«ARNALDO RASCOVSKY: AMIGO, ANALISTA Y MAESTRO»  

DR. JOSE REMUS ARAICO

Algunas veces en nuestras vidas, aparentemente sin un sentido consciente claro, se entrecruzan los caminos por algo que como analistas sabemos que hay motivaciones inconscientes y entonces, en una encrucijada, cambiamos el rumbo de un plan inicial que ya estaba preparado. Tomé un nuevo rumbo en mi vida al conocer a Arnaldo, que se mostró muy pronto fue una elección valiosa y fundamental no sólo en mi vida sino también seguramente en la de mi compañera y esposa Estela.

El pequeño grupo que nos reuníamos en México a estudiar a Freud, yo de manera algo irregular por estar de médico y cirujano general en la Costa Grande de Guerrero, habíamos oído hablar de tres analistas argentinos, Garma, Arnaldo y Pichón-Riviere, por las comunicaciones de Santiago Ramírez y de José Luis González, los que ya estaban en entrenamiento psicoanalítico en la Asociación Psicoanalítica Argentina, la APA, siendo Arnaldo el analista de Santiago y Garma el de José Luis. Estos psicoanalistas argentinos como muchos otros, como amigos, analistas y maestros, fueron un pilar fundamental para la creación de la APM, nuestra querida y necesaria Asociación. Hoy es el momento de hablar de Arnaldo y recordarlo al rendirle este Homenaje.

Es importante hacerle justicia y mencionarlo en este momento. Arnaldo debería haber sido muy merecidamente uno de nuestros Miembros Honorarios, pero por circunstancias diversas, hoy mínimas contempladas a la distancia, no se llegó a consolidar esta petición que varios hicimos a la Directiva, quizás fue un rebote de la dolorosa escisión por la que habíamos pasado recientemente cuando hicimos esta solicitud. Yo creo que este Homenaje a su memoria es una reparación de lo que pasó en aquellos tiempos.

Corría el final del año de 1949 y Arnaldo iba a pasar algunos días por la Ciudad de México en tránsito a Buenos Aires, de regreso de Nueva York, a donde había ido a hablar de la posibilidad de integrarse algún tiempo a la Sociedad Psicoanalítica de dicha Ciudad, lo que sucedió el año de 1951 y sólo por ese año.

A su paso por México, le dimos una cena a Arnaldo, que venía sin Matilde su encantadora esposa a la que Estela y yo conoceríamos muy poco después. La cena fue en «El Patio», en los buenos tiempos del México de entonces. Recuerdo a

varios amigos que fuimos con nuestras parejas, todos interesados en el desarrollo del psicoanálisis. Entre ellos recuerdo a Luis Féder, a Gustavo Quevedo y a Eugenia Hoffs.

Parece inevitable que desde Freud, el interés más genuino por nuestra disciplina se despierte, se motive y se ponga en marcha, casi siempre por el contacto personal, y nosotros, los que aún estábamos aquí antes de ir al extranjero a entrenarnos en el camino ya escogido, deseábamos conocer a uno de los dos analistas de nuestros amigos lejanos en la APA y que tanto nos mencionaban. Fue así que en el restaurante «El Patio», tuve mi primer y significativo encuentro con Arnaldo.

En ese final del 49, yo tenía dos arreglos para mi entrenamiento psicoanalítico. Uno, la posibilidad de repetir más formalmente la Psiquiatría en Topeka, cuya práctica ya había hecho en La Castañeda, pues tenía cita para entrevistas en los meses siguientes. La segunda opción, la que tenía segura antes de esa cena en «El Patio», fue una carta de París de Michel Cenac, como respuesta a mi solicitud asegurándome que me recibiría en análisis didáctico en español en cuanto llegara allá. Ya teníamos inclusive pasajes comprados en el «Ile de France» para los primeros días de enero siguiente.

El encuentro con Arnaldo, la inteligencia en su mirada, su cercanía afectiva, su entusiasmo intenso que reflejaba la certeza de su verdad psicoanalítica, nos cambió el rumbo. Desde esa cena, Estela y yo decidimos dejar la ida a París y a Europa para otra ocasión y emigrar a Argentina, lo que hicimos pocas semanas después atravesando por prisas sin fin. En esa cena, nació una amistad intensa con Arnaldo, que continuó a lo largo de muchos años, primero en Buenos Aires donde vivimos seis años, uno de los cuales el primero, que fue mi análisis con él, y después en las oportunidades de congresos y en sus frecuentes y motivantes visitas a México que tanto le gustó y que tanto quiso.

A lo largo de varios años cuando venía a México, se entusiasmaba con nuestro grupo inicial, se le pedía supervisión de algún caso y siempre nos relataba sus inquietudes teóricas, de las que seguramente alguno de los otros ponentes de hoy van a tratar con más detalle. Siempre fue un apoyo incondicional en la política del psicoanálisis internacional y latinoamericano. Fue siempre el amigo de la APM, y el motor inicial y siempre presente primero de la Copal y después de la Fepal.

Su carrera básica fue la medicina y sus raíces en las ciencias biológicas y en el método clínico lo guiaron siempre en sus comentarios psicoanalíticos. Para él, seguramente el encuentro con los conceptos básicos freudianos del inconsciente dinámico, del desarrollo psicosexual y de las estructuras psíquicas, aunadas a sus vivencias en su análisis con Garma, despertaron en su espíritu inquieto e inquisitivo temas cruciales que desarrollaría después.

En un trabajo de investigación histórica de la APA, sobre sus pioneros y coordinado por Jorge Mom, Arnaldo relata su intensa participación en lo que llamaron la protoasociación. El y Pichón-Riviere fueron los dos ejes iniciales de trabajo intenso, de lecturas e intentos solitarios de terapias hipnóticas. Arnaldo y algunos seguidores, entre ellos Matilde su esposa, desde el área de la pediatría y Pichón-Riviere y su esposa Arminda, desde el área de la Psiquiatría. Transcribo algunos breves párrafos del relato de Arnaldo en esa importante encuesta histórica.

Transcribo: «En verdad, he sido testigo presencial y originario de ese extraordinario movimiento cultural que fue el psicoanálisis en la Argentina, poco común si se lo compara con el de otras partes del mundo». Otra cita: «Así fui desarrollándome en un ambiente judío burgués muy amplio, muy liberal. Mi padre era un hombre sin prejuicios, que no se atenía demasiado a tradiciones e ideológicamente era hombre de izquierda… (viví) en un ambiente no sectario, no exclusivamente judío». Otra cita: «Cuando salí de la Universidad elegí la pediatría, aunque también me apasionaba la biología. En el Hospital de Niños pasé a atender el Servicio de Neurología, Psiquiatría y Endocrinología, no porque tuviera una vocación neuropsiquiátrica, sino porque me interesaba esta última disciplina, y así llegué a ser Fundador de la Sociedad Argentina de Endocrinología». En esta larga entrevista como pionero, lo acompañaba su inolvidable Matilde con breves pero interesantes comentarios de lo que decía Arnaldo.

Su primera especialidad, como la de muchos psicoanalistas, fue la pediatría, no en balde su interés por el desarrollo humano desde sus primeros trabajos de endocrinología pediátrica. Ejerció la pediatría con gran éxito y alto prestigio. Cuando tomó contacto con las teorías psicoanalíticas ya había investigado y escrito trabajos importantes sobre obesidad y otros trastornos endocrinos. Ya para entonces, le era crucial el papel protector, y aún sobreprotector sobre el niño, de ambos padres y de la familia, pero en especial la relación madre hijo, y realizó investigaciones pioneras en la obesidad infantil y en el síndrome de Cushing. La sobreprotección materna y la estimulación del colecho fueron los dos factores claves que describió en sus múltiples casos.

Su interés como especialista de niños más tarde se reflejaría también en sus conceptos sobre los impulsos y deseos filicidas y sobre el peligro del militarismo y la guerra. Siempre fue un entusiasta pacifista y su liderazgo y opinión fueron fundamentales en la APA, sobretodo durante la triste época de las graves dictaduras militares.

Ese encuentro con Arnaldo que nos motivó a cambiar de rumbo para el entrenamiento psicoanalítico, nos llevó a emigrar con mi familia a Buenos Aires en enero de 1950. Unas pocas semanas después de nuestra llegada, ya habiendo hablado con él sobre la iniciación de mi análisis y en el mismo mes de enero, los Rascovsky, Arnaldo y Matilde, nos recibieron a los mexicanos recién llegados y a

los que ya estaban allá junto con muchos otros amigos que entonces conocimos, en una cordial y grata tertulia cuasi familiar en su departamento de la calle Suipacha. Allí sentados en el piso a su alrededor todos escuchamos su breve experiencia en Estados Unidos y su expectativa de volver a ese país por mas tiempo.

El primer evento social de nuestra vida de inmigrantes fue esa tertulia llena de hospitalidad. Poco después, a la vuelta de las obligadas vacaciones de febrero por el agobiante y húmedo clima porteño del verano, iniciaría con él mi análisis didáctico cinco veces por semana. Ya se podrán ustedes imaginar la intensidad transferencial en esos primeros meses de mi análisis con Arnaldo, pues ya no había el secreto de su vida familiar. Se mezclaban en mi mente el nuevo amigo y maestro con mis recuerdos tanto infantiles como de los familiares dejados en México quizás para muchos años. Cuando se necesitaba en mi análisis, me recordaba el compromiso de la regla fundamental, la que además su tolerancia permitía ampliamente, sin cohibirlo en lo más mínimo en las interpretaciones que juzgaba pertinentes, la gran mayoría de ellas a nivel transferencial.

Sueños variados, recuerdos infantiles e impactos cotidianos con el nuevo hábitat porteño, me hicieron vivenciar muchísimas veces en su compañía ese clic tan especial de la sorpresa de lo inconsciente. El calor y cordialidad de su hogar en la tertulia en su casa, algo poco ortodoxo, pero para Estela y para mí compensatorio de la emigración a Argentina, me indicó que algo crucial había comenzado en mi vida con su ayuda. Todo esto fue el inicio del análisis con él de sólo un año, pues Arnaldo si había aceptado la oportunidad de emigrar a visitar los Estados Unidos, en especial para integrarse y trabajar en el marco de la Sociedad Psicoanalítica de Nueva York.

En 1951 tuve que dejar a Arnaldo por su viaje y tomar otro analista didáctico. La amistad con los Rascovsky se reanudó en 1952 cuando regresaron a Buenos Aires. Esos tempranos recuerdos de nuestra amistad me volvieron al leer

hace poco el libro «Cuéntame tu VEste libro al describir el inicio de la APA, trata de la labor de Arnaldo como uno de sus pioneros. En su casa se reunía el grupo inicial los domingos por la tarde desde antes de 1940 y cito a Balán: «…el círculo informal inicial se reunía… en el mismo departamento de su consultorio de pediatría…». Esto visualiza a un Arnaldo pionero del análisis y coordinador del nuevo movimiento en Argentina. Los que estábamos en la formación analítica allá, así como los amigos en otros lugares del extranjero, años después siguiendo su ejemplo, también integraríamos otra asociación psicoanalítica, nuestra APM.

De la base de datos «Russell» de la APA, sólo en la Revista de Psicoanálisis pude reunir 40 títulos de trabajos de Arnaldo, en su mayoría como primero o único autor, otros en colaboración con grupos de estudio. Tratando de sintetizar el interés principal en cada uno de estos trabajos, encontré ocho temas

fundamentales siguientes: 1)- incesto; 2)- agresividad y neurosis; 3)- teoría de la técnica psicoanalítica; 4)- temas psicosomáticos en donde incluí los trabajos sobre endocrinología, estrés y epilepsia infantil; 5)- formación psicoanalítica y desarrollo del psicoanálisis en Argentina y América Latina; 6)- desarrollo infantil, sobretodo los temas del psiquismo fetal y psicología de la mujer; 7)- filicidio y guerra y 8)- dos trabajos autobiográficos. Anteriormente a sus escritos psicoanalíticos presentó numerosos trabajos en las diversas sociedades médicas argentinas, brasileñas y chilenas, sobretodo en relación a su especialidad pediátrica y su interés en la endocrinología.

En este homenaje a Arnaldo, seguramente se hablará de algunos de los temas arriba presentados. Arnaldo era un hombre incansable, un extraordinario trabajador, que sabía dividir el día en dos, se acostaba por la noche muy tarde estudiando y desde la madrugada leía y escribía hasta antes de iniciar temprano su diaria consulta psicoanalítica. Tenía la virtud de romper el día de trabajo con una siesta al mediodía después de comer, por lo que comentaba que había logrado duplicar los días. Con este ritmo y su capacidad creativa, nos dejó muchas ideas que otros han continuado, en el área del filicidio, del concepto del colecho y del incesto, pero sobretodo la observación en momentos muy regresivos de las sesiones psicoanalítica, de lo que él llamaba manifestaciones remanentes del psiquismo fetal. Fue además un defensor intenso de los derechos de la mujer y de su desarrollo sexual y social.

En algunos de mis trabajos sobre la protesta social, sobretodo en relación al ideal del yo, como aquella estructura especial que se disocia del superyó adolescente, en determinadas condiciones de conflicto social, y también la disociación del dormir que incluye Arnaldo en el psiquismo fetal. Estos temas de la disociación me hicieron recordar que en 1952, a su regreso de Nueva York, me invitó a que tradujera bajo su dirección un libro de Bertram Lewin que tuvo el título

de «Psicoanálisis de la Exaltación»

Para terminar con mí discurrir sobre Arnaldo, amigo, analista y maestro,

transcribo un conciso párrafo de una carta de Matilde 4 su esposa, maestra y amiga entrañable. Le había pedido algunos datos de la vida de él. Lo breve de su respuesta nos dice mucho de la energía de Arnaldo para vivir. Lo recuerdo muy bien en nuestro último viaje a Buenos Aires en ocasión de los 50 años de APA. En la ceremonia de clausura, apenas hace 3 años dijo un lúcido discurso que incluía su gran opinión de los avances de las neurociencias, defendiendo la colaboración de otras disciplinas con el psicoanálisis. Este y sus instituciones, tendrían siempre su lugar por ser centros del desarrollo humanista, afirmando así su fe en la interdisciplina y en los valores de los cambios sociales cuando protegen al individuo y su familia.

He aquí el párrafo conciso que me envió Matilde: «Arnaldo nació el 1o de Enero de 1907 en la ciudad de Córdoba, provincia de Córdoba (Argentina). Se recibió de médico a los 21 años en 1928 y nos casamos el 21 de Diciembre de 1929. Falleció el 1o de Mayo de 1995 a los 88 años». Estela, José Luis y yo fuimos honrados con una cariñosa e inolvidable invitación a comer en la casa de esa linda pareja. El principio de nuestro encuentro con Arnaldo fue en una situación social muy agradable en 1949, en la Ciudad de México, también en una situación muy grata, en su casa con su compañera de toda su vida, en Buenos Aires en Octubre de 1992 fue la última vez que lo vimos. Descanse en Paz el amigo y maestro Arnaldo Rascovsky.

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