El paciente dice que desea que la sesión termine, tratando de congraciarse con Freud. Luego explica que, más bien, es el reloj en donde se escondía la menor de las siete cabritas. Según Freud, el paciente le pedía “sé bueno conmigo, no me comas”.[60]
También todo esto que le está diciendo es para complacerlo, no solamente para que no se lo coma, en el fondo le está diciendo «¿me comerás?» para que no se lo coma: es decir, está tratando de complacerlo en una forma notoria y significativa.
Por otra parte, no sé si ustedes conozcan el despacho de Freud; él que preconizaba la abstinencia de un couche sin ninguna figura estimulativa —en esa época ya tenía el chow-chow. En el año 49 que fue el décimo aniversario de la muerte de Freud y se le hizo un homenaje en casi todas las revistas del mundo, yo traduje para la Revista Psicoanalítica de Argentina una serie de experiencias de psicoanalistas muy destacados, de las visitas que hicieron a la casa de Freud.
Era muy interesante porque por acá, tenía el jardín y luego tenía el perro chow-chow y tiene el diván cubierto con algo estilo persa, una alfombra persa, una cantidad de estatuillas etruscas, allá está la Gradiva de Jensen, retratos, etc., etc.

foto despacho de Freud
Me trajeron de España un libro de puro Freud en imágenes. Los profesores que tuvo, los compañeros que vio, sus viajes acá, sus viajes allá, etc. La fobia que tuvo Freud fundamentalmente era fobia a los ferrocarriles y probablemente está vinculada a su salida temprana de su ciudad de origen. Cuando viene la Revolución Industrial, muchos tienen que emigrar porque hay una gran desocupación, emigran a Viena, y esa situación tan traumática de separación de un clima, de un objeto, de un paisaje, de una circunstancia fue lo que determinó su fobia a los ferrocarriles. Inclusive, cuando hizo el viaje a la Universidad de Clark tiene un episodio donde pierde el conocimiento y cae en los brazos de Jung.
Pregunta: “Es interesante el pie de página anterior porque en la infancia del Hombre de los Lobos era el profesor el que recibía dinero y luego él lo recibió de Freud[61]“.
Claro, yo también lo pensé…
SR lee el pasaje en cuestion que debe decir: “aquel profesor extremaba su severidad, esperando ser apaciguado por los alumnos… Sin embargo, SR lee: “aquél profesor extremaba su severidad esperando ser apaciguado luego por los animales”… El acto fallido “alumnos” por “animales” genera toda clase de protestas.
Espérense, espérense, ya me agarraron, pero no creo que ande por ahí.
Cuando leí el párrafo también pensé lo mismo, nada más que aquí, en el texto, es el profesor quien se porta severamente y recibe dinero, en tanto que en la realidad de la situación terapéutica, es el paciente el que recibe de parte del profesor, o sea que es el alumno quien recibe.
En mi acto fallido parece que se “transforman en lo contrario” de los lobos, de los animales, que en un cierto sentido están espiando. Inclusive cuando se hacían las colectas, él decía que era más de los honorarios de lo que realmente era, para recibir más dinero. Este hombre era un manipulador increíble, se traía de cabeza al propio Freud.
Alumna: Guardó las joyas cuando llegaron a Rusia y no dijo nada…
Claro, claro, para que le siguieran dando su pensión.
Freud muestra la relación entre el sueño de Nochebuena y la escena primordial. En el sueño deseaba tener muchos regalos, pero en lugar de ello, aparece el relato del abuelo. En el cuento del abuelo, el lobo sin cola invita a los otros a subir encima de él. Este detalle se vincula con el coitus a tergo en donde la madre, sin cola, invita a “los otros lobos” a montarla.[62]
Vean ustedes que aquí se está transformando un concepto abstracto: “regálame, dame, quiéreme; en Navidad dame doble regalo porque es Nochebuena y mi cumpleaños, dame todo lo que pudieses darme”, etc. Eso lo está representando con imágenes que cobran significado y pueden ser utilizados como signos de una idea abstracta: “dame, penétrame, hazme tuyo, hazme que me sienta tuyo, quiéreme más que a mi hermana “, etc.
Ahora imagínense ustedes la rabia que este sujeto debe haber tenido a la hermana, aparte ser la preferida del padre. Luego, la fusión en la aparición de la neurosis obsesiva, de una blenorragia y el suicidio de la hermana. ¿En qué medida se le transformaron sus deseos fantaseados en realización de deseos?
Una de las causas más comunes (por lo menos en mi experiencia) de la esterilidad en la mujer es el nacimiento de un hermano menor y su muerte, es como si se realizaran las fantasías de muerte del hermano. Esta realización de deseos fantaseada, se transforma en un hecho real y, entonces, hay una omnipotencia de los deseos y ella piensa en la capacidad de ser omnipotente. Una mujer en esas condiciones, ante el temor de ser, a su vez, retaliada cuando ella se embarace, provoca una esterilidad de tipo psicogenético. Por eso, aquello de que es lo mismo la realidad que la fantasía, no es cierto, por intensa que sea la fantasía. La realidad tiene una corroboración y da la posibilidad de que el conflicto psicótico inunde al Yo por una pérdida de los conceptos y de los límites de lo real y de lo no real.
Enero 31, 1978
Hubo una pregunta en la sesión pasada que me pareció interesante, respecto a las percepciones. Usted preguntaba cómo se pueden manejar esas percepciones (las que tuvo el Hombre de los Lobos acerca de la sexualidad de sus padres) y darles una connotación abstracta al año y medio. Yo le contesté que determinado tipo de percepciones pueden ser utilizadas para formar el núcleo de una elaboración posterior; o sea, que determinado tipo de percepciones no tienen más contenido que el perceptivo. Se guardan, se utilizan para ser elaboradas en una etapa ulterior y colocar esas percepciones en un contexto que incluya y abarque el problema en el cual el sujeto se está desarrollando.
Pregunta: ¿No podría ser también, que el Hombre de los Lobos había visto hacer el amor a los animales, a las ovejas en la finca de los padres?
Claro, pero el episodio de las ovejas fue en una época más tardía, es decir, son percepciones en una determinada edad en la cual ya hay capacidad perceptiva y utilizadas, después, para desarrollar una posibilidad abstracta, cuando existe la posibilidad abstracta… Cuatro años y medio, en la cual ya habría, por una parte, la posibilidad de que situaciones tempranas de tipo perceptivo puedan ser utilizadas en niveles tardíos, cuando ya existe una posibilidad de abstracción.
Anoche, en un seminario con el tema de “el problema del carácter” hablaba de esto: en un momento determinado, clínico, reciben ustedes a Juanito que tiene miedo de que los caballos lo muerdan y tiene una fobia a la calle y no quiere salir porque tiene miedo a que lo muerdan los caballos; y el Hombre de los Lobos, que tiene miedo a que se lo coman los lobos. ¿Cómo diferenciarían el cuadro clínico del uno y del otro? ¿Por qué no decimos que las dos son zoofobias? ¿Por qué le damos a uno una connotación obsesiva y al otro la connotación de un nivel histérico? No se puede hacer un diagnóstico acelerado, a menos que sea un diagnóstico de café. El síntoma principal en ambos casos, es la fobia a los animales, es una zoofobia.
Para no quedarnos en el café, tendríamos que ver, primero, en cada uno de los casos: “síntoma del caso”, luego “monto de la componente agresiva” y “monto de la componente compulsiva” y, por último, “capacidad yoíca”.
Esto no es solamente para lo que les estoy diciendo. En un momento determinado hay una diferenciación entre un tratamiento y una proyección. Voy a ser claro: una persona le tiene miedo a la calle o le tiene miedo a los tranvías; un paranóico piensa que los tranvías pueden ser utilizados como instrumentos para detectar su pensamiento, entonces, ¿cómo hacer la diferenciación entre un tratamiento y una proyección de esto, que en ocasiones es muy confuso desde el punto de vista clínico aislado?
En la proyección van a encontrar ustedes una limitación global de la personalidad, mientras que en el tratamiento una limitación muy concreta; y los elementos fóbicos de una agorafobia y los elementos agresivos de una paranoia, de una proyección, son muy distintos. En el conflicto psicótico se inunda la realidad, en el conflicto neurótico no se la invade. El neurótico hace castillos en el aire, el psicótico vive en ellos… y el psiquiatra cobra la renta, en la sesión.
Entonces, la capacidad yoica se encuentra poco disminuida en el cuadro de una fobia y muy disminuida en el cuadro de una neurosis. Para que ustedes, en un momento determinado le den a una fobia aislada una filiación obsesiva o una filiación histérica, tendrán que valerse de elementos laterales de la personalidad.
Hablando del Rorschach: no pueden hacer una interpretación a una forma aislada. Ni le pueden dar un valor a un detalle en función misma de este detalle, sino que tendrán que darlo en función de la totalidad de la prueba. Los elementos laterales de la prueba le van a dar un apellido y un nombre a un determinado signo en la prueba.
Piensen ustedes que ya Freud señaló que los sueños son muy vívidos, que son como si se estuvieran viviendo, con una connotación de realidad muy grande; en términos generales, denotan que la experiencia fue real en la infancia. Entonces: “siento muy vívidamente que es de noche y que estoy dormido, que es de noche” es una deformación de “estaba durmiendo”. Más que una deformación, es una representación plástica. La noche es un concepto abstracto, “hacer la meme*” es un concepto concreto. Hay una cosa que es importante, en términos generales, Freud habla de la “condensación en el síntoma” y de la “condensación en el sueño” como procesos defensivos para no revelar el contenido latente. ¿De acuerdo?
La condensación puede ser una defensa, pero ya el hecho de transformar el metalenguaje con conjunciones, preposiciones, adverbios a un lenguaje de imágenes, por necesidad, lleva a la condensación. Claro que no hay conjunciones, no hay adverbios, etc. ya que, más allá de la defensa, el cambio de sistema lingüístico conlleva la condensación. Entonces, aparte de que la condensación es una defensa, el cambio lingüístico lleva por necesidad a la condensación.
Pienso que el psicoanálisis (y siempre lo he definido así), consiste en introducir elementos conjuntivos, disyuntivos, copulativos, etc. a la comunicación. Si ustedes, en un cierto momento pueden (nada de contenido manifiesto ni contenido latente) introducir y transformar el objeto del lenguaje de un sueño, al metalenguaje de vida racional, no es que estén haciendo consciente lo inconsciente, es que están dándo la posibilidad del conocimiento abstracto a un pensamiento concreto. Eso se ve muy claramente en el análisis de niños. El sujeto no puede comunicarse más que en términos concretos. Decir: “Mis padres están teniendo relaciones sexuales muy calientes, en una cama, con mucho movimiento” es muy difícil con los elementos de los cuales disponen en ese momento. Ahora “de día”: sacan estos anteojos; “de noche”: y sacan estos otros, apagaron la luz… cada quién su mímica y cada quien usa la mímica que puede y que aprendió.
Voy a ponerlo más claro. Cuando una posibilidad concreta tiene más posibilidades de atraer abstracción, más capacidad tendrá de representabilidad, ¿sí? Entre otras cosas, por un fenómeno de “economía de esfuerzo”. Si yo con una sola imagen concreta puedo representar varias ideas abstractas, entonces tendrá más representabilidad.
Si aparte, esa escena concreta se sobrecarga con el estar acostado en el diván y ser observado por el analista, esa imagen concreta —que es el recuerdo concreto también— tiene más cargas de representabilidad en tanto que también connota una situación adicional, la situación terapéutica.
Ahora, de todas las expresiones concretas que condensen situaciones, la más operante para la interpretación es la que condensa —más allá de los problemas infantiles— los problemas transferenciales. Nuestro anzuelo no va a ser la infancia, sino la situación transferencial, con el cual a una imagen muy remota se le da una realidad muy presente: esto no evita que nos remontemos ulteriormente al problema genético, pero después de haber analizado el problema “de lo qué está aconteciendo aquí”.
Fairbairn tiene un artículo en donde dice: “retornemos a Freud el joven”. Para Freud el joven (antes de los sueños) la psicoterapia de la histeria, los historiales clínicos primarios tienen una profundidad —en lo que es análisis del Yo— increíble.
Prácticamente, todo el desarrollo de Fairbairn se basa en Freud el joven. Pero de repente Freud descubre el Mediterráneo y entonces le importa un serenado demonio el Yo. Imagínense ustedes que se encuentra con el inconsciente, a partir de la interpretación de sus propios sueños, y entonces le da un valor muchísimo más importante. Hasta El Yo y los Mecanismos de defensa,[63] que dicen es una obra que escribió para su hija en gratitud a sus cuidados filiales. Es decir, al parecer que durante todo el tiempo que media entre la Interpretación de los sueños[64] hasta los artículos de Anna Freud, su interés fundamentalmente es el inconsciente y hacer conciente lo inconsciente y se deshace un poco del concepto yoico. Descubre todos estos elementos inconscientes tan ricos y se desinteresa un poco por el Freud joven, que era una psicología fundamentalmente del Yo. Una serie de autores, entre ellos Fairbairn, retoman a este Freud el joven. Y si ustedes vuelven a leer los artículos originales de Freud antes de la Interpretación de los Sueños, encuentran que son de una riqueza y de una actualidad increíbles con respecto a todas las corrientes de psicología del Yo, que están trabajando mucho más con una problemática del “aquí” que con una problemática del “allá”; es decir, con una problemática de lo que acontece en la relación económica —de economía interpersonal, más que con la relación genealógica y genética.
Freud deja a un lado los problemas económicos y se mete en los problemas estructurales en tanto la estructura es consecuencia de la génesis y lo que le importa es asegurarse, detectar que la cosa genética es veraz, busca información lateral, etc.
“De pronto se abre sola la ventana. Traducción: Despierto espontáneamente…”[65]
“De pronto” un sujeto en situación terapéutica se da cuenta de que lo están observando: el proceso de ser observado no se da durante toda la hora, sino que, de repente, el sujeto adquiere insight acerca de ser observado, de que es objeto de observación y dos ojos están penetrando en lo que está sucediendo en la situación terapéutica, lo cual no quita significación a toda la situación infantil pero le da prevalencia, por tener una connotación terapéutica.
Ahora estoy pensando que sería válido en una situación terapéutica: “yo esperaba que me dieran doble regalo”, que fuera tanto el regalo de Nochebuena como el regalo de mi cumpleaños. El sujeto está esperando más de la situación terapéutica de lo que la situación terapéutica le puede dar, está esperando una doble satisfacción. Simplemente se siente muy frustrado por no encontrar más que una, lo cual no invalida que esto conecte con una situación infantil, no invalida que tenga una fobia a los lobos, siendo ruso; o que Juanito tenga una fobia a los caballos, siendo vienés. Raro sería a la inversa, ¿no?
“El grueso nogal. Representación del árbol de Navidad… pero también del árbol en que se refugia el sastre y al pie del cual acechan los lobos… símbolo de la actividad del voyeur…”[66]
Si vamos a elucubrar, también podemos pensar que el símbolo de árbol erecto, etc. puede ser el símbolo del voyeurismo o de un pito* muy erecto, ¿no? Si quieren que hagamos Rorschach sobre un árbol, lo hacemos. Cada quien saca lo que tiene su respectivo árbol; y árbol también puede significar “el que a buen árbol se arrima, buena miada se va a echar”[67]. Puede significar lo que a ustedes les de la gana, ¿no?
Freud explica que los lobos están en el árbol porque observan algo, porque “miran con intensa atención”[68]
O sea, en vez de estar él observando, la inversión total es que él es observado con fijeza y con atención.
“Son completamente blancos… alusión a la blancura de las ropas de cama de los padres y de las prendas interiores, del color blanco de las ovejas y por último del color blanco aparente en el cuento de las siete cabritas… una alusión a la muerte.”[69]
El sueño es muy de color, en el sentido de colorado*. Podemos decir que es una “transformación en lo contrario” el colocarlo en blanco y no en rojo, porque este sueño con escenas primordiales, viendo cómo se mueven, cómo se acuestan es más bien de la zona roja que de la zona blanca y una manera de evitar decir que es de la zona roja es ponerlo en blanco. Y además con todos mis inventos, pueden hacer una interpretación acerca de mí. Espero que no me la vayan a cobrar.
Freud insiste en las connotaciones relativas a devorar, comer, morder, etc.[70]
O también, tanto en el cuadro de Juanito, como en el cuadro del Hombre de los Lobos, el elemento oral es predominante. Podríamos decir que hay un remanente de tipo oral bastante más regresivo que el fóbico o el obsesivo en ambos casos, en la medida en que se utilizan como elementos fobígenos, los vinculados de comer y ser comido.
“A mi juicio, queda así exhaustivamente aclarado el sueño de angustia…”[71]
Aquí el sueño, desde el punto de vista analítico es exhaustivamente analizado. En este orden de ideas, podríamos decir que un sueño o una primera sesión exhaustivamente analizada, es la totalidad de la vida del sujeto, la totalidad de sus angustias, sus miedos, sus temores, sus deseos, sus inquietudes, sus defensas. Pero este análisis “en frío” no es sino retórica. En la medida en que se van dando todos estos elementos en la situación terapéutica, es en la medida en que tienen validez y van a aparecer en forma reiterada en el curso de la totalidad de la sesión. Podríamos decir que la dinámica de un caso (en una persona que tenga medida de experiencia observacional) se da en tres o cuatro sesiones, lo demás es pura repetición, reiteración, sistematización, presentación del mismo material con diferentes escenarios, etcétera.
Freud promete, en adelante, tomar en cuenta, de manera importante la capacidad de reactivación (no de recuerdo) de la escena primordial sin que pierda, en estas “reactivaciones” nada de sus posibilidades por producir los mismos efectos.”[72]
Piensen ustedes que la escena tampoco perdió nada de su lozanía entre el año y medio, los cuatro años y el momento del análisis. Ya la decía el Eclesiástes: “lo que ha sido, es”[73]. Y León Felipe para infortunio del optimismo de los futuros terapeutas, decía: “Lo que ha sido es y seguirá siendo”. Le vuelcan ustedes seis años de análisis, siete años, y lo que cambia es un lobo por un perro, un perro por un gato, un gato por un nuevo animal, etc., pero la estructura (y no en vano se habla de la estructura), es inamovible. “El que es gordo, aunque lo fajen”. No podrán ustedes, nunca, hacer que una maceta que está en un corredor, de repente esté en el Bosque de Chapultepec, ni un ahuehuete del Bosque de Chapultepec lo podrán ustedes poner en una maceta y en un corredor[74]. Se tendrán que conformar con que el ahuehuete no tenga polilla y la maceta esté regada, que ya es bastante.
Sigue fresca la imagen temprana. Por desgracia las imágenes tempranas siguen siempre frescas, eso de que ya las superamos y las maduramos… pues cada quien va a madurar de acuerdo a la lozanía de su infancia; y esto es tan rígido como la lengua. Tan rígida y quizá más, es la conducta lingüística, que es aprendida tempranamente, como rígida es la expresión conductual de afectos, sean sentimientos u otros. Costaría tanto trabajo que a un buen gordo lo transformemos en un buen flaco, como que a un buen flaco lo transformemos en un buen gordo. Más o menos podríamos hacer un Don Quijote menos flaco y un Sancho Panza menos gordo, pero eso de hacer de un Sancho un Don Quijote, olvídenlo.
Todos estos recuerdos (y van a pensar que todavía soy más pesimista) no sé si salgan a la luz porque el paciente, muy abusado*, percibe que Freud quiere que salgan. Unas gentes hablan de psiquismo temprano al año y medio; de psiquismo fetal y otros hablamos en términos de relaciones de objeto; hablamos del pecho bueno y del pecho malo. Existen teorías muy diferentes, kleinianos, freudianos, etc. que nos diferencian profundamente y que hacen que en los seminarios nos peleemos denodadamente y con gran desasosiego.
A pesar de esto, hay una cosa que es común a los que somos terapeutas con cierta experiencia, más allá de nuestras teorías y es que conservamos a nuestros pacientes, tenemos pacientes y los pacientes nos pagan y gentes con analogía ideológica a la nuestra, que no tiene experiencia, ni conservan pacientes, ni tienen pacientes, ni les pagan sus pacientes. De tal manera, que alguna analogía hay en la actitud de los terapeutas que tienen pacientes, conservan pacientes y ganan y viven de sus pacientes a pesar de su diferencias ideológicas. Es decir, se establece un diálogo, una ideología que tiene consistencia, constancia, perpetuación, reiteración, paciencia, abstinencia y esa serie de condiciones son comunes a los terapeutas que tienen experiencia, más allá de la ideología que sustenten. Esto, hablar poco, no exigir, no aconsejar, no prohibir, será constante; mantener el horario fijo y ser perseverante va a dar más regularidad y posibilidades de mutación de la imagen de padres inconstantes, mentirosos, castigadores, premiadores, etc. que la ideología que preconicemos. Cada quién es con su cuate* de acuerdo al sistema de lenguaje secreto que tienen; va a ser cuate de acuerdo al sistema de lenguaje secreto que tienen, va a ser cuate independientemente que se use la telegrafía Morse o un lenguaje críptico, porque ese lenguaje críptico se transforma en la alianza del lenguaje secreto freudiano, kleiniano, etc. Pero lo que es importante, más que el lenguaje secreto, es que hay una alianza, un pacto de sangre. Estos pactos secretos funcionan no por el contenido mismo del pacto, sino por la estructura que implica el pacto.
De aquí la importancia que tiene en toda situación terapéutica establecer reglas concretas y no ambiguas de contrato. No “me paga cuando quiera”: no, no. “Me paga del primero al cinco”, y de este parámetro vamos a sacar todo lo que venga. Que, “puedo llegar 10 minutos tarde y luego…”: no, no. “Su hora es su hora, usted es dueño de su hora y me la paga”. “Si yo me enfermo me cuesta a mí, si usted se enferma, le cuesta a usted. ¿Por qué voy a pagar yo sus gripas?, después se enferma usted cada 15 días y me mete una friega espantosa, porque si tengo ocho pacientes y les da gripa al mismo tiempo, me muero de hambre”. Van a ver ustedes que con esos parámetros nadie se enferma y si se enferman van y sudan en el couch, y no en su casa.
¿Por qué funciona tan mal la Universidad? Porque no hay parámetros de nada. Cada quién llega a la hora que le da la gana, sale a la hora que le da la gana, las boletas salen cuando quieren. Ahora estuve firmando unas actas de hace tres semestres que apenas acaban de salir; con esos parámetros es igual estar aprobado, reprobado, suficiente, insuficiente, güey*, listo, genio, imbécil: es igual.[75] Como realmente uno no quiere tener problemas escolares, les pone uno B, o todo el mundo es “suficiente”, o todo el mundo es MB, es igual. Cuando creamos un parámetro, al que tiene B pues le interesa venir; el que no viene, que no venga, así no molesta y si tiene MB ya la vida lo juzgará con lo que la vida le dé.[76]
En ese sentido consistencia, constancia, permanencia, asiduidad, “aquí estoy”… que el paciente sepa que siempre cuenta con uno y no es preciso ser “nano*” catorce horas al día. En ese sentido estoy en contra de los análisis sin límite de tiempo, como si un niño pensara que su madre está con él porque está catorce horas con él, a lo mejor está catorce horas jodiéndolo o jodiéndolo y desjodiéndolo, acercándose y castigándolo y luego premiándolo y creando en él tal serie de confusiones que es preferible estar media hora con ella, pero bien, que catorce horas malas o inconsistentes.
Por eso les decía que cualquier clínica interpretativa es funcional siempre y cuando tenga determinada estructura, más allá del formato del cual está revestida. Es decir, las posadas son importantes; más allá de que la piñata sea un rábano o sea un Pato Donald es la celebración, la posada, la fruta —una serie de circunstancias mucho más importantes que la forma que tenga la piñata.[77]
Esto venía a que probablemente el paciente le está siguiendo el juego a Freud y está dando lo que Freud espera recibir. Cuanto tiene uno un segundo análisis —el primer análisis fue de ideología totalmente distinta— con qué rapidez aprende el paciente el lenguaje del nuevo terapeuta y rápidamente pasan del kleinismo al freudismo ortodoxo y viceversa; con una facilidad que está revelando más que una compenetración con la ideología que estamos manejando, una necesidad. Freud ya lo decía: “Los pacientes a la postre, se curan por lealtad”, con una gran sabiduría. Saben que nosotros con cualquier lenguaje, estamos esperando que se curen y entonces se mejoran para ser leales con nosotros. Son niños buenos, en la medida que nosotros estamos afirmando que ser bueno es saludable y, si un señor llega por impotente y nos consulta, sabe que estamos esperando que sea menos impotente. No lo vamos a convertir en una Casanova, pero con la manita de gato* de nuestra parte, más o menos resuelve su problema en situaciones más o menos favorables.
Freud explica algunos elementos más en el relato del paciente: primero, que el paciente había supuesto que el acto sexual era un placer y ello no estaba acorde con las expresiones de satisfacción de su madre.[78]
Imagínense si iba a reconocer la expresión placentera de la madre, a lo mejor le estaba haciendo cosquillas el padre. Hay orgasmos que tienen expresiones dolorosas y pueden ser bastante más orgásticos que los risueños. Hay cada gato risón[79] que no goza nada y hay cada gato trágico que tiene unos orgasmos de antonomasia.
Freud duda de la capacidad de observación del paciente que, al año y medio, pretendía recordar que sus padres copulaban en diferentes posiciones. Esto permite a Freud separar los recuerdos del paciente en tres etapas, donde cada una elabora sobre los recuerdos de la anterior.[80]
Aparte que los padres fueran bastante cogelones, no solamente en cuanto a tiempo, horas, circunstancias, etc., parece que fueron bastante ricos en posiciones, en cambios posturales, a la manera de las fieras, a la manera de los hombres, “de angelito” (con una pie fuera de la cama y otro dentro)
No me digan que no saben la canción aquella de mis tiempos: “y alegre el estudiante va con un tostón* y su condón a echar un palo de angelito”,[81] eran negros los palos de angelito y hay los coitos de “cebollita*”, que es un juego sexual bastante más común que ver los coitos aferarum, y eso de que “vamos a sacar una ramita de la cebollita”, y mientras más pegaditos está la cebollita… y si es mujer la de adelante y hombre el de atrás, pues más se va a adherir a la cebollita y realmente es una masturbación lúdica en la que participan el que jala y la jalada y la no jalada…
Aquí, en la situación transferencial, lo que se tiene que suponer es que el coito heterosexual es un coito que se puede dar solamente frente a frente y el coito que se está dando en la situación terapéutica, pese a que se trate de transformar colocando la ventana adelante, es un coito que se da de atrás a adelante, en tanto que observar es penetrar en un sentido abstracto. Estoy penetrando la intimidad de un sujeto y si eso lo queremos colocar en un lenguaje icónico, esa penetración puede ser representada por un ser penetrado.
En la situación terapéutica no tenemos suficientes datos complementarios como para saber qué pasaría en un análisis con el sujeto acostado y uno enfrente.
No olviden ustedes que su hermana se suicidó, que él tenía una blenorragia; imagínense ustedes lo que significaba de amenazante el coito dorso—ventral, en la medida en que podría ser, como frecuentemente es, homosexual.
A mi manera de ver, no existe homosexualidad primaria, la homosexualidad siempre es una defensa contra la heterosexualidad, en tanto que es más amenazante la relación heterosexual y la relación homosexual: está menos cargada de angustia.
Freud resume el sueño de su paciente en relación con los otros eventos que ha relatado. La observación del coito remite a la castración, a la visión de las niñas orinando, a la amenaza de la chacha sobre la “herida”, y a la diferenciación entre “el trasero” y la “herida”. Interpreta entonces la huida para refugiarse en brazos de la chacha como un miedo a que el padre pueda satisfacerlo sexualmente, miedo que ahora cobra la forma de la fobia al lobo.[82]
Este miedo aquí se está condensando en una situación sexual, (…). Muy frecuentemente, repito, los principiantes y los concretistas, lo colocan en esto: el miedo a la castración va a ser miedo a la desvaloración, va a ser miedo a que se le juzgue a uno como un idiota, va a ser miedo a quedar mal, va a ser miedo a tratar de huir de una confrontación cara a cara con el padre y, en cierto sentido (en el sentido de lenguaje figurado), “dar las nalgas*”, ¿no? Todo esto que va a tener una connotación no-concreta, va a tener una connotación múltiple y se va a dar en todo tipo de relaciones: en poseer, ser poseído, en dominar, ser dominado, ganar, ser ganado, tener capacidad, ser incapaz, etc.
Febrero 7, 1978
Discusiones
La discusión de Freud se inicia, en efecto, con una polémica con quienes no reconocen las premisas del psicoanálisis. Freud se niega a discutir con ellos.[83]
¿Como interpretarían ustedes, en términos adlerianos este sueño? Piensen en términos de complejos de inferioridad. Estoy inventando. ¿No se les ocurre que podría uno pensar que la blenorragia del Hombre de los Lobos le provocó un sentimiento de inferioridad elaborado para compensar esta minusvalía orgánica con un sentimiento de superioridad, dándole a su pene el valor de un alto nogal, siendo una pinche retama y dándole el valor de siete lobos, sin tener más agresividad que la que producía la gonorrea? Sería una compensación de un sentimiento de minusvalía orgánica expresado en un sentimiento de superioridad. ¿Qué bonito, no?
Ahora, ¿quieren a lo Jung? El árbol de las mitologías nórdicas representa una realización simbólica de deseo, en la cual el hombre busca mágicamente, alrededor del árbol, el símbolo universal de la reproducción. Con eso podemos remontarnos a los Vedas, al árbol de Noel, a las esferas de Navidad que representan frutos. Tratando de representar y preservar la necesidad genérica universal de la tierra renovada, frente de la amenaza cósmica de la esterilidad…
Se le puede hacer por todos lados y además, no se contradicen
Freud remite la discusión de las contradicciones teóricas a los casos y problemas concretos.
En el caso concreto que nos ocupa hay tres circunstancias: 1. que el paciente conserva en su inconsciente percepciones de cuando tenía un año y medio; 2. que pueda haber una “elaboración” a los cuatro años, y 3. que existe una manera de hacer conciente lo anterior. Para alcanzar este último propósito es necesario “llevar el análisis a tales profundidades”, recurrir al “análisis abisal”.[84]
Pregunta: Cuando se habló de análisis profundo, ¿se refiere a algo cronológico?
Claro, por eso yo decía que es muy difícil vivir pensando ¿qué es un análisis profundo?, ¿en qué niveles?. No me estaba refiriendo al concepto de Freud. El concepto de Freud es totalmente genético, no es económico, ni es estructural. En esta época lo que más había era el análisis de niños. Un niño chipil, es un niño con la envidia del hermanito recién nacido.
Vamos a suponer que en un análisis superficial, este niño exprese su rechazo al hermano por una fobia a los lobos. Es decir, si fuera el análisis de un adulto, la impresión sería muy profunda: en un niño es muy superficial, porque está a ras de su cronología, ¡que sé yo!
A lo mejor está ocurriendo simultáneamente el engordamiento de la panza de la madre, de los globos. La palabra “profundidad” es una palabra que se presta a muchas vicisitudes. Freud la utiliza genéticamente, aquí dice “análisis abisal” que está relacionado con profundidad de análisis y está refiriéndose a problemas genéticos. Muy frecuentemente nos encontramos con obsesivos, en quienes aparentemente pueden ser muy profundas (me estoy refiriendo a la posibilidad de acceso a la conciencia), interpretaciones que genéticamente no son muy remotas, o, en otros casos, interpretaciones económicas muy superficiales y que están muy alejadas cronológicamente…
Depende a lo que llamemos “profundidad”. Si lo llamamos en el sentido genético, pues sí, profundidad es lo que está más lejos; si lo llamamos profundidad económica, sería aquello a lo que tiene menos acceso la conciencia y de lo cual, en un momento determinado, el sujeto se defiende más; incluso un sujeto puede hacer, en el sentido freudiano, muchas asociaciones abisales para evitar asociaciones económicas relativamente cercanas cronológicamente. Aquí Freud la está usando cronológicamente.
Tan es así, que una de las críticas hechas por toda la escuela más profundista genéticamente (toda la corriente kleiniana) estriba justamente en que Freud se detenía en un período genético poco abisal, sin entrar a fases pre-edípicas; a relaciones con el pecho y esos cosas. Melanie Klein se analizó con Karl Abraham que fue quien, más o menos, estructuró toda la fase sádico anal. Melanie Klein fue más allá, pero los dos trabajan en términos de profundidad genética, en tanto que Otto Rank trabaja en términos de profundidad económica.
Muy frecuentemente, quienes tienen acceso fácil a los aspectos económicos de su conducta tienen una represión muy grande en los aspectos genéticos, y quienes tiene acceso al aspecto genético pueden tener una gran dificultad en los aspectos económicos.
Ya Freud lo maneja en un artículo técnico, clásico y extraordinario: Recuerdo, repetición y elaboración[85] donde señala:
“Hay neuróticos que recuerdan para no repetir (el neurótico obsesivo); y hay sujetos que repiten para no recordar (el psicópata, el maniaco)”.[86]
Considera, entonces, como pares antitéticos, que en cierto sentido podrían estructurar una caracterología, el recuerdo y la repetición. El obsesivo, como el Hombre de los Lobos, recuerda, recuerda y recuerda, pero tiene poco acceso a su conciencia, sus repeticiones que representan aspectos económicos de difícil acceso a la conciencia y de gran dificultad para ser comunicadas en la sesión. Todas sus actitudes psicopáticas, como esconder el dinero, esconder las dádivas, son de comunicación terapéutica, menos fácil que aspectos genéticos muy remotos.
Freud objeta a quienes critican al psicoanálisis por valorar excesivamente las impresiones de la temprana infancia.[87]
Hay una obra de teatro, que en forma literaria traza este problema. Es un autor muy influido por la teoría analítica, (…) La obra se llama El Devorador de Sueños y en ella se sigue un procedimiento por medio del cual se busca recuperar, en una forma totalmente exacta, las situaciones de la escena “traumática”: el lugar donde aconteció, el clima, los personajes que figuraron en ella, los aspectos del ambiente, del atuendo, de las circunstancias y entonces, en términos casi fotográficos de cinematografía, se reproduce frente del sujeto, con toda la exactitud la escena, como si la reproducción de esta escena tuviera per se capacidad, la escena traumática. Como en una neurósis traumática.
En este mismo artículo, Repetición y Elaboración (probablemente la palabra en inglés “working through”[88] tiene más sentidos que “elaboración”, es decir, la situación tiene que trabajarse, no basta con descubrirla, hay que trabajarla, hay que sobarla, hay que verla en muchas dimensiones), Freud introduce la palabra “elaboración” para explicar cómo acaece el proceso que hace factible sobrevivir a la pérdida de un ser querido. Entonces introdujo la palabra para referirse al duelo y la tomó de otra área, que, en términos médicos, es un “parto”. Un parto no se da como situación de “ya”, sino que hay que elaborarlo, trabajarlo. La elaboración del parto, el trabajo de parto, con dolores y contracciones crecientes, cada vez más frecuentes, hasta que se transforman en situaciones continuas: es lo que se llama “elaboración del parto”, “trabajo de parto”, y Freud habla de la “elaboración del duelo”.
Anoche se nos murió mi mamá, pero nuestra mamá se murió ayer como una situación de concreción; tenemos que repetir su pérdida en todas aquellas situaciones donde tenemos que reconocer que ya no nos acompaña: en el cine, en el baño, en el vestido, en la comida, en todas esas circunstancias tenemos que reconocer ausencia para que se elabore el duelo. El proceso de elaborar las situaciones históricas corre con igual paralelismo. No basta que recordemos un episodio, en tanto que ese episodio no es sino un hecho concreto de una totalidad que se ha repetido en muchas áreas, se debe “elaborar” ese episodio, y lo que ese episodio significa, en uno y otro y otro y otro momento; en esta circunstancia, en aquella otra, en tal clima, en tal escenario, en tal otro escenario.
Freud muestra que, en caso de que el paciente hubiera sustituído sus recuerdos reales por recuerdos fantásticos, esto no alteraría el curso del tratamiento. “El psicoanálisis sigue exactamente el mismo curso de aquellos otros en que el analítico, ingenuo y confiado, cree verdaderas tales fantasías”.[89]
Al concluir el análisis, el terapeuta podrá decir al paciente que esos recuerdos eran fantasías, productos imaginarios. Sin embargo, este comentario debe ser hecho al final. Si se le hace en el momento mismo en que la fantasía se presenta, el psicoanalista no hará sino reforzar los procesos represivos que han hecho que el recuerdo sea inaccesible. Comunicar al paciente la falta de veracidad sólo impide que aquello que el recuerdo encubre no acceda nunca a la conciencia. Por el contrario, la técnica psicoanalítica no experimentará modificación alguna, cualquiera que sea el valor que se conceda a las escenas infantiles discutidas.”[90]
Freud continua la discusión, ahora contra quienes proponen que el conjunto de sugerencias, alusiones e indicios que se originan en el analítico, sirven de fundamento para que el paciente construya sus recuerdos e, incluso, sus sueños, que el analítico “impone al analizado por medio de determinados complejos personales”.[91]
Aquí se encuentra uno de los meollos más importantes de la técnica psicoterapéutica.
Un sujeto empieza (refiriéndose a los sujetos que actúan, más que a los sujetos que repiten) a establecer una situación de transferencia.[92] Empieza a adjudicarle al terapeuta actitudes, características, modos de ser, afectos, intenciones, que obviamente no corresponden a la situación en la que se ha dado la terapia. Visto por un “observador” cualquiera, el terapeuta no tiene ni esa tendencia, ni esas fantasías, ni esa actitud negativa, ni esa actitud agresiva que el paciente supone. Esto se va incrementando y es una cosa de particular arte, porque no sabría decirles hasta qué momento dejamos que la situación madure, hasta qué momento dejamos que crezca y crezca y crezca o, en qué momento tenemos necesidad de reducirlo para que la situación terapéutica progrese y el sujeto no transforme una situación fantaseada en una real, que haga imposible la alianza terapéutica. ¿En qué momento tendremos que referir esto a las situaciones infantiles para reducir lo actual? A eso se le llama el “timing” de la interpretación; es particularmente difícil y, además, depende de muchas actitudes del terapeuta en el proceso de transferencia. Hay terapeutas que aguantan un piano y hay terapeutas que no. Lo importante es saber qué tanto aguanta uno —porque si se pretende aguantar más de lo que se puede aguantar, la terapia fracasa en tanto que se provocan algunas reacciones agresivas; se van a involucrar o van a ser manipulados, o van a provocar el enojo del paciente, o van a promover actitudes contratransferenciales que van a dañar… Ahí empieza a disminuir la posibilidad de aguante y la única reducción de la situación del “acting—out” actual, es referirse a la infancia.
A la inversa, al sujeto que nomás está hablando de la infancia tenemos que remitirlo a una situación en la cual la interpretación vaya dirigida contra la defensa que implica estar manejando el pasado para evitar el presente.
Muy frecuentemente pasa que uno le mete al paciente la teoría analítica que quiere y luego se está trabajando con esa jerga, pero es intranscendente el lenguaje críptico que se usa; lo más importante es la comunicación que da el lenguaje y establecer un diálogo y una relación interpersonal. Lo que importa, más que el lenguaje mismo, es que ese lenguaje es el signo de una relación importante, duradera, interpersonal. Los novios, cada pareja, cada mujer o marido, cada familia, pueden tener sus respectivos sistemas lingüísticos y sus respectivos mensajes muy personales que, más allá del idioma que hablen, van a expresar afectos, hostilidades o cercanías, distancias.
Freud continua su discusión con Adler y Jung a quienes objeta que en sus tratamientos han seguido la norma de tomar la parte por el todo. Jung elige la actualidad y la regresión y Adler los motivos egoístas. “Por este camino —concluye Freud— es más fácil rechazar los progresos del incómodo psicoanálisis”.[93]
Jung y Adler aceptan la regresión, aceptan historias de inferioridad, aceptan parte de los conceptos ya descubiertos por otras ciencias pero niegan todo aquello que está referido a la sexualidad infantil. Aceptan la parte pero no aceptan la totalidad. El psicoanálisis aceptaría esta parte a la cual se refieren Jung y Adler, pero además, introduce el concepto de una sexualidad infantil.
La propuesta de Jung no es una novedad, forma parte de la propuesta de Freud. Sin embargo, la de Freud “hace comprensible la regresión”.[94]
Y sobre todo, la particular orientación de la regresión. La regresión no es una abstracción, va a tener conformaciones específicas en cada sujeto de acuerdo a sus vivencias mnémicas infantiles. Cada quién va a hacer la regresión de acuerdo a sus características históricas.
Freud, contra Jung, insiste en la síntesis entre los dos factores (el conflicto actual y el factor infantil). Jung niega la relevancia del factor infantil. Éste dice Freud, mostrará su importancia en un ejemplo. El ejemplo es el caso que estamos siguiendo.[95]
Esto lo podrían ustedes afirmar como situación casi dogmática, teorémica (de teorema): No es factible que exista una neurosis adulta sin su correlato infantil.
Freud discute los elementos que pudieron hacer que el niño, frente a la escena primordial reaccionará del modo como reaccionó. Recuerda que el niño tiene un año y medio y había sufrido muy poca influencia del medio cultural o social. La solución de Freud es, entonces, recurrir a la herencia de “preferencias constitucionales”.[96]
¿Ustedes creen que es constitucional? Ya hablamos acerca de la herencia y hasta dónde nos es posible y hasta dónde nosotros no podemos actuar en la herencia. Tenemos que negarla. No es que yo no crea en las leyes de Mendel, no, pero que haya una neurosis obsesiva en mis padres, y otra en mis abuelos, y otra en mis bisabuelos no quiere decir que la neurosis obsesiva es heredada.
Hasta donde les sea posible traten de negar la herencia, ya de por sí tenemos tan pocas probabilidades de curar. Por desgracia, el psicoanálisis nació al lado de la medicina y no al lado de la teoría del conocimiento que es espléndida, amplísima, generosa, riquísima, larguísima, latosísima*, sangronsísima*, pero en fin permite que el psicoanálisis pueda ser obra de aplicación a otros parámetros sociales, pedagógicos, etcétera. Como teoría del conocimiento es extraordinario.
La hermana del sujeto sedujo a su hermano a los tres años, calumnió a la chacha acusándola de poner a los hombres cabeza abajo y cogerles los genitales. Es posible, entonces, que la hermana tuviera tal precocidad sexual porque ella también habría sido testigo de la escena primordial.[97]
Realmente esta es una familia “sencilla de Rusia”: enfrente de la hermana, enfrente del hermano, enfrente de la hija. Como las de aquí del norte: de repente nos llega un paciente, que es de Monterrey y tiene tres incestos, catorce agresiones y es “gente sencilla del norte”.[98]
…“el niño habría despertado y visto a sus padres ante sí vestidos con blancos trajes estivales”.[99]
¡Qué bonito, era el coito de una tarde de verano, transformado después en el sueño de una noche invernal!
Freud trata de dilucidar cómo descubre el niño que el coitus a tergo, more ferarum es “anormal” y cómo sabe que hubo tres. Es posible que en su recuerdo se fundan varias escenas (los perros de ganado, las ovejas, los padres, etc.) a posteriori. A la escena real del coito entre los padres se le añadieron elementos tomados de observaciones posteriores y entonces, la escena real, así fantaseada, desplegó todos los efectos reseñados. El niño transfiere a los padres lo observado en los perros y se asusta del lobo en lugar de asustarse del padre.[100]
Es indistinto. ¿Qué importancia tiene si lo que primordialmente vio sean unos perros trabados en la calle (todos los hemos visto de niños) y que, obviamente en una situación de analogía? El chico, al surgir estímulos eróticos, va a imputar en forma proyectiva a los padres, o hacer a los padres aquellos a quienes vio, y entonces piensa que los perros lo hacen como los padres, o que los padres lo hacen como los perros. No tiene mayor importancia. Es más factible estructuralmente o culturalmente ver perros trabados que padres trabados, y si éstos están en la calle trabados, pues se los llevan al bote*.
Claro, hemos visto a los perros y hemos visto a nuestros padres habitualmente acostados en la misma cama o si son camas gemelas se encuentra uno que amanecen en una misma cama, ¿qué habrá pasado en la noche?, pues algo de perros.
Imagínense a un niño de cuatro años que ve a un perro echándose sobre una perra y a la perra jadeando, pues tiene una identificación proyectiva muy del pensamiento mágico infantil, debe tener mucho miedo de ser poseído por un perro y de que se lo coma el lobo. Y cualquier Caperuza se siente amenazada con que venga el lobo y le quite la capa colorada y tenga con ella un acto lobezno. En ese orden de ideas, de ahí a colocar la situación en el padre no hay sino un paso.
Hay otra circunstancia muy importante, otra característica que ha sido poco señalada y poco reseñada: en el coito de los padres y en la situación madre, padre e hijo, el tercero excluido es el niño. De tal manera, que la escena de los padres no sólo tiene la connotación del enlace de los padres, sino de la exclusión del niño con todo lo que esto trae aparejado de angustia de separación, etcétera. Por otra parte, con todo lo que implica en un momento determinado, toda la conducta cultural que implica que los perros no se escondan y los padres sí. Ese “esconderse” de los padres, le está dando una connotación y un signo al acto sexual que no tiene, por ejemplo, la comida.
En una película de Buñuel se había hecho que se traslaparan las cosas que son objeto de discreción. Salía una mesa grande con una serie de excusados y en forma pública, comunal, todos defecando, todos los personajes y luego se iban a un cuartito chiquito, muy secreto, a comer para que nadie los viera. Se había transformado el acto nutritivo en un acto secreto a diferencia del acto excrementicio. Es decir, la cultura le va a dar calificaciones a determinado tipo de actos. El arapesh* defeca andando, sin ningún pudor, sin ninguna restricción cultural. Es decir, la función alimenticia no está tan cargada de omisiones como está cargada de omisiones la función sexual, y más en la época victoriana de Freud.
Febrero 14, 1978
La neurosis obsesiva.
A los cuatro años y medio la madre, para mejorar la condición de su hijo, se dedica a enseñarle historia sagrada. Se produce así una sustitución: de los síntomas de angustia a los síntomas obsesivos. Estos se manifiestan en un ritual consistente en besar todas las imágenes de los santos y en trazar innumerables cruces.[101]
Fíjense que esto que pasó al Hombre de los Lobos con una connotación totalmente topográfica respecto a los lobos, en nuestra cultura puede pasar con respecto a cualquier fobia: a los lobos, a la obscuridad. Es muy frecuente que, más allá de lo que nos enseñan nuestras madres, “el cambio del cuadro angustioso” de la neurosis infantil se transforma en una neurosis sistematizada cuando se pasa de la situación infantil al período de latencia. El período de latencia va a coincidir, más o menos, en nuestra cultura, con la socialización del niño, con la necesidad de aprendizaje, con la escuela, con el kindergarden y con el establecimiento de una serie de normas socio—culturales de manera formal y sólida; con el control de esfínteres y demás. Entonces el niño se va a expresar, no pudiendo o no permitiendo, la cultura, que la expresión sea la angustia misma: la angustia va a derivar en expresiones neuróticas más sistematizadas y más susceptibles de adaptarse a las condiciones culturales por las cuales va a pasar el niño.
En ese momento va a ser muy frecuente que se encuentren, como psicólogos escolares, con neurosis que se están estructurando y corresponden a situaciones de angustia previa, más prístina, más vinculadas a la situación concreta. ¿Cómo les diré a ustedes…? La angustia un poco “flotante” de Juanito se transforma en una fobia cuando está en edad de desplazarse, ir a la calle, etc. y allí la angustia va a tomar, y va a devenir en la forma de una histeria; y aquí (en el caso de el Hombre de los Lobos) la angustia va a devenir en la forma de una neurosis obsesiva.
Entonces se dedica a besar todas las imágenes, a hacer cruces sobre su propia persona, sobre la cama. Creo que si ustedes se preguntan con respecto a su propia historia, todos habrán pasado por toda esta etapa en la que tenían que rezar o hacer X tipo de ceremoniales, aunque no rezasen. Realmente no es un privilegio de la religión, la neurosis obsesiva; puede provenir de cualquier otro tipo de filiación, desde el marxismo-leninismo hasta los más altos índices confesionales en los cuales el pobre muchachito se pregunta si dijo todos sus pecados, o si rezó todo lo que debía rezar, o si hizo todo lo que debía hacer, o si llevó a cabo lo necesario, todo el ceremonial para poderse dormir adecuadamente, colocando la almohada así, la sábana asado, revisando veinte veces si ha ido al baño, para no orinarse en la cama, en fin… Cada uno de ustedes necesitaría traer de su propio coleto la propia manera como manejaron la angustia infantil y cómo le dieron un cauce neurótico.
Si bien este tipo de sustitución —de un cuadro angustioso, de una fobia, por una neurosis religiosa— es más común en mi generación, con muchas influencias religiosas: rezos, ejercicios espirituales, viernes de confesión, etc., en la generación de ustedes, la influencia del factor religioso ha sido muchos menos importante. No es lo mismo la neurosis que podría haber hecho la de “la falda hasta el huesito” de López Velarde[102] que la de la minifalda. Tendrán cursos distintos el dobladillo de una minifalda y el dobladillo de la falda hasta el huesito, lo cual no quiere decir que la estructura misma de la neurosis no sea exactamente igual: puede ser que la forma cambie. La estructura de la neurosis no difiere en Edipo y en Hamlet pero obviamente la forma isabelina en Hamlet es bien distinta de la forma sofocliana del siglo de Pericles. A pesar de que la estructura sea la misma, va a tomar formas diversas.
No olviden que aquí se trata de un judío centro-europeo con una formación religiosa muy distinta a la que es objeto de su análisis, la de un ruso con todas las influencias medievales que prevalecían en toda la instrucción que podía tener un niño de altos recursos en la época zarista.
El paciente recuerda algunas de aquellas objeciones: el carácter pasivo de Cristo y las críticas contra Dios Padre que, siendo omnipotente, permite que los hombres sean malos.[103]
Este tipo de crítica es muy parecida a los adolescentes de mi generación: ¿por qué no nos hizo Dios a todos los hombres buenos?; ¿por qué tenía que haber malos?; ¿por qué los sacó del paraíso?; ¿por qué no le dio a la manzana un carácter más de Sidral Mundet* que el de parir con dolor? Ahora la ciencia ha hecho posible, con todas las cosas profilácticas, un parto sin dolor, pero parece que todavía no hay manera de que uno gane el pan sin sudar, de la frente o de otras cosas.[104]
En cuanto a coletos propios, en mi casa eran muy afectos al mes de noviembre, el mes de los muertos: al pan de muertos, a la cuestión culinaria muy mexicana y un poco festiva; las calaveras, puestos, muertitos que salían por una tira, una serie de cosas folklóricas, tapaban las imágenes de las iglesias. En mi casa era obligatorio que nos leyeran toda una serie de consejas con ejemplificaciones de todas las cosas que les podían pasar a los muertos por no rezarles y el libro se llamaba el “mes de noviembre”[105]: Había que rezar el “rosario de muertos”, que va acompañado por un estribillo que dice: “ruega por él, ruega por él y ruega por él” y por una cosa que se llama, creo, “el sudario” que en una parte dice que “lleves a tu seno a… fulano y perengano” y había que decir los nombres de todos los pinches muertos que tenía uno. Cuando pasaba el tiempo eran cada vez más y se nos olvidara uno u otro; y que, “pues no, no lo recé bien”. Y había que rezarlo otra vez, si no, el muerto estaba con el ánima en el purgatorio, padeciendo quemaduras sin compasión.
Como les digo, este es un tipo de ícono-obsesión; en este caso vinculada a una práctica concreta, pues en mi casa tenía mucha importancia el culto a los muertos y que reposaran en el seno de la Santa Madre Iglesia Católica.
En el mes de noviembre, más o menos, se estructuró y seguramente le dio contenido y salida a una neurosis obsesiva. Vamos a suponer, si se hubiera tratado como cosa sistemática, de leer el Libro Rojo de Mao y que si no se leen los párrafos tales o cuales, pues entonces… construir la neurosis, ¿no? Pero uno no va a hacer la que quiere, yo hice la que me dieron, la que tenía posibilidades de hacer.
Pero eso mismo puede acontecer cuando está uno preparando sus lecciones: si se aprendió uno bien la lección y esas cosas obsesivas, repetir la clase y la ficha y que “no me lo sé bien”. Son una serie de actitudes que debilitan al Yo, porque uno no está luchando contra fenómenos externos sino contra dudas internas que no pueden ser resueltas por situaciones interiores; y a eso pueden ustedes agregar la serie de ceremoniales que sigue el obsesivo para acostarse, para salir a la calle: ¡no salir con el pie izquierdo!, ¡persignarse antes de salir!, ¡rezar antes de acostarse!, ¡beber un vaso de agua!
Cada quien puede usar los ceremoniales que quiera, pero esto va a constituirse, cuando se codifican, en una neurosis obsesiva. Por otro lado, la actitud obsesiva tiene funciones adaptativas cuando sirve a funciones concretas: ser puntual-
—”¡Hombre, mano*, qué obsesivo eres!”— pero si llega media hora tarde, es un ¡tal por cual!, no es obsesivo. Llegar al banco antes de la una y media no es ser obsesivo, es ser prudente porque si llegan a las dos no abren, ni cambian cheques. Hay situaciones obsesivas que son funcionales, son adaptativas, pero llega un momento en que el sistema obsesivo se transforma en un sistema tan complejo que en lugar de promover adaptación, promueve desadaptación y se transforma en un cuadro neurótico.
Es normal que en un momento determinado tengamos actitudes proyectivas: ¿qué pensará el otro?, ¿qué pensarán ustedes de cómo estoy dando la clase? Me baso en un gesto, en una actitud para inferir un cierto tipo de relación y de conocimiento de la realidad. Cuando beso, puede ser una acción proyectiva que me sirva para adaptarme, pero si hago de ello una acción proyectiva que me sirva para enajenarme, ya se trata de una paranoia. En un momento determinado, tener una cierta escrupulosidad para limpiarse las manos puede ser adaptativa como situación higiénica; lavarse las manos treinta veces es una cosa desadaptativa que realmente no es sino una fobia, un ceremonial de limpieza que lleva a la desadaptación. En este orden de ideas ustedes tendrán que hacer siempre su diagnóstico en términos cuantitativos, nunca cualitativos.
El paciente continua con su crítica de Cristo y aparecen ciertas cavilaciones que revelaban la colaboración de “impulsos secretos.”.[106]
Ustedes comprenderán que un adolescente que esté haciendo una crítica filosófica tan acuciosa pues, “dime de qué te alabas y te diré de lo que careces”. Un adolescente normal no tenía por qué hacer esas cavilaciones, todos estos problemas no serían objetos de su cavilación porque dejarían de ser tales y en tanto dejen de serlo, no tendrían por qué ser analizados.
Freud recuerda las inclinaciones sado-masoquistas del niño que atormentaba escarabajos y golpeaba a los caballos. El sadismo era la identificación primitiva con el padre y el masoquismo era la expresión del deseo de convertirse en objeto sexual. Es decir una actitud femenina, “o sea homosexualidad.”[107]
Aquí la palabra homosexualidad (…). En la jerga de otras partes del continente, se dice, cuando alguien quiere recibir golpes, que lo maltraten, en lenguaje vulgar, “quieres que te la den por el culo”. Esto no quiere decir que esté haciendo alusión a una penetración anal, sino que tiene una connotación más global de signo. La sumisión estaría representada en una situación de icónica, concreta: recibir analmente un castigo, pero como signo de una situación más significada. Es decir, hay mucha gente que sin ser, en ningún momento penetradas por el ano, reciben cada cantidad de golpes en el culo (en sentido figurado) que están permanentemente colocadas para que “les den por el culo”.
Freud le da una enorme importancia al signo, más que al significado. Este padre, más que querer violar al Hombre de los Lobos, era un padre dominante, impositivo al cual, en un momento determinado, el Hombre de los Lobos vio tener relaciones sexuales con la madre. Cada quien hace de la escena primordial aquello que trae consigo y puede colocar en la escena primordial. Ustedes comprenderán que quien tiene una vida muy dulce, muy placentera, muy cordial y vive al padre como pirulí*, pues va a sentir que lo que le está metiendo a la madre es un pirulí y le está dando dulces porque es su imagen, que puede colocar en un episodio concreto. Si fuera un padre que le da golpes, va a ver la escena primordial como de golpes. La escena primordial no tiene significación en sí, puede ser signo muy importante pero de significados muy variados.
Ahora, vemos aquí que el sueño de la irritabilidad después transformado en el sueño de angustia, podría representar, el que es devorado por los lobos, es destruído, derrotado, envilecido; aquel a quien el padre “le da por el culo”. Todo este concepto es genético y después, en lugar de expresar esta situación, le resulta más fácil colocarla en el lobo, en tanto desplazamiento a un animal, en virtud de las escenas con la hermana, con el álbum. El lobo, es una figura que, en un momento dado, puede devorar y va a tener muy diferente significado para el Hombre de los Lobos que para la niña del lobo (Caperucita Roja): el lobo está funcionando como un objeto que en un momento determinado somete, violenta a un ser que pasivamente debe soportar la fuerza, la virulencia, la actividad, la agresividad del otro. Entonces podríamos traducir esta homosexualidad tan concreta en una cosa mucho más abstracta.
La religión, además, está estructurada (más allá de la neurosis obsesiva de cada quien), está codificada, en una serie de fórmulas mágico-religiosas muy emparentadas con la estructura obsesiva. Seguir plazos muy estrictos para comulgar, para confesarse, sobre los pasos sucesivos en el proceso de la penitencia, el examen de conciencia, el dolor de los pecados, el arrepentimiento. Tienen reglas que se deben seguir en una forma obsesiva, en una forma (sobre todo en la religión cristiana) muy ritualizada: la forma de no masticar la hostia, la forma de comulgar —en ayunas, etcétera—. Más allá de la neurosis del sujeto que la practique, facilita su utilización como mecanismos obsesivos que se encuentren presentes en toda esta secuela tan obsesiva.
A veces también puede ser el proceso educativo, el proceso de igualación de créditos, etc. No me estoy refiriendo a la Universidad, aquí, el programa no adquiere niveles neuróticos —son totalmente psicóticos. Cuando fui coordinador se hacía equivaler Historia del Hombre por Estadística VI y daba igual. Igual lo iban a lograr después de cien vueltas. Era facilitar el problema y actuar con actitudes psicopáticas; si no se le da una salida psicopática, pues no tiene salida.
Se establece un lazo entre la homosexualidad reprimida del paciente y su identificación con Cristo.
El conocimiento que el paciente adquiere de la Historia sagrada le da ciertas ventajas. En primer lugar descubre que los niños vienen sólo de la madre. De esta manera, caía por tierra la afirmación de la chacha que había dicho que él era de su padre y su hermana era de su madre. Por otra parte, el niño se confundía con el asunto del padre de Cristo. Las explicaciones de la chacha, a saber que San José no era el padre sino había sido “como” el padre, y que el verdadero padre era Dios Padre, no le sirvieron de mucho. Más bien, se dio cuenta que las relaciones entre padre e hijo no son tan íntimas como él había pensado.
Aquí no metió a la hermana, pero creo que era la que tenía una actitud más activa y más intrusiva con respecto a él: ¿quién era más abusada que él?, ¿quién se identificaba con el lobo?, ¿quién le enseñaba al lobo?, ¿quién lo hacía objeto permanente de sus dimes y diretes?, ¿quién era la psicótica?
Independientemente de si la relación formal fuera heterosexual porque la hermana era mujer y él era hombre, la actitud de sumisión era exactamente análoga y quizá fuera más intensa con la hermana que con el propio padre.
Cuando se habla del señor San José que había sido “como un padre”, no se saca de dudas al niño… ni a él, ni a nosotros, el señor San José, no sé qué habrá hecho en su vida, tenía su varita de nardo[108], ¿no?
La identificación con Cristo, que es abandonado por su padre transforma a su padre en Dios y surge el temor a Dios. Su antiguo amor al padre fue el origen de sus críticas a la religión y de ahí surgen sus afirmaciones de que Dios era basura y mierda (con lo cual sus ideas se vinculan con el erotismo anal). En fin, el niño acompañaba sus rituales con un modo solemne de respirar que era, entre otras cosas, el resultado de una identificación, en ruso, entre “espíritu” y “aliento”[109].
Hablando de cosas concretas, no crean que Freud es el único, hay otros que llegan más al absurdo. Hay quien dice que Jesús, que no fue concebido por José sino fue concebido por el aliento del Espíritu Santo, en el fondo fue concebido por un pedo. Y esto, además, está apoyado con datos antropológicos. Llegamos a analogías, ya no digamos esquizofrénicas, sino oligofrénicas, en donde todo lo que es aliento puede ser reducido a los más elementales alientos, asmáticos, anales, etc.
El hábito de espirar profundamenta cuando veía a un limosnero o a un anciano surgió en esa época, cuando la madre los llevó al sanatorio a visitar al padre, éste tenía un aspecto lamentable. Así, identificó a su padre con todos los pobres, los inválidos, los mendigos y los ancianos.[110]
Este padre tiene una doble connotación, porque él quiso destruir al padre pero de hecho la psicosis maniaco depresiva del padre, dio margen para que su fantasía se realizara en un “viejo deteriorado, senil, dado al diablo” y que todo lo que fantaseó con respecto ese lobo transformado en hormiga, se vio hecho realidad.
Freud explica que la espiración en tales condiciones es una imitación de la respiración del padre durante el coito.[111]
Una cosa es respirar agitadamente durante el coito, que es un signo de fuerza, y otra cosa es estar respirando disnéicamente al margen de la muerte; la agitación de esta respiración no tiene nada que ver con la fuerza, sino con la muerte.
De ahí. también, el asunto de la malaria, “mal—aire”. Luego, al leer que Cristo había encerrado a unos espíritus malignos en los cuerpos de unos puercos y que había caído a un precipicio, y al recordar que su hermana también había caído, concluyó que su hermana era también un espíritu maligno y una puerca.[112]
Además, era puerca; era la que le enseñaba al lobo que se le iba a echar encima y era una chica con bastante precocidad sexual.
De ahí la identificación de Dios con un cochino. Luego, Freud explica la hostilidad del paciente a las mujeres que lo acechaban —como la hermana— para seducirlo. El paciente fue confiado más tarde a un preceptor alemán y sus hábitos fueron desapareciendo y desarrolló una nueva sublimación del sadismo. Sin embargo, el sujeto había sido derrotado. Su rebelión había cedido frente a la fe religiosa y su actividad intelectual quedó gravemente dañada. El análisis permitió liberar fragmentos de la libido homosexual y así, el paciente pudo buscar una “adhesión a las grandes tareas colectivas de la Humanidad”[113]
Es decir, ser sometido (no digamos ser homosexual) es una función yoica muy importante porque la sublimación de esta sumisión provoca una labor de aprendizaje, ser penetrado por conocimientos, ser penetrado por ideas culturales, estéticas, etc. Se pueden seguir muchos caminos… hablar de sumisión como si fuera algo malo, es muy pueril.
Febrero 21, 1978
El erotismo anal y el complejo de castración
Freud hace notar que se trata del análisis de la enfermedad de un adulto y que estos recuerdos infantiles son un producto secundario.[114]
Comentamos antes que uno de los problemas para relatar un caso clínico, a diferencia de otros campos de investigación, es que en análisis se encuentra uno con un material tan abrumador, que el problema es hacer la síntesis; y es tanto más abrumador cuanto mejor sea el sistema de registro. Ya, en cierto sentido, se está haciendo una síntesis cuando se toman los elementos de una sesión a posteriori, pero cuando se toman directamente en cintas, es una cantidad agobiante de material; revisarlo para hacer la síntesis, implica tanto tiempo como…
En términos generales, podría decirles que todos estos aparatos y sistemas, en el curso de la labor psicoterapéutica, aparte de deformar la imagen, nos impide tener capacidad de síntesis. Yo considero que la capacidad sintética de mi cabeza no la tiene ningún aparato y me confío a esta capacidad. Por otro lado, si me confío a un aparato, en la elaboración de lo que estoy oyendo, en el aparato van a surgir igual tipo de limitaciones para hacer una síntesis que incluya todos los elementos significativos.
Este problema se nos plantea mucho a quienes trabajamos en los niveles de supervisión de un aprendiz, que ve a su paciente tres veces por semana y en la supervisión —que ya implica una síntesis de esas tres horas en un lapso bastante menor o sea una hora, con la participación activa del supervisor—, se prescinde de mucho material. Lo que sí es muy interesante, es que el mismo material supervisado, supongamos un lunes 13 de febrero, en virtud de aportaciones que provienen del día 20, sin que excluyan todo lo previo, incluyen áreas nuevas que permiten tener una dimensión más rica y, en un momento determinado, lo que había sido una simple dimensión se transforma en múltiples dimensiones.
Estoy pensando en un caso en particular: una muchachita bailarina y pintora va a ser tratada por una estudiante mujer.
La mayor parte de la problemática de esta muchachita, la enferma, que se llama M***, se desarrolla inicialmente con el nacimiento de una hermana al año y pico de edad. Aparentemente no dejó rastros ni huellas pero se reactiva cuando, a los cinco años nace un hermanito.
M*** entra en terapia pero la interrumpe y su lugar con la terapeuta lo ocupa su hermana, (motivo del conflicto y la rivalidad) por X tiempo, pero luego deja de ir.
M*** regresa cuando tiene una mejor “situación económica” —una racionalización para explicar por qué había dejado la terapia. …una competencia y una rivalidad con la hermana. Emprende la acción transferencial, en un cierto sentido.
M***, al mandar a la hermana; la terapeuta al responder contratransferencialmente a la demanda de la hermana, hacen factible que la situación de rivalidad no sea una situación abstracta, sino que se concretice en una actuación dentro de la terapia, donde participan la paciente inicial, la hermana y la terapeuta.
Al parecer la rivalidad de las hermanas es la situación básica. Ahora, la rivalidad entre dos, para que pueda darse, tiene que tener como elemento un tercero. Parece que es la madre; una madre muy vinculada con la hermana de la paciente que, en toda su historia, ha sido excluida de la posibilidad de participación con la madre, porque la hermana la tiene acaparada.
Entonces, en un primer momento, vemos sólo la rivalidad; pero en un segundo momento, vemos que esta rivalidad se concretiza frente a la incapacidad para cooperar con la madre. Por el otro lado está un padre muy débil, frente a una hermana muy fuerte y a una madre también muy fuerte.
El padre débil fomenta y apoya las capacidades creativas de la paciente y hace factible que estas capacidades creativas se den y ella tenga su “peor es nada”, como situación de compensación con respecto a la madre. Estos elementos se fueron dando en múltiples sesiones, al principio sólo vemos la rivalidad, después vemos la rivalidad en virtud de la cooperación con el padre.
Por otra parte vemos que la relación con la hermana, que inicialmente debe haber sido con mucha agresión, se resuelve en la edad adulta en una relación muy simbiótica y muy de “socia” con la hermana; es decir, como si cualquier situación en la cual desplaza a la hermana —en actividades comunes, tales como la danza, la pintura, la coreografía, a las cuales se dedican las dos— donde la pueda suplir, le parece a esta chica, va a implicar que la va a matar, como fue su deseo temprano.
Una manera de negar este sentimiento básico es establecer una sociedad, como diciendo: «Tú estas siempre presente, yo me retiro de las cosas que a ti te interesan; aunque inicialmente quise que te retirases de esas cosas, y en una situación de construcción infantil, la manera de cómo pensé lograr estas cosas, es básicamente matándote”.
Lo que es más, aquí ya quitamos a la madre: está la terapeuta; ya la hermana no está en terapia, está la paciente, está empezando a sentir un acercamiento creciente con la terapeuta y esta relación, incrementada en forma sistemática y paulatina, va a implicar y va a tener para ella una connotación muy importante.
En la medida en que se incrementa la relación con la terapeuta se está realizando el propósito y la fantasía infantil de destruir a la hermana. Entonces, su movimiento, de acuerdo con toda su dinámica previa es: “te dejo el campo, me retiro de la terapia”.
Estamos manejando tres planos: el transferencial, el histórico y el de las defensas; impulsos simultáneos; describir esto en forma minuciosa, donde se están dando tantas dimensiones, es particularmente difícil.
Claro, en un momento, con fines pedagógicos y como trucos mnémicos, cuando uno tiene mucho trabajo de supervisión y muchas dificultades para conservar material no vivido directamente (es más fácil conservar material vivido directamente como terapeuta, que retener material no vivido, sino relatado), tengo mis trucos. A M*** le digo “Caína”, la hermana “Abel”; y el relato bíblico cuenta que Caín mató a Abel. Algo tuvo que hacer Caín para poseer a la madre y seguir teniendo progenie, implicaba excluir a Adán y asumir la posesión de la Eva con la necesaria destrucción de Abel.
Nos encontramos con una cosa muy poco manejada: el “complejo de Caín”, tan importante en la relación de los hermanos como aspecto central que ulteriormente este “complejo de Caín” se va a tener que desatar, a raíz de los elementos que pueden constituir situaciones competitivas, en una niña pequeña.
Para que tenga posibilidad de sobrevivir una relación binaria es preciso introducir un tercero, que va a hacer un poco el “Tancredo” y la “cabeza de turco” de las necesidades de esta rivalidad entre los hermanos.
Como ven ustedes, las cosas se van sumando; este material que he sintetizado se ha estructurado a través de dos o tres años de terapia donde paulatinamente fueron apareciendo elementos con dimensiones cada vez más diversas y lo que en un principio era, según contaba la paciente, competencia (estar en la misma clase de baile y M*** no permitirse, cuando estaba con la hermana, sino ser secundaria enfrente de ella; ser muy buena bailarina cuando la hermana no estaba, y asumir un papel muy inferior cuando la hermana estaba; para que la hermana tuviera sobrevaloración. Lo hacía muy bien, si estaba sola; y muy mal, si estaba la hermana) iba a tomar otra dirección.
Inicialmente estamos viendo sólo la competencia a partir de estos datos clínicos concretos: la clase de baile, la clase de coreografía, de vocalización, etc. M*** hace pintura; la hermana hace poesía. ¿Qué importancia tiene, ulteriormente para el padre, la pintura de M***? ¿Qué importancia tiene para la madre la poesía de la hermana? Todos estos elementos se van armando y se van componiendo en constelaciones.
En el sentido científico del psicoanálisis, hacemos una hipótesis. Esta hipótesis, como necesidad, es implicada. Esta hipótesis surge por una serie de hechos que la implican pero a la vez esta hipótesis, una vez postulada, va a tener consecuencias; a su vez, va a implicar.
Es decir, esto va implicado, pero a su vez va a implicar y esta posibilidad de ser implicado y de implicar puede visualizarse en muy diferentes áreas de la conducta: área social, área sexual, área educativa, área familiar.
En la medida en que estas hipótesis puedan ser validadas y sus implicaciones vayan cobrando cada vez más nexos en los diferentes ámbitos de la vida de un sujeto determinado, en la medida que implica y es implicado y en la medida que esas implicaciones y estos ser implicados abarcan áreas cada vez más vastas de conducta, y en la medida en que estoy haciendo predicción “este paciente se va a ir” en base a lo que este sujeto ha hecho previamente en su vida, en esa medida y con todas esas características, prácticamente, estamos llevando los postulados de Claude Bernard, a la estructura del psicoanálisis. Ahora, ¿doscientos mil casos como el Hombre de los Lobos? Pues no. Pero lo que un sujeto expresa en seis años, es una multiplicidad tan vasta de información, una amplitud tan enorme de hechos que pueden ser catalogados, separados, que difícilmente los dan quinientos casos, en los cuales, se investigan peculiaridades particularmente limitadas.
Hacemos predicciones, en virtud de una observación sistemática. En ese sentido, el análisis procede un poco como una computadora, pero con mucha más veracidad; es decir, el terapeuta está computando todo lo analógico y está dejando por fuera lo que en un momento determinado, no tiene analogías. Lo va a incluir en el momento en que ese hecho, por la descripción y por el descubrimiento de otros hechos, pueda adquirir jerarquía de analogía dentro de esa constelación. En cierto sentido, en una sesión terapéutica estamos detectando con eso que llama Freud “asociación libre”.
Freud asegura que presentará fragmentos inconexos que el lector ajustará para formar un todo armonioso: la neurósis nació en el terreno de lo sádico—anal.[115]
Pónganlo en tela de juicio. Claro, existe un proceso de desarrollo que es obvio, el niño primero mama y después anda; primero mama y después controla esfínteres y hay momentos en los cuales se puede dar la posibilidad de que un tipo de actividad o un tipo de impulsos pueden entrar en relación con elementos ambientales que le den una determinada direccionalidad.
Ustedes comprenderán que si una mamá agarra a un recién nacido y lo sienta en una bacinica, carece de connotación para el niño porque no ha adquirido el nivel de madurez para darle una connotación a ese hecho. De la misma manera, deja de tener importancia el problema de la lactancia a los tres o cuatro años.
Se necesita que una determinada concatenación en el proceso evolutivo para que el sujeto entre en contacto con el objeto que se va a hacer cargo de ese momento evolutivo, en virtud del manejo que se dé a los impulsos. Para que se dé esa interacción que va a crear un estereotipo, para construir una “fijación” (me choca* usar esa palabra) que ulteriormente puede ser punto de regresión a un núcleo de fijación temprana.
Está por verse, si existen “constituciones sádico—anales”, incluso, no hay ninguna prueba antropológica de la existencia de una “constitución” en el sentido más clásico, en el sentido de que se diese genéticamente. Si a este Hombre de los Lobos recién nacido, lo mandan a las Islas Samoa, entre los arapesh, no va a hacer una constitución sádico—anal, a lo mejor va a ser un Hombre de los Lobos que no tiene control de esfínteres y que tiene un tipo de actitud en la cual la evolución de su constitucionalidad “sádico—anal” habrá seguido las actitudes culturales que tuvo una determinada sociedad para manejar determinado tipo de impulsos.
¿Que los impulsos están presentes en todo ser humano? Pues sí, obviamente, no somos ángeles caídos del cielo, somos antropoides erguidos, tenemos bipedestación. Por más que quisiéramos que “se nos hiciera volar” (sin aeroplano), pues no se podría porque no tenemos instrumentos para volar —alas. Ya sean de Samoa o de Nueva York, si se arrojan de un sexto o décimo piso, se matan.
Freud ha manejado el sadismo pero ha dejado de lado lo referente al erotismo anal.[116]
El sadismo puede devenir masoquismo; es una vicisitud del estreñimiento, es una vicisitud del manejo de una función. Ahora, en la estructuración de las neurosis obsesivas parece que corren paralelos el estreñimiento con el masoquismo; y, simultáneamente la representación del sadismo reprimido y de todas las situaciones excrementicias reprimidas, van a aparecer en sueños, van a aparecer en los síntomas, van a aparecer en una serie de áreas donde se revela que realmente ese masoquismo y ese estreñimiento tienen un correlato latente en situaciones tanto de no-control de esfínteres como de expresión sádica.
Freud se remite al acuerdo entre analistas acerca de la importancia de esta forma de erotismo y al hecho de que una de sus manifestaciones más importantes sea la valoración del dinero.[117]
No hay que ser más papistas que el Papa. Como dice Kubie:
“Si bien es cierto que el dinero puede ser utilizado como símbolo de una situación excrementicia en tanto es una cosa que se puede retener o se puede expulsar, esto no quiere decir que la génesis histórico—sociológica del dinero sea la caca”,[118] como tampoco quiere decir que si le damos una dimensionalidad fálica a una chimenea, sea el falo el que determinó la chimenea; también tiene la función de expulsar humo y el dinero tiene una función en la sociedad capitalista, una función de comunicación y de trueque.
Los que son más papistas que el Papa muy frecuentemente piensan que todo lo que es dinero, “es caca de la que cagó el toro y todo lo que es plata es caca de la que cagó la vaca”.[119] Pero el oro es el oro y la plata es la plata. Ustedes comprenderán que si ponen oro en la tierra para abonar una milpa* pues no va a servir; y si llevan caca de vaca a un banco, los corren. Obviamente tienen valor intrínseco. Que después se utilice este valor intrínseco como signo de otro significado, es obvio. Los más papistas que el Papa piensan que si yo guardo mis veintes es porque soy estreñido.
El paciente mostró graves trastornos en su relación con el dinero. Era difícil calificarlo de avaro o de generoso. Lo que resulta peculiarmente interesante fue la forma en que se consoló por la pérdida de la hermana, al pensar que su muerte le evitaba tener que compartir una herencia.[120]
Y además, una pérdida en condiciones dramáticas, ahorcada, y en vez de decir “qué barbaridad, mi hermana se ahorcó” va a decir: “que bueno que mi hermana se ahorcó porque así no voy a repartir mi herencia con ella”[121].
Freud relata la serie de dificultades digestivas e intestinales del paciente relacionadas en casi todos los casos con cuestiones de dinero. Cuando va a consulta con Freud, tenía ya un criado que le hacía irrigaciones “y pasaba meses enteros sin defecar espontáneamente”.[122]
Aquí está relatando en términos históricos la necesidad de que un criado le pusiera la lavativa, etc. Tenemos el sueño que aparece en un momento determinado de la situación terapéutica, tenemos el lobo, tenemos que la situación analítica, más allá de la analogía de anal-analítica, más alla de todo eso, se caracteriza también por una conducta muy obsesiva —”su hora de tres a cuatro”—; y parecería que este sujeto, de acuerdo con su historicidad, debe estar viviendo la situación terapéutica y su hora terapéutica como una lavativa y quien le está poniendo la lavativa es Freud. En un momento dado, Freud es el lobo que se lo quiere comer; pero en otro momento, Freud es el criado que le está poniendo una lavativa todos los días o cuatro veces por semana, mediante el pago de una cantidad determinada, y Freud es el criado que le mete el irrigador por la zona anal.
El paciente se quejaba de que el mundo estaba envuelto en un velo que sólo se rasgaba cuando defecaba.[123]
Es obvio que aquí la identificación de la situación terapéutica con la situación intestinal es evidente, tanto en cuanto a periodicidad como en que la situación terapéutica también es una actitud sadomasoquista, pero un poco más costosa. Para un obsesivo tienen iguales connotaciones.
Vamos a suponer que un depresivo de repente se encontró en su historicidad que hacía brotes de manía en determinadas circunstancias y en esas circunstancias se dedicaba a ingerir alimentos en forma desorbitada y a tener una conducta muy exaltada. Si eso acontece en el curso de una terapia, pues vamos a identificar la terapia como una elaboración hipomaniáca de una situación depresiva; el análisis debe estar de acuerdo con la historicidad de cada caso y con la historicidad de cada sujeto.
Freud envía al paciente con un especialista que declara que sus males no son orgánicos y recomienda que no se le dé medicación “enérgica”[124].
Vayan con cualquier gastroenterólogo y van a ver que el 70 u 80% de su consulta son diarréicos, pedorros, etc. que, independientemente de que se les esté dando una serie de mucílagos, antiespasmódicos —y además están revelando una situación de libidinización del sistema digestivo— y el médico cae en su trampa y les receta que tengan limpio el intestino con lavados cada tercer día, y así se gesta un ritual que puede equipararse a los exámenes de conciencia religiosa o a los exámenes de asociación libre del terapeutizado.
Freud otorga a estas cuestiones intestinales un lugar de importancia en el tratamiento. Freud recuerda que la resistencia del neurótico obsesivo es la duda ante la cual nada era posible, pues siempre se enfrentaba a la “respetuosa indiferencia” del paciente. Sin embargo, los trastornos intestinales representaban “aquella parte de la histeria que hallamos regularmente en el fondo de toda neurósis obsesiva”. Al apoyarse en ello, mediante la promesa del total reestablecimiento de la actividad intestinal, las dudas desaparecieron.[125]
Imagínense ustedes que yo, para que un sujeto pierda su bella indiferencia y deje de darme un relato carente de afecto le dijera: “pues fíjese usted que su identificación con su mamá y el miedo a ser poseído por su papá y el lobo y etc, etc.”
El sujeto sigue con su estreñimiento y yo le digo: “su estreñimiento es de origen psíquico, lo voy a hipnotizar y le voy a decir que usted, dentro de ocho días, va a tener diarrea”
Queda uno mal, le va a uno como en feria*.
Nunca se metan a callejones sin salida donde sabe Dios qué va a pasar. Más propio sería decirle:
“Usted me está mostrando, con su estreñimiento, que yo le valgo madres*, que yo no sirvo para nada”.
Marcándole sistemáticamente esa línea, la agresión que expresa a través de su estreñimiento, probablemente se logre aliviar.
Freud regresa a una etapa de la vida del paciente donde ya no es normal la incontinencia y relata que, cuando el paciente ya estaba a cargo de la institutriz inglesa, “aquella odiada mujer”, en ocasiones, él dormía con la chacha y ensuciaba la cama sin que ello le provocara vergüenza.[126]
Aquí la primera asociación que se ocurre es “aquella odiada mujer” que ponía marcos referenciales tan estrictos. Era inglesa, frente de la nana que era una campesina primitiva, que ponía tanta energía. Lo que hacía el Hombre de los Lobos era “cagarse en ella” y no solamente en el sentido figurado sino, a esta edad, en el sentido concreto.
Obviamente, a nuestra edad, uno no se puede “cagar” como el Hombre de los Lobos frente de una situación displacentera, tiene uno que hacerlo con ciertas vicisitudes, derivaciones, etc.; si no, lo meten a uno en el manicomio. Pero cuando tiene uno cuatro o cinco años se puede cagar concretamente en aquello que le molesta. Ya en edad adulta vamos a ver, simbólicamente, cómo se caga uno en cada quién y a ver de a cómo nos toca, cagándonos unos en otros.
Esto lo van a encontrar muy claramente en el nacimiento de hermanos. Un chico de tres a tres y medio años que ya controla esfínteres, le nace un hermano y se pone de meón y obviamente nos está revelando: “Si le hacen tanto caso a ese meón que acaba de nacer, pues a ver si a mí meándome me siguen haciendo el mismo caso que a ese recién nacido”. Y se mea con el objeto de que le hagan caso. Pero los padres habitualmente no responden haciéndole caso, sino dándole de nalgadas, con lo cual se alteran todos los propósitos del niño, toda la configuración y se crea una situación muy particular. Siempre he dicho que el que necesita atención no es el niño que nace —ni siquiera se entera— sino el otro que ya no se mea, el que necesita que lo apapachen*. Ustedes van a ver en su práctica clínica esta aparición de enuresis transitoria en niños con esfínteres ya controlados al nacimiento del hermano.
Esto podría implicar lo siguiente: los órganos tienen lenguaje, tanto más, cuanto menos tenga el lenguaje capacidad simbólica y de abstracción; y mientras menos capacidad simbólica de lenguaje tengamos, más se hará utilización de los órganos como instrumento de lenguaje. En un niño de dos años y pico, el sistema de lenguaje y comunicación es el lenguaje de los órganos y de sus respectivas funciones.
En una época posterior, en la de los miedos y las fobias, el paciente se ensució y mientras lo limpiaban exclamó que ya no podía vivir así.[127]
Del placer que experimentaba defecando a decir, en otro momento de su vida “no puedo vivir así”, el cambio de actitud frente a una función, que iba de la aceptación completa de la función a su renuncia a la función —al grado de decir que, de seguir practicando esa función, le resultaría imposible vivir— algo aconteció en su psiquismo que hizo que un impulso o que una satisfacción se “transformaron en lo contrario” que era una situación que le avergonzaba.
Febrero 28, 1978
El erotismo anal y el complejo de castración (continuación)
El paciente había interrumpido el coito de sus padres con una deposición. Para Freud esto tiene el significado de “siempre”: el excremento es un regalo. En un estado ulterior, el excremento es un “niño”. En efecto, el niño se concibe como parido por el ano y se dice, en algunas culturas, que la madre regalo un niño al padre. En otras, “la mujer ha recibido del hombre un hijo como regalo”[128]
Observarán ustedes que culturalmente, en antropología, es bastante tardía la adquisición del concepto de la relación existente entre el coito y el embarazo. En las Islas Marquesas, cuando hay pseudosiesis no piensan que la mujer tiene un falso embarazo; piensan que estando embarazada realmente, son las ogresas y bahianas del mar quienes se han robado al niño.
Tengo un caso, y lo he publicado en un libro llamado Esterilidad y Fruto:[129] una paciente estéril que entró en análisis, dizque queriendo embarazarse y renuente a todas las psicoterapias de tipo “armado” de los ginecólogos.
Ustedes saben que cuando la esterilidad es leve basta con que los ginecólogos les digan que no tienen nada, que están perfectamente bien y esto es como una autorización para tener un niño y se embarazan. Esta esterilidad está prácticamente resuelta con una consulta.
En otros casos se encuentran con que éste “está usted perfectamente bien” no funciona y van a ver a otro ginecólogo que les dice: “No, pues fíjese usted, parece que tiene una ligera retroversión” y entonces descomponen la retroversión, y a veces, la psicoterapia armada con bisturí también cura.
Otras veces: “pues puede ser que usted tenga las trompas obstruídas” y le hacen una insuflación que les duele como el diablo, se les mete el aire hasta el peritoneo y a veces con esta psicoterapia insuflada se embarazan, pero a veces no.
Y entonces van con uno y tampoco se embarazan.
En el caso que les digo, ella ya había pasado por todas estas psicoterapias no expresivas y no se había embarazado. Bueno, la mejor manera de no tener hijos es no cohabitar ¿no? Es una de las fórmulas más seguras para no tener hijos, a menos que sean la Virgen María.
Buscando la génesis de cómo o de qué elementos patogénicos se vale una mujer para hacer su esterilidad y si ustedes se dedican a la terapia con bastante acuciosidad y apuntan la fecha de menstruación y de posible ovulación de sus pacientes, van a encontrar que las mujeres se ponen muy contentas en el intermestro, en la etapa ovulatoria. Muy receptivas y muy cordiales: éstas serían las “características” de la mujer biológicamente normal, en oposición a las mujeres que viven la menstruación como llanto porque no fue realizado el proceso de fecundación.
Existen otras que se pelean con el marido, sistemáticamente, el día 13. Agarran pleito entre el 11 y el 15, no se acuestan con el marido, lo mandan a la sala y, en esas condiciones, no teniendo coito en la época fecundante, pues no se embarazan.
Esta mujer se empezó a dar cuenta que peleaba con el marido durante el intermestro y dejó de pelear con él. Pero era una mujer que en situación casi orgástica, empezaba a pensar si no se escapaba el gas. Imagínense ustedes en pleno coito “¡el gas, el gas, huele a gas!”. Al pobre marido se le suspendía la erección, iban a la cocina y ya cuando veían que no se escapa el gas, pues ya la cosa había pasado.
En la esterilidad encontramos, como constelación más habitual y casi segura, una madre mala y un hermano menor muerto.
Esto da una omnipotencia al niño y a sus ideas para poder destruir mágicamente aquello que le estorba, pero genera el temor a ser retaliado y de morir en caso de colocarse en una circunstancia análoga a la vivida pasivamente durante su infancia.
Esta mujer se fue a vivir a Puerto Rico (en donde hay muchos insectos, muchos bichos) y empezó a desarrollar una fobia a las cucarachas, animal particularmente procreativo. De tal manera que ante sus temores: “me va a caer una cucaracha”. En su fobia a los insectos empezó a matar cucarachas y cucarachas. Era una representación obvia de que había hecho un desplazamiento a las cucarachas en virtud de la característica procreativa de estos insectos, que tienen mucha resistencia: toleran su peso 20 o 30 veces y prácticamente va a sobrevivir a los humanos sobre la tierra. Este caso de la fobia a las cucarachas está publicado en ese libro que les decía, Esterilidad y Fruto.
Uno puede diagnosticar embarazos con bastante anticipación a las pruebas de fertilidad si uno lleva acuciosamente los sueños de las pacientes y puede uno decir con qué sueño una mujer ha quedado fecundada.
Parece que la pantalla del sueño es bastante más sensible que el sapo o el zorrillo y que la prueba del argentino Galio Mannini.[130]
En este orden de cosas, en un momento determinado, podemos ver que un tipo de sueño o un determinado sueño durante el período procreativo, en donde aparecían cosas podridas, naranjas echadas a perder, con las que se estaba revelando una actitud negativa hacia el fruto, vira totalmente.
La actitud de la mujer vira también totalmente y casi podríamos decir y definir que está embarazada en X o determinado período del ciclo. Esto está bastante bien hecho por Ruth Brunswick en su libro El ciclo sexual de la mujer (es del grupo de ciencia de Alexander).
Un grupo de ginecólogos, sin contacto con los psicoanalistas de las mujeres que ellos trataban, llevaban en forma sistemática pruebas de frotis vaginal para ver en qué momento del ciclo se encontraba la mujer. Los psicoanalistas ignoraban los resultados de la investigación ginecológica, llevando por su cuenta los cambios de actitud de la mujer durante todo el proceso del ciclo.
Había una correlación altamente significativa donde el analista podía expresar en qué momento del ciclo se hallaba la paciente; o sea, que la producción emocional asociativa de la paciente va a responder en una forma muy sensible al cambio de ciclo interno, del ciclo hormonal.
Al parecer, en este aspecto la mujer tiene más capacidad de insight que el hombre porque tiene una mucho más temprana conciencia del cambio interno que el hombre. Si bien es cierto también que el fenómeno endocrino en el hombre no tiene las características tan definidas, tan netas como en la mujer.
Aparte de otras razones, vivimos en un mundo androcéntrico, por eso hay más analistas y terapeutas mujeres y vivimos en un mundo católico, por eso hay más analistas judíos: porque el judío y la mujer en un mundo de católicos y en un mundo de hombres, tienen que adquirir una conciencia de lo que es diferente a aquello que prevalece en el mundo, que son los hombres y los católicos.
Esta es la respuesta que da Kubie a la pregunta de por qué hay más mujeres y judíos terapeutas que hombres y cristianos.
Ya habíamos señalado que en la explosión de la enfermedad, algo mucho más sustantivo fue el suicidio de la hermana.
Parece ser eso lo que desata la neurosis adulta y pone en movimiento todos los elementos infantiles preexistentes. Pero es la hermana quien se ahorca, con todo lo que pudo haber implicado en este niño, con la rivalidad que le tenía a la hermana, tras los juegos sexuales que había tenido con la hermana, con la idea de que el padre la prefería, con la idea de que entre el padre y la muchacha hubo relaciones sexuales. Con todas estas características, imagínense el impacto que habrá tenido para este muchacho el suicidio de que la hermana.
En un orden de ideas técnico, esta situación actual —la muerte de la hermana— hubiera sido el centro de cualquier terapia más o menos orientada a ver las causalidades actuales (posteriormente nos iríamos a las remotas) y cómo el paciente, en retaliación por haber matado a la hermana, tenía el temor de que lo comieran los lobos, ¿no?
Lo que disparó el temor a ser devorado, es el ser, él también, un devorador y un destructor de la hermana.
Piensen que de la misma manera que mataba orugas y veía a los pajaritos muertos, de la misma manera que tenía una conducta sádica hacia los animales, los animales la tenían hacia él. Realmente, el sadismo que muestra hacia los animales, como desplazamiento de los deseos asesinos hacia la hermana, aparece en el sueño como temor a ser devorado por los lobos.
En el caso concreto de la situación transferencial es el temor de ser devorado, destruido con los valores adultos, abandonado por Freud.
Por otra parte, aparece el deseo de ser espiado por Freud en sus posiciones sádicas, ser expiado[131] por Freud y ser comido por Freud. Tradúzcanlo a otras situaciones: “ser poseído sexualmente por Freud” —no en tanto la dimensión de una “libido homosexual” sino como una condición de derogación—. No en la medida en que en lenguaje vulgar se dice “me lo eché*” o “me lo cogí*”: no tanto como componente sexual sino como componente agresiva con la connotación que tiene en nuestra cultura el ser poseído o el ser objeto de una cosa homosexual.
Yo hablaba de que no cambia la estructura de una neurosis; pueden cambiar las ramificaciones, cada quién va a hacer su neurosis (independientemente de la estructura de esa neurosis) con los elementos a su disposición.
Ustedes comprenderán que si este Hombre de los Lobos se pone a hacer un temor a ser devorado por los lobos de los Estados Unidos, cuando se exilia, no sería un neurótico marca diablo*, sino sería un psicótico de manicomio, porque sería muy raro ver lobos esteparios en Nueva York, ¿no? Allí podría tenerle miedo a los tranvías o a los trolebuses. Si Juanito tuviera miedo a los caballos en la actualidad, sería un psicótico; tenía miedo a los caballos en Viena.
Cada quién pone en movimiento una estructura muy constante en escenarios diversos, dados los elementos de los cuales puede disponer. Lo cual quiere decir que la estructura misma de la neurosis es muy repetitiva, a pesar de que los escenarios cambien.
En cuanto a la codicia del sujeto, se manifiesta también cuando este sujeto explotaba a Freud con eso de que le daba el dinero, etc. El simulaba que le daban menos dinero del que realmente recibía para obtener más dinero de Freud. Obviamente tenía, con respecto a Freud, la misma actitud repetida que tenía con respecto al regalo de Nochebuena: quería para sí todo aquello que sentía había sido compartido con la hermana.
Imagínense qué manipulación hizo de la relación transferencial y en qué medida sigue repitiendo la relación transferencial. Recuerden la escena de los dos billetes.[132]
Los trastornos intestinales son interpretados por Freud como puestos al servicio de la homosexualidad y expresan una actitud femenina. Pero, además, la excreción en favor de otra persona es prototípica de la castración. Excremento y pene forman una unidad.[133]
Más allá de esto —de la pérdida del excremento, la entrega del excremento, el excremento como dádiva, el excremento como instrumento de agresión, el control excrementicio como manera de satisfacer a un objeto querido, a pesar del placer que podría representar la expulsión excrementicia— se trata de antecedentes de una pérdida más temprana: el pecho. Cuando el niño renuncia al pecho, tenemos la primera separación de un objeto importante, (en virtud de factores culturales).
Tan en virtud de factores culturales, que ya decíamos que en las Islas Marquesas no hay una concepción de estos problemas, de quién embaraza y por qué se embaraza; que entre los arapesh no hay control de esfínteres y el destete se lleva a cabo mediante la masturbación de la madre al niño. Prácticamente es una cultura en la que no existen controles esfinterianos.
Más allá de estos factores genéticos (para poder pasar por una etapa anal se necesita un ano ¿quiere decir que todo ano va a determinar cierto tipo de vicisitudes?) se necesita una determinada estructura cultural para que las vicisitudes de un momento del desarrollo, tengan X o Y características (que variarán de una cultura a otra, de una clase social a otra, de una situación personal a otra, de un género a otro, de una persona a otra).
Freud —en torno de la cuestión de la castración— añade una alucinación del paciente: éste dice que a los cinco años de edad, jugando con una navaja, se corta el dedo meñique. No siente ningún dolor pero no comunica nada a la niñera. Se sienta en un banco y al observar otra vez su mano, no tenía herida alguna.[134]
En términos generales, hablando de varones —no sé como lo vivan las mujeres y estoy hablando de esta etapa edípica— las heridas, que son cosas banales, como cortarse con una navaja, o cualquier tipo de cosas que suponga aparición y emergencia de sangre se viven con pudor por parte del niño. No sé si tengan ustedes entre sus propios recuerdos, el de tratar de ocultar esta cortadura, en vez de que venga el llanto y la búsqueda del “pobrecito de mí”.
Alumna: A mí me parece que una herida está ligada al temor del castigo.
Pero, ¿por qué habría de ser castigado si ya en sí es bastante castigo el que se corte uno?
Alumna: Que los papás lo regañen porque anda jugando con navajas.
Es decir, ¿usted diría que el castigo no sería la consecuencia de la herida, sino el por qué se llegó a la herida? Tal vez… Es decir, lo prohibido no sería cortarse, sino andar con una navaja; lo que se castigaría no sería la sangre misma sino por qué se cortó.
Yo podría decirle lo siguiente. Una caída sin sangre, a pesar de que se haya subido a un árbol prohibido, no va a ser vivida como cuando hay sangre, como si la sangre fuera un factor significativo. No lo sé, pero sí les digo que es un hecho bastante genérico. Un arañazo que no produzca sangre propiamente, un rasguño, no es vivido igual a pesar de que el acto que se esté cometiendo y que trajo como consecuencia el raspón, fuera muy castigable. Parece que la aparición de la sangre tiene una connotación determinada.
Comentario de una alumna: El otro día vi a un niño y estaban comentando sus padres que cada vez que se hiere y le sale sangre, grita asustado porque piensa que se va a vaciar y que no han logrado convencerlo de lo contrario y que, realmente, el niño tiene terror de que le salga sangre. El niño tiene alrededor de 5 años.
Sí, es en plena edad edípica. Probablemente los problemas están mucho más centrados en edades anteriores; si se hacen en la cama, si no se hacen en la cama, si se ensucian, si no se ensucian. Están mucho más vinculados a factores excrementicios que a factores de tipo, llamémosle así, fálicos, de la etapa genital, solución de la situación triangular —para no usar la palabra edípico.
A partir de los cuatro años se desarrolla en el Hombre de los Lobos la devoción obsesiva[135].
En nuestra cultura (no sé lo que pasaría en la Rusia de los zares), católica y cristiana, “la edad de la inocencia” termina a los siete años, más o menos con la primera confesión. La primera relación con cosas religiosas se inicia a esta edad ¿no?
Para que uno coloque en una Coca—Cola una neurosis se necesita un trust que la produzca. Y para que en un determinado momento se coloquen problemas no resueltos de angustias infantiles en una cosa obsesiva de tipo religioso, se requiere que la religión y la Historia Sagrada den los instrumentos para que se vincule el conflicto en si Dios es bueno, si Dios es malo, si Dios es mierda, si Dios no es mierda.
Aquí, digamos, se trata de una cosa habitualmente muy pura, que se ensucia. Sería el contenido de “ensuciar la imagen divina” que per se debía ser una imagen pura. Y él la ensucia, la enmierda excrementiciamente y pareciera que esto no ha sido sino el desplazamiento a una situación abstracta, a la situación que primitivamente tuvo con el padre. Con el padre en términos —ya no los pongan anales o no, sino en términos de celos—: ”padre tal por cual ¿por qué quieres más a mi hermana, Te voy a cagar”— no en el sentido homosexual, sino en todo el sentido sádico que podría tener la palabra en un niño.
Con este tipo de interpretación resultaría “bastante” más un análisis de personalidad total, que un análisis de personalidad zonal. Piensen ustedes que Freud estaba descubriendo una biografía y que era muy importante descubrir zonas, momentos de desarrollo, etapas de este desarrollo, etc.
Pero es mucho más importante en la actualidad, en un análisis o una terapia, ver el análisis de la personalidad total porque ya no tenemos ninguna necesidad de estar comprobando etapas de desarrollo.
Para Freud era muy importante descubrir estos “jalones” en el proceso de desarrollo. Para nosotros dejan ya de tener importancia y nos interesa más el análisis de la personalidad total y de las relaciones de objeto que se daban fundamentalmente en el mundo de este sujeto.
Yo pienso a la manera de Fairbairn, que el psicoanálisis, más que la historia de los instintos y sus vicisitudes, es la historia de los objetos y sus vicisitudes.
Es decir, sería un psicoanálisis en términos de relaciones de objeto, inclusive para las estructuras endopsíquicas y las características de las estructuras endopsíquicas: Yo, super Yo, ello.
Las estructuras endopsíquicas no serían sino relaciones de objeto permanentes cuando en un momento ulterior estas estructuras, para poder realizarse, van a buscar objetos en un segundo paso. Objetos en el exterior, en los cuales pueda satisfacerse la estructura, inicialmente externa, luego internalizada; y después, para poder ponerse en movimiento, necesita objetos que hagan y faciliten su puesta en juego. ¿Está claro?
Fairbairn tiene un libro que se llama Hacia el estudio analítico de la personalidad[136] que es una compilación de artículos. Representa además una corriente muy importante; fue un analista aislado parcialmente influido por Melanie Klein. Prácticamente fue un hombre que se desarrolló como pensador analítico en una total soledad, porque no había en Edimburgo ni Asociación Psicoanalítica, ni grupos psicoanalíticos.
Hace unos ocho o diez años salió un artículo, que es el testamento de Fairban y que dice así más o menos:
“…En virtud de que mis conceptos han causado malos entendidos, quiero aclarar los siguientes puntos, fundamentales de mi pensar. Para mí, el psicoanálisis no es la historia de los instintos y sus vicisitudes, sino que es la historia de los objetos y sus vicisitudes; cosas tales como el ello y el super Yo no sé si existan. Para mí no existe más que un Yo. Este Yo va a incorporar objetos saboteadores, va a incorporar objetos gratificadores y va a permanecer como un Yo susceptible de ejecución, que es el Yo central. Mientras mayor cantidad de saboteadores internos, más débil y más restringido el Yo central para funciones de ejecución, de afecto, de contacto…”[137]
Para él no existe más que el Yo y este Yo va a incorporar objetos con sus características específicas y concretas.
Hay una cosa muy importante: nunca se internalizan objetos gratificantes, (gratificantes de acuerdo a un determinado proceso de desarrollo) porque no hay necesidad de internalizar objetos que proporcionan una gratificación que en cierto sentido es permanente y donde se carece de demora, como es el aporte nutricio en el feto.
Es decir, pareciera que la internalización es la de objetos frustrantes o de objetos sobre-gratificantes que a la postre no satisfacen las necesidades del desarrollo.
Esto nos lleva a una cosa muy interesante: se precisan objetos frustrantes que sean internalizados. A final de cuentas éstos tendrían como función, en uno y otro caso (ya sean frustrantes por ausencia o frustrantes por excedencia), disminuir las capacidades de ejecución del Yo.
Volvemos a un concepto muy importante, ¿la frustración es mala? No, no es cierto. Se requiere una cantidad óptima de frustración para desarrollarse y en ausencia de frustración seríamos fetos toda nuestra refregada vida y, en incremento de frustración, pues nos moriríamos. Se necesita la represión (como función yoica, no a lo Díaz Ordaz) para un mejor desarrollo y es preciso, para que se cree huella mnémica, que haya demora.
Si no hubiera demora, no habría en el niño posibilidad de alucinar el pecho, y eso es el origen del pensamiento. Se requieren condiciones óptimas de represión y condiciones óptimas de frustración para un adecuado desarrollo.
***
Podríamos decir: más que “la realidad de la castración” se decidió al reconocer la realidad de que no podría matar al padre. Más allá de la castración ni puede matar al padre, ni se va a matar él, pero “tendrás que suspender tus impulsos agresivos y darles una derivación”. ¿Qué derivación le dio este hombre? Se la dio a la Historia Sagrada.
Fíjense si no eran más importantes que “una teórica castración” estas relaciones de objeto tan peculiares: un padre depresivo; una madre llena de hemorragias, llena de enfermedades; una nana consentidora, apapachante y juguetona sexual; una niñera inglesa tal por cual como ella sola.
Todo esto era más importante que las cosas inespecíficas que nos dan las interpretaciones de café. Van a decir que estoy fumando: pues es mi tendencia oral y estos (dulces) son mis tendencias orales más dulces, y ésto (los cigarros) es el pecho malo, y ésto (dulces) es el pecho bueno.
Pero hasta que no se sepa qué significa para mí el cigarro en mi total especificidad, qué significa para mí en mi historia, quién fumaba en mi historia, qué circunstancias había, qué significan los dulces y una cantidad enorme de cosas de mi personalidad total, no van a saber qué significan para mí unos cigarros.
Además, desde el punto de vista de la teoría científica y de la teoría de las ciencias, este tipo de interpretaciones son un pecho malo.
Freud menciona, siempre en torno del asunto de la castración, la herencia filogenética en donde el padre es quien, en la prehistoria universal, aplica la castración que luego es mitigada hasta convertirse en circuncisión.[138]
“Herencia filogénica”. Imagínense ustedes, si ya de por sí es bastante pobre lo que podemos pensar en cuanto a posibilidades de “cambio estructural”, y si sobre de esas posibilidades tan limitadas, pensamos que tienen su origen en la filogenia, pues que Dios nos ayude: cámbiense a psicología industrial.
En cuanto a la prehistoria universal pues todos tenemos la misma prehistoria. Pero una cosa es Freud y otra el Hombre de los Lobos; como quiera que sea hay una pequeña diferencia, a pesar de que los dos tienen la misma prehistoria; y una cosa es Moisés y otra cosa es Judas, a pesar de que tienen la misma prehistoria.
¿No es más importante la especificidad de esta vivencia accidental, el tener un padre loco y una hermana que se cuelga, que en la prehistoria haya habido una conducta filicida de parte de los padres hacia los hijos?
Freud menciona que, cuando a los cuatro años, un criado le ayudó a limpiarse, era judío y estaba tísico.[139]
Y ahora, quién le está limpiando la mierda de su mente, soy yo, Freud. Esa es la interpretación lógica. Obviamente sabía que era judío y obviamente sabía que lo estaba limpiando. La estructura es la misma aún cuando el escenario es distinto. Es distinto que le limpien a uno los pantalones a que le limpien a uno el coco*. Pero a pesar de que sea muy distinto en lo circunstancial, es muy similar en lo estructural.
Freud anota que de pronto el análisis se orientó hacia otra dirección cuando el paciente afirma que en aquella escena primordial “había observado la desaparición del pene, compadeciéndose del padre y alegrándose al verlo reaparecer”. Esta compasión tiene, según Freud, orígenes narcisistas evidentes.[140]
Esto es pura construcción del paciente, que un niño de un año y medio, sienta que se metió el pene y que se perdió el pene, ¡qué barbaridad!, debió verlo con telescopio. Además el coito era coito ferarum ventro—dorsal. Ni un adulto puede ver fácilmente que se mete el pene y se pierde el pene. Está algo difícil de ver, ¿no? No sé que tan vouyeuristas sean ustedes, pero como que a mí no me resulta tan fácil.
Marzo 7, 1978
Complementos de la época primordial y solución.
Al acercarse la conclusión del tratamiento, súbitamente surge un detalle que da la clave a todos los enigmas de la neurosis.[141]
Como ven ustedes en todo este relato y en todo este especímen clínico el énfasis está puesto sobre detalles; en un cierto sentido parece que son islotes dentro de una totalidad infantil. Da la impresión de que Freud tenía la tendencia de darle a estos detalles, aparentes islotes, una connotación etiológica desmesurada.
Yo les podría decir que después de releer esto muy acuciosamente, la impresión que tengo, como situación final, es que estos islotes están revelando un niño terriblemente estimulado.
Criadas, niñeras, hermanas, familia, padres que duermen la siesta son islotes que estarían revelando como significado muy importante a un niño profundamente estimulado —muy precozmente sobre-estímulado— por la niñera primera, por la niñera segunda, por las Babuschkas, por la hermana y cuya sobre-estimulación obviamente desencadena una reacción de tinte defensivo, de naturaleza obsesiva ante todos los peligros que podría tener la realización concreta del acto sexual con la madre cuyo subrogado previo había sido la hermana, que muere ahorcada, ante los problemas que tuvo con su gonorrea y demás. Parece que todos estos episodios tienen la característica de ser particularmente intensos.
Decía que, en este sentido, Freud al parecer le da mucha importancia a estos pequeños detalles, cuando lo que llamaría la atención es la sobre-estimulación a la cual está sometido este sujeto, en toda su infancia, ¿no?
El detalle al que Freud hace referencia es el de una mariposa amarilla que el paciente perseguía. Cuando esta se posó en una flor, el paciente tuvo un acceso de pánico.[142]
¿Se acuerdan ustedes de aquella vieja loca, en los historiales iniciales de la psicoterapia de la histeria que no bien abría una puerta saltaba una rata o saltaba un sapo?
Todos estos episodios no son sino signo de una situación en todo el historial de la enferma en donde lo característico era lo súbito, lo abrupto, etcétera.
Ahora, esta historia del Hombre de los Lobos, es como cuento de Pepito*: no piensa más que en coger y en genitales… que si una mariposa, que si las piernas abiertas, que si esto o aquéllo, que está teniendo relaciones sexuales. Éste, como Pepito, por donde quiera que le busquen no está pensando más que en eso, ¿no? Y pareciera que Freud le siguió la línea y en fin, estuvieron muy contentitos los dos.
Releyendo esto, recuerdo que tuve una paciente fóbica, y no solamente fóbica sino que tenía una reacción somática increíble de erupciones, de eczema, ante la contemplación del amarillo y del negro.
Al estilo de Freud, encontramos en sus experiencias muy tempranas que vivía en la Hipódromo y ahí había muchos truenos y allí había muchos azotadores[143] que son amarillos y negros.
Les voy a contar primero la relación de detalle y luego lo que significa este detalle dentro de una totalidad mucho más múltiple y más abstracta.
Esta niña iba al parque a jugar y le tocó uno de esos muchachos perversos, de parque, que se sacaba el genital y hacía que las niñitas del barrio lo masturbasen. Eso, simultáneamente al azotador, al gusano. Aparentemente, la fobia había acabado en un desplazamiento al amarillo y al negro, el recuerdo temprano eran los gusanos, los azotadores, lo que quema.
Éste es el detallito concreto, pero la asociación más genérica era que se trataba de una chica de familia judía que vivía en un ghetto para la cual el mundo de los cristianos era muy amenazante y su fobia no era hacia el azotador ni al pene del señor, sino que era una fobia a cualquier tipo de contacto que, para ella, fuera amenazante en tanto que, sintiéndose judía, vivía en un mundo de cristianos.
Elige un símbolo insignificante, un detallito que existió realmente en su historia, pero que tiene y cobra valor porque para quien no ha visto un azotador y para quien no se ha encontrado a un exhibicionista que le enseñe el pene, es muy raro hacer fobias al amarillo y al negro. Es decir, debemos ver la constelación concreta en la cual se da.
Los judíos, cuando llegaron a México, radicaron en la Lagunilla, después se fueron a la colonia Roma, luego a la Hipódromo, luego a Tecamachalco y ya van llegando hasta Toluca[144]. Esta chica estaba en la etapa intermedia, radicaban en la Hipódromo. Los sábados era realmente un ghetto, señores con sus bonetes que salen del templo, etc.
Freud supone que el recuerdo de la mariposa es un recuerdo encubridor y anota que, en ruso, mariposa se dice “babuschka” que también es “madrecita”.[145]
Este detalle tampoco es banal, es muy raro que los muchachos mariposeen, las que mariposean son las muchachas con atractivos vistosos. “Mariposas” se les dice, en un cierto nivel social, a las prostitutas y más o menos tienen cierta similitud: las orugas, gusanos y serpientes, con aspectos fálicos de la masculinidad. Aquella escena de miedo debería haber despertado el recuerdo de una mujer.
El paciente asocia su miedo al movimiento de la mariposa abriendo y cerrando las alas, lo asocia a las piernas abiertas de la mujer y al número V romano, asociado con la hora en que tenía sus depresiones y al número de lobos en el árbol. Recuerda también una niñera, anterior a la chacha, cree que se llamaba igual que su madre. Así, tras el recuerdo de la mariposa, grandes rayas amarillas, como las peras (en ruso “gruscha”, que era el nombre de la primera y remota niñera) se ocultaba aquella niñera, primer amor perdido. En identificación con aquella mujer, a la que recordaba fregando el suelo, de rodillas, el paciente solamente tenía relaciones con mujeres de nivel social inferior. Una de estas le había transmitido la gonorrea. El nombre de la culpable fue ocultado por el paciente durante un largo período hasta que, finalmente, confesó que se llamaba Matrona.[146]
¿Recuerdan ustedes por qué era la mujer en la historia de la cultura quién cuida el fuego? Porque no se pueden mear en el fuego, se quemarían y el hombre se puede orinar en el fuego sin quemarse y lo puede apagar. Esto es una mafufada, pero en fin, esto lo dice Freud y no yo, hablando del folclor y el mito.
Cuando el paciente vió a Gruscha en aquella posición, continúa recordando, orinó. La muchacha le había recordado la posición de la madre y el recuerdo activó su micción como tentativa de seducción.[147]
En este sentido, confundir la actividad sexual con la micción… pues hay gente que confunde el amor con las ganas de hacer pish. Cada quién sus confusiones.
Freud insiste en las consideraciones filogenéticas.[148]
Esto es tan hipotético que pueden ustedes creer en ello o no, como pueden creer en el Espíritu Santo o no.
Freud relata la dificultad por descubrir la interpretación adecuada de la cuestión del velo que se desgarraba. Tras muchos esfuerzos, el paciente relata que nació “cubierto”, como un sujeto al que nada podía pasarle. La blenorragia dio al traste con esta idea y la consideró como una grave afrenta a su narcicismo.[149]
Nacer “cubierto”… en jerga española, se dice “nacer coronado” o sea que las membranas fetales “coronan” al producto.
Con algunos alumnos de posgrado, hemos reproducido estas historias de Freud ya no con este criterio tan precioso y literario, sino como si fuera una historia de la Menninger y carecen de toda belleza, pero son muy pedagógicas, como historias que se tuvieran que presentar en un hospital en el curso de un par de horas.
Ahora, vean ustedes que aquí están entremezclados elementos de la infancia, elementos de la juventud —la blenorragia.
El recuerdo infantil, el sueño, la niñera, la hermana, están entretejidos mucho más por elementos y episodios asociativos, que por un suceder sistemático o cronológico. Todo está relatado con una gran belleza lingüística: premio Goethe del año 1900 y tantos.
Su lamento, ante la afrenta narcicista, puede interpretarse: “Soy tan desdichado en la vida que tengo que refugiarme de nuevo en el claustro materno”.[150]
Para este sujeto, la apertura a la vida era amenazante, no en un sentido concreto sino en un sentido abstracto, porque de chico pierde toda su fortuna, la finca, cambia de status por los cuadros depresivos del padre, por las enfermedades de la madre. Después sufrió una serie de pérdidas periódicas: de nanas, de niñeras, institutrices. Después porque empieza su vida erótica y tiene una gonorrea. Después porque la hermana se le suicida.
Es decir, estamos viendo en él una serie de pérdidas sistemáticas y lo que hace realmente este sujeto el resto de su vida es buscar (pensando simbólicamente en su sueño) refugio en un diván, estar acostado y no salir al mundo porque está lleno de lobos y “aquí me quedo”.
Parece que lo logró con bastante éxito. Incluso en la continuación, con Ruth Mack Brunswick, estaba mucho más desorganizado.
El sujeto leal, honesto que Freud pensaba era el Hombre de los Lobos, no le daba más que coba* y luego surge todo su cobre* en las actitudes de deshonestidad, de falta de juicio de la realidad, con todo su cuadro psicótico, con su cosa de la nariz. En el segundo análisis, con la Brunswick, ni siquiera pagaba. Era un tipo desgraciado que aparentemente le ganaba al mundo, cuando el mundo lo timó a él en todas sus formas.
En estas condiciones, poder defecar es volver a nacer y el paciente asume el papel de la madre, pero por medio de un agente auxiliar que le ayuda en las irrigaciones, auxiliar que se identifica al padre, la irrigación a la cópula y el excremento al paciente mismo.[151]
Obviamente para este sujeto, con su historial, la situación terapéutica connota que lo están espiando; no solamente es un lobo que lo acecha y se lo puede comer, también Freud está cumpliendo las funciones del hombre que le pone una lavativa tres o cuatro veces por semana, de cincuenta y cinco minutos, no le cobra y aparte de ser gratis, está en un excusado (WC) muy bonito con idolillos etruscos, [152] etcétera.
La traducción, según Freud, es la siguiente: “Sólo cuando le es dado sustituir a la mujer… desaparece su enfermedad.”[153]
“Como a usted asumir una posición fálica, una posición intrusiva le produce tanto temor se siente usted más sintónico, para usted es más fácil dar las nalgas a que se las den”.
Pero tener una relación de tipo genital vientre con vientre le es imposible. Para él todas las relaciones sexuales o son una fregona a la cual va a poseer como se poseen los perros en la calle, vía las mariposas o lo que sea; o, la otra posibilidad es colocarse en una posición de que alguien le meta una lavativa. Más allá de las fases anales para este sujeto no existe en la vida más que “o las doy o me las dan”.
Dos son las fantasías que se unen en el lamento del paciente (y en lo que Freud supone su curación): la fantasía de volver a nacer, de regresar al vientre materno y la fantasía homosexual con el padre.[154]
No me quiero meter en el asunto, pero creo que la homosexualidad siempre es defensa frente a una situación heterosexual bastante más temida. Además, la situación homosexual, en sus raíces más profundas, no estaría vinculada a un problema con el padre sino que está siempre vinculada a un problema con la madre.
No son los roles hombre-mujer los que se están jugando en la homosexualidad masculina o femenina. En todo caso serían los roles activo y pasivo en cuyo fondo y transfondo estarían los roles madre-hijo, pecho-boca básicamente: con todas las idealizaciones y con todas las vueltas a la realidad que implicarían la ternura, por una parte y la brutal agresión, de niveles y contenidos totalmente tempranos, de la relación boca-pecho.
Marzo 14, 1978
Síntesis y problemas
Freud duda acerca de la claridad con que ha expuesto el caso y de la idea que han podido formarse sus lectores.[155]
Ya les decía a ustedes que los problemas de hacer una buena síntesis histórica de un análisis surgen no por falta de material, sino por exceso; sobre todo cuando se han tenido, en el curso del entrenamiento supervisores que exigen que la supervisión sea casi al detalle; entonces se juntan y juntan cuadernos que nunca vuelve uno a leer porque llevaría casi el mismo tiempo que llevó tomar el registro.
Los casos que he desarrollado más ampliamente fueron, sobre todo los casos de mujeres estériles o con problemas maniacos de tipo erotómano. Eran personas con una dependencia afectiva muy grande. Tuve una paciente que me escribía una carta diaria cuando interrumpí la terapia cara a cara por haber salido del país. Yo le contestaba una vez por semana, claro, porque yo no tenía tanta necesidad de escribirle como ella a mí, pero eso me hizo acumular un material realmente increíble.
En el último número de Proceso que salió ayer hay dos hojas de un libro que ya está en prensa, sobre los sueños de un homosexual. El era un escritor y yo el supervisor de su analista, que le pidio sus sueños por escrito. Recopilamos 200 y pico de sueños que se dieron en el curso de seis años y pico de tratamiento analítico. El libro se llama Un homosexual y sus sueños. Con motivo de esos sueños desarrollamos todas las ideas que hemos venido elaborando — unos son originales y otras prestadas— con respecto a la génesis y a la dinámica de la homosexualidad. El libro viene precedido por un ensayo sobre la homosexualidad en el mundo animal, la homosexualidad en las esferas inferiores, la homosexualidad en el mundo greco-latino, la homosexualidad en la historia, las ideas de la homosexualidad en Freud, la idea de la homosexualidad en otros autores posteriores a Freud.
Luego viene la historia del caso, los sueños del caso y su interpretación y, al final, viene una aplicación de este análisis de la homosexualidad en la actividad creativa, con García Lorca y Wilde.
Freud hace una síntesis de la evolución sexual del paciente para mostrar las alteraciones que éste tuvo en el apetito vinculado, a su vez, con la sexualidad “oral” o “caníbal”. A esta misma etapa de la sexualidad está adherido el miedo a ser devorado por los lobos (en otros casos de Freud, el síntoma es la anorexia).[156]
En los juegos infantiles se ve muy claramente el fin tan importante que tiene el de la expresión oral sin la solución genital: el lobo, Caperucita, Pulgarcito, etc. Prácticamente todos recurren a una expresión oral que no suele ser tan reprimida como la expresión genital directa.
El Hombre de los Lobos, habiendo llegado al periodo de organización genital observa la escena primaria, a Gruscha y es seducido por la hermana. Este último elemento desvía la evolución del paciente hacia un fin sexual pasivo “irreconciliable con la acción del genital masculino”. Ante la amenaza de la chacha, la organización genital se derrumbra y sufre una regresión hacia el estadio anterior, sádico-anal.[157]
Aquí el concepto de represión es muy importante, porque en cuanto digamos: “hay una posible identificación con el padre para poseer a la madre vía los juegos sexuales de la hermana, las amenazas de castración por estos juegos con la hermana y por ende la posibilidad fantasiosa de tener una relación con la madre se ve amenazada por la castración y por este temor de castración, elude la identificación con el padre y asume una identificación materna en la cual toma un papel femenino”, entonces, en lugar de devorar, va a ser devorado.
Esta organización sádico-anal es una continuación del estadio oral y el centro orgánico se desarrolla en la zona anal.[158]
Y en la zona muscular. Piensen que el niño en niveles orales tiende a ser un objeto pasivo en tanto que no tiene capacidad de dirigirse al objeto, sino que es el objeto quien debe dirigirse a él, en tanto que no ha desarrollado una capacidad motriz.
Bajo la influencia del sadismo, asegura Freud, el excremento se torna ofensivo. Aparece, además, un sentimiento de culpabilidad que torna al sadismo en masoquismo.[159]
Probablemente aquí, en una primera fase de la organización agresiva, hay una regresión por no poder asumir la posición activa del padre para poseer a la madre y a la hermana. En una primera posición de frustración, la expresión sería “me cago en mi padre”; pero también ante el temor de expresar ese fin activo, sádico, se transformaría también por culpa en “se cagan en mí, me comen, me poseen”, etc. Todos los fines activos que serían expulsar, excretar, comer serían transformados en fines pasivos: “soy comido, soy excrementado, soy poseído.”
O sea, que si bien es cierto que su sadismo referido a sus objetos primordiales, a quien quisiera destruir es al padre: “porque no me dejas hacer lo que tú haces”. Esto, revertido en culpa es: “me vas a hacer a mí lo que yo quería hacerte y me vas a destruir como yo te quise destruir”. Y, en pasivo se transformaría en masoquismo.
Pero quedan remanentes de la actitud sádica hacia el padre a quien quisiera matar; la crueldad hacia los animales, sustitutivos del padre. En una segunda reversión, en el caso de que esta represión falle, es el temor de ser comido por los animales, como acontece en su temor a ser comido por los lobos, o en una fobia infantil, como el temor que tenía Juanito a ser mordido por los caballos.
¿Por qué se elige a los lobos? Por una serie de circunstancias histórico-condicionantes: del lugar en donde vive, la presencia de los animales, la estancia en la hacienda del padre en Rusia. Es decir, la elección del objeto fobígeno, del objeto productor del miedo y del temor y generador del sueño es un objeto al alcance del sujeto para poder hacerlo motivo de su soñar, de su temor, de su fobia y demás.
A partir de los cuatro años y medio, los procesos escapan a la aprehensión de Freud hasta la aparición de sucesos actuales o recientes.[160]
Fíjense que después del sueño de los cuatro años y medio, viene todo un período —llamémosle de “latencia”— donde no hay ninguna neurosis. Su gonorrea, que vendría a ser una representación simbólica de sus temores tempranos a la castración; el suicidio de la hermana que vendría a representar el castigo y la muerte por los juegos sexuales, traen como consecuencia, a pesar de que aparentemente sea muy traumático el temor a los lobos, la fobia —la reaparición de la neurosis obsesiva. Se requeriría un trauma actual (la gonorrea, la pérdida de la hermana, la pérdida de la fortuna, etc.) para poner en movimiento un proceso en donde emerjan todos los problemas infantiles; de no haber sido así, a lo mejor no surgirían.
A mayor monto de situaciones actuales, menor requerimiento de situaciones primarias. A mayor monto de situaciones primarias, menor requerimiento de situaciones actuales. Serían situaciones complementarias.
Para que un sujeto exprese una neurosis, si se necesitan cien y tiene noventa y cuatro de infancia y seis de actual, es susceptible a que el cuadro se desencadene. Si tiene noventa y cuatro de actual y seis de infantil, también se desencadena el cuadro.
Vamos a hablar de un caso de psiconeurosis cuando el montante infantil es muy grande y vamos a hablar de una neurosis traumática, cuando el montante actual es el prevalente.
“La organización sádico-anal subsiste …mezclándose a ella fenómenos de angustia”.[161]
Aquí está hablando de manera concreta cuando dice “la organización sádico-anal subsiste”. Podríamos ser mucho más genéricos, mucho más abstractos, mucho más generalizadores: toda la organización previa, toda historia subsiste, toda. La sádico-anal, toda. Somos historia. Punto.
Y en tanto eso, somos explicables y nada de lo que tenemos que no sea historia es comprensible. Y tiene que ser la historia la explicación de nuestra conducta y la conducta la que sea explicada por la historia, en una correlación; por razones didácticas decimos “pasado y presente”, pero hay una continuidad donde todo nuestro pasado se está revelando en una forma más o menos intensa en la totalidad de nuestras actuaciones lingüísticas, sexuales, fóbicas, obsesivas, paranoides y otras. Es una perogrullada, pero podríamos decir: el hombre es su historia, punto. Y un hombre concreto, es una historia concreta.
Fíjense que hasta aquí, Freud está manejando el masoquismo como una reversión del sadismo por sentimientos de culpabilidad. A este masoquismo se le ha llamado secundario en psicoanálisis. A partir de Más allá del Principio del Placer, consideró que existía un instinto de muerte [162] que encontraba satisfacción en sufrir per se, no como una defensa contra la agresión. Incluso en el bando de la ortodoxia analítica hay quien se inclina por la creencia de un instinto de muerte, en un masoquismo primario y quien prescinde de ello y considera que toda la agresión es resultado de la frustración y que todo masoquismo es el resultado de una reversión del sadismo, o sea que todo masoquismo es secundario.
Yo, en lo personal, no creo en este instinto de muerte, ni creo en este masoquismo primario porque, digamos, nos cierra caminos. Si un sujeto está jodido porque lleva un instinto de joda, pues no podemos hacer nada por él ¿no? Por lo menos, pensemos que es una vuelta, un cambio, una trastocación porque si no, nos deja pocos caminos abiertos, ya de por sí son muy pocos los que tenemos.
La angustia provocada por la convivencia antitética entre sadismo y masoquismo se deduce al enlazar la represión con la castración y con la pérdida del pene.[163]
Esta pérdida del pene no es un masoquismo primario, sino que hay una tendencia a perder cosas valiosas: pene, dinero, placer, situaciones eróticas. Aquí la pérdida del pene es la consecuencia de una amenaza, o sea que es un temor a perder algo secundario a una amenaza, no es el deseo de perder algo, como un impulso innato derivado de la tendencia a la inmovilidad, a la inercia, como después aduce en Más allá del principio del placer, el propio Freud.
Lo que se ha reprimido, añade Freud, es la homosexualidad, el móvil de esta represión es la virilidad narcisista. La represión es, por lo tanto, resultado de la masculinidad.[164]
En este caso concreto, “de ser masculino, me voy a acostar con mi madre”. Entonces, ante el temor de acostarme con mi madre, que va a implicar la castración, podríamos decir que la represión me lleva a reprimir mi pene y mi genitalidad y es el resultado, justamente, de la existencia de ese pene ¿no? Es decir, el problema de la represión en una mujer sería de otra índole. Una mujer ya lo daría por perdido o haría una sustitución del pene por el producto fetal. Aquí, la representación sería consecuencia de la existencia del órgano masculino en tanto puede ser perdido.
En una vesión anterior Freud explicaba este fenómeno como producto de la tensión bisexual. Ahora, afirma, se trata de “modificar este punto de partida”.[165]
No estuvieron muchos de ustedes en los seminarios previos, cuando hicimos un análisis exhaustivo de toda la correspondencia con Fliess quien sustentaba la teoría de la bisexualidad y la teoría de los ciclos y no solamente consideraba que existiera un ciclo femenino (28 días por un intermestro de 14), sino que también había un ciclo masculino. Esta teoría de los ciclos de Fliess influyó mucho en Freud para introducir el concepto de la bisexualidad.
Claro que desde el punto de vista biológico, encontramos residuos femeninos en la organización biológica del hombre, el “vermontano” es el residuo de la vagina en el hombre y el clítoris es el residuo del genital masculino en la mujer. Cierto. Pareciera que hay una etapa de indiferenciación sexual. Posteriormente va a lograrse una diferenciación pero quedan remanentes de aquella parte indiferenciada: lo femenino en el hombre y lo masculino en la mujer.
Esto es cierto desde el punto de vista biológico, pero no menos cierto que dentro de esa base biológica, la idea de la bisexualidad fue incorporada en el pensamiento de Freud por el influjo de Fliess. Freud considera, en este orden de ideas, que la homosexualidad es primaria, no defensiva, porque los impulsos homosexuales, ya sea en la mujer o en el hombre, son primarios.
Desde otro punto de vista, quienes trabajamos clínicamente y tenemos un poco de esperanza, siempre consideramos que el elemento homosexual es defensivo ante la amenaza y los temores de la realización de una heterosexualidad. Es decir, el hombre se refugia en una homosexualidad en virtud del miedo a su masculinidad y la mujer se refugia en una posición masculina porque tiene miedo a su feminidad.
Pregunta: ¿…pueden desarrollar una psicosis, claro que menos estructurada, guarda cierto tipo de coherencias?
Claro, claro, sí. Podríamos pensar que la homosexualidad viene contra la heterosexualidad, pero esta heterosexualidad tiene, en el homosexual concreto al que usted se está refiriendo, como destino final una desintegración psicótica. Atrás de toda homosexualidad hay una psicosis. Es obvio. Cuídense de curar muy aprisa a los homosexuales porque se les “esquizofrenizan”, mejor denles un poco de sobada, si son mujeres, porque si son hombres, con la sobada, la psicosis es más rápida.
Una de las tendencias sexuales en conflicto se halla de acuerdo con el Yo: la heterosexualidad está en concordancia con el Yo. [166]
La homosexualidad en la mujer está más en concordancia con el Yo que en el hombre, porque culturalmente está mucho más permitida la relación que en los hombres. Juan no puede andar con un adolescente de la mano por los corredores porque le dirían una palabra muy fea, pero en cambio las muchachas si andan juntas, se agarran de la mano y demás. La homosexualidad es mucho más tolerada como relación amistosa (no me refiero al acto) entre las mujeres, que entre los hombres.
Aquí también nos está diciendo Freud, sin quererlo, una frase que después va a ser importantísima en algunos de sus seguidores. ¿Quién desencadena la represión? El Yo, en tanto que el Yo considera que es inaceptable desde el punto narcicista la expresión de una tendencia, ya sea la femenina en el hombre, ya sea la masculina en la mujer. Pero quien siente ajena esta tendencia y quien va a poner en movimiento fuerzas represivas va a ser el Yo, lo cual implica, y casi nos lo está diciendo Freud, que la “represión es una función del Yo”.
Aquí estoy citando a Fairbairn. En la neurosis no existe más que el Yo. Cosas tales como el super Yo y el ello son inoperantes.
Realmente la historia psicoanálitica es la historia no de los impulsos y sus vicisitudes, sino la de los objetos en su relación con el Yo y sus vicisitudes. Entonces, dice Fairbairn, la bisexualidad no sería motivo suficiente de la represión y en cambio sí la del conflicto entre el Yo y el impulso. Obvio.
“La victoria de la masculinidad se muestra en que el sujeto reacciona con angustia a los fines sexuales pasivos…” No existe ninguna tendencia sexual masculina victoriosa, tan sólo una tendencia pasiva y una resistencia contra la misma. El resultado del sueño es el de una reacción contra una corriente pasiva.[167]
Por eso despierta cuando los lobos se lo van a comer. Es decir, es una de las protestas que ofrece su Yo en el sueño respecto a la situación pasiva, porque podría asumir una actitud deleitante al ser comido. No, se despierta con angustia, no gusta de ser comido a pesar de que él fabricó su sueño y puso los lobos y se hace “desear comer por los lobos” —aunque a la postre no se deja comer por ellos, porque se angustia.
Aquí nos está planteando un problema muy discutido. Más que la pérdida del genital, el homosexual que rehuía a la mujer porque la contemplación de un ser humano, sin pene, sería angustioso para sus tendencias masculinas; o en la homosexualidad en una mujer, porque la contemplación de un pene en la pareja equivaldría a confrontar su falta de genital. Más que en ese “masculino—femenino”, en la homosexualidad se da el “pasivo-activo”. Yo, partner activo, voy a funcionar como un objeto activo, dante, donante y muy necesitado de estar donando frente a un partner pasivo, muy necesitado de estar recibiendo, que tiene mucho más que ver con la relación “activo-pasivo”, madre-niño, que con la relación “pene no pene”
Freud pasa, ahora, a la descripción de las múltiples fobias, a los lobos, al león, a los escarabajos y animales pequeños, a la mariposa. Se trata de una verdadera histeria que transforma al intestino en órgano histérico. Freud recuerda las hipótesis de Totem y tabú para explicar el tránsito de lo animal a lo divino y la aparición del fervor religioso del paciente y las blasfemias ulteriores.[168]
¿Por qué este sujeto no se quedó ahí? Porque no pudo ¿no?. En vez de tener una fobia a los lobos y una neurosis obsesiva a los 18 años, ¿por qué no se quedó en una religiosidad estilo monje, cura o sacerdote sino que regresó a una situación previa e hizo una neurosis obsesiva? Parece que las circunstancias y las causas actuales tardías (las de los 18 años) fueron de tal magnitud que no le permitieron elaborar su problemática infantil en una forma religiosa sino que lo obligaron a organizar su problemática infantil, dadas las circunstancias actuales, en una forma neurótica —suponiendo que “el fervor religioso” no lo sea.
Las blasfemias ya están indicando que la defensa religiosa está fracasando, se rompe la represión, retorna lo reprimido y lo que había sido una actitud de aparente sublimación en devoción religiosa retorna con su contenido latente herético: la lujuria, la aparición de ideas escatofílicas y escatológicas en el propio ceremonial religioso.
Freud prescinde de los elementos patológicos de la religiosidad para destacar su influencia en la formación moral del sujeto, procurando vías de sublimación a su sexualidad y abriendo el camino, al desvalorizar las relaciones familiares, a la “gran colectividad humana”.[169]
Ahora ya hay psicoanalistas que se especializan en analizar curas y seminaristas por su conexión histórica con religiosos. Estos curas y seminaristas entran en situación terapéutica, cuando se les “quiebra” la defensa religiosa y aparecen ideas homosexuales o prácticas homosexuales, o ideas blasfemas en actos que deberían ser sacralizados, como pueden ser la eucaristía, la confesión, etc. Muy frecuentemente, un buen destino terapéutico de estos sujetos es que dejen la religión puesto que la religión no sirvió para solucionar una conflictiva y una problemática. En otros casos se logra que la sublimación sea adecuada y el sujeto permanece en situación sacerdotal.
Una gran cantidad de jesuitas han estado en análisis, incluso hay una corriente analítica, la “escuela de Notre Dame”, promovida fundamentalmente por jesuitas que está analizando y al parecer funciona.
El paciente, fácilmente, se identifica con Cristo que nació, como el paciente, en Nochebuena. Cristo también permite la sublimación del amor al padre (que de otra manera habría sido reprimido). Explica, además, las tendencias masoquistas ya que Cristo, en nombre del padre, sufre el martirio y el sacrificio. El paciente encuentra así en la religión, un modo de integrarse a la colectividad social.[170]
No obstante, cuando la represión de las tendencias eróticas individuales suprimidas se trasladan de lo individual a lo sacro, fracasan: fracasa la represión, se erotiza el pensamiento religioso y entonces el religioso puede ver a un Cristo y puede estar imaginando como mal pensamiento que el Cristo tiene erección —como puede erotizar el proceso científico o cualquier otro proceso de sublimación—. La represión fracasa y se erotizan todos aquellos elementos que pueden haber sido exitosos hasta un momento determinado y que dejan de serlo por motivos actuales.
Los ejercicios espirituales que llevan a cabo los católicos habitualmente se hacen en Semana Santa. Estos ejercicios espirituales fueron diseñados por los jesuitas. San Ignacio de Loyola había sido militar y los ejercicios espirituales están diseñados con un sistema militar igual: una concentración, un pensamiento metódico, sistematico, una frugalidad en los alimentos durante los días de ejercicios espirituales, una meditación permanente, la falta de comunicación que —fíjense ustedes que la posibilidad de tener cierta autonomía yoica depende de la comunicación con los otros, de la estimulación que procede de los demás.
Durante estos ejercicios no se habla, hay privación, hay abstinencia, de modo que el sujeto queda esclavizado totalmente a un mundo interno donde está pensando sus pecados, las características del pecado. Se está refugiando en cuán grande fue su mal, cuán infinita es la bondad de Dios al perdonarlo y todo esto culmina con la confesión, con propósitos de enmienda y con la comunión en la cual se incorpora el cuerpo de Cristo. No estoy hablando religiosamente, pero desde un punto de vista estrictamente psiquiátrico, pensar que uno está tomando en una oblea un cuerpo, tiene una cierta característica un poco anobjetiva.
L***, cuando estaba en Cuernavaca, siendo un hombre bastante concreto, no era un exaltado, cultivaba alcachofas, hacía cosas de cerámica para vender, daba comunión los domingos, y le daban sus centavos por la misa que iban a oír los Trouyet y los otros ricachones de la ciudad de México. De repente tiene una alucinación donde Cristo lo acaricia. Viene muy alarmado a verme. Por supuesto no lo quise tomar —si no me echan a perder mis fines de semana los curas— y lo mandé con… y por eso fue que… se metió como terapeuta del monasterio. También lo mandé con un oftalmólogo y tenía un retino-glaucoma. Al día siguiente, lo operaron y le sacaron el ojo porque tenía un tumor maligno. El primer síntoma del tumor fue la alucinación. Fíjense cómo es importante que no vaya uno a confundir las cosas alucionatorias. Si se hubiera tratado de un místico, un alucinado, un franciscano asceta, un sujeto en éxtasis, se hubiera prestado a dudas; pero un sujeto que vendía aceitunas y cerámica, que había adoctrinado a los Trouyet y a los *** y que les daba su misa y su desayuno, que costaban cuatro pesos, y ellos daban una limosna de cuatro o cinco mil pesos, como que no era bastante abusado el alucinado.
Aquí hay una diferenciación clara, pero muy frecuentemente nos encontramos con cuadros alucinatorios que pueden tener un fondo orgánico. La crítica se puede hacer igual a los médicos que tratan con calcio, síntomas correspondientes a procesos emocionales —y piensan que tomando dos sacos de Calhidra* el sujeto va a tener potencia sexual.
Esto es más frecuente a que nosotros pensemos que con “cuéntame tu vida” se va a elevar un pene. El 75% de los pacientes en la sala de espera de un médico es psiconeurótico y más o menos en 3 o 4% de nuestra clientela requeriría que le dieran una ayuda orgánica.
Hablando de la ruptura de la represión, me fue a ver una señora que tiene una cierta importancia en la vida (…). Estaba muy alarmada con la secta de “Los Niños de Dios”. Aquí sí, la represión estaba totalmente rota, me llevó la propaganda que les dan cuando están dentro de la organización y (mi mujer dice que soy gazmoño pero a mí me pareció vulgar) están una mujer y Cristo con su corona de espinas, en forma vulgar como de mingitorio, teniendo relaciones sexuales con la Virgen. Luego en lo de “dejad que los niños se acerquen a mi”, están una bola de niños haciéndole fellatios a Cristo.
Aquí la ruptura de la represión no me parece ruptura de la represión, me parece exceso de la pornografía ¿no? A mí me pareció vulgar. Le han dado a todo el Evangelio un contenido estrictamente sexual, son unos cuantos fellatios que le hace la Virgen a Cristo y los niños de Cristo; la Virgen se monta en el Señor y la madre y el Espíritu Santo y meten un pájaro por ahí y una vagina que es la de la Virgen, todo esto ilustrado en una forma muy burda. El texto es de una letrita tan chiquita como el texto de los manifiestos de los Sindicatos que salen en el periódico —y que no lee nadie porque la letra es tan chiquita que hay que leerlos con lupa—. Mis afanes perversos con respecto a ¿qué hacían la Virgen María y nuestra señora Santa Ana?, ¿qué fue lo que hicieron San José y la Virgen?, ¿quién fue quien desfloró a la Virgen para que tuviera un hijo? (porque no es creíble que tuviera un hijo del Espíritu Santo y luego le ponen un murciélago a San José, en vez de un pájaro), mi pornografía no llegaba a tanto, así que no lo leí nunca, lo tiré porque me parecía vulgar, no valía la pena.
Alumna: ¿Cómo convencen a la gente con eso? ¿Cómo …a Dios por medio del sexo? Si le dicen la frase de “Todas las veces que tú lo hagas lo harás en mi memoria” qué es lo que dice Cristo en la Santa Cena, cuando les da la hostia “Todas las veces que te acuestes siete, ocho o diez será un holocausto para … están enviando a toda la Corte Evangélica… así, no?
Es Freud, pero a lo bestia. ¿Cómo será eso de siete, ocho diarias? No es que… es que son unos paranoicos megalómanos.
Una manera maniaca de negar la impotencia y el susto que tienen, y otra cosa es hacer una cosa maniaca y festiva.
La señora que me llevó todo este material y que estaba tan alarmada, me decía que son chicos de educación media (secundaria y preparatoria) y de clases sociales y económicas regulares, no bajas. Tampoco muy altas, sino clase media común y corriente. Según la literatura que traían ya los habían corrido de siete países, primero en Francia, luego en Estados Unidos, luego en Sudamérica, luego en México. En la actualidad están en Irak.
Van a ver ustedes una cosa muy interesante, ¿por qué han proliferado como forma terapéutica y además con gran éxito, tipos de terapia como el “touch and feel”?, ¿las terapias grupales con alucinógenos, con psicodélicos, con cambios de sonido y cambios luminosos, con películas pornográficas?, ¿cómo han prosperado la dianética y la bioenergética y la macrobiótica y todas esas madres*?
Yo creo que es el resultado de una incomunicación brutal de las gentes. Es decir, cualquier medio de comunicación que se ponga a disposición de una colectividad, mientras más incomunicada esté (como pueden ser los Estados Unidos) tiene éxito.
Ya ven R***. Daba droga, había desnudos y además… Me contaba un psicoterapeuta que llegaban a la sesión ya desnudos.
“Ahí tengo yo mis closets, usted tiene su casillero y lo esperamos aquí encuerados para no perder tiempo en la desvestida”.
Yo no tengo ninguna experiencia en ese tipo de terapia, así que quién sabe qué pasa, pero en fin, está proliferando en una forma increíble.
Pregunta: ¿Y la dianética? y la ¿bioenergética? y la ¿macrobiótica?
Por ahí empezó Reich. Con el orgón y esas cosas… y murió en la cárcel y aparte de que era un genio con sus cosas iniciales, fue un hombre que se desquició totalmente, pensó que el orgón era un alivio procedente del sol, ponía cuartitos de aluminio donde se achicharraba uno, como baño sauna y se cargaba uno de orgón, ¿no? Y lo que descargaba uno era potasio y sodio, pero en fin…
En referencia a la resistencia del paciente contra la religión, Freud concluye: “Tratándose de neuróticos hacemos el ingrato descubrimiento de que no es posible lograr en unos modificaciones que en otros hemos conseguido fácilmente”.[171]
Yo creo que el principal índice pronóstico con respecto a un enfermo, más que su diagnóstico, es lo que ha logrado el sujeto en el curso de su vida. Más allá que verlo como una chiva en el momento actual de la exploración y la evaluación diagnóstica en el momento presente. Si el sujeto logró estudios, realizaciones, organización familiar (a pesar de que luego se derrumbó) si ha logrado eso, tiene muy distinto pronóstico que otro sujeto que por poco enfermo que sea desde el punto de vista diagnóstico, no ha tenido ningún logro.
Las capacidades yoicas, a mi manera de ver, en la historia de un sujeto son las que nos pueden hacer prever qué tanto podemos lograr de un sujeto y qué tanto no podemos lograr.
Yo, en concreto, tuve una paciente durante siete años; con otro tenía ocho, en total unos veinte años de análisis. Su familia había llegado en el siglo XVI a México y desde entonces nadie había trabajado ni había hecho nada. Eran ricos de solemnidad y después de gastar tanto dinero en analistas, y antes en brujos, iglesias, monjes, etc. —lo que fuera históricamente operante— todavía les quedaban tres o cuatro manzanas en Correo Mayor y en el Centro.[172] En esas circunstancias, todavía preguntaba “¿en cuánto tiempo me curo?” No era muy enferma, pero no habían hecho absolutamente nada desde el siglo XVI. ¿Qué va a poder hacer uno con eso?
Marzo 28, 1978
Suplemento a la “Historia de una neurósis infantil” de Freud (1928). Ruth Mack Brunswick[173]
Ruth Mack Brunswick toma al Hombre de los Lobos como paciente de octubre de 1926 a febrero de 1927.[174]
Hay una cosa importante: tengan ustedes en la cabeza las coincidencias de fechas:
1920— Terminación de análisis con Freud.
1923— Inicia el cáncer de Freud.
1923— En el otoño el Hombre de los Lobos se entera del cáncer de Freud.
1923— Primera operación de Freud.
1923— Poco después de ésta, le hacen la segunda operación detectando un cáncer grave.
1926— Sintomatología del Hombre de los Lobos.
1926— Coincide con enfermedad dermatológica de la madre (octubre).
Ruth Brunswick relata que el Hombre de los Lobos se presenta a su consultorio en octubre de 1926 con una idea fija, relacionada con un daño en la nariz causado por la electrólisis utilizada en el tratamiento de una obstrucción de las glándulas sebáceas.[175]


Retrato y aurorretrato del Hombre de los Lobos
El daño consistía en un hoyo que le había destruído el perfil aunque no se percibían irregularidades en la nariz “típicamente rusa”. El paciente convencido de la magnitud del daño no dejaba de tener conciencia de que su reacción era exagerada. Por ello, consulta nuevamente con Freud.[176]
Hasta aquí podríamos pensar que se trata de un caso más allá de toda neurosis infantil con sus características obsesivas. De acuerdo con la descripción de la enfermedad actual, parece tratarse de un caso de hipocondría; es decir, el de una preocupación exagerada por un órgano: reiterada, no susceptible de que se disuadiese al paciente de esa enfermedad por ningún método médico al alcance.
Desde otro punto de vista, la hipocondría viene a ser una forma sistematizada… o si quieren pueden traducir, “diagnóstico de hipocondría” como “paranoia del órgano”.
El perseguidor, aquí, se ha colocado en el órgano y lo que en la neurosis infantil fueron los lobos, con un cuadro más o menos alucinatorio, en este caso se transformó en una “paranoia del órgano”; o sea, el órgano se transforma en perseguidor y va a a funcionar como lo fuese.
Muy frecuentemente, detrás de las hipocondrías, cuando las corazas defensivas de tipo hipocondriaco se quiebran, aparece una paranoia galopante donde el perseguidor se transforma en una cosa de mayor envergadura y en un perseguidor abstracto que quiere matarnos, o quiere envenenarnos o quiere perseguirnos o lo que ustedes gusten y manden.
El paciente estaba desesperado y afirmaba que “así, me es imposible vivir”.[177]
Recordarán ustedes la frase de la madre con respecto a su enfermedad ginecológica. Parece que cuando la situación patógena llegaba a un clímax, en los diferentes episodios de su vida —disentería, gonorrea, situaciones de crisis persecutoria— reaparece esta frase estereotipada que expresaba y tenía relación con lo que había escuchado decir a la madre en su infancia.
El paciente está obsesionado por su nariz, la mira y observa en vidrieras y espejos; incluso lleva uno consigo constantemente. La mucama de Ruth Brunswick relata que se paseaba como un loco en la sala de espera viéndose constantemente en un espejo.[178]
Pregunta: Al decir, “demasiado buena hacia Freud” pareciera una transferencia, pareciera que el análisis de Freud dejaba mucho que desear…
Pero muchísimo. Vamos a llegar a una parte donde encontraremos cierta analogía entre la explosión de la primera enfermedad —la concomitancia de la gonorrea y el suicidio de la hermana— y la emergencia de la segunda enfermedad y la aparición del cáncer que se estaba apoderando de Freud; es decir, al parecer en la vida de ese sujeto, los objetos a los cuales se acerca son objetos que en una u otra forma van a perecer irremediablemente. En la infancia, su hermana, en la edad adulta, Freud.
Ruth Brunswick relata los problemas del paciente con el dinero, los conflictos con su madre acerca del dinero y la manera como recibió la noticia de la muerte de su hermana. La Revolución Rusa cambió totalmente su condición económica y hubo de aceptar un pequeño empleo. Recuerda también que consulta con Freud por un síntoma de constipación histérica. Como la situación, empeorará en la época de Freud, éste organiza colectas para que su paciente pueda pagar sus deudas. Llevó a cabo estas colectas durante seis años.[179]
Fíjense que ya desde antes del primer análisis —y todo ese material no salió con Freud— llama la atención de Ruth Mack Brunswick que sea tan tacaño. Padecía de tacañería y tenía mala fe respecto al dinero, es un material omitido, y no porque fuera un material no existente.
Aquí podemos vincular esa constipación fundamentalmente con el dinero; es decir, era estreñido tanto con respecto a los excrementos como con respecto al dinero. Y realmente eso de que resolvió la constipación histérica es muy poco probable cuando persistieron las actitudes tan terriblemente patológicas con respecto al dinero; más bien es una solución sintomática de muy difícil evaluación positiva desde el punto de vista del pronóstico.
Por supuesto que entonces se sintió el príncipe del mundo, el Fausto de Goethe y sintió que se merecía de todas todas, ¿no?
En 1922, un pariente le trae unas joyas que supone tienen mucho más valor del que en realidad tenían. Por consejo de su mujer, no cuenta nada a Freud pues éste podría suspender su ayuda. Desde ese momento aumentó su avidez por el dinero de Freud, hacía planes de cómo gastarlo, se preguntaba a cuánto ascendería. Luego especuló en la bolsa sin contar nada a su mujer y perdió mucho dinero. Su actitud, hasta entonces compulsivamente honesta, se torno deshonesta.[180]
Su avidez y su culpa, es obvio ¿no? A pesar de que se nos aparece con un carácter psicopático, no es menos cierto que la emergencia de síntomas tan agudos hacen pensar que su psicopatía no estaba exenta de culpa y que se iba a revelar a través de una serie de síntomas particularmente penosos.
Fíjense qué situación de dependencia, como para invalidar al rey de la abstinencia que era Freud. Está dándonos aquí un cariz técnico que fue relativamente real, casi lo adoptó como hijo suyo y casi le dio nombre. Entonces debió llamarlo “Lupus Freud”.
Lo de su honestidad no es exacto. Con la madre también tenía una serie de retaliaciones respecto al dinero; acusaba a la madre, incluso había aceptado la muerte de la hermana porque eso lo transformaría en hijo único y no tendría que compartir la herencia con nadie. Eso de que era compulsivamente honesto, me parece una manera de exonerar a Freud de su falta de decisión.
Lo cual no quiere decir que no haya sido deshonesto antes; pero la deshonestidad, al entrar en situación terapéutica, hace que la situación terapéutica, tanto para bien como para mal, se transforme en prototípica.
Si la mejoría de relaciones con el terapeuta como modelo de una mejor calidad de relaciones de objeto va a ser prototípica, esto lleva a que el paciente haga, en el exterior, mejores relaciones de objeto. Ahora, si las relaciones que hizo con Freud fueron de deshonestidad, este tipo de relaciones van a ser prototípico para ponerlas en movimiento en el exterior y la culpa no resulta por la deshonestidad que comete con Freud —la paga— sino por el hecho de perder el dinero en las acciones que hace por fuera.
La situación del paciente, sin embargo, no era del todo mala: iba al médico, trabajaba y sostenía a su mujer. Además continuó pintando y en 1922 realizó un autorretrato que le obligó a mirarse durante mucho tiempo en el espejo.[181]
Fíjense bien en las fechas:
1920— Muerte del padre.
1922— (Verano) Autorretrato.
Esto es importante, en tanto que hacer su autorretrato implicó verse demasiado en el espejo, lo cual probablemente cargó de catexis la imagen fisonómica e hizo que la elección del órgano fuese aquéllo que estuvo viendo como una “situación estética” en la obra creadora. Esta se transforma en un rasgo patógeno y la elección del órgano, del síntoma y del espejo, que antes fueron librados de la patogeneidad, ahora aparecen, ya no para verse y pintar su autorretrato, sino para verse y ponerse talco y verse la verruga loca.
En abril de 1923, Freud es operado por primera vez de una afección menor. El paciente lo visita para recoger el dinero de la colecta y le impresiona el aspecto de Freud.[182]
Fíjense aquí en qué medida esto debe haber incrementado brutalmente la culpa, como para condicionar la exacerbación de sus rasgos de deshonestidad y como para condicionar su pérdida en la bolsa.
La impresión no le impide salir de vacaciones, durante las cuales se masturbaba contemplando fotografías obscenas.[183]
Lo cual tendría también igual tipo de significación; es decir, la culpa haría que, por un movimiento dinámico, retorne a una situación regresiva, la cual seguramente sentía que no era del agrado de la “normalidad” que Freud suponía en una vida genital —regresa a masturbarse en una actitud de vouyeurismo.
La frecuencia de su masturbación no fue excesiva y la aparición del síntoma no lo afectó mayormente.[184]
Este sujeto al parecer no se siente perturbado por ningún síntoma de carácter “psicopático” sino hasta que los síntomas se transforman en una cosa ajena al Yo y aparece una hipocondría —ya sea del órgano, ya sea lo de los lobos, ya sea de lo que sea— la gonorrea, el paludismo y demás.
Pero parece que durante algún tiempo la psicopatía lo preserva de hundirse en una cuasi-psicosis. No le preocupó mayormente la cosa de Freud pero seguramente lo conmovió mucho. Lo que es más, la consecuencia de esa preocupación, de sus rasgos de deshonestidad con el objeto que él agradecía, lo llevó a incorporar la culpa, a identificarse con el agredido, a buscar por vía del espejo y por vía de toda una serie de situaciones previas, que lo llevan a buscar la elección de órgano y a iniciar la sintomatología de su segundo período.
En el otoño de 1923, se entera de la gravedad de la enfermedad de Freud[185].
Pregunta: ¿La situación del autorretrato no lo llevaría a su psicotización o sea en la medida de la cual él debe concretar en su pintura una imagen… no ocasional …el espejo le devolvía la imagen?
Sí. Probablemente la génesis del autorretrato como la génesis del espejito (ya no el autorretrato con el espejo grande sino el síntoma del espejito) tienen igual psicodinamia, nada más que en la psicodinamia de la primera expresión todo el programa dinámico de enfocarse un poco como el retrato de Dorian Grey, donde está viendo sus deshonestidades en el retrato, después aparecen como síntomas.
En tanto que está viendo el autorretrato, no se siente perturbado por la manufactura del autorretrato; o sea, independientemente de que la dinámica y la estructura eran la misma la posibilidad adaptativa de esa dinámica y de esa estructura eran operativas y en un momento determinado dejan de serlo. Entonces ya no aparece el autorretrato, que es una cosa normal, realista, sino viene una pérdida de la realidad y aparece realmente el perverso, el carcomido que es.
Se está viendo en una forma autoplástica, como antes había estado funcionando aloplásticamente.
Es decir, no sé si ustedes, contratransferencialmente, se sienten más conmovidos por el hueco de la nariz, por el agujero y sienten menos cariño y compasión por el deshonesto que está robando a la gente, que está haciendo un gran servicio, en tanto se sale de los parámetros psicoanalíticos.
Me parece que en la realidad el retrato de este hombre, está bastante más sucio, cuando aparentemente tiene una expresión aloplástica, que cuando asume una expresión autoplástica. Aún cuando un médico diría que entonces no estaba enfermo y ahora sí lo está; sin embargo, desde el punto de vista psicopático estaba mucho más enfermo antes que ahora. Y me parece más grave su psicopatía que todos los agujeros de la nariz.
En noviembre de 1923, la madre del paciente llega de Rusia con una notoria verruga en la nariz que no había querido operarse pues aparecía y desaparecía. El paciente relata que su madre se había vuelto algo hipocondriaca y que temía a las corrientes de aire y a la contaminación.[186]
En el otoño de 1923 el Hombre de los Lobos ya sabe que Freud tiene cáncer. Fíjense como se enlaza aquí la enfermedad de la madre con el cáncer de Freud.
No es banal que casi en la misma área anatómica del síntoma de la madre, aparezca el síntoma de Freud y posteriormente en la misma área aparezca el síntoma de él, con la hipocondria de la madre respecto a otros elementos de su ambiente: aire, polvo, contaminaciones.
En 1924 el paciente empieza a tener problemas con sus dientes e incluso perdió uno. El dentista que hizo la extracción y pronostica que habrá de perder todos los dientes era el Dr. Wolf.[187]
Aquí se da la identificación con el agredido, que era Freud.
…el cáncer y toda la cirugía —después de más de diez operaciones, cuando le pusieron la prótesis para que pudiera deglutir porque aquello, entre las fosas nasales y el paladar había desaparecido y, según la evolución industrial y técnica de los plásticos en esa época, ha de haber sido un aparato muy mal hecho. Ana, su hija, que era la que le ponía todos los días el aparato, lo llamaba “el monstruo”.
Imagínense ustedes aquí, en qué medida la aparición del síntoma dental no es una retaliación. El sujeto sintió obviamente que con su conducta estaba destruyendo a Freud —omnipotentemente, claro está. El que le quitara lo de una colecta a Freud no implica que la génesis del cáncer sea la colecta. Si así fuera, habría menos cáncer y no habría gentes tan taradas como Freud, que le anda dando dinero a los pacientes. Actualmente, más bien, uno se los saca.
Fíjense nomás la infamia del destino, si no hay una cosa que coincida, va uno a caer en aquellas cosas que van a reiterar la dinámica de equis problemática como para intensificarla. Se llamaba el dentista Wolf= Dr. Lobo; se hubiera cambiado a un Dr. Gato o un Dr. Mouse!
El síntoma de Freud y el cáncer aparecieron en el otoño de 1923 y presentaba dificultades en los dientes; el síntoma del paciente apareció en febrero de 1924.
El paciente ya había tenido, en su adolescencia, problemas con la nariz: había sido fastidiado en la escuela por tenerla chata y en alguna ocasión se habían producido llagas que fueron tratadas con ungüentos.[188]
Obviamente tienen que salir a la luz todos aquellos recuerdos vinculados con la situación actual para darle una historicidad. Si Freud hubiera tenido un cáncer de mano, vamos a decir, pues se hubiera acordado de una luxación que tuvo a los doce años porque entonces el anzuelo que trae al pescado de abajo, es de la línea de las manos; ahora, el anzuelo que está trayendo es la línea de la cara.
Yo tengo una teoría un poco peculiar, que no he confrontado ni se me ha ocurrido profundizar, que está en relación con la elección del órgano. Yo pienso que independientemente de la naturaleza del conflicto: edípico, agresivo, control esfinteriano, canibalismo… yo creo que para la elección del órgano es muy importante la existencia de una enfermedad somática paralela.
Entonces, se va a hacer recaer en ese órgano una quemadura, una difteria, cualquier episodio somático que pudiera acontecer durante la época del conflicto.
Aquellos ungüentos fueron aplicados por el mismo médico que lo trató de la gonorrea. Posteriormente, se sentía orgulloso de su nariz y se burlaba de quienes tenían verrugas.[189]
…que es la madre. Ven aquí como es el enlace, madre-Freud, culpa, situación infantil, situación temprana, castración, prácticas eróticas, contacto sexual y juegos con la hermana, juegos con las niñeras, “te lo vamos a cortar…”, todo esto es un enlace que da una totalidad gestáltica muy homogénea, muy consistente y muy connotativa a pesar de que nomás sea un caso. Esto último lo digo con sorna, porque, a pesar de que es un caso hay una cantidad de material, de una abundancia extrema, en diferentes momentos, en diferentes cortes históricos, cortes dinámicos, en la vida actual, en la vida onírica, en la vida terapéutica, en la vida con su mujer, en la elección de objetos, en sus relaciones tempranas, en sus enfermedades. Hay una reiteración tal de elementos que tienen analogías, que establecen la analogía a pesar de no ser más que un caso; es un caso con una riqueza tal, que la analogía es terriblemente válida y terriblemente científica, ¿no?
El paciente volvió a preocuparse por su nariz y cuando su madre regresa a Rusia, en mayo de 1924, se descubre un grano y reaparece la constipación.[190]
La incorporación y la introyección del objeto no solamente es para agredir dentro de uno lo que por culpa no se quiere agredir en el exterior. Es decir, él no se agrede a sí solamente por la culpa de agredir a Freud en el exterior en tanto siente, omnipotentemente, ser el culpable de su enfermedad. También incorpora a Freud dentro de sí, no solamente por agresión, sino por amor. Ante el temor de perder a Freud, las partes amorosas de él lo hacen incorporarlo y agrede al objeto introyectado y a la vez lo ama. Aquí, claramente, el grano duro aparece cuando la madre se va. Una manera de conservar a la madre, como una manera de incorporar al objeto y al incorporar al objeto se niega que el objeto se ha ido.
Recuerdo un verso de Torres Bodet a la muerte de su madre, dice así:
“No has muerto. Has vuelto a mí. Lo que en la tierra
sepultaron los hombres
donde una parte de tu ser reposa
no te encierra; porque yo soy tu verdadera fosa”
Me tocó… Y eres tú, tú quien me toca,
Y aparte, también le sirve en la medida de la importancia que tuvo en esa época todo el programa de ser judío. Es decir, el poder poner una nariz fea en los judíos le exime. Es decir, el castrado va a ser el judío, no él, en un sentido más profundo.
El paciente enferma de gripa en Pentecostés. La terapeuta le hace notar que solo se enferma en los días de fiesta y él coincide, añadiendo que hasta su masturbación se efectuaba regularmente para las grandes ocasiones.[191]
Más allá de que en este paciente haya coincidido su nacimiento con la Nochebuena, en la medida que es significativa para todo niño en nuestro mundo occidental la Navidad, está descrita una cosa (que obviamente no corresponde a un cuadro psicopatológico pero da una idea de cómo es la génesis actual. La actual, no la psicopatológica, ni la dinámica, ni la genética), que es la “Christmas neurosis”. Es muy frecuente que gente relativamente normal, haga cuadros de angustia, emergencias, y así la llaman los gringos “Christmas neurosis”. Inclusive llevan la cosa más allá. Hay quien no encuentra más satisfacción en la vida que trabajar como mula y cuando sufren es cuando está descansando. Es la “weekend neurosis”. Era un puñetero de Pascua.
En una visita al médico que lo trató de aquella gripa transformada en neumonía, se regocija porque el médico tiene padecimientos renales. Es después de este incidente cuando descubre que el grano se ha transformado en un gran agujero.[192]
Pues obviamente es lo que pasó con la última visita a Freud y lo que pasó con el suicidio de la hermana, se complació con la racionalización de que iba a tener más dinero. Aquí se enlaza el deseo agresivo manifestado concientemente hacia el médico, con el cual había menos vínculos que con Freud. En vez de tener, digamos, una enuresis o tener una retención renal o un cólico renal, lo que aparece es el grano, que sería su vínculo con Freud estrictamente, aún cuando ideativamente el deseo de “que bueno que el médico estuviera enfermo”, fue con el nefrólogo y no con Freud mismo.
Se incia la preocupación del paciente por su nariz y fue cuando empezó a guardar un espejo en su bolsillo, que miraba constantemente. Creía además “que todo el mundo miraba el agujero de su nariz”.[193]
Aquí el elemento paranoide es mucho más importante que el hipocondriaco. Es decir, ya transformó en objeto perseguido a la nariz misma. No solamente es un órgano que persigue, sino también es un órgano que puede, a su vez, ser perseguido, espiado, controlado por los demás en la medida que está creciendo su agujero.
El paciente consulta con un médico que decide curarle las glándulas sebáceas con un tratamiento similar al que le había ordenado cuando tenía doce años. El paciente, por lo demás, regresaba siempre a los mismos médicos.[194]
En este caso la elección de órgano se puede visualizar con bastante claridad.
La nariz del paciente se enrojece como el médico había previsto y la mujer tira las medicinas que le habían sido recetadas.[195]
Su mujer era también una fregona, una vieja mula.
El paciente, antes de salir de vacaciones, va al dentista que le extrae un diente que, a la postre, estaba sano. Las vacaciones transcurren sin incidentes. El paciente pinta y olvida, en buena medida, los problemas de su nariz y de sus dientes.[196]
Probablemente ese crecimiento narcisista, más allá de que sea la nariz, más allá de que sea hipocondría o persecución consiste en darle un valor tan omnipotente, tan narcisista, al Yo corporal.
No solamente en el área del Yo físico de su nariz respingada o no respingada, si está chata o si está roja… al parecer gran parte de su libido está concentrada, gran parte de sus impulsos están concentrados en su propio Yo; es un narcisismo brutal en todos los aspectos, hasta los más elementales de la situación narcisista, ¿no?, el Yo corporal: aspecto somático, vestuario y demás.
Ruth Brunswick, a sugerencia de Freud, compara a los dentistas del paciente con sus sastres, a quienes rogaba y sobornaba.[197]
Aquí hay algo interesante. No es banal que Freud, Ruth Mack Brunswick, Muriel Gardiner… Un traje se hace más o menos en 15 días, pero un análisis tan prolongado, tan costoso… y se echó tres, y ya iba en el cuarto, y si hubiera vivido cien años, se echa otros dos más, y sería la continuación de la continuación de la continuación.
Ahora que cuando uno oye a un paciente que fue a un sastre y no quedó satisfecho, pues “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar” y la interpretación hay que hacerla transferencial, es decir: “de la misma manera que no le gusta a usted el trabajo que le hacen los sastres, pues tampoco le gusta el trabajo que le estoy haciendo yo y me dice que sí para complacerme, pero en realidad no le gusta el traje que le estoy haciendo”.
Y aquí había que sacar la agresión, porque, ¿qué pasó con la agresión que nunca salió?, ¿por qué era tan honesto, tan bueno? Se querían tanto él y Freud. Pues la agresión que no salió en la sesión terapéutica, le salió en la nariz.
Alumno: Pero él encontró cuando menos tres analistas que lo apapachaban y él era igual de chinche* con todos.
Claro, todo el mundo encuentra sastres a quien fregar. La enfermedad es de él y los respectivos terapeutas ¿no? Es decir, parece que Freud lo mandó a Mack Brunswick porque él ya estaba harto. La escuela americana diría que su capacidad plástica es una área libre de conflicto porque en un cierto sentido está utilizando un “área libre de conflicto” en un sentido optativo… está libre de conflicto la creación de Van Gogh, que es adaptativa; es adaptativa, pero realmente tienen mucha similitud sus auras luminosas con el color con el cual pinta sus girasoles. Puede ser que tengan mucho de adaptativo las obras de Dostoievsky, pero tan parricidas son los Karamozov como sus crisis epilépticas. Lo que pasa es que en ocasiones, la dinámica de un problema, de un conflicto, se expresa en una área socialmente afectada o adaptada. No estoy hablando de la palabra —adaptación— en el sentido que interpretan los fromnianos, como sumisión. Adaptación es establecer un equilibrio entre el Yo, la realidad y los impulsos. Esto no implica que sean marxistas o guerrilleros, el Ché Guevara o Pinochet. La adaptación no tiene que ver nada con la sumisión a un sistema; tiene que ver con el equilibrio de fuerzas dentro del aparato psíquico y con la realidad. A eso es a lo que yo llamo “adaptación”.
Éste se siente adaptado cuando está pintando y cuando la sociedad no le reprocha que pinte e incluso le compra su cuadro. Un ejemplo concreto: tengo una chica terapeuta a quien superviso. No tiene mucho dinero, es joven y pinta cosas. El padre hizo un trato con ella: “te va a comprar los cuadros que pinte para que pueda pagar su terapia”.
Parecería que el área está libre de conflicto, están los cuadros que pinta y pinta bien, efectivamente; pero son cuadros esquizo-depresivos brutales. Pinta exclusivamente paisajes con ramas secas, trozos de árboles que arroja el mar, objetos muertos, troncos, nidos vacíos, etc. Si bien es cierto que pinta para pagar su terapia, no menos cierto es que el conflicto está allí. Que ese conflicto no la fuerce a desadaptarse en esa área concreta, no quiere decir que el área esté libre de conflicto.
En el otoño-invierno de 1924-2, no pasa nada, el paciente llega a olvidar dónde estaba el agujero de la nariz. Vuelve a perseguir mujeres en la calle. Ruth Brunswick recuerda una situación similar ya relatada por Freud. Ahora, el paciente contrata los servicios de las prostitutas, pero por temor a la gonorrea, sólo se masturba frente a ellas.[198]
¿Se dan ustedes cuenta? Cuando no es una cosa es otra. Si no está sucio de la nariz, está sucio por el collar que recibe de Rusia o está sucio por andar tras de las pirujas en la calle.
Todo alrededor del diagnóstico de cáncer de Freud. Claro que el cáncer de Freud no es capaz de producir una neurosis obsesiva. Imagínense, hubiera tenido Freud, desde que le diagnosticaron cáncer, una serie de hombres con puras neurosis obsesivas. Se necesita tener algo previamente. La serie complementaria de este cuadro clínico, que tiene una especificidad, es de él y de ningún otro.
El día de Pascua de 1925, reaparecen los síntomas. El día de Pentecostés asiste al cine a ver “La hermana blanca”. La película le recuerda a su propia hermana. Visita a otro médico que le dice que no hay tratamiento para su mal nasal. El paciente se desespera y el médico le dice que no se puede hacer nada. Para el paciente es el fin, “ya no podía seguir viviendo”.[199]
Se está refiriendo autoplásticamente a aquello a lo cual no se refiere aloplásticamente en la persona de Freud, pues es obvio que no existía ninguna medicación. De aquí hasta el 39 fueron más numerosas las intervenciones que sufrió Freud, que las que sufrió el Hombre de los Lobos: 16 o 17 operaciones. El dato concreto no lo recuerdo.
Imagínense la contratransferencia. Si uno tiene un cáncer real, ¿cómo va a vivir estas fantasías hipocondriacas de destrucción, de fin del mundo, de irreparabilidad? ¿En qué medida va a tener eco en la propia problemática del terapeuta, la comunicación de un paciente cuando esta comunicación coincide con problemas reales del terapeuta? En ese sentido, somos bombardeados, y probablemente nuestra profesión es más patogenizante que cualquier otra en tanto que está siendo uno bombardeado permanentemente por agresiones, abiertas, encubiertas, introyectadas, extrayectadas, diferidas, desplazadas en forma persistente y constante.
El paciente visita a otro médico que le extirpará la glándula. Cuando brota la sangre, el paciente está extasiado y considera que este milagro lo ha salvado del desastre.[200]
Aquí, son los que delinquen por sentimientos de culpa. El castigo recibido, por intenso que sea (10 años de cárcel), es bastante menor que el castigo imaginado. Entonces, si el médico le sacó una poca de sangre, ante la magnificencia megalómana de lo que iba a pasar con su agujero, esta sangre era poca cosa que lo alivió de todos los brutales sufrimientos internos. Entonces pasa del suicidio al milagro.
El paciente vuelve a preocuparse por su nariz cuando la costra de sangre se desprende. Luego, visita nuevamente al dentista (ahora a uno que le recomiendan en la oficina). Éste le dice que su mal yace en sus dientes, incluso que la causa de lo que sucede a su nariz.[201]
Esto es lo que llama Bloider “el pensamiento indisciplinado y autístico en la medicina”. Es decir, la concomitancia hace que, muy frecuentemente, los médicos le den valor causal —y es tan mágico como pensar que si voy pasando por un puente y me da un infarto, el puente es la causa del infarto—. No tienen ustedes idea en qué medida los médicos proceden con esta magia concomitante, sobre todo ante los éxitos terapéuticos. Una inyección de calcio que alivia los síntomas cuando lo que se está poniendo en movimiento con la inyección de calcio son la presencia del médico, la manipulación, la magia, la ceremonia, y mil causas que pueden ser efectivamente productoras de la mejoría o de la no mejoría.
Tras una serie de peripecias con los médicos, los dentistas y los dermatólogos el paciente decide visitar a un nuevo especialista que vive, ahora, en la esquina de la casa de Freud.[202]
Insisto, yo soy médico y el 75% de los pacientes que ven los médicos en su consultorio (no con la intensidad de éste) reciben electrólisis, diatermia, electroterapias, vitaminas con igual ausencia de causalidad. Realmente los pacientes están esperando que se les dé algo, alguna magia y como paulatinamente la medicina está perdiendo su valor de magia, buscan a los psicoterapeutas. Muy frecuentemente también su terapia es válida por sus efectos y muy frecuentemente también, esto es usado por los pacientes para sus fines. Tenemos neuróticos muy instruidos.
El paciente se somete, ahora, a un tratamiento diatérmico (tras el electrolítico) y todo va bien (incluso paga “como un caballero”) hasta que su mujer, escandalizada le dice “¡Qué has hecho con tu nariz!”[203]
Entre la mujer, la verruga de la mamá, la verruga de la mujer, el cáncer de Freud, a este tipo le dieron, pero fuerte, ¿no?
Todos estos incidentes lo reconcilian con el primer dermatólogo, el Dr. Equis.[204]
Si él se sentía desesperado, imagínense cómo se sentiría el Dr. Equis.
El paciente, ahora, vuelve a preocuparse por sus dientes y visita a seis dentistas distintos. El último, una autoridad, se llamaba Dr. Wolf.[205]
Este encuentra lobos por dondequiera.
El paciente se siente bien hasta la Navidad de 1925. En la época de Pascuas de 1926, reaparecen los síntomas. Visita a Freud para recoger el dinero anual de la colecta y visita a otro médico. Su padecimiento ahora, son las palpitaciones cardiacas, que atribuye a un exceso de aceite de bacalao. El médico le diagnostica una neurosis cardiaca.[206]
Tenía una neurosis cardíaca, una psicosis cardíaca, una psicosis nasal, una psicosis de lobos, una psicosis de todos los tipos.
El 17 de junio, súbitamente, el paciente visita al dermatólogo que había recomendado la diatermia (finalmente, el paciente había decidido el tratamiento por electrólisis) quien le dice que las cicatrices no se le borrarían jamás pero que la línea blanca que se notaba podría enorgullecer a una prima donna. El paciente siente que estas palabras son como una limosna.[207]
¿Se acuerdan de los lisiados y el cariño que sentía el Hombre de los Lobos por éstos?
El Hombre de los Lobos concluye que el Dr. Equis es su más mortal enemigo.[208]
Abril 11, 1978.
Suplemento a la “Historia de una neurósis infantil “ de Freud (1928) Ruth Mack Brunswick
Iban a surgir en el análisis actual una serie de rasgos caracterológicos que Ruth Mack Brunswick piensa son rasgos nuevos aún cuando ya se podían detectar, obviamente, en el curso del análisis inicial con Freud. La situación transferencial del Hombre de los Lobos condicionó una contra-transferencia en Freud muy similar al deseo del regalo de Navidad y la duplicidad de regalos que el paciente esperaba en su infancia y ahora se le daba como colecta anual.
Vamos a ver los sueños del Hombre de los Lobos.
En un primer sueño, el paciente repite la imagen, bien conocida de los lobos pero ahora son grises.
El segundo sueño relevante es relatado por Ruth Mack Brunswick como sigue: (El paciente) “Se halla de pie en la proa de un navío llevando una valija que contiene joyas: los aros de su esposa y su espejo de plata. Se apoya en la borda, rompe el espejo y se da cuenta de que, como consecuencia, tendrá siete años de mala suerte”.[209]
Este sueño delata una forma preconsciente, da un indicio al analista, de su deshonestidad en materia económica. En este sueño tiene la honestidad de revelar su deshonestidad. Luego vienen todas las asociaciones correspondientes: esconder las joyas que el sujeto creía muy valiosas colocando y proyectando su propia tacañería, real o fingida, en la esposa. Le atribuye a la esposa el deseo de conservar las joyas, para no atribuírselo a su propia mezquindad.
Parece que la palabra “proa”, en ruso, tiene también la significación de nariz, está el problema del espejo y el problema a los siete años, que es el tiempo que ha transcurrido desde su análisis con Freud, y, en fin, ésta propia situación.
La cadena es muy importante. Parece que la neurosis inicial se desencadenó con la gonorrea, una de las cosas más siniestras en la adolescencia de este muchacho. Además, se juntó con el suicidio de la hermana y probablemente aquí, la recaída de la enfermedad tiene que ver con el cáncer de Freud.
Parece como si hiciera emergencia, en virtud de un hecho real, toda una problemática subyacente y la elección del síntoma.
Piensen ustedes que es una escalera y en la escalera se encuentra el problema del lobo, del sastre, y todo eso se encuentra vinculado con que se caiga el lobo, se caiga el sastre; se encuentra, además, mucho más vinculado a un problema de “muerte súbita” que toda su segunda sintomatología que es muy pertinaz, necia, crónica, reiterada, repetida, con un carácter agudo y crónico muy persistente.
Podemos ver una gran similitud con todo lo que iba a sufrir Freud, operación tras operación. Además, si bien es cierto que la elección de órgano se encuentra basada en sus propios motivos infantiles, en la verruga de la madre y demás, no menos cierto es que es un órgano de bastante similitud con el maxilar, de manera que el sujeto “hace” o coloca en sí, todo aquello que le acontece a Freud y le da una importancia que el mismo Freud no da a su propia enfermedad —manifiestamente.
Claro que hay mucha diferencia entre un cáncer en el maxilar y una hipocondria de la nariz, porque la hipocondria de la nariz es una cosa totalmente alucinada y el cáncer es una cosa real. No vamos a decir que un canceroso tiene hipocondria del órgano.
Como ustedes ven, en este sueño se pueden encontrar concentrados el análisis con Freud, los fenómenos actuales, la elección de órgano, el rasgo de carácter psicopático y la necesidad de denunciar, probablemente por culpa, su enfermedad. Porque imagínense ustedes que, sobre el hecho de estar lesionado Freud, como si fuera poco para incrementar su culpa, recibe un regalo, engaña a Freud, se muestra deshonesto y entonces realmente la obsesividad de estarse viendo en el espejo en forma permanente, o, como dice la sirvienta de Mack Brunswick, estarse moviéndose en la sala de espera como loco, es como la obsesión de un canceroso real respecto a la progresión de su cáncer.
Al parecer lo que en Freud se desarrolla en forma autoplástica, que es una destrucción permanente, en éste debe desarrollarse en forma aloplástica: el mundo, el cirujano X, el grano, la glándula sebácea, etcétera. Este realmente está actuando en el mundo exterior, viendo médicos, buscando colectas, buscando una situación que Freud seguramente está viviendo como una persecución real del órgano, un órgano que realmente está amenazando con destruir, con acabar vitalmente con el sujeto.
Me merece todos mis respetos Ruth Mack Brunswick pero tiene una serie de actitudes no analíticas (yo creo que también a ustedes les parecen obvias): relatarle que no ha hablado con Freud de su caso, decirle que no han intercambiado situaciones, que no tiene toda la amistad social de Freud, dado que no asiste a las reuniones científico—sociales realizadas en su casa (no era necesario ser médico para asistir a ellas, sino tener más o menos un nivel académico). Todas estas aclaraciones son aclaraciones, no interpretaciones, es obvio.[210]
Vamos a suponer que se estuviera analizando con un analista que no tuviera nada que ver con Freud, entonces hubiera debido dar un rodeo muy grande para llegar a demostrar la mentira implicada en las fantasías del sujeto.
Todo este tipo de actuaciones técnicas son totalmente antianalíticas, es decir, habría que investigarlo más. En vez de decir que intercambian poca relación, habría que decirle “¿que le hace a usted pensar que intercambiamos información?” No decirle que no intercambiaban sino, sobre esta pista, seguir las fantasías de él: ¿por qué quiere ser el hermano preferido?, ¿por qué quiere ser preferido a la hermana?
Pregunta: ¿En este caso es dudoso que no hubieran intercambiado información con Freud, no?
Sí, claro, máxime que Freud es el médico remitente. Pero habría una cosa que me parece importante: independientemente del intercambio de información, de que no fuese una cosa de paranoia megalómana ser objeto de la ocupación de los terapeutas, independientemente de ser una megalomanía o una cosa real, había que ver atrás de eso.
Dice: “la esposa era una tacaña”, pero independientemente de que la esposa fuera una tacaña o no, él sí era un tacaño y colocaba en la tacañería de la esposa su propia tacañería y su propia deshonestidad. Él tenía una gran necesidad de sentirse superior, de sentirse querido, protegido, muy importante e independientemente de que intercambiaran información, a él le servía esta suposición real o ficticia para sus propios fines ¿no?
Este tipo de problemas analíticos son mucho más frecuentes en los análisis didácticos que en los terapéuticos, porque en los análisis didácticos siempre hay contacto a través del Instituto, a través de la enseñanza, a través de la información lateral de un grupo muy cerrado, donde hay tantos chismes como en los conventos o en las casas de prostitución.
Pero independientemente de que todas estas cosas sean realidades, deben usarse con el objeto de colocar sobre ellas realidades de su propia patología. Otra persona podría sentirse muy angustiada frente de la enfermedad de Freud, tener fuertes sentimientos de culpa, tener una actitud de misantropía, tener una actitud de otro tipo o con otra derivación, pero éste hace su propia derivación ante un hecho real: que Freud tiene cáncer y le va a dar una salida de acuerdo a su propia situación.
Ahora, en una ciudad chiquita, cerrada, con los mismos médicos, todo el círculo sabía que Freud tenía cáncer, había sido operado por un cirujano dentista y él elige un órgano que le permite establecer una identificación con Freud para satisfacer así su sentimiento de culpa— de la misma manera que su primera enfermedad le permitió hacer una identificación con la hermana y satisfacer su sentimiento de culpa por su suicidio.
Lo cual no quiere decir que hubiera deseado tanto la muerte de Freud como la muerte de la hermana. En ambos casos esperaba deshonestamente, tanto de la hermana como de Freud, una herencia. La muerte de la hermana traería como consecuencia no dividir la herencia y, a la muerte de Freud, él recibiría un legado que le permitiría satisfacer una serie de necesidades infantiles no satisfechas. Se trata de obtener así un doble legado. Podríamos decir que ese es el hombre de la “neurosis-psicosis”, desea que le regalen y al parecer lo logra porque es una cosa inusitada que un terapeuta haga colectas para obtener dinero para un paciente (esto está fuera de toda tesis técnica) y luego, que le mande al enfermo a un alumno y además, lo mande con la recomendación de que no pague; es decir, todo está viciado aquí.
Pregunta: ¿Pero también con sentimientos de culpa, no?
Claro, claro, ¿por qué se “curó”?, ¿qué circunstancias hubo? Pues sepa Dios. Se han hecho una serie de investigaciones muy acuciosas acerca de por qué la gente se cura, de por qué la gente mejora, por qué la gente cambia de actitud, por qué se quita un síntoma.
En la Menninger se ha seguido, mediante análisis fuera de todo el proceso; sólo están estudiando los eventos que se dan en la situación terapéutica. Esos eventos, en ocasiones, son tan importantes como para significar la curación. De nuevo vuelvo a lo que he reiterado: el análisis es una técnica extraordinaria de conocimiento de la personalidad, como no hay otra teoría de la personalidad con esa capacidad para disectarla, para analizarla; pero, como técnica terapéutica, es muy difícil de evaluar.
Viene luego otro sueño donde le empieza a surgir, como dijo Mack Brunswick, todo lo que se trabajó en el segundo análisis; más que material infantil, material no resuelto. Ella usa una palabra en alemán —que en inglés viene siendo working through y que en castellano es “elaborar”. Toda la transferencia no elaborada en el primer análisis se está haciendo en el segundo y la intermediaria de esta elaboración es Ruth Mack Brunswick, con la ventaja de no tener que afrontar, como con Freud, sus deseos deshonestos hacia Freud con tanta culpa.
Ruth Mack Brunswick relata un sueño más:
“El padre del paciente, un profesor en el sueño, pero sin embargo parecido a un pobre músico ambulante que el paciente conocía, se sienta frente a una mesa y advierte a las otras personas presentes que no hablen de cuestiones financieras delante del paciente, dada su tendencia a las especulaciones. La nariz de su padre es larga y corva, lo que sorprende al paciente es el cambio”.[211]
El paciente es chato, ya vimos todos los apodos que le ponían identificándolo con los perros chatos, cuando joven.
Por una parte, en la situación de un pobre infeliz emigrado ruso, considera a Freud el “profesor”, con todo el significado que tiene ser “profesor” alemán. Por otra parte, no es menos cierto desde el punto de vista del hacendado ruso rico, lleno de las posibilidades de la Rusia zarista, que se considera fundamental y sustantivamente un hombre muy rico y considera al profesor un pobre diablo, por eso se parece al padre del paciente, a la vez que el padre aporta la parte histórica: era una gente muy importante y termina perdiendo su fortuna, tiene una serie de enfermedades que lo postran — ataques melancólicos y otros.
De tal manera que el padre es simultáneamente el hombre fuerte y el pobre profesor parecido a un músico ambulante. Él es quien está especulando con el dinero, con lo que la gente hace y aquí dice, que no se hable de cuestiones financieras delante del paciente. Está diciendo:”no me hable usted de mi deshonestidad”.
Aquí dice: “…La nariz de su padre es larga y corva, lo que sorprende al paciente por el cambio…” Está haciendo alusión a que el padre soñado, no es el padre real. Y tampoco tenía la nariz ni tan corva, ni tan larga; pero Freud era judío, y es obvio que en este orden de ideas trata de representar, en un símbolo, un significado: que el judío tiene la nariz larga y corva.
Como ustedes ven, sigue elaborando a través de los sueños el problema de su deshonestidad con Freud y de su problemática en la relación interpersonal con él.
Tercer sueño:
“El paciente yace en un diván en mi consultorio. Repentinamente aparecen una estrella y una brillante media luna cerca del techo. El paciente comprende que se trata de una alucinación y, desesperado porque cree estar volviéndose loco se lanza a mis pies”.[212]
La luna y la estrella significaban Turquía, la tierra de los eunucos. Por esta vía está diciendo qué hace a través de su conducta deshonesta; qué hace a través de sus mentiras y a través de sus síntomas: está castrando a Freud, quien realmente está siendo castrado (por la pérdida del maxilar) no solamente simbólica, sino realmente; y el paciente, en virtud de esto, lo vive y lo visualiza como una mutilación desplazada de arriba a abajo, un desplazamiento genital. En función de la culpa, empieza a hablar del hoyo y del hoyo y del hoyo y realmente está significando la pérdida de algo muy valioso: su naricita fina y delicada. Está significando la pérdida de un valor, en virtud de todas estas situaciones deshonestas y de los deseos de muerte contra el padre y contra Freud.
Otro sueño:
“En una calle ancha hay un muro con una puerta cerrada. Hacia la izquierda de la puerta hay un guardarropa amplío y vacío con cajones rectos y ladeados. El paciente está frente al guardarropa; su mujer, una figura sombreada, está detrás de él. Cerca del otro extremo de la pared se halla una mujer grande y pesada que mira como si quisiera dar la vuelta y pasar al otro lado. Pero detrás del muro hay una manada de lobos grises que se agolpan contra la puerta o corren de un lado a otro. Tienen ojos centelleantes y es evidente que quieren lanzarse contra el paciente, su mujer y la otra mujer. El paciente, aterrorizado, teme que logren atravesar el muro”.[213]
Aquí es obvio que los representantes del sueño son el paciente, la esposa del paciente —que dice él que es quien lo orilla a la deshonestidad—, la terapeuta actual y la posibilidad de que todas las mentiras centradas en el sueño del Hombre de los Lobos retornen amenazadoramente a devorarlo, dado que la manera de pagar la defensa contra los lobos fue deshonesta. “Con la mano que hieras serás herido”. Va a retornar todo aquello que en un momento determinado fue solucionado por su primer terapeuta pero que, por haber sido deshonesto con él, va a retornar en forma alucinante como se ve en el sueño.
En un cierto sentido, el conocimiento cabal del caso no hace muy precisas ni necesarias las frases a la manera antigua de: “qué asocia usted con esto, qué asocia usted con aquéllo, qué se le ocurre con ésto”, porque realmente uno está asociando, con una atención flotante, con el material recolectado y que está jugando dentro de uno. Si no hay problemas contra-transferenciales significantes va a emerger y va a dar margen a que se vaya estableciendo un diálogo a partir del material del paciente. Podríamos decir que el análisis es un diálogo donde el tema es uno de los participantes.
Quinto sueño:
“El paciente y su madre se encuentran en una habitación; uno de los rincones está cubierto de íconos. Su madre descuelga los íconos y los arroja al suelo. Los íconos se quiebran en pedazos. El paciente se sorprende de la conducta de su piadosa madre”.[214]
No sé si ustedes tuvieron la sensación de que cuando Freud cambió de ideas y ya no se dejó chantajear y, a raíz de ese cambio de actitud de la terapeuta, se condicionó un cambio en el paciente y los propósitos “económicos” de la enfermedad —recibir regalos, afecto, cariño, protección, “ay, qué bonito eres”, “ay, que bueno eres”, “qué interesante tu caso” dejaron de ser válidos.
Parece que a raíz y a partir del conocimiento del caso logrado por la terapeuta fue cambiando su actitud contratransferencial con respecto al material que inicialmente le había dado (transferencialmente) el paciente, y en vez de decir: “no, no te quiero, no te hagas el apapachoso, ya se acabó aquí la pachanga*” no se trata de este asunto, le dijo “tienes que enfrentarte a las cosas tal cual son”. Entonces, surge este sueño del paciente y de su madre, a partir del cual la terapeuta piensa que se inició la curación.
Al romper los íconos su madre, ya no resultó tan piadosa. La terapeuta le rompe todas sus fantasías, todas sus pachangas y la mejoría parece iniciarse. Ruth Mack Brunswick lo atribuye a una condición histórica, socio-económica, casi racial, ¿por qué los rusos en el exilio se adaptaron en empleos tan diferentes a la condición económica que habían tenido cuando vivían en la Rusia zarista? En París les va muy bien de meseros y Ruth Mack Brunswick dice que por eso el Hombre de los Lobos se sintió tan bien en un empleo tan diferente al de su condición histórica. Yo creo que él asumió que la terapeuta iba a asumir un juicio de realidad y muy posiblemente, no lo sé, ya va viendo venir que le iban a cobrar. Se había acabado la papa*, se había acabado la colecta y le iban a cobrar.
Ya no tenía función la terapia. Tenía sus colectitas, sus joyas, con quien hablar y sentirse importante y cuando presiente que ya todo se desbarató, que todos esos íconos no tenían valor (tenían el valor de una mugrosa veladora*), entonces hace que la terapeuta, en el sueño, exprese lo que él está sintiendo “ya me está rompiendo ésto. Todas las imágenes religiosas y fantasiosas con respecto a mi propia persona”.
Entonces Ruth Mack Brunswick siente que en ese momento el paciente experimenta el cambio cuando tiene otro sueño, al día siguiente, que consistía una clarificación.
Sueño número seis:
“El paciente mira a través de una ventana hacia una pradera, más allá de la cual hay un bosque. El sol brilla entre los árboles y salpica la hierba con reflejos; las piedras de la pradera tienen un curioso tinte violáceo. El paciente observa en especial las ramas de cierto árbol y admira la manera como se entrelazan. No entiende cómo todavía no ha pintado ese paisaje”.[215]
Es obvio que es un sueño antagónico al sueño de los lobos. Aquí el bosque es bonito, el sol resplandece; es de día, no de noche; es verano y no invierno, en fin, ya todo aquí es bonito y todos se fueron a la playa.[216] Parece un colorín colorado* de la situación inicial.
Sigue una serie de sueños que aclara la relación padre-hijo y señala el comienzo de la libertad del hijo.
“Un joven austriaco que vivió muchos años en Rusia y perdió allí todo su dinero visita al paciente. El joven austriaco ocupa ahora una posición menor en un banco de Viena. Se queja de dolor de cabeza y el paciente le pide un polvo a su mujer sin decirle que es para su amigo, temeroso de que no quiera entregárselo. Para sorpresa del paciente, ella le da además un pedazo de torta que, sin embargo, no alcanza para él y para su amigo.”[217]
Es obvio: el joven austriaco que perdio su dinero es él, está aceptando la posición de un empleo menor en un banco. Por otra parte, todavía se resiste a renunciar a su hipocondria y coloca en el dolor de cabeza de su amigo sus propias molestias hipocondriacas y va a pedir a su mujer polvo.
Le pedía polvo en su identificación femenina con su esposa dado que el deseo de castrar a Freud implicó el ser castrado por Freud, y el ser castrado por Freud implicó a su vez una posición pasiva y ser “cogido” por él. El deseo de ser “cogido” y a la vez el temor de ser “cogido”. La asunción de: “qué molesto tener un grano en la nariz”, pero a la vez, se empolva la nariz como si fuera mujer, utiliza el espejo como si fuera mujer, etc., etc.
“El paciente se halla en el consultorio de un médico de cara llena y redonda (como el profesor X). Teme no tener suficiente dinero en el bolsillo para pagar al médico. Sin embargo, el médico le dice que sus honorarios son moderados y que estará satisfecho con 100.000 kronen. Cuando el paciente va a retirars, el médico trata de persuadirlo de que se lleve algunas piezas de música antigua, pero el paciente se niega y le dice que no podría darles uso alguno. En la puerta el médico lo fuerza a aceptar algunas postales coloreadas que el paciente no tiene el valor de rechazar. Repentinamente, aparece el analista (mujer) del paciente vestida como un paje, con pantalones cortos de terciopelo azul y sombrero de tres picos. A pesar de la indumentaria, que es más de un adolescente que masculina, luce muy femenina. El paciente la abraza y la sienta sobre sus rodillas”.[218]
Aquí sigue el problema de si 100,000 kronen según el cambio en Rusia era poco o era mucho. ¿Qué significado tiene?, ¿qué significado tiene darle un contenido neutro a la terapeuta? Ni hombre, ni mujer, sino como paje. Estos son los sueños que transcurren en el curso del trabajo con la terapeuta actual.
La psicoanalista ofrece el siguiente diagnóstico: paranoia de tipo hipocondriaco. Los puntos en que apoya su diagnóstico son:
1. El delirio hipocondriaco,
2. El delirio de persecusión,
3. La regresión narcisística,
4. La ausencia de delirios,
5. Ligeras ideas de referencia,
6. Ausencia de deterioro mental,
7. Cambios de carácter,
8. Naturaleza monosintomática y,
9. El éxtasis típicamente psicótico.[219]
Aquí señala y hace una explicación muy clara de cómo, atrás de la persecución del órgano, se encuentra una situación paranoica y cómo los fines pasivos en un contenido delirante pueden expresarse hipocondriacamente, sometiéndose al órgano paranóicamente, sometiéndose a un delirio y perversamente, practicando una homosexualidad pasiva.
Ruth Mack Brunswick va de arriba hacia abajo. Está haciendo un diagnóstico, en cierto sentido, por estratos.
Más adelante entra a los “mecanismos” utilizados por el paciente y finalmente a los “problemas”,
Ruth Brunswick discute los efectos de la técnica que fija límites al tratamiento: por un lado, el terapeuta puede considerar que todo el material está “sobre la mesa”; es decir, que todo lo que era relevante en el inconsciente ha pasado a ser consciente. Sin embargo, la “elaboración” por parte del paciente remite el problema de la terminación del análisis tiene que ser decidido por el paciente mismo. Por otro lado, el anuncio que Freud hace de la terminación del análisis cuando éste estaba estancado, permitió la aparición de una verdadera corriente que fluía desde el inconsciente para aclarar completamente los significados de los sueños.[220]
En el artículo de Freud, escrito en Inglaterra, ya en el exilio, Análisis, Terminable e Interminable, retoma, para hablar de “terminación de análisis”, el tema del Hombre de los Lobos y el aspecto técnico de dar tiempo a la terminación del análisis.
Hay bastantes trabajos acerca de este tema, incluso nacionales. Hasta un artículo mío, sobre terminación de análisis.
Es muy frecuente que cuando uno avisa sobre la terminación de análisis, lo que acontece en los pacientes es una regresión, una reactivación de los síntomas iniciales, una condensación de los mismos en un intento de “si logré tanta atención por mis síntomas, cuando se inició el tratamiento, es posible que utilizando igual técnica y recrudeciéndola la pueda volver a lograr”. Esto frecuentemente asusta a los analistas nóveles y entonces hacen intentos por prolongar la situación analítica, y la situación terapéutica ante el efecto logrado por las amenazas sintomáticas que el paciente ha puesto en movimiento.
Pero recuerden que en el mismo artículo, cuando Freud habla de dar fecha de terminación dice: “Cuando estamos dispuestos a hacer esto, tenemos que ser totalmente firmes con nuestra toma de decisión”, y añade: “solamente un salto da el león”. Cuando se hace el anuncio, ese anuncio no debe cambiar.
Tengo la impresión de que el análisis, en tanto sea un aprendizaje, es interminable pero es significativo que llega el momento cuando ya no es “económico”, desde el punto de vista de participación monetaria, emocional, etc. La prosecución de una situación analítica va a representar mucha inversión y va a representar pocos logros. Entonces, paciente y terapeuta, se ponen de acuerdo y establecen una fecha. Hay muchos estilos terapéuticos, hay uno que es macabro, no les digo el nombre del analista pero después de cinco o seis años, dice, de pronto: “Bueno, ésta fue su última sesión, hasta luego”. Es macabro. Yo habitualmente lo anuncio con 5 o 6 meses de anticipación para elaborar el problema de la terminación. La técnica que les relaté me parece un poquito despiadada.
En ocasiones, la fijación del término obliga al paciente a liberar un último fragmento retenido y tornar incómoda una situación en que el paciente se encuentra muy a gusto. Tras aclarar por que el paciente desarrolla una paranoia en lugar de retornar a la neurosis infantil, Ruth Brunswick discute el papel del sexo del psicoanalista. La mujer que psicoanaliza al Hombre de los Lobos, en su segundo psicoanálisis, es igualmente perseguidora, sólo que ahora ya está castrada.[221]
Si se hubiera vuelto a analizar con Freud quizás hubiera surgido, en virtud de la enfermedad de Freud, con una mucho mayor efervescencia y con una dramaticidad, brutalmente más grande, la psicosis. Mucho más florida que esta psicosis, que acá se veía atemperada, en tanto Ruth Mack Brunswick no era Freud —hubiérase llamado Adán Mack Brunswick— y era igual. El problema es que no era Freud y no estaba cancerosa; es decir, había una posibilidad de que la situación transferencial fuera bastante minimizada respecto a un analista que se está muriendo, al menos en la fantasía del sujeto.
Freud no se murió, en rigor, tan aprisa. Todavía duró bastante. Lo hubiera podido analizar a pesar de su cáncer, pero hubiera sido la situación psicótica mucho más delirante, si hubiera habido una confrontación real. Esto, en un cierto sentido, es como las esterilidades.
Es muy distinto que una niña a quien le nace un hermanito fantasee que se va a morir su hermanito —por hostilidad o desplazamiento que representan a afectos y posiciones antiguas— es muy distinto que esta niña fantasee que se le va a morir su hermanito y se le muera.
Crea una omnipotencia de las ideas muy frecuente en la constelación de las mujeres estériles como casi patognomónica de la esterilidad psicogénica irreductible, el nacimiento de un hermano, deseos hostiles hacia el hermano y la muerte real del hermano. Si bien es cierto que Freud frecuentemente dice que es igual la fantasía que la realidad, el deseo fantasioso que la realidad, obviamente no es lo mismo fantasear que se le muere un hermano, a fantasearlo y que se muera.
En este orden de ideas, el Hombre de los Lobos estaba fantaseando que Freud se muriera y Freud, realmente, se estaba muriendo, lo cual va a darle un matiz muy distinto a la fantasía de tipo psicótico.
Ruth Brunswick, discutiendo acerca del carácter curativo del sueño sobre la destrucción de los íconos propone dos elementos: en primer lugar, hacer concientes las reacciones inconscientes y en segundo lugar, lograr la elaboración de esas reacciones.[222]
Yo diría que menos de una décima parte del tratamiento analítico se nos va en descubrimientos y nueve décimas partes se nos va en elaboración.
Fragmentos
Sobre la neurosis traumática
Se llama “trauma”, en general, a una invasión de estímulos en una unidad de tiempo demasiado breve para ser asimilada.
De repente cae una bomba, la cantidad de estímulos es brutal, la posibilidad de absorción de esos estímulos es muy breve y entonces se crea una “neurosis traumática”. Las neurosis traumáticas de guerra se caracterizan por una regresión, por la pérdida del lenguaje, por transtornos del sueño y por una reproducción, más o menos periódica, cada vez que aparezca alguno de los elementos en los cuales originalmente se dio la situación traumática; por analogía, aún cuando no sea la totalidad de la escena: aparece cualquier elemento que haya estado en la escena y se reproduce la situación traumática. A eso se le llama “neurosis traumática”.
Mucho tiempo se pensó que estas neurosis traumáticas se “curaban” mediante la hipnosis. Durante la guerra se usó mucho la llamada “narco—síntesis”. Se medio atontaba al sujeto con pentotal, para conocer muy bien las circunstancias en las cuales había acontecido la situación traumática de guerra o de trauma. Más o menos se trataba de colocar al sujeto, en estado hipnoide o semi-anestésica, en la situación en la cual había acontecido el episodio y lograr que aquellos estímulos —que no se habían derivado por falta de posibilidades, por riesgos en el momento mismo del trauma y que ahora no existían— se abreaccionaran en aquellas respuestas que no se abreaccionaron en el momento de la situación traumática. Estuvo muy de moda al terminar la guerra. Hay un libro de Menninger que se llama Psiquiatría en un Mundo Transtornado que introdujo un método para sacar a los sujetos de su situación regresiva, pérdida de lenguaje, etc., y entonces se empezó a usar la “narco—síntesis”.
Yo no tengo más que un caso tratado de esto. Era una señora que se le enfermó su niño de una diarrea importante; docenas de evacuaciones diarias, el niño deshidratado. La señora vivía en La Piedad, Michoacán, traía al niño en ferrocarril y el niño se le muere en los brazos, el tren en marcha. La situaciones de pudor, de restricción social, le impiden echar el grito, el alarido y darle salida a todos los efectos concomitantes de que su hijo se le muere. Entonces hace una “neurosis traumática”.
El estímulo por una parte y por otra la incapacidad de que el estímulo se derive por las vías normales: debería llorar, gritar, jalarse los pelos, desesperarse, tener un compañero y abrazarlo. Estas posibilidades no estaban presentes, no existían y debe haberse acumulado un montante de estímulos tan brutal y en un tiempo tan breve y con tan pocas posibilidades de descarga que la señora hace una sintomatología de neurosis traumática, con pérdida del habla. Se investigan muy bien todas las circunstancias: ¿a qué hora había salido el tren?, ¿a qué médico iba a ver?, ¿a dónde?, se le mete el pentotal, se le recuenta la historia, se le coloca en la situación donde el niño que se está muriendo o ya esté muerto y se hace que la señora en estado semi-hipnótico o semi-amnésico, tenga la reacción de todo aquello que no derivó. Entonces, sintomáticamente, los cuadros se curan. Pero hay una cosa que es importante: no todos los sujetos hacen una neurosis traumática, se necesita un background, una situación neurótica previa que haga factible que el trauma sea neurotizante. Para que esta situación se transforme, es preciso que haya una causa previa eficiente para que la situación actual se transforme en situación suficiente, para que la situación traumática se exprese. Sin haber esta condición eficiente previa, la situación actual no va a ser suficiente para desencadenar una neurosis.
Es un programa de suma algebráica: a mayor impacto traumático, menor necesidad de causas eficientes para producir una descarga suficiente. Y la inversa: mientras mayor sea la cantidad de causas eficientes latentes, menor necesidad de estímulo actual para que dicho estímulo haga suficiente lo que podría haber sido eficiente.
Fíjense que además, la remembranza de la situación traumática si bien es cierto que puede ser eficaz, (desde el punto de vista terapéutico sintomático) no quita la posibilidad de que cualquiera situación traumática produzca la neurosis traumática; o sea que únicamente es una curación sintomática, en tanto que se le ha dado descarga, se le ha dado derivación a una causa efectiva pero estos sujetos son susceptibles de recaer en una situación análoga. De aquí que los principiantes quieren encontrar en determinada escena la esencia de la enfermedad, en lugar de ver que esta escena adquiere un signo en tanto que tiene un significado. Es decir, el Hombre de los Lobos, va a recordar este sueño, y no otro, porque este sueño es el que condensa mayor cantidad de elementos históricos acerca de la significatividad de su infancia.
La heterodoxia
…abren su changarro*, tienen un paciente y lo quieren retener, le hacen el manicure, el pedicure, la historia, le rebajan los honorarios, parado, acostado a la hora que quiera. No, yo estoy hablando en otros términos…
La longitud de la sesión analítica
Se hacían sesiones de 50 minutos, quitando 10 minutos porque Freud necesitaba un paciente más y, quitando 10 minutos a cada uno, lograba tenerlo. Ahora se hacen de 45 minutos porque el costo de la vida ha aumentado.
La relevancia del material asociativo
Por otra parte, yo creo que en un proceso de asociación libre, en el cual el sujeto está cuatro o cinco años en situación terapéutica; el montante, la cantidad de material que se nos brinda no es el de una “cifra significativa con un error probable”, es una cifra significativísima: asociaciones y asociaciones, relatos y relatos y relatos, todos los relatos que uno puede contar…
…es terriblemente difícil, dada esta abundancia de material, sintetizarlo en un tono congruente para exponer, quitando la paja y dejando los elementos sustantivos a un historial determinado.
La calidad curativa del psicoanálisis
…una magia y una omnipotencia que todos quisiéramos tener, pero lo logra con más exito la Virgen de Guadalupe y con bastante menos devoción el 12 de diciembre. En análisis son cinco sesiones a la semana y mucho más caro.
Los recuerdos
Ya les he dicho que llamo a los recuerdos encubridores “recuerdos pantalla”. Más que encubrir, simbolizan, son signo de algo, adquieren significatividad en tanto que pueden condensar en sí elementos de la historicidad de un sujeto determinado.
La herencia
Mis padres hablaban español, y mis abuelos y mis bisabuelos también, y eso no quiere decir que el español se herede. Quiere decir que todos hablaban el mismo lenguaje y todos aprendieron la misma neurosis.
El psicoanalismo
Esto puede ser factible en sujetos que hagan de su psicoanálisis un síntoma y caen en el psicoanalismo, donde una manera de evitar la confrontación de su Yo con la realidad es vivir en un perpetuo psicoanálisis. Una muchacha frígida después de seis años de análisis se encuentra en una situación erótica que puede culminar en una relación sexual. Puede defenderse muy frecuentemente diciendo: “espérate al lunes, a que analice a ver si puedo acostarme contigo o no”, y se queda en el puro faje, ¿no?
La asociaciónn “libre”
El sujeto tiene tan poca libertad que va a caer en sistemas reverberantes que van a hacer que su comunicación, más que libre, sea una asociación determinada por una serie de condicionantes procedentes de su historia y que va a ser condicionante de otra serie de elementos específicos y concretos. De manera que no tiene libertad y la “atención flotante” del terapeuta tampoco tiene nada de flotante, o su flotación estribaría en computar aquello que se repite y se reitera.
El deseo
En los sueños usted puede estar representando una cima alta o una cima baja con igual tipo de símbolos, usted puede estar representando, en un momento determinado, en un sueño; un deseo, con una representación formal de repulsa a ese deseo y lo está usted soñando como contenido manifiesto de repulsa. No obstante, subyacentemente, se encuentra con el deseo. O sea que repulsa y deseo se encuentran aunados en el inconsciente y expresar repulsa por deseo y deseo por la repulsa son una única cosa en el inconsciente
Sobre Fairbairn
El argentino Cárcamo, tradujo El Yo y los Mecanismos de Defensa de Anna Freud, que tuvo mucha influencia; esta escuela incorporó como algo muy importante las aportaciones de Anna Freud y las aportaciones de Fairbairn. A mí me tocaron las primicias de las primeras traducciones de Fairbairn y realmente eran terriblemente esclarecedoras. Yo personalmente, es en la línea de pensamiento donde me muevo.
Glosario
12 de diciembre: día en que se celebra a la virgen de Guadalupe, patrona de México.
Abusado: listo, vivo.
Ajusco: nombre de una montaña y un sitio de recreo en los alrededores de la ciudad de México.
Análisis didáctico: modalidad del tratamiento psicoanálitico diseñada para quienes aspiran a transformarse en psicoanalistas.
Apapachar: hacer mimos, sobar, hacer caricias.
Arapesh: habitante de las Islas de los Mares del Sur estudiados por Margaret Mead.
Bote: manera coloquial de llamar a la cárcel.
Cajeta: en México, un dulce de leche de cabra y azúcar, que puede tener sabores, ser quemada o envinada.
Calhidra: cal hidratada usada en la construcción.
Cebollitas: juego infantil mexicano donde los niños se sientan con las piernas abiertas, uno detrás de otro, y se abrazan para evitar que el primero de ellos, que es jalado por el «castigado», sea desprendido de la línea.
coger: fornicar, follar expresado en forma procaz.
Como chiva: loquísimo, incontrolable, desquiciado.
Coco: cabeza.
Colorín colorado: con la terminación este cuento se ha acabado; es la manera convencional de terminar los cuentos infantiles en donde todos son felices para siempre.
Coscolino: persona de costumbres lujuriosas.
Cría Cuervos: película del español Carlos Saura.
Cuzco: libidinoso, promiscuo.
Cuate: amigo.
Cuento colorado: chiste o historia subido de tono, procaz.
Changarro: tendajón, taller de segunda.
De pe a pa: de cabo a rabo, completo.
Chichis: es la designación de los pechos de las mujeres. El Nuevo Japón era una tienda de juguetes.
Chinche: molesto, fastidioso, mezquino.
Dar coba: elogiar sin medida, «darle por su lado».
Dar las nalgas: profundamente cargada de connotaciones sexuales, que quiere decir «rendirse» o «someterse».
Diana: aire militar de corneta para despertar a los soldados.
Díaz Ordaz: presidente de México que ordenó, en 1968, la masacre de estudiantes en la Plaza de Tlaltelolco.
Ensuciarse: defecar, cagar.
Faje: caricias, besos, juegos sexuales sin llegar a la penetración.
En tres patadas: rápidamente, en un dos por tres.
Enseñar el cobre: revelar la pobreza o bajos orígenes disimulados.
Fregando: molestando.
Fichar: tomarle la medida a algo.
Gorrear: vivir a expensas de otro, obtener algo gratuitamente.
Gringo: originario de Estados Unidos.
Güey: por buey, tonto, desidioso.
Hacer la meme: manera coloquial e infantil de decir «dormir».
Hacerse o no hacerse: mearse o no mearse.
Jalársela y sus variantes: son referencias a la masturbación, jaladas son ideas descabelladas.
La Piedad, Michoacán: ciudad en el occidente mexicano a 400 kilómetros de la ciudad de México
Latoso: algo es particularmente molesto, engorroso.
Le fue como en feria: todo le salió mal.
Los Panchos: afamado trío que tocaba y cantaba baladas románticas en los años 50 y 60.
Machote: Forma de cuestionario preestablecida usada, sobre todo, por la burocracia.
Madres: cosas, peyorativamente.
Mafufa: expresión para calificar una afirmación descabellada.
Maguey: variedad mexicana de cactus, ágave.
Manita de gato: remozado por encima, compostura provisional, superficial.
Mano: compañero, amigo, cuate. Apócope de hermano.
Marca diablo: impresionante, mayúscula, grande.
Me choca: me molesta, me incomoda, me fastidia.
Me lo eché o «me lo cogí»: triunfar sobre alguien. Las connotaciones son inmediatamente sexuales.
Menninger, Clínica: Clínica psiquiátrica, en Kansas, que introdujo la psiquiatría sin fármacos.
Milpa: sementera.
Mímica, decir con: juego común (y hasta un programa de TV) donde se debía representarse el título de un libro o de una película sin pronunciar palabra alguna.
Muestrero: agente de promoción de medicamentos que espera, acecha y vende nuevos productos en los consultorios médicos mediante el ofrecimiento de «muestras».
Mula: malo, ladino, rencoroso.
Nahuales: seres míticos mexicanos que suelen espantar, son personas transformados en animales. Pueden adquirir cualquier forma.
Nana: niñera.
Nano: masculino de nana, forma inexistente.
Nopales: las «tunas » son los frutos de los «nopales», variedad de cactus que aparece como parte del escudo nacional de México.
Pachanga: fiesta, desorden.
Papa: la comida, el sustento.
Papalote: cometa, barrilete.
Pencas: hojas de los nopales.
Pepito: personaje por antonomasia en los chistes mexicanos de color subido, que sólo piensa en asuntos sexuales y todo lo encauza por esa vertiente.
Pinche: mala palabra mexicana que expresa desprecio.
Piruja: puta.
Pirulí: dulce en forma cónica, con un palito para agarrarlo. Forma vulgar de llamar al pene.
Pito: pene.
Plaza Garibaldi: lugar de la ciudad de México donde se contratan músicos ambulantes.
Proceso: revista semanal de política que cuenta con una sección sobre eventos culturales.
Recibirse: obtener el título o la licencia. Se refiere a que recientemente se había graduado como médico cirujano.
Refregada: miserable, desgraciada.
Rollo: palabrería, relato largo y pormenorizado.
Sangrón: que es muy afectado, pesado.
Se le hacen todas: expresión que indica que todos sus deseos se veían satisfechos.
Secundaria: la educación media en México consta de 3 años de secundaria y tres de preparatoria, tras 6 de educación primaria o elemental.
Shorts: pantaloncillos cortos.
Sidral Mundet: bebida embotellada de manzana.
Taclear: derribar, jugada en el futbol americano.
Tal por cual: sujeto malvado, despreciable.
Tecamachalco: zona residencial de gente adinerada de la ciudad de México.
Torre de rectoría. La torre de rectoría es el edificio central de la Universidad de México, de doce pisos.
Tostón: moneda de 50 centavos.
Tunas: frutos de los «nopales.
Vale madres: no importa, se estropeó, ser absolutamente indiferente.
Vecindad: conjunto de humildes viviendas multifamiliares, con gran número de habitantes, típicas del centro histórico de México.
Veladora: vaso con cera que se prende en los altares.
[1] Sigmund Freud, Standard edition, tomo XVII, pp. 3-6.
[2] La International Zeitbleit für Psychoanalisis incluía una sección llamada “Foro abierto” (Offener Sprechsaal).
[3] Sigmund Freud, Obras Completas, tomo III, pp. 540 ss.
* Buscar en glosario.
[4] Standard Edition, loc. cit.
[5] Hans Ruesch, El País de las Sombras Largas, 1950. El País de las SOmbras Cortas, del mismo autor data de 1973.
[6] Standard edition, loc. cit.
[7] Freud, S., “Historia de una neurosis infantil”, Obras completas, tomo II, pp. 693-750.
[8] Ibid, p. 696-697.
[9] Ibid, p. 694.
[10] De hecho este texto fue escrito por José Luis González. Está citado en Infancia y destino, p. 141. Ed. Siglo XXI, 7ª edición.
[11] Ibid, p. 694.
[12] Op. cit., p. 695.
[13] Este libro apareció publicado por la UNAM en 1983.
[14] Op. cit., p. 696.
[15] En la Standard Edition, la palabra es “naughty” que no puede traducirse por perversa.
[16] Op. cit., p. 696.
[17] Loc. cit.
[18] Op. cit., p. 697.
[19] La edición en español dice “cochino”.
[20] Op. cit., p. 698.
[21] El problema de los matices de la negación, la denegación, etc. fueron tratados en otro curso, el curso sobre la verneinung, la negación.
[22] Cuando besaba las imagenes.
[23] Op. cit., p. 698.
[24] Freud describe a la institutriz como “aficionada a la bebida”.
[25] Loc. cit.
[26] Referencia al conductismo.
[27] Op. cit., pp. 698-99.
[28] Op. cit., p. 699.
[29] Paráfrasis del refrán “cada quien hace de su sayal un saco, de sus calzones un paracaídas y de su culo un papalote.*”
[30] Op. cit., pp. 699-700.
[31] Op. cit., p. 700.
[32] Loc. cit.
[33] Op. cit. p. 701.
[34] Op. cit., pp. 703-4.
[35] Op. cit., p. 704.
[36] Al cambiar la letra “m” en la palabra “comer”, por la letra “g”, queda “coger” que es una expresión, en México, para el verbo “fornicar”.
[37] Op. cit., p. 704.
[38] Op. cit., p. 704.
[39] Loc. cit.
[40] Era signo de status entre pachucos, chicanos y demás afortunados mexicanos habitantes de los EEUU que era felices poseedores de un automóvil durante la guerra.
[41] Op. cit., pp. 704-5.
[42] Op. cit., pp. 705-6.
[43] Op. cit., p. 705.
[44] Ver nota 47.
[45] “Retaliación” está usada en el sentido que tiene en inglés, como “revancha”.
[46] Op. cit., p. 705.
[47] Op. cit., pp. 706-7.
[48] Op. cit., p. 707.
[49] Loc. cit.
[50] Op. cit., pp. 707.
[51] Durante el resto de la exposición, la malaria se ha transformado en paludismo. En el curso mismo, SR hace la siguiente anotación: “En Sudamérica al acto sexual se le llama “polvo”, echarse un polvo; en México y Centroamérica “echarse un palo” y es la forma vulgar de aludir al acto sexual.” La anotación evita al editor caer en la tentación de explicar la sustitución que SR hace de la “mal-aria” por “paludismo”; además, se trata de la misma enfermedad.
[52] Op. cit., pp. 707-8.
[53] Op. cit., p. 708, nota (2).
[54] Loc. cit.
[55] Desmond Morris, Plaza y Janés, Barcelona.
[56] Loc. cit.
[57] Op. cit., loc. cit., nota (4).
[58] Sic. SRR cita de memoria. En realidad Novo escribe: Amar es percibir, cuando te ausentas,/ tu perfume en el aire que respiro,/ y contemplar la estrella en que te alejas/ cuando cierro las puertas de la noche.
[59] Op. cit., p. 709.
[60] Op. cit., pp. 709-10.
[61] El pie de página anterior relata de un conflicto que tuvo el paciente con un profesor de latín (llamado Wolff) que se mostraba extremadamente severo con el propósito de ser, posteriormente, apaciguado con dinero.
[62] Op. cit., p. 710.
[63] Freud, Anna, El Yo y los mecanismos de defensa.
[64] Freud, S., Interpretación de los sueños.
[65] Op. cit., p. 711, nota 1.
[66] Loc. cit.
[67] Refrán. “El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. De ahí deriva el soez contrarrefrán “el que a buen árbol se arrima, que buena meada se echa”.
[68] Loc. cit.
[69] Loc. cit.
[70] Loc. cit.
[71] Op. cit., p. 710.
[72] Op. cit., p. 711.
[73] Sic. SRR cita nuevamente de memoria. “aquello que fue ya es y aquello que ha de ser fue ya”.
[74] Dice el refrán: “El que nace pa’ maceta, no sale del corredor”. Semejante al anterior “el que es perico dondequiera es verde”. Una “maceta es un recipiente de barro para plantar flores, un “corredor” es un pasillo en donde generalmente se ponen las macetas, “Chapultepec” es el parque más grande y antiguo de la ciudad de México, los “ahuehutes” son una variedad de sabino muy grande que vive muchos años y que fueron típicos de Chapultepec.
[75] SRR juega aquí con una mezcla de adjetivos, algunos pertenecen a la lista de calificaciones que se otorgan en la universidad, otros pertenecen a la lista de palabras populares.
[76] “Suficiente”, “B” (bien), “MB” (muy bien), son calificaciones que se otorgan en la Universidad.
[77] Las “posadas”, en México, son nueve fiestas que se celebran antes de la Nochebuena. En ellas, típicamente, se rompe una piñata que es una olla de barro llena de dulces y fruta, que cuelga de una cuerda y a la que se le pega con un palo hasta que se rompe. Las piñatas están cubiertas de cartón y papel para que tengan toda clase de formas y representen a toda clase de personajes.
[78] Op. cit., p. 712.
[79] Referencia a un personaje de Lewis Carroll.
[80] Loc. cit., nota 1.
[81] Esta canción se entona con la música de “El Jibarito” que SRR asocia con otra, “Angelitos negros”.
[82] Op. cit., p. 712.
[83] Op. cit. p. 713.
[84] Op. cit. p. 714.
[85] En Obras Completas, t. II, p. 345 (aparece agrupado bajo el rubro “Técnica psicoanalítica”); Standard edition, t. XII; el título del original en alemán (1914) es Weitere Ratschläge zur Technik der Psychoanalyse (II): Erinnern, Wiederholen und Durcharbeiten. A partir de 1924, el título se redujo a Erinnern, Wiederholen und Durcharbeiten.
[86] Esta no es una cita textual, sin embargo la idea está expresada, en términos muy similares pero más extensos, en el trabajo citado en la nota 75.
[87] Op. cit. p. 714.
[88] La palabra en alemán Durcharbeiten no pierde su sentido en la traducción al inglés. Durch quiere decir “a través de” (through) y arbeiten es “trabajo” (work).
[89] Op. cit., p. 714. Este tema acerca de la realidad de lo que cuenta el paciente ha sido tratado extensamente por SR en Ajuste de Cuentas.
[90] Op. cit., p. 715. Esta cuestión parece resolver aquello que tanto inquietaba a SR, la carta a Fliess en donde Freud asegura “Mis neuróticos me engañan”.
[91] Op. cit., pp. 715-16. Este es el problema de la contratrasferencia.
[92] “La transferencia es solamente un pedazo de repetición”, Freud, en “Recuerdo, repetición y elaboración”, St. Ed., t. XII, p. 151.
[93] Op. cit., p. 716. Psicoanálisis que, más adelante, de incómodo va a transformarse en imposible.
[94] Loc. cit.
[95] Op. cit., pp. 716-717.
[96] Op. cit., pp. 717-718.
[97] Op. cit., pp. 718.
[98] En México, los pobladores del norte se vanaglorian de ser “gente sencilla”.
[99] Op. cit., p. 719.
[100] Op. cit., pp. 718-719.
[101] Cfr. op. cit., p. 720.
[102] Referencia a la “Suave Patria” de Ramón López Velarde.
[103] Op. cit., p. 721.
[104] Referencia al Génesis y a los castigos recibidos por Adán y Eva.
[105] Tomo correspondiente al Año Cristiano donde se celebra a los Santos Difuntos. Además, en todas las casas, más o menos ortodoxas, se colocan altares con ofrendas, fotos, adornos, etc. para los difuntos.
[106] Op. cit., p. 721.
[107] Op. cit., p. 721.
[108] Referencia a la vara que es atributo de San José.
[109] Op. cit., pp. 722-23.
[110] Op. cit., p. 723
[111] Loc. cit.
[112] Loc. cit.
[113] Op. cit., pp. 724-725.
[114] Op. cit., p. 725.
[115] Loc. cit.
[116] Loc. cit.
[117] Op. cit., pp. 725-6.
[118] Cfr. Kubie, L., Psicoanálisis, Editorial Nova, Buenos Aires, 1951. Traducción de Santiago Ramírez y Ruth Castañeda.
[119] El refrán dice: “oro del que cagó el toro y plata de la que cagó la vac” para referirse a un dinero que no existe.
[120] Loc. cit.
[121] El Hombre de los Lobos primero confundió el envenenamiento con un tiro. Ahora SRR la ahorca.
[122] Op. cit., pp. 726-7.
[123] Op. cit., p. 727.
[124] Loc. cit.
[125] Loc. cit.
[126] Op. cit., pp. 727-8.
[127] Loc. cit.
[128] Op. cit., p. 730.
[129] Ramírez, S., Esterilidad y fruto, psicoanálisis de la función procreativa.
[130] Antes de la década de los setenta, las pruebas de embarazo se hacían inyectando orina de la mujer a éstos animales, que ovulaban o ponían huevos como reacción a las hormonas producidas por la embarazada.
[131] En este punto es imposible determinar si la palabra era “espiado” o “expiado”.
[132] En el texto Freud relata que la hermana del paciente, en cierta ocasión, recibión dos billetes de su padre. La escena que hizo el paciente fue tal que la hermana le dio los dos billetes.
[133] Op. cit. p. 732.
[134] Op. cit. p. 732.
[135] Loc. cit.
[136] https://es.scribd.com/document/371525823/Fairbairn-W-R-D-1962-Estudio-psicoanalitico-de-la-personalidad-Buenos-Aires-Argentina-Horme-pdf
[137] Cfr. Sinopsis de una Teoría de las Relaciones Objetales de la Personalidad por W. Ronald D. Fairbairn. (I963 Int. J. Psycho-Anal., 44:224-225). https://www.apa.org.ar/
[138] Op. cit., p. 733.
[139] Loc.cit.
[140] Loc. cit.
[141] Op. cit., p. 734.
[142] Loc. cit.
[143] Los “azotadores” son unos grandes gusanos negros con pelos amarillos que viven en los árboles conocidos como “truenos”. Se dice que los azotadores, al ser tocados, “queman”. La colonia Hipódromo, como se explica más adelante, es una zona en donde vive buena parte de la comunidad judía de la Cd. de México.
[144] Esta enumeración de barrios y colonias alude a una elevación del estatus social, no sólo a un cambio geográfico.
[145] Loc. cit.
[146] Op. cit., pp. 734-35.
[147] Op. cit. pp. 735-36.
[148] Op. cit., pp. 737-38.
[149] Op. cit., p. 739.
[150] Op. cit., pp. 739-40.
[151] Op. cit. p. 740.
[152] Referencia al consultorio de Freud. Véase la fotografía, arriba.
[153] Loc. cit.
[154] Op. cit., pp. 740-41.
[155] Op. cit. p. 741.
[156] Op. cit., pp. 742-743.
[157] Op. cit., p. 743.
[158] Op. cit., p. 743.
[159] Op. cit., pp. 743-44.
[160] Op. cit., p. 744.
[161] Loc. cit.
[162] En esta época, SRR aún sostenía que la teoría del “instinto de muerte”, que posteriormente aparecerá, en otros trabajos como “pulsión de muerte”, no era admisible.
[163] Loc. cit.
[164] Loc. cit.
[165] Loc. cit.
[166] Loc. cit.
[167] Op. cit., p. 745.
[168] Op. cit., pp. 745-46.
[169] Op. cit. p. 747.
[170] Loc. cit.
[171] Ibidem.
[172] “Correo Mayor” es una calle en el centro histórico de la ciudad de México y “El Centro” es el nombre genérico para referirse al centro histórico de la ciudad de México
[173] Muriel Gardiner (ed)., Los casos de Sigmund Freud 1. “El Hombre de los Lobos por el Hombre de los Lobos”, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1976. El trabajo de Ruth Brunswick aparece en las pp. 179-194.
[174] Op. cit., p 179.
[175] Op. cit., p. 180.
[176] Loc. cit.
[177] Loc. cit.
[178] Op. cit. p. 181.
[179] Op. cit., p. 182.
[180] Op. cit., pp. 182-3.
[181] Op. cit., p. 183.
[182] Loc. cit.
[183] Loc. cit.
[184] Loc. cit.
[185] Loc. cit.
[186] Op. cit. p. 184.
[187] Loc. cit.
[188] Op. cit., pp. 184-5.
[189] Loc. cit.
[190] Op. cit., p. 185-6.
[191] Op. cit., p. 186.
[192] Loc. cit.
[193] Loc. cit.
[194] Op. cit., pp. 186-7.
[195] Loc. cit.
[196] Loc. cit.
[197] Loc. cit.
[198] Op. cit., pp. 187-8.
[199] Op. cit., p. 188.
[200] Op. cit., pp. 188-9.
[201] Op. cit., p. 189.
[202] Op. cit., pp. 189-91.
[203] Op. cit. pp. 190-1.
[204] Loc. cit.
[205] Op. cit., p. 192.
[206] Op. cit., pp. 192-3.
[207] Op. cit., pp. 193-4.
[208] Op. cit., p. 194.
[209] Op. cit., p. 195.
[210] En el texto, Ruth Mack Brunswick, tratando de establecer la dimensión real del paciente con Freud, le informa al paciente que Freud le ha informado que no tiene con el paciente una relación social, Ruth Mack añade que, además, el Hombre de los Lobos no es el único caso publicado.
[211] Op. cit., p 200.
[212] Op. cit., p. 203.
[213] Op. cit., p. 203.
[214] Op. cit., p. 205.
[215] Op. cit., p. 206.
[216] En la Película “Nunca en Domingo”, la protagonista recompone las tragedias griegas: todos terminan en la playa.
[217] Op. cit., p. 208.
[218] Op. cit., p. 208.
[219] Op. cit., pp. 211-14.
[220] Op. cit., p. 218.
[221] Op. cit., pp. 219-20.
[222] Op. cit., p. 221.
