INTRODUCCIÓN, NOTA EDITORIAL, ÉPILOGO

2021

En Santiago Ramírez, psicoanalista, 2023

Introducción, nota editorial

Los problemas de hacer una buena síntesis histórica de un análisis surgen no por falta de material, sino por exceso.

Este libro, con motivo del centenario del nacimiento de mi padre, está tomado de las transcripciones de cinco seminarios impartidos entre 1979 y 1981. Dado que está editado uniendo fragmentos, puede ser leído en cualquier orden, saltándose partes, retornando, ordenando nuevamente los textos. Lo que aquí intento es reciclar, reanudar y abrir un diálogo entre las ideas vertidas en sus clases, hace medio siglo, y los intereses de los estudiantes y practicantes actuales del psicoanálisis y la terapia psicoanalítica, pacientes e interesados en gene-ral. Se trata de una nueva lectura y comparación de sus tiempos con los nuestros, a dos y hasta tres generaciones de distancia.

Es necesario advertir que conservamos algunos de los cursos de Santiago Ramírez Ruiz por circunstancias casi fortuitas, jamás fueron pensados para su publicación. De allí su peculiar carácter: su espontaneidad, la abundancia de digresiones para trasladar un texto de Freud a la cotidianidad de los alumnos; su modalidad de reflexiones en voz alta; las complejas vías de la asociación, a veces casi imposibles de reconstruir.

Aquí, mi padre entabla un diálogo entre su práctica y su docencia: crea un vínculo de complicidad con alumnos; mezcla el humor, el chisme, el análisis teórico y la experiencia profesional en un mosaico verosímil y pedagógico. Se pierden la gesticulación del maestro —hablaba con manos, tan roncas como su voz—, los sobreentendidos y los silencios, el flujo entre el texto y la explicación, la atención de los alumnos y la interacción constante del maestro; y sin embargo, recuperamos una figura menos formal. Los cursos nos muestran a una persona más próxima y coloquial, menos demostrativa que en sus escritos. En su pedagogía peculiar recuperamos una de sus facetas más constantes —un eco parece traspasar los años mientras explica los textos—, la cocina teórica de la práctica psicoanalítica, los años de experiencia como terapeuta y profesor, su relación lúdica y sospechosa con el lenguaje. Me parece que es aquí donde más nos aproximamos al hombre que fue mi padre.

Estos cursos se desarrollaron en la Facultad de Psicología de la UNAM como parte de un vasto proyecto que consistía en llevar a cabo la lectura de las obras completas de Freud; desde 1975 hasta 1983. Es una pena no haber conservado escritos o transcripciones similares de sus cursos sobre García Lorca, Dostoievski, Teatro, Obra plástica de Rivera y Orozco, Psicoanálisis y literatura, Homosexualidad (Wilde), Técnica psicoanalítica, Novela de la Revolución mexicana, Sartre, Genet y Ricoeur. O la discusión de otros textos de Freud en el seminario Psicoanálisis y filosofía, durante más de 16 semestres.

Las clases que utilizamos aquí datan de cuando mi padre ya solamente se dedicaba a la enseñanza y a la supervisión. El hecho de que se hayan conservado éstas, que no otras, es totalmente aleatorio, ya que no fueron ni mi padre ni la familia quienes las conservaron, sino el alumno Fuco Jiménez G., quien las transcribió y compartió con nosotros muchos años después. Mi hermano Santiago y yo intentamos editar el seminario El “Hombre de los Lobos” de Freud tal y como se dio: se leía un fragmento del libro, se comentaba, se hacían preguntas.

Se reproduce en el sitio web santiagoramirez.org[1] el trabajo que hicimos entonces —hacia 1995—. Intento ahora darles un nuevo formato a cinco cursos que conservamos: ideas sueltas, fragmentos, aforismos y consejos para nóveles practicantes de terapias psicoanalíticas en un collage donde la selección, clasificación y recomposición corren a mi cargo —y se asemejan a mi manera de hacer libros sobre otros temas.

Las clases en las que ahora abrevo para armar este rompecabezas son, pues, las de un viejo. Mi padre volvía a Freud y compartió su relectura con varias generaciones de estudiantes. En clase era chocarrero, irreverente, lúcido, escéptico, racional —y muy contradictorio—. Decía que no existía la cura y abundaba en el tema de la curación o mejoría de los pacientes; juraba que el psicoanálisis había cambiado por completo el rol y la visión de género y seguía haciendo una separación tajante entre maternidad y genitalidad y considerando la melancolía como proceso aparejado a la involución de las mujeres; alegaba que no existían áreas libres de conflicto pero las mencionaba como señal de progreso en el tratamiento; pregonaba el respeto y la distancia, la abstinencia con los pacientes y al siguiente paso los calificaba de loco, como cabra o exponía casos enteros en clase.

Éste no es un libro teórico, ni de discusión filosófica, sino un collage que es fiel a las clases tal y como se dijeron, aunque no tal y como sucedieron, ya que están recortadas, mezcladas y editadas.

Lo primero que es indispensable tener en cuenta es que estas clases son fechadas. Más allá de los prejuicios o formación de mi padre, ha de tenerse en cuenta el tiempo y las circunstancias que privaban cuando dictó estos cursos, que son casi los últimos de su larga historia de enseñanza. Juzgar con parámetros de estos tiempos las clases de aquel entonces es falaz y contraproducente. No he modificado nada; considero que el material puede ser útil para ver el cambio de concepciones y de patrones lingüísticos, ideológicos y políticos. Supongo, aunque lo ignoro, que en el campo del psicoanálisis ha habido transformaciones igualmente drásticas. Sus referentes en cuanto a las relaciones sexuales eran el novedoso, en ese entonces, Master & Johnson, el Reporte Kinsey o El matrimonio perfecto, ya decrépito desde entonces.

El 68 modificó las relaciones maestro-alumno de una manera radical. Mi padre, sin embargo, se negaba a hablarles de tú a sus alumnos, o a ser tuteado por ellos, o a transgredir ciertas normas heredadas de tiempos anteriores. En cambio, era bastante flexible respecto a asistencias, calificaciones y trabajos —que siempre leyó y calificó su asistente—. Pasaba a todos los que asistían, creyendo que quien los calificaría sería la vida y su desempeño, no los profesores.

Cambiaron, desde que estas clases fueron impartidas, la vida familiar, las jerarquías inamovibles, los supuestos tradicionales en el trato cotidiano entre hombres y mujeres, adultos y niños, distintas generaciones, clases, profesiones. En estos tiempos de cólera, de corrección política, #me too, orgullo de género, reivindicaciones lgbt, etc., muchas de las afirmaciones de mi padre sonarán racistas, discriminadoras, desmesuradamente incorrectas. La píldora, los medios, las luchas por los derechos humanos, las feministas modificaron la cultura abruptamente, de modo que en el tiempo transcurrido entre estas clases y nuestros días —casi cincuenta años— han cambiado los conceptos sobre la sexualidad, los pueblos primitivos, la identidad, la cultura más que en los dos siglos anteriores. De allí la caducidad de su libro El mexicano, que ya desde Ajuste de cuentas —en 1979— reconoció como equívocamente generalizador y homogeneizador: hay muchos Méxicos y muchos mexicanos, admitía desde antes del cuestionamiento de mi hermano y de Roberto Escudero, más interesados en llevar agua a su molino que en escuchar a mi padre quien, por su parte, no contestaba sino peroraba sobre lo suyo. Gran parte de sus dudas provienen de la constatación de nuevas experiencias, en el círculo familiar y de amistades más cercanas, entre sus alumnos y pacientes.

Lo que se calificó como promiscuo, erotomaniaco, psicótico hoy es conducta habitual. Las relaciones sexuales abiertas han vuelto obsoletas las iniciaciones obligadas con prostitutas y los burdeles —que hoy sirven a otros fines—. Estas clases, de tiempos donde aún no había sida, la homosexualidad era enfermedad y la rebeldía un delito penado con cárcel, se dan en un ámbito de apertura y libertad, contra todos los prejuicios de las generaciones anteriores y sus exacerbados complejos de culpa judeo-cristianos. Si mi padre se escandalizaba con la lectura en 1979 de El vampiro de la colonia Roma, “infamante, vergonzante y asqueroso”, dice en clase, hoy apenas se relee como el pionero de un género salido del clóset con humor de picaresca y desenvoltura de loca. El caso de He-She, del más “severo travestismo”, le parecía la patología máxima de la ambigüedad psicótica. Los obesos nuevos ricos de los que hablaba mi padre, hoy en día se aglomeran en gimnasios: con la misma ansiedad que antes comían, ahora enflacan y se angustian por su condición física.

Siguen vigentes en cambio, otros temas: la pertinencia del psicoanálisis en tanto ciencia, epistemología y práctica terapéutica; la duda y postura crítica ante la creciente medicalización y en el tratamiento de los trastornos mentales y su atribución a la herencia sobre la determinación del paisaje familiar, el aprendizaje o la cultura. Son actuales la descripción del macho prepotente, o el nuevo rico, o el político corrupto parecido al don Gastón Billetes de Abel Quezada, la banalización de las terapias, la fragmentación —como gota de mercurio golpeada por la posmodernidad crítica— de las teorías, ideas y prácticas psicoanalíticas, por mencionar algunas.

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La formación de capítulos o temas es absolutamente arbitraria, no responde a ninguna hipótesis previa, se refiere solamente a las recurrencias detectadas. Aunque incluyo un capítulo donde mi padre cuenta su vida o habla de su obra, hay pasajes dentro del corpus que son biográficos e ilustran el tema del cual se trata.

He dejado los textos tal cual, excepto por errores evidentes de transcripción. He eliminado muletillas —etcétera, blablablá—, he corregido errores de concordancias. page10image58640256page10image43921664page10image43921552page10image43921440Las frases coloquiales, dichos, alusiones irónicas, énfasis, van en cursivas. En bold, como quien subraya, algunos conceptos. Mezclo los formatos para resaltar la cualidad mixta del discurso mismo de mi padre. Algunas frases que aparecen a modo de epígrafes, provienen de las clases. Los corchetes son míos, los paréntesis de él.

Como muchos de sus colegas, muchos de los términos de la jerga psicoanalítica se utilizan en inglés: working through, timing, couch, second analysis, short analysis, wishfull thinking, insight. O en francés: follie aux deux, partener, déjà vu.

Un error (de acuerdo a la Real Academia) que conservo es hipocondria —sin acento—, que siempre pronunció de esa manera —hasta ahora descubro que es equívoca.

Mi padre cita sin referencias, a ratos de manera equívoca; he corregido lo anterior siempre que fue posible.

Varias veces habla con sarcasmo de la terapia psicoanalítica como del “cuéntame tu vida”, citando la conocida película Spellbound de Alfred Hitchcock, así traducida en Argentina, donde el psicoanalista cura mila- grosamente a su paciente histérica.

Cuando mi padre habla de constelación familiar, no se refiere, en abso- luto, a lo que hoy se entiende vulgarmente por este término, sino al contexto familiar, a la disposición del sujeto respecto a los otros miembros.

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Muchas de las ideas y anécdotas se repiten de un curso a otro, las he empatado para redondear y ampliar la idea; igual las referencias bibliográficas, los ejemplos y el anecdotario. Omití lo más directamente relacionado con el texto leído, tomo las generalidades.

Los cursos fueron todos de seminarios de la asignatura Psicoanálisis y Filosofía Contemporánea.

Freud III diciembre de 77 a abril de 78 El “Hombre de los Lobos”. Freud IV mayo de 78 a octubre de 78 El “Hombre de las Ratas”. Freud V octubre de 78 a febrero de 79 El caso Schreber.
Freud VI noviembre de 78 a febrero de 79 Proyecto de una psicología para neurólogos.
Freud VII abril de 79 a agosto de 79 La tragedia de Electra, de Sófocles;

Trilogía de Orestes, de Esquilo.
Freud VIII octubre de 79 a febrero de 80 Teorías de Freud: “El psicoanálisis silvestre”. “El empleo de la interpretación de los sueños en el psicoanálisis”. “La dinámica de la transferencia”. “Análisis terminable e interminable”. “Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico”. “La iniciación de tratamiento”.

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Es evidente que cada curso enfatiza ciertos temas. El caso Schreber habla abundantemente de neurosis obsesiva, homosexualidad, delirio religioso. En el curso Teorías de Freud vuelve nuevamente al trabajo en el consultorio, desde la primera sesión hasta la terminación del análisis. Es un resumen de ideas sobre la práctica analítica.

En el curso de Teatro se habla sobre todo de contexto familiar, el parricidio, el incesto, el destino y la culpa. Mi padre introduce algo de teoría literaria, arte y de comparaciones de mitos, partiendo de Joseph Campbell en su libro El héroe de las mil caras.

Agradezco a José Cueli por su tiempo, su afecto y la eficacia en la organización de la mesa de homenaje en la Facultad de Psicología y a Ximena Arciniega su paciencia en la organización del Homenaje. A mi tía, Rosa Castañeda, que hace años rastreó y contactó a Fuco Jiménez G. y su familia, y consiguió las carpetas de este diligente alumno, que transcribió y copió los cursos. Agradezco a Marcela de Aguinaga su corrección, a Teresa Peyret sus aportaciones al diseño de interiores y a Mariana Ramírez su diseño del cartel del evento y de la portada del libro, ambos tequio gratuito. Finalmente, a mi hija Laureana por su fotografía de portada, su cuidadosa lectura, sugerencias y estímulo. Sirva este libro de homenaje a todos los que aquí menciono y de reflexión o de documento historiográfico sobre un momento particular de las ideas psicoanalíticas en México. Junto con el sitio web santiagoramirez.org, que incluye todos sus libros y conferencias, encabeza una serie de reconocimientos del hombre de genio, manías, neurosis, equívocos y encantos particulares que fue mi padre.


[1] Los libros, artículos, capítulos, así como las ponencias de su Homenaje y más materiales podrán consultarse en el mismo sitio.

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